November 11, 2020
De parte de La Haine
231 puntos de vista


Individuos que producen en sociedad,

o sea la producci贸n de los individuos socialmente determinada:

este es naturalmente el punto de partida.1

En un contexto de crisis sanitaria y econ贸mica que ha llevado al Ejecutivo a declarar ya dos Estados de alarma (que tienen mucho de Estado de excepci贸n) pienso que resulta de suma urgencia intentar mirar el bosque e identificar los 谩rboles. Es importante recordar que la declaraci贸n del supuesto Estado de excepci贸n funciona en pol铆tica como un manto con el que tratar de legitimar lo que, en la pr谩ctica, es una suspensi贸n de eso que llaman Estado de derecho. Bajo este manto se intentan introducir nuevos poderes ejecutivos, nuevas normas y prerrogativas justificadas por una situaci贸n de crisis.

Afirmar que durante este supuesto Estado de alarma se est谩n introduciendo nuevos poderes ejecutivos no es caer en teor铆as conspirativas. Defensores del sistema como Klaus Schwab y Thierry Malleret consideran que 鈥淟a idea de confinar a la poblaci贸n durante cuarenta d铆as se origin贸 sin que las autoridades entendieran realmente lo que quer铆an contener, pero estas medidas fueron una de las primeras formas de 鈥榮alud p煤blica institucionalizada鈥 y ayudaron a legitimizar la 鈥榓cumulaci贸n de poder鈥 por parte del Estado moderno. El periodo de cuarenta d铆as carece de base m茅dica: tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento a menudo se refieren al n煤mero 40 en el contexto de purificaci贸n, en particular los 40 d铆as de la Cuaresma y los 40 d铆as del Diluvio Universal en el G茅nesis.鈥2

Si aceptamos que la gesti贸n de la pandemia ha estado en buena medida atravesada, condicionada, por intereses econ贸micos y pol铆ticos alejados de los intereses sanitarios y econ贸micos de la mayor铆a de la poblaci贸n, no deber铆amos aceptar restricciones de derechos fundamentales sin m谩s, es decir a cambio de nada: no hay ning煤n tipo de 鈥渆scudo social鈥 que garantice nuestro bienestar. El fin del Estado de alarma decretado por el Gobierno de coalici贸n concluir谩 el mismo d铆a que el Ej茅rcito Rojo venci贸 al nazismo. Que ese mismo d铆a se celebre el D铆a de Europa puede ser una triste casualidad o un gui帽o cargado de simbolismo que nos recuerda que 鈥淓l Gran Reinicio huele a Brumario鈥3.

Desde que la pandemia irrumpi贸 en nuestras vidas hemos pasado por tres meses de confinamiento, restricciones a la movilidad, limitaci贸n de derechos fundamentales, ERTE鈥檚, ERE鈥檚, aumento del desempleo y la pobreza, desbordamiento de los hospitales, cientos de miles de personas contagiadas y varias decenas de miles fallecidas, implantaci贸n a gran escala de educaci贸n online y teletrabajo. Todo esto con el tel贸n de fondo de la intensificaci贸n insoportable de la sobrecarga clasista y patriarcal de las tareas de cuidados que realizan fundamentalmente las mujeres.

Cuatro meses despu茅s del desconfinamiento asistimos a la segunda ola del virus con los mismos medios, las mismas recetas y una poblaci贸n tan exhausta como descontenta4. Promesas electorales que supondr铆an mejoras para la clase trabajadora 鈥 si cabe m谩s imprescindibles en este momento 鈥 como pueden ser la derogaci贸n de la reforma laboral o la derogaci贸n de la Ley Mordaza, siguen guardadas en el caj贸n. El art铆culo 13 del primer Decreto de Estado de Alarma5 鈥 que hubiera permitido al gobierno estatal ir mucho m谩s all谩 de las medidas esencialmente punitivas 鈥 ni se utiliz贸, ni se desarroll贸 y de hecho ha ido desapareciendo de decretos posteriores. Adem谩s, si en el primer decreto de alarma la palabra 鈥渓imitaci贸n鈥 y derivados aparece 3 veces en 11 p谩ginas, en el actual se incluye en 24 ocasiones a lo largo de sus 8 p谩ginas6.

Hace unos meses los informativos de las diferentes cadenas de televisi贸n nos hablaban, con admiraci贸n, del milagro chino que construy贸 un hospital en diez d铆as7. Lejos de emular esa proeza, aqu铆 en casi nueve meses ni siquiera hemos visto un plano de un hospital (tampoco el del desprop贸sito del nuevo hospital de Valdebebas en Madrid, rodeado de opacidad), ni proyectos serios de ampliaci贸n de los existentes o refuerzo de la atenci贸n primaria, menos a煤n de centros educativos. Tampoco han mejorado las condiciones laborales del personal sanitario, educativo ni otros servicios esenciales. La compensaci贸n econ贸mica irrisoria recibida en pago 煤nico por el personal sanitario ha quedado oscurecida por los despidos del personal que reforz贸 los centros en la pandemia, por la precariedad sistem谩tica y el agotamiento como forma de vida.

En puridad, el 煤nico sector que ha visto mejoradas sus condiciones laborales en estos meses es el de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por la v铆a de subida salarial y refuerzo de la oferta de empleo p煤blico. Se ha optado por la represi贸n de libertades individuales, el gel hidroalcoh贸lico8 y el uso obligatorio de mascarillas que pagamos con un 21% de IVA (el gobierno rechaz贸 bajarlo a pesar de que en la mayor parte de los pa铆ses europeos aplican entre un 5 y un 6% y s贸lo ahora comienza a plantearse la posibilidad de reducir el IVA9 de este producto ya esencial).

Circo y teatro en la tribuna del Congreso de los diputados y en las diferentes c谩maras auton贸micas es la t贸nica de la vida parlamentaria a izquierda y derecha. Es una carrera fren茅tica por imponer medidas fundamentalmente restrictivas y represivas. Es el deporte de moda que emula a la 鈥渧uelta a Espa帽a鈥. A esto se reduce la actividad institucional de los 煤ltimos meses mientras el nudo de la crisis sanitaria, pol铆tica, econ贸mica, social, territorial, ecol贸gica y de gobernabilidad se tensa cada d铆a m谩s.

La apor铆a que recorre las fronteras del Estado espa帽ol est谩 condicionada por lo que sucede en el panorama internacional y tiene mucho que ver con nuevos rasgos del modo de producci贸n capitalista que se est谩n manifestando. Internet 鈥渃omenz贸鈥, o mejor dicho se present贸, como una relaci贸n horizontal, libre, informal entre operador y usuaria y termin贸 siendo un nuevo mecanismo de opresi贸n y acumulaci贸n. Si desde el comienzo nos hubieran advertido que la implementaci贸n de la nueva tecnolog铆a implicar铆a la fragmentaci贸n de la vida, flexibilizaci贸n laboral, aislamiento y exclusi贸n, probablemente nos hubi茅ramos espantado. Pero esta vez, a diferencias de otras 茅pocas, la introducci贸n de esta nueva tecnolog铆a ha sido mucho m谩s sutil y paulatina, pero igualmente esta 鈥渃ibernetizaci贸n鈥 de las vidas se ha dise帽ado para servir al sistema capitalista.

Nos ofrecieron un nuevo 鈥渉ogar鈥 lleno de m煤sica, videos, libros a la carta. Lectura de peri贸dicos ilimitada y gratuita. Lo que quiero, cuando quiero y donde quiero. A todas horas y en cualquier lugar podemos saciar nuestras necesidades siempre y cuando tengamos recursos para conectarnos a Internet. Ese nuevo 鈥渉ogar virtual鈥 poco a poco se ha ido convirtiendo en un punto de referencia desde d贸nde enfrentar el mundo. Ha llegado a convertirse en el lugar de encuentro con nuestros seres queridos aunque vivieran a unos escasos metros. Quiz谩s el confinamiento ha acelerado esa nueva forma de relacionarnos.

Pero todas estas actividades aparentemente gratuitas no lo son tanto. Adem谩s de tener que adquirir un ordenador, tablet o tel茅fono inteligente y pagar una tarifa de Internet, cedemos datos. La acumulaci贸n de datos, en un primer momento, se hizo sin ning煤n tipo de consentimiento y su uso estaba destinado a mejorar los motores de b煤squeda. Pero esto no era rentable y hubo que cambiar los objetivos. Los datos ya no s贸lo buscaban mejorar los motores de b煤squeda sino que esa actividad de las personas usuarias adem谩s supon铆a informaci贸n muy preciada que abr铆a un espacio para enfocar la publicidad. En palabras de S. Zuboff: 鈥淟a publicidad siempre hab铆a sido un juego adivinatorio: una cuesti贸n de arte, relaciones, opiniones y pr谩cticas establecidas, pero nunca una ciencia.鈥10.

Gracias a los datos de conductas, la infraestructura material, la potencia computacional, sistemas algor铆tmicos y plataformas automatizadas, fue posible individualizar y dirigir la publicidad. Apelaron a nuestros deseos ofreci茅ndonos publicidad de lo que quer铆amos en ese determinado momento. En muchos casos, el simple hecho de navegar por un sitio web ya nos obliga a aceptar unos t茅rminos de servicio que solemos aceptar sin leer porque casualmente son textos tan largos y complejos que disuaden de cualquier intento por leerlos.

La violencia con la que se imponen los cambios resulta ahora m谩s 鈥渟util鈥 y se apela al condicionamiento paulatino, como en la met谩fora de la rana11:

鈥淪i metes una rana en agua hirviendo, la rana saltar谩 fuera del recipiente. Sin embargo, si la metes en la olla con agua fr铆a, al subir la temperatura poco a poco la rana no se dar谩 cuenta, se sentir谩 cada vez m谩s mareada y finalmente ya no podr谩 escapar y morir谩.鈥

Estamos ante una reactualizaci贸n de la acumulaci贸n originaria12. Durante las 煤ltimas dos d茅cadas, diversas empresas de Internet se han dedicado a la acumulaci贸n de datos y esta informaci贸n conductual se ha convertido en una nueva materia prima13que se vende a empresas de publicidad, vigilancia, etc. As铆, Google14 o Facebook15, por ejemplo, a trav茅s de sus motores de b煤squeda han ido acumulando informaci贸n gracias a los miles y miles de clics que hacemos cada d铆a. Analizan nuestras conductas y venden esa informaci贸n a diferentes empresas para luego bombardearnos con publicidad individualizada referida a nuestras b煤squedas. Estamos rigurosamente vigiladas.

En el momento en que comenzamos a darnos cuenta de que, como la rana, estamos en la olla de agua ardiente y nuestra piel comienza a llenarse de ampollas, nos aplican todo tipo de restricciones aprovechando el manto de una pandemia que todo lo justifica. El 煤ltimo Estado de alarma identifica con claridad todas las restricciones a las que debemos someternos, y casi todas est谩n relacionadas con nuestros espacios de ocio. Podemos ir a trabajar en vagones de metro atestados siempre y cuando tengamos un contrato para que nuestro jefe nos brinde el salvoconducto. Podemos ir al colegio para formarnos y, en un futuro, ser parte de la mano de obra explotada que brinde plusvalor al capitalista, permitiendo adem谩s a nuestras madres y padres cumplir m谩s f谩cilmente con su funci贸n productiva. Pero no podemos ver a nuestros seres queridos y pasar un buen rato. No, debemos estar en casa sumisas y seguir produciendo esa nueva materia prima: datos conductuales. Crece el protagonismo de actividades virtuales manejadas por juegos de poder que nos son ajenos, definidas por una indefensi贸n para las trabajadoras mucho mayor que la de una relaci贸n de intercambio simple de mercanc铆as. En esta 煤ltima entregamos nuestra fuerza de trabajo a cambio de un salario pagado por el capitalista. En el oc茅ano online, entregamos informaci贸n 铆ntima a cambio de nada.

Es el capital, y no la tecnolog铆a, el que pone precio a esta subyugaci贸n, a esta donaci贸n forzada. Este se帽alamiento no es menor en un momento en el que el alto desarrollo tecnol贸gico convive con un bajo nivel de conciencia en nuestra clase trabajadora. Esta confluencia, a la que se suma la certeza matem谩tica que todo lo predice, abre la puerta a la salida reaccionaria. El capital, esa fuerza social dirigida por intereses individuales (los Trump, Biden, Merkel, Gates, Soros, etc.), solo puede presentarnos la distop铆a como horizonte.

Ante esta impotencia es importante, hoy m谩s que nunca, recordar que toda vacuna parte de un detallado conocimiento de la enfermedad enemiga.

Hasta hoy la COVID-19 ha dejado m谩s de un mill贸n de muertes en todo el mundo. Este es un dato importante y que no hay que menospreciar. A pesar de esta cifra escalofriante, en este momento la enfermedad no parece suponer una amenaza existencial para la especie humana como lo fue la Peste Negra, que aniquil贸 a m谩s de la tercera parte de la poblaci贸n de Europa. S贸lo si a la preocupaci贸n por las muertes que est谩 causando la propia enfermedad le sumamos los problemas que ya exist铆an (pobreza, precarizaci贸n laboral, escalada de tensiones nucleares, destrucci贸n del medio ambiente), y que se est谩n viendo agravados por la pandemia, estaremos en condiciones de afirmar que la existencia humana puede estar en peligro.

As铆, la pobreza, el desempleo, las agresiones medioambientales, las brechas patriarcales, las crisis de gobernabilidad y territoriales se suman a la aceleraci贸n de cambios sist茅micos (aceleraci贸n de la automatizaci贸n, incremento de la vigilancia, poder de la tecnolog铆a) que ya eran evidentes antes de la crisis.

El c贸ctel es explosivo y est谩 atravesado por la interdependencia, la velocidad y la complejidad. La interdependencia no es solo econ贸mica, tambi茅n los riesgos est谩n interconectados. La velocidad no solo supone la implementaci贸n de los nuevos descubrimientos, sino la aceleraci贸n del descontento y la agitaci贸n social, las tensiones geopol铆ticas y, como hemos visto, la manifestaci贸n de enfermedades. Las cosas cambian gradualmente hasta que lo hacen de forma brusca. Lo mismo puede decirse de la complejidad: el capitalismo es mucho m谩s complejo y fetichizado que el que analizaron Marx y Engels, y tambi茅n claramente m谩s peligroso. Su evoluci贸n no ha sido lineal.

Para llegar a comprender lo que est谩 ocurriendo es esencial tener primero la seguridad de estar acertando en la identificaci贸n del objeto de an谩lisis. 驴La enfermedad de la que todo el mundo habla es la que hay que investigar? 驴hay otra enfermedad previa que no se est谩 teniendo en cuenta? 驴se est谩 utilizado el m茅todo de an谩lisis adecuado? Desde mi punto de vista el 煤nico m茅todo que puede arrojar luz sobre este bosque, en este momento, es el m茅todo dial茅ctico.

El inter茅s por el m茅todo es pol铆tico. Pongamos un ejemplo de an谩lisis dial茅ctico que nos ayude a profundizar en nuestro tema:

鈥淟a poblaci贸n [que habita el Estado espa帽ol] es una abstracci贸n si dejo de lado, p. ej., [las diferentes nacionalidades existentes y] las clases de que se compone. Estas clases son, a su vez, una palabra huera si desconozco los elementos sobre los cuales reposan, p. ej., el trabajo asalariado, el capital, etc. Estos 煤ltimos suponen el cambio, la divisi贸n del trabajo, los precios, etc. El capital, por ejemplo, no es nada sin trabajo asalariado, sin valor, dinero, precios, etc. Si comenzara, pues, por la poblaci贸n [que hay en el Estado espa帽ol], tendr铆a una representaci贸n ca贸tica del conjunto y, precisando cada vez m谩s, llegar铆a anal铆ticamente a conceptos cada vez m谩s simples: de lo concreto representado llegar铆a a abstracciones cada vez m谩s sutiles hasta alcanzar las determinaciones m谩s simples. Llegado a este punto, habr铆a que reemprender el viaje de retorno, hasta dar de nuevo con la poblaci贸n, pero esta vez no tendr铆a una representaci贸n ca贸tica de un conjunto, sino una rica totalidad con m煤ltiples determinaciones y relaciones.鈥16

Por eso 鈥渓o concreto17 es concreto porque es la s铆ntesis de m煤ltiple determinaciones, por lo tanto, la unidad de lo diverso.鈥18

Dado que no se trata de aprender a vivir con la enfermedad, sino de superarla, el m茅todo de an谩lisis debe ponerse al servicio de la organizaci贸n de las clases populares porque son, aunque no lo sepan en este momento, las que hacen la revoluci贸n. El punto de partida deben ser las trabajadoras y trabajadores porque por nuestra posici贸n en la producci贸n somos potencialmente capaces de ver la sociedad como totalidad concreta. Esa posici贸n es colectiva, compartida: a pesar de que el lenguaje burgu茅s pretende ocultar la explotaci贸n dibujando una sociedad basada en la relaci贸n (驴libre?) entre individuos, en realidad s贸lo veremos el 谩rbol y el bosque al analizar las relaciones 鈥渆ntre el obrero y el capitalista, entre el arrendatario y el propietario de la tierra, etc. Suprimid esas relaciones y habr茅is destruido toda la sociedad鈥19. S贸lo as铆 lograremos volver a elevarnos de lo abstracto (por ejemplo 鈥渓a sociedad madrile帽a frente al virus鈥) a lo concreto (los confinamientos clasistas que encerraron primero a los barrios del sur).

Teniendo en cuenta lo analizado hasta aqu铆, es posible extraer algunas conclusiones de las consecuencias de la aplicaci贸n del Estado de Alarma tan 鈥渆xcepcional鈥.

En primer lugar, las diferentes restricciones de derechos fundamentales afectaron al conjunto del territorio del Estado espa帽ol pero tienen consecuencias nefastas s贸lo para una parte. Los diferentes gobiernos no solo aplicaron las restricciones que propon铆a el gobierno estatal sino que fueron m谩s all谩 y lo que en marzo intu铆amos ahora lo sabemos: este virus no lo paramos 鈥渆ntre todos鈥 ni a costa 鈥渄e todos鈥. Las restricciones afectan mayoritariamente a la clase trabajadora.

En segundo lugar, la pandemia aceler贸 la implantaci贸n del desarrollo tecnol贸gico que durante las dos 煤ltimas d茅cadas ven铆amos observando. Los avances en rob贸tica, Inteligencia Artificial, la mercantilizaci贸n de los datos conductuales y la econom铆a de plataformas ponen en duda la necesidad de millones de puestos de trabajo y est谩n haciendo desaparecer ciertas profesiones. El capital constante le roba espacio al capital variable. El capital muerto arrincona al capital vivo.

La tercera conclusi贸n es que hemos comprobado que este sistema para su supervivencia sabe identificar perfectamente sus sectores econ贸micos estrat茅gicos. Tanto en marzo como ahora se cierra el sector servicios, declar谩ndolo 鈥渟ector no esencial鈥. A pesar de que absorbe en torno a dos tercios del PIB es un sector 鈥渘o esencial鈥 porque en realidad no es un sector productivo. El valor de la mercanc铆as del sector servicios s贸lo se realiza en el consumo. Si el poder distingue a la perfecci贸n qu茅 sectores pueden parar, porque al hacerlo no se derrumba la econom铆a productiva, y cu谩les no (porque se cae el sistema), nuestras organizaciones pol铆ticas deber铆an saber identificarlo tambi茅n y centrar sus esfuerzos militantes en los pilares del sistema.

Estas conclusiones s贸lo son posibles al aplicar el m茅todo dial茅ctico. El m茅todo de an谩lisis que utilicemos tiene implicaciones pol铆ticas. Ver s贸lo el bosque es condenarse al desclasamiento de un pensamiento abstracto: 鈥渢odos contra el virus鈥, 鈥渓a responsabilidad individual en el uso de mascarillas鈥, 鈥渘o distingue de clases sociales鈥, etc. Si descendemos a ver el 谩rbol, cada 谩rbol (distinguiendo barrios, sectores, factores, etc.) lograremos una comprensi贸n m谩s completa que nos permitir谩 ver con claridad d贸nde empieza y d贸nde acaba el problema del coronavirus. S贸lo as铆 lograremos 鈥渄esconfinar el miedo鈥20, romper con el s铆ndrome de Estocolmo y volver a construir lazos organizativos que logren poner patas arriba este estado de cosas.

Andr茅s Fern谩ndez (militante de TrinCHEra)

1 K. Marx; Grundrisse; P谩g. 3, Tomo I; siglo XXI

2 Klaus Schwab y Thierry Malleret; COVID-19: El Gran Reinicio; P谩g. 14; Forum Publishing

3 En referencia a este otro art铆culo reciente https://trincheraor.com/f/%E2%80%9Cel-gran-reinicio%E2%80%9D-huele-a-brumario?fbclid=IwAR3mxg7kFv3X8QXohqzVOXOCNyEpT8iG-yIwqmUDAg5GciY_egeVJOiQb0c

4 https://www.lavanguardia.com/politica/20201108/49309490220/coronavirus-covid-restricciones-confinamiento-protestas-altercados-espana.html

5 https://www.boe.es/boe/dias/2020/03/14/pdfs/BOE-A-2020-3692.pdf

6 https://www.boe.es/boe/dias/2020/10/25/pdfs/BOE-A-2020-12898.pdf

7 https://elpais.com/elpais/2020/02/02/icon_design/1580632227_180978.html

8 https://www.huffingtonpost.es/entry/superandose-cada-dia-indignacion-con-lo-que-ha-ocurrido-en-un-dispensador-de-gel-del-metro-de-madrid_es_5f7c4ddbc5b60c6bcc61e97e

9 https://www.europapress.es/nacional/noticia-gobierno-abre-ahora-puerta-bajar-iva-mascarillas-estamos-explorando-20201028104054.html

10 S. Zuboff; La era del capitalismo de la vigilancia; P谩g. 112; Editorial Paid贸s

11 https://formacionparaformadores.com/la-metafora-de-la-rana/

12 K. Marx; El Capital, Cap. XXIV

13 https://elpais.com/tecnologia/2015/06/12/actualidad/1434103095_932305.html

14 https://elpais.com/tecnologia/2020-10-24/google-por-todas-partes-anatomia-de-un-gigante-ubicuo.html

15 http://www.cubadebate.cu/noticias/2020/10/25/disputa-entre-facebook-y-academicos-y-periodistas-por-herramienta-para-compilar-datos-sobre-usuarios/#.X5X2MqmCGyU

16 K. Marx; Grundrisse; P谩g. 21, Tomo I; siglo XXI (lo que est谩 entre corchetes es m铆o)

17 Resulta pertinente aclarar qu茅 significa abstracto y concreto. Hegel nos increpa cuando pregunta 鈥溌縌ui茅n piensa abstractamente?鈥 y responde 鈥渆l hombre inculto, no el culto鈥, y nos pone un ejemplo: 鈥溌nciana, sus huevos est谩n podridos!, dice la compradora a la mujer del mercado. 驴Qu茅, replica 茅sta, mis huevos podridos? 隆Es ella la que est谩 podrida! 驴Se atreve ella a decir eso de mis huevos? 驴Ella? 驴No muri贸 su padre acaso en la calle comido por los piojos? 驴No huy贸 su madre con los franceses, y no muri贸 su abuela en un asilo? 隆Que se compre una camisa completa en lugar de andar usando ese chal de lentejuelas; bien sabemos de d贸nde sac贸 ese chal y el sombrero que usa; si no fuera por los oficiales, algunas no estar铆an hoy en d铆a tan ataviadas; y si las estimadas se帽oras se ocuparan mejor de sus asuntos dom茅sticos, ver铆amos a muchos sentados en la c谩rcel! 隆Que arregle los huecos en sus medias! 鈥

En resumen, no le deja ni un hilo completo. Ella piensa abstractamente, y la subsume 鈥 por el sombrero, el chal, la camisa, etc茅tera, as铆 como por los dedos y otras partes, tambi茅n al padre y a toda la parentela 鈥撁簄icamente bajo el crimen de haber encontrado los huevos podridos. Todo en ella se ha te帽ido por completo con esos huevos podridos, mientras que aquellos oficiales de los que la mujer del mercado hablaba 鈥搒i es que, lo dudo, los hay 鈥揾abr铆an visto otras cosas en ella.鈥

18 Grundrisse; K. Marx; P谩g. 21; Tomo I; Editorial S. XXI

19 Miseria de la Filosof铆a; K. Marx, F. Engels

20 https://espineta.org/2020/09/21/desconfinando-el-miedo/




Fuente: Lahaine.org