November 6, 2022
De parte de Crimethinc
261 puntos de vista

Las elecciones de 2022 han enfrentado al nacionalismo autoritario de Jair Bolsonaro con el izquierdismo institucional de Luiz In谩cio Lula da Silva, del PT. Cada una de estas estrategias rivales de gobierno se presentaba como la 煤nica salvaci贸n posible para la democracia. Toda la campa帽a estuvo marcada por actos de violencia fascista, y no solo por parte de los votantes: en las 煤ltimas semanas, los parlamentarios aliados de Bolsonaro intercambiaron disparos con agentes de polic铆a y persiguieron a opositores en las calles con armas en la mano.

El 30 de octubre tuvo lugar la segunda vuelta de las elecciones para determinar el presidente y los gobernadores, y Bolsonaro perdi贸 frente al ex presidente Lula. Pero Lula gan贸 por s贸lo un 1,8%, sentando las bases del conflicto que seguir谩 dividiendo a Brasil, al igual que las elecciones de 2020 en Estados Unidos no marcaron el fin de la polarizaci贸n pol铆tica.

Tras conocerse el resultado el domingo por la noche, comenzaron las protestas de los partidarios del actual presidente de extrema derecha por las calles de las ciudades y el bloqueo de carreteras en todo el pa铆s. La izquierda institucional y sus movimientos de base se contuvieron y, una vez m谩s, fueron los antifascistas, los simpatizantes organizados y los residentes de las periferias quienes pasaron a la acci贸n y comenzaron a desbloquear las carreteras. Esto puede ser una muestra de los impases y conflictos que veremos en los pr贸ximos a帽os de gobierno petista y de reorganizaci贸n de la extrema derecha.

Un problema global.

El domingo 30 por la noche, momentos despu茅s de que se dieran a conocer los resultados de las elecciones, un Bolsonarista armado mat贸 a dos personas y dispar贸 a varios de la misma familia que celebraban la victoria de Lula en Belo Horizonte. Para la madrugada del lunes, hab铆a bloqueos en 221 puntos de las carreteras en la mitad de los estados del pa铆s, y en dos d铆as, 26 de 27 estados ten铆an carreteras bloqueadas por los bolsonaristas, llegando a un pico de casi 900 puntos con bloqueos o manifestaciones en todo el pa铆s.

Los bloqueos en Brasil no surgieron de la nada. Atienden a una movilizaci贸n y radicalizaci贸n reproducida por el presidente y sus partidarios desde su victoria en 2018. En los 煤ltimos a帽os, ha habido otras paralizaciones los bloqueos de camiones han desempe帽ado un papel importante en la agitaci贸n de la extrema derecha en las Am茅ricas. En Chile, los camioneros de derechas han organizado cortes de carretera, utiliz谩ndolos como respuesta al activismo ind铆gena mapuche. En M茅xico, los trabajadores del transporte se utilizan a menudo como tropas de choque para ejercer presi贸n en nombre del PRI (Partido Revolucionario Institucional). El invierno pasado en Canad谩, los camioneros de extrema derecha realizaron bloqueos en protesta contra las leyes que obligan a la vacunaci贸n. Probablemente veremos m谩s bloqueos de camiones en el futuro.

Bolsonaro repiti贸 varias veces que tem铆a tener el mismo 鈥渄estino que Jeanine A帽ez鈥, que asumi贸 el gobierno de Bolivia tras un golpe de Estado promovido por las fuerzas policiales mientras los militares se limitaban a mirar, y termin贸 condenada a prisi贸n. El hecho de que la direcci贸n del PRF decidiera retrasar a los votantes el domingo y apoyara activamente los bloqueos de los bolsonaristas demuestra que el caso boliviano sirvi贸 de inspiraci贸n para sus planes.

Derrotado, Bolsonaro tard贸 casi 48 horas en pronunciarse. En su discurso de 2 minutos, no reconoci贸 abiertamente el resultado, critic贸 el movimiento de bloqueo de carreteras y recomend贸 que hicieran otras formas de 鈥減rotesta pac铆fica鈥, pero pronunci贸 el t铆pico discurso ambiguo de la ultraderecha que mantiene enardecidas a sus bases militantes mientras trata de evitar las implicaciones legales .

Lejos de ser una 鈥渄errota del fascismo鈥, el resultado en las urnas demuestra que el proyecto bolsonarista, abiertamente autoritario, mis贸gino, racista y que trabaj贸 para agravar la pandemia que mat贸 a m谩s de 700.000 personas, sigue contando con el apoyo de la mitad del electorado, casi 60 millones de personas. Una parte considerable de este grupo est谩 dispuesta a luchar por 茅l, sin dejar de movilizarse y ocupar las calles. Adem谩s, los aliados de Bolsonaro han ganado la mayor铆a de los cargos en los estados y parlamentos y continuar谩n su agenda creada por los militares que lo llevaron al poder con sectores conservadores de la burgues铆a, el cristianismo fundamentalista y dentro de las fuerzas de seguridad.

M谩s all谩 de los aliados de Bolsonaro que se perpetuar谩n en el poder, es importante recordar que sus millones de votantes y especialmente su base radicalizada no cambiar谩n de opini贸n de la noche a la ma帽ana. Como demuestran los recientes actos y bloqueos, estar谩n dispuestos a llevar adelante sus ideas incluso sin Bolsonaro. El silencio del presidente tras la derrota hizo aflorar una articulaci贸n radical que se articul贸 sin un llamamiento central del l铆der, de sus hijos, ni de partidarios directos ni de personajes p煤blicos conocidos. Las llamadas tuvieron lugar en grupos de Whatsapp y Telegram encargados de crear y difundir noticias falsas, discursos de odio y conspiraciones.

A diferencia de las huelgas de camioneros durante el gobierno de Temer y las de 2018, esta no es una huelga del conjunto de la categor铆a, sino de algunos sectores patronales y de relativamente pocos militantes radicalizados. Y no hace falta mucho para cerrar las carreteras. S贸lo un veh铆culo y algunas personas.

Manifestantes que claman por un golpe militar

Durante el domingo de las elecciones, la PRF (Polic铆a Federal de Carreteras) llev贸 a cabo una megaoperaci贸n ilegal de bombardeo e incautaci贸n de veh铆culos que impidi贸 a miles de votantes llegar a los colegios electorales, especialmente en las regiones donde Lula era m谩s popular. Sin embargo, cuando comenzaron las acciones de los partidarios de Bolsonaro enrabietados por su derrota, el PRF no hizo nada para impedir o poner fin a los bloqueos de Bolsonaro.

El 1 de noviembre, el acceso al aeropuerto internacional de Guarulhos, el principal de la ciudad de S茫o Paulo, cont贸 con la ayuda directa de agentes del PRF que fueron filmados rompiendo las rejas de acceso al aeropuerto.

En algunas ciudades, como en el estado de Santa Catarina, los manifestantes adoptaron un tono abiertamente nazi-fascista, con saludos nazis y frases racistas.

A lo largo de cuatro a帽os de resistencia popular, incluida la revuelta de George Floyd, Donald Trump ha conservado el apoyo inquebrantable de la polic铆a y del Departamento de Seguridad Nacional, pero ha perdidoel apoyo de gran parte de la jerarqu铆a militar estadounidense. Por otro lado, Bolsonaro a煤n puede contar con la lealtad de una parte considerable de los militares brasile帽os. Tras el discurso de Bolsonaro del 2 de noviembre, muchos de los manifestantes pro-Bolsonaro dirigieron sus demandas a los militares, exigiendo la 鈥渋ntervenci贸n federal鈥, es decir, un golpe militar. En los Estados Unidos de Trump y en el Brasil de Bolsonaro, las elecciones no terminan con el anuncio de los resultados en las urnas, sino que se determinan en 煤ltima instancia por el equilibrio de poder dentro del Estado.

Esta 鈥渂ase bolsonarista sin Bolsonaro鈥 puede estar ahora a la deriva y a la espera de un nuevo l铆der. Y su primera apuesta est谩 siendo la de los militares que, a lo largo de 4 a帽os, han infiltrado a m谩s de 6.000 oficiales en el gobierno, 2.600 de ellos nombrados directamente en puestos de confianza.

Esta fue la recompensa que pag贸 Bolsonaro por ser colocado como representante de este 鈥減artido militar鈥 informal que antecede y puede sobrevivir al fin del bolsonarismo. Otro representante de esta clase es el reci茅n elegido gobernador del estado de S茫o Paulo, Tarc铆sio de Freitas. El estado m谩s poblado del pa铆s, con el mayor presupuesto p煤blico, estar谩 ahora bajo la gesti贸n de un ex-militar presente en las operaciones de ocupaci贸n en Hait铆, comandadas por los gobiernos Lula-Dilma en las operaciones de la MINUSTAH de la ONU. Los agentes de las fuerzas de seguridad ganaron las elecciones para muchos puestos del Congreso, avanzando en una 鈥減olitizaci贸n de la polic铆a鈥, incluso utilizando candidaturas colectivas a semejanza de las creadas por activistas procedentes de movimientos callejeros dispuestos a 鈥渞enovar la democracia鈥.


Durante la pandemia, hinchas de f煤tbol organizados, los antifascistas y anarquistas y los habitantes de las barriadas organizaron redes de apoyo mutuo y, al mismo tiempo, promovieron actos para exigir el derecho a la vivienda, la salud, los suministros y las vacunas. Adem谩s, los partidarios de la izquierda fueron los primeros en convocar contramanifestaciones para impedir las concentraciones y acciones de los partidarios del presidente en S茫o Paulo, Porto Alegre y Belo Horizonte.

Por otro lado, la izquierda hizo del 鈥渜uedarse en casa鈥 un mandamiento para su pr谩ctica pol铆tica y prefiri贸 replegarse y desmovilizar las acciones callejeras por temor a que eso diera 鈥減retextos para m谩s represi贸n鈥, alegando que eso era 鈥渓o que Bolsonaro quer铆a鈥 y necesitaba para dar un golpe. Antes de las elecciones, la estrategia era esperar a que el gobierno se quemara para volver a elegir a Lula, el 煤nico capaz de oponerse al proyecto de Bolsonaro. Sin embargo, ha quedado claro que esta pol铆tica de repliegue y pasividad es una estrategia permanente, porque incluso con Lula elegido y el presidente acorralado, la izquierda institucional y los movimientos bajo la influencia petista se han negado a convocar actos y contramanifestaciones. Por ejemplo, cuando el MTST (Movimiento de los Trabajadores Sin Techo) llam贸 a sus militantes a abrir las carreteras, el MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra) impugn贸, argumentando que la limpieza de las carreteras era funci贸n del Estado.

Cabe se帽alar aqu铆 que incluso el New York Times, uno de los m谩s vehementes defensores de la pasividad en Estados Unidos de cara a las elecciones de 2020, se帽al贸 que el levantamiento de George Floyd contribuy贸 de hecho a movilizar a una parte importante de los votantes que permitieron a Joe Biden ganar las elecciones de 2020. La verdadera raz贸n por la que el editorial del New York Times, la direcci贸n del Partido de los Trabajadores y otras autoridades liberales y de izquierdas desaconsejan las movilizaciones en la calle no es porque crean que les costar谩 las elecciones, sino porque quieren mantener el control total de la situaci贸n en todos los niveles de la sociedad y est谩n dispuestos a arriesgarse a perder el poder por ello.

Si para elegir a Lula la izquierda prefiri贸 quedarse en casa, ahora con el elegido petista parece que se quedar谩n ah铆 para siempre, esperando que la gesti贸n estatal y policial resuelva problemas como el fascismo en las calles. El problema es que los mismos fascistas se est谩n movilizando dentro de la polic铆a y del propio Estado.

Afortunadamente, no todo el mundo estaba comprometido con la pasividad.

Ya el 1 de noviembre, hinchas de Galoucura, del Atl茅tico Mineiro, atravesaron la BR-318 que une Belo Horizonte con S茫o Paulo para ver un partido y rompieron los bloqueos bolsonaristas por s铆 mismos, desmovilizando a los manifestantes. El d铆a 2, los partidarios de Gavi玫es, del Corinthians, hicieron lo mismo en la Marginal Tiet锚, una importante v铆a de S茫o Paulo, e incluso lanzaron fuegos artificiales y persiguieron a los coches de los golpistas. Tambi茅n en S茫o Paulo, los antifascistas persiguieron a los militantes bolsonaristas abandonando los actos de calle.

El d铆a festivo del 2 de noviembre, los militantes antifascistas de R铆o de Janeiro convocaron una contramanifestaci贸n con 50 personas para enfrentarse a los m谩s de 50.000 manifestantes que ped铆an un golpe militar en el centro de la ciudad, sin ning煤n apoyo de los principales movimientos o partidos. Cuando llegaron, fueron registrados por la polic铆a militar, m谩s preocupada por la seguridad de la extrema derecha.

La acci贸n directa y radical nunca debi贸 ser el plan B, ya que la calle sigue siendo un punto de encuentro y articulaci贸n fundamental y las autoridades no tienen el menor inter茅s en impedir el resurgimiento de las hordas pro-fascistas. Cuando los anarquistas y los antifascistas pierden la batalla por la narrativa y aceptan la estrategia de la izquierda hegem贸nica, aceptamos que las calles se conviertan en el escenario para la acci贸n y el reclutamiento de miembros. Cualquier resistencia a la extrema derecha y a un nuevo gobierno petista debe tener en cuenta el papel central de las calles y la organizaci贸n popular.

Antifascistas en R铆o de Janeiro desafiando la manifestaci贸n golpista: 50 contra 50.000

En lugar de un triunfo de la izquierda sobre el fascismo, las elecciones de 2022 han supuesto la reconstituci贸n del centro: una vuelta a un pre-2013 sin esperanza de cambio positivo, en el que toda oposici贸n radical ser谩 tratada como si ayudara a la extrema derecha. Queda por ver si alguien estar谩 satisfecho con esta nueva gesti贸n, cuyo aspecto m谩s radical es la nostalgia por los moderados avances de hace m谩s de una d茅cada.

La campa帽a electoral de 2022 puso en evidencia algo que ya era evidente en las elecciones de 2018 que dieron la victoria a Bolsonaro: la izquierda petista y su base militante y electoral s贸lo pueden prometer una imagen del pasado, de 2003 a 2012, cuando Lula y Dilma gobernaron una nueva fase extractivista del capitalismo latino, compensando los impactos de la extracci贸n violenta de recursos como el mineral, la celulosa, la carne, los granos y el petr贸leo con beneficios sociales. Esta pol铆tica era necesaria para incluir a las nuevas clases despose铆das, expulsadas de sus territorios para dar paso a la agroindustria, las presas y las centrales el茅ctricas, y empobrecidas por la urbanizaci贸n forzada y la marginaci贸n del trabajo. La elecci贸n para los gestores era bastante f谩cil: era eso o esperar a que m谩s personas fueran reclutadas por el crimen organizado o se unieran al levantamiento popular.

Ahora que el ciclo se ha cerrado, una extrema derecha m谩s envalentonada observa c贸mo una nueva coalici贸n de centro-izquierda pacifica su base electoral para sacarla de las calles y abandonar la lucha por una sociedad igualitaria, alegando que los movimientos sociales como el levantamiento de 2013 s贸lo ayudar谩n a los 鈥渆xtremistas鈥 a alejarse del centro.

Mientras tanto, Bolsonaro y su secta se atreven a prometer un futuro pretendidamente revolucionario, de 鈥渞uptura con el sistema鈥, 鈥渃ontra todo鈥 y contra la 鈥渧ieja pol铆tica鈥 -de la que 茅l mismo form贸 parte durante 3 d茅cadas como diputado-. La imagen futura del bolsonarismo y del partido militar es un refrito de varios proyectos de la ultraderecha que vemos por el mundo, que busca en un pasado lejano una revisi贸n para sus sue帽os autoritarios, racistas y mis贸ginos. La bandera del imperio brasile帽o, llevada por algunos sectores de la derecha brasile帽a, tiene el mismo efecto que la bandera confederada en los Estados Unidos, rescatando una narraci贸n abanderada de la conquista del oeste, cuando no hab铆a leyes ni poderes que, en teor铆a, regulasen al gobernante, como habr铆a en el estado democr谩tico de derecho. Para ambos, el escenario perfecto es el de la ley de su monopolio de la fuerza armada utilizada contra el negro, el ind铆gena, la mujer, los bosques y todo el territorio.

Los hinchas corintios que se dirigen a R铆o de Janeiro muestran las pancartas que capturaron a los bolsonaristas

En 2008, Am茅rica Latina asist铆a a la llamada 鈥Onda Rosa鈥 de gobiernos progresistas que canalizaban d茅cadas de levantamientos populares -empezando por el Caracazo de 1989 y la redemocratizaci贸n brasile帽a- para ganar en las urnas con el discurso de 鈥渃ambiar el mundo desde arriba鈥. Pero s贸lo se convirtieron en gestores humanizados del neoliberalismo. La opci贸n del PT para la conciliaci贸n de clases no incluy贸 a los pobres ni satisfizo sus necesidades. Y mucho menos trat贸 con las clases medias, blancas, sobre todo masculinas, que se sintieron por primera vez alcanzadas por los pobres, los negros y las mujeres en el acceso a los estudios y al mercado laboral. El resultado fue que la revuelta popular estall贸 al mismo tiempo que el resentimiento reaccionario, que supo captar mejor la energ铆a de las calles, derrocando un gobierno petista y poniendo en el poder a un ex-militar.

A diferencia de los liberales y de la derecha tradicional, Bolsonaro y sus aliados no buscan realmente gobernar o gestionar Brasil, solo tomar el poder y gestionar para unos pocos aliados y sus bases radicalizadas. En lugar de comprar vacunas, exigir pasaportes sanitarios y controlar los movimientos de la gente en nombre de la salud p煤blica, por ejemplo, se limit贸 a dejar morir a la gente para mantener la econom铆a.

Tanto Trump como Bolsonaro no lograron ser reelegidos como la mayor铆a de sus predecesores. Y ahora el p茅ndulo de la democracia vuelve a girar hacia el lado progresista. Es cuesti贸n de tiempo que los nuevos gobiernos de la socialdemocracia vuelvan a defraudar a las bases explotadas y excluidas y que la revuelta estalle, como ya vemos que ocurre en Chile y en Estados Unidos. Y el fascismo volver谩 a estar al acecho para reunir a su ej茅rcito.

Una oposici贸n de izquierdas que quiere esperar a las instituciones, a los derechos humanos e internacionales, a un juicio en el Tribunal de La Haya, que apuesta por la paz y los ritos democr谩ticos, est谩 naturalmente desarmada y no preparada para enfrentarse a un enemigo dispuesto a matar o morir mientras delira sobre su l铆der, sobre dios y su imagen de un futuro glorioso. Al igual que esperar que el Estado acabe con las protestas y castigue a los militantes golpistas, o exigirle que lo haga con discursos que criminalizan la protesta, los bloqueos y la acci贸n en las calles s贸lo dar谩n m谩s armas y legitimidad a la polic铆a y a los vigilantes que nos enfrentar谩n cuando estemos en las calles protestando por motivos reales, como la vivienda, la alimentaci贸n y los territorios que sustentan nuestras vidas.

Tambi茅n es notorio que el uso de fake news y sensacionalismo puede haber ayudado a desestabilizar la propaganda bolsonarista en la recta final, pero alimentar la m谩quina de la desinformaci贸n, la confusi贸n y la mediaci贸n de la realidad por parte de corporaciones como Meta y Google est谩 preparando el terreno para una lucha que estamos condenadas a perder. La extrema derecha tiene una ventaja clave en el sensacionalismo de los medios de comunicaci贸n, ya que no tienen reparos en mentir y la confusi贸n suele servir a su agenda.

Al igual que en los a帽os previos a la revuelta de 2013, la izquierda institucional ha vuelto a apostar por un gobierno aliado con el centro y la derecha. Esta vez, podemos esperar resultados a煤n peores en un contexto mucho menos favorable. O recuperamos las calles y nos organizamos de base en barrios, ocupaciones, cooperativas, quilombos, villas, asentamientos y centros sociales, o acabaremos encontrando que nos vemos obligados a luchar en terreno enemigo, ya sea virtual o institucional, cuando sea demasiado tarde.

Ning煤n cambio vendr谩 de arriba. Nadie va a venir a salvarnos. Todo depende de nosotras.





Fuente: Crimethinc.com