June 20, 2021
De parte de La Haine
206 puntos de vista


Trabajo publicado en la revista Temas, n煤m. 3 oct./dic. 1995. Tomado de: Mart铆nez Heredia, Fernando. El corrimiento hacia el rojo. Editorial Letras Cubanas, 2001. pp. 82-114.

En medio de una nueva situaci贸n que es muy complicada, la cultura cubana actual est谩 dando muestras de su vitalidad y su compleja madurez. Tratar el tema del marxismo es una de ellas. La comunicaci贸n oral es la v铆a m谩s utilizada en la actualidad, pero aparecen tambi茅n opiniones y escritos sobre el marxismo; me ha vuelto a tocar a m铆 participar en ese debate, de ambas maneras.[1] Al responder a la convocatoria de Temas tengo en cuenta mis publicaciones recientes, y selecciono algunas otras cuestiones no tratadas en ellas, que me parecen de inter茅s; no evito, sin embargo, repetirme las pocas veces que lo he entendido necesario. Por la amplitud de los temas, he escogido una forma sint茅tica — en el primer ac谩pite es apenas telegr谩fica — , limitada por tanto a expresar puntos de vista personales — tanto, que s贸lo me cito a m铆 mismo — y a sugerir lugares de profundizaci贸n y de debate.

1. La izquierda y el marxismo en Cuba

La historia pol铆tica y de las ideas cubana de los 煤ltimos 70 a帽os registra una extraordinaria paradoja en lo tocante al tema de la izquierda. Los sentimientos e ideas de izquierda se arraigaron durante la Revoluci贸n del 30; despu茅s, la gran revoluci贸n que triunf贸 en 1959 legitim贸 y multiplic贸 esas ideas y sentimientos, y los lig贸 a innumerables aspectos de la vida de las personas y del pa铆s. Pero esa larga historia ha sido responsable, a la vez, del ensombrecimiento del tema de la izquierda, que comenz贸 desde el fin de la Revoluci贸n del 30. La gran revoluci贸n que promovi贸 avances inmensos de la cultura pol铆tica cubana — signados todos por la pertenencia de izquierda — termin贸 por agudizar al extremo esa paradoja. Se produjo un cerco progresivo a la elaboraci贸n de pensamiento de izquierda, y sobrevino su asfixia, su separaci贸n de los sentimientos y de la vida pr谩ctica, durante una larga etapa que fue muy negativa en ese campo. Sin habernos restablecido de ella, el pa铆s se precipit贸 en la crisis de los primeros 90, y hoy estamos en una situaci贸n muy desfavorable, en la que las ideas y sentimientos de izquierda parecen retroceder.

Me apresuro demasiado. M谩s valdr铆a preguntar qu茅 es la izquierda, remontarse quiz谩s al momento en que los partidos en la Convenci贸n francesa se ubicaron en la geograf铆a de la sala de sesiones, buscando unas identificaciones muy dif铆ciles — inauguraban un sistema y una manera de hacer pol铆tica — , y se valieron del lugar relativo que ocupaban en el sal贸n. Despu茅s de aquella legislatura ligada formalmente a las im谩genes oratorias cl谩sicas, y en su pr谩ctica a la novedosa guillotina, los siglos XIX y XX han relacionado la izquierda con lo que antiguamente se llamaba 芦la cuesti贸n social禄. Todas las variantes de oposici贸n al capitalismo — total o parcial, decidida o t铆mida, permanente o ef铆mera, tremenda o pac铆fica — se han calificado, han sido nombradas o acusadas, se han cobijado, bajo el ep铆teto de 芦izquierda禄.

La izquierda es una de esas denominaciones que sobreviven a todos los avatares durante una larga 茅poca, y que guardan en su ambig眉edad y sus plurales significados una mayor riqueza respecto a la complejidad de los problemas a los que se refieren. Cumple m谩s funciones de alusi贸n que de concepto. Al acercarnos a ella distinguimos a las izquierdas, no a la izquierda. Y las situamos, naturalmente, en el tiempo y el espacio. Estas dimensiones configuran una acumulaci贸n cultural que cobija a las pr谩cticas de izquierda, los conceptos de izquierda y las identificaciones que se hacen de ella. Piensen s贸lo un momento lo que va de la Monta帽a jacobina a Brezhnev, o del joven Carlos Marx al joven Antonio Guiteras.

El problema principal al que se refiere la izquierda es el de las identificaciones de los dominados y las luchas contra la dominaci贸n. Datos muy remotos se refieren a sentimientos, pensamientos, actividades humanas opuestos a la dominaci贸n; ellos parecen, por consiguiente, tan antiguos como las sociedades de clase. Sus expresiones y su organizaci贸n, el sentido y las funciones que han asumido, son muy diversos. Las expresiones coherentes adversas a la dominaci贸n que han ganado ascendiente sobre grupos sociales pueden encontrarse entre los mitos, las religiones y las tradiciones m谩s dispares, en las protestas y rebeliones m谩s dis铆miles, entre las escuelas de pensamiento filos贸fico, pol铆tico y social. Esas expresiones pueden ser totalmente alternativas u opuestas a la dominaci贸n, o serlo parcialmente, y hasta de maneras contradictorias consigo mismas. Sin olvidar esta cultura de resistencia y de rebeld铆a, convengo en que 芦izquierda禄 se refiere a una 茅poca hist贸rica, la del triunfo general del capitalismo europeo, la de universalizaci贸n de las pr谩cticas, ideas y tendencias del capitalismo y de la cultura pol铆tica europea de los siglos XIX y XX, hasta llegar a las realidades mundiales de hoy.

Comienzo por la izquierda, y no por el marxismo, porque quiero enfatizar a la rebeli贸n como la actividad cultural m谩s relacionada con el tema del marxismo y la cultura cubana. No entrar茅 en los problemas de la cultura en general. En el caso que trato, cultura ser铆a la acumulaci贸n de actos, experiencias y saberes relativos a los procesos pol铆ticos y sociales y sus campos ideol贸gicos; la acumulaci贸n de rasgos de permanencia del consenso a la hegemon铆a, y de tendencias a la rebeld铆a contra el orden constituido; y las visiones o formulaciones de proyectos de futuros sociales. Esta perspectiva no tiene un af谩n reduccionista, como se ver谩; pretende s贸lo identificar lo esencial y partir de 茅l. La izquierda, la presencia de rasgos suyos, ser谩 un indicador respecto a la rebeli贸n, e izquierda y cultura ser谩n un marco al cual referir — entre otros — al marxismo.

Anoto solamente algunas cuestiones que me parecen m谩s importantes.

1) Los comportamientos e ideas tendientes a la rebeli贸n, que pudieran ser de izquierda, forman parte de la construcci贸n de realidades sociales de grandes grupos humanos. Su conocimiento no puede ser sustituido por la historia del pensamiento de determinadas personas cultas, aunque esta tiene gran inter茅s. Las expresiones de los grandes grupos humanos pueden ser materia prima del conocimiento social; por ejemplo, los refranes, canciones y narraciones cumplen papeles notables en la cultura pol铆tica del pueblo. Y las actuaciones, naturalmente; por ejemplo, ser insurreccional en los a帽os 50 fue ser de izquierda, y su forma cultural m谩s lograda fue el Movimiento 26 de Julio.

2) La izquierda no ocupa m谩s que una parte del espacio en la cultura cubana. Aceptar esto releva de tratar de inclinar a ciertas personas destacadas del pasado a posiciones y significados que no tuvieron, para que formen parte de una supuesta marcha cubana 芦progresiva禄. Ni 芦olvidar禄 a otros. La moderaci贸n, el conservatismo e incluso la contrarrevoluci贸n, han tenido sus intelectuales, sus activistas, seguidores y organizaciones. El signo principal de la acumulaci贸n hist贸rica cubana es el radical, pero ella tambi茅n registra rearticulaciones sucesivas a la hegemon铆a del capitalismo. El autonomismo de hace un siglo fue la primera pol铆tica cubana antirrevolucionaria de masas; durante la rep煤blica, el liberalismo miguelista, los abecedarios y el autenticismo grausista, dis铆miles pero no revolucionarios, son tres ejemplos de obtenci贸n de simpat铆as o de verdadero apoyo de masas.

3) La cuesti贸n b谩sica de la rebeld铆a en el proceso hist贸rico cubano es la de las relaciones entre la independencia nacional y la justicia social: ese es el contenido interno decisivo en nuestras luchas de clases, que ha sido espec铆fico en las diferentes etapas hist贸ricas. Su asociaci贸n o no, el modo como se han combinado, las acumulaciones culturales que fueron formando, constituyen una materia hist贸rica fundamental. Aqu铆, como en todo lo dem谩s, son cruciales las percepciones y representaciones, las ideolog铆as a trav茅s de las cuales los actores han vivido y resuelto lo que despu茅s analizan los estudiosos. Los rasgos particulares que tuvieron en Cuba la constituci贸n y el desarrollo del pa铆s en relaci贸n al capitalismo, el colonialismo y el neocolonialismo, tendieron a darle un lugar preponderante a la opci贸n del radicalismo pol铆tico, y por tanto un mayor espacio potencial a las posiciones y soluciones de izquierda.

4) La izquierda revolucionaria no ha sido necesariamente marxista, ni cultivar el marxismo ha significado obligadamente ser de izquierda revolucionaria. Dentro de los movimientos subversivos del siglo pasado, las posiciones m谩s avanzadas no se identificaban por ninguna relaci贸n con el socialismo y el marxismo. En las luchas sociales y pol铆ticas del siglo XX, las izquierdas fueron de orientaciones diversas, entre ellas las de ra铆z marxista. Las influencias del marxismo alcanzaron a un amplio arco de acciones e ideas, que fueron desde la insurrecci贸n para el socialismo hasta amplias interpretaciones del progreso como motor general que deb铆a ser aceptado y apoyado. La rebeli贸n, y no el marxismo, es el elemento que hay que buscar para saber si es o no, o d贸nde ha estado, la izquierda en el proceso hist贸rico cubano. Despu茅s del triunfo de 1959 es que comienza a predominar el marxismo, dentro del nuevo orden de transici贸n socialista que vive el pa铆s. La existencia del poder revolucionario replantea a fondo los t茅rminos de la cuesti贸n, aunque no elimina el problema.

5) Una cosa es utilizar el marxismo en el conocimiento de los procesos hist贸ricos, y otra convertirlo en juez (y parte) de las valoraciones que hacemos en esos procesos de conocimiento. Evitar ese error ayuda, en este caso, contra la persecuci贸n 芦hist贸rica禄 teleol贸gica de 芦nuestras ra铆ces禄, y contra los 芦olvidos禄 de los hechos y personas inconvenientes. Esa atinada posici贸n anal铆tica podr铆a mostrarnos, por ejemplo, que desde el fin de la Revoluci贸n del 30 en adelante el marxismo influy贸 mucho al pensamiento radical y a las pr谩cticas de rebeld铆a.

6) El marxismo es un cuerpo te贸rico de pensamiento, a la vez que una ideolog铆a teorizada.[2] Los campos de pensamiento social tienen sus especificidades, su autonom铆a de producci贸n y de influencia, sus sucesiones y contraposiciones intelectuales, su entidad propia. Son realidades ellos mismos, no son 芦reflejo de la realidad禄. Como teor铆a, tambi茅n el marxismo goza de esa relativa autonom铆a, a pesar de su decidida vocaci贸n originaria de constituir un instrumento del cambio social anticapitalista y de inspirar profundas transformaciones de los individuos y la sociedad. Los innumerables aportes, insuficiencias y problemas del marxismo como teor铆a deben ser objeto del debate y el conocimiento, y no de avales, exhortaciones, acusaciones o justificaciones.

2. Un comentario sobre el marxismo en Cuba despu茅s de 1959.

El marxismo ha sido la teor铆a anticapitalista m谩s exitosa como tal, y como ideolog铆a, y la que m谩s pervivencia ha gozado durante el 煤ltimo siglo y medio. En el primer tercio de ese tiempo no estaba muy extendido ni ten铆a tanta fuerza social; pero durante el siglo XX se expandi贸 — con altibajos — por todo el mundo y en numerosos 谩mbitos culturales, llegando a desempe帽ar m煤ltiples papeles de la mayor importancia.

La motivaci贸n central del europeo Carlos Marx era que su teor铆a fuera la fundamentaci贸n de la revoluci贸n proletaria mundial — no una regeneraci贸n de la Humanidad ni una evoluci贸n de la especie humana — , esto es, que fuera el basamento de acciones colectivas futuras violentadoras de todo el orden social, en vez de vocero o int茅rprete de un acto o donaci贸n desde arriba referido a un pasado ideal, o de un resultado del proceso natural presente (del siglo XIX europeo) que los humanos recibir铆an como progreso civilizatorio. Marx crey贸 en la lucha social decidida y radical para obtener la libertad para todos, como los anarquistas, pero a diferencia de ellos crey贸 en la necesidad de constituir 贸rganos pol铆ticos proletarios y hacer pol铆tica proletaria, y en que har铆a falta un largo ejercicio de poder proletario para que las personas se tornasen capaces de cambiarse a s铆 mismos y a las sociedades clasistas, basadas ya nada menos que en el capitalismo. El proceso de transici贸n iniciado con el poder liberador consistir铆a en cambios tan profundos que llevar铆an al mundo entero y a la gente en todas partes a lograr vivir sin clases sociales y sin Estado, sin enajenaciones — o, en t茅rmino m谩s actual, sin dominaciones — , en asociaci贸n de productores libres, abierta al desarrollo pleno de los individuos.

Marx desarroll贸 toda una teor铆a del capitalismo, aunque incompleta en varios aspectos, y de la lucha de clases en las sociedades 芦modernas禄; dej贸 tambi茅n una teor铆a de los fundamentos del conocimiento social. De ellas y de trabajos espec铆ficos suyos proceden reglas indispensables para ayudar a estudiar formaciones sociales y movimientos productores de cambios sociales. Su concepci贸n general polemiz贸 con el idealismo y el materialismo de los sistemas filos贸ficos, y tambi茅n con el positivismo. El conjunto de su producci贸n te贸rica y su posici贸n ofrece un basamento determinado al pensamiento y a las pr谩cticas cient铆ficas sociales.

Marx estimaba que las relaciones entre su posici贸n y sus valores comunistas por una parte, y su actividad intelectual y sus productos, por otra, inclu铆an aspectos que eran internos a la teor铆a misma. Para 茅l — que debe haber estado muy consciente de sus posibilidades como te贸rico — , la teor铆a del marxismo es posible s贸lo porque se ha alcanzado en Europa un determinado estadio social y del pensamiento. Posible no es igual a hecho consumado o predeterminado — ya los griegos conoc铆an la distancia entre la potencia y el acto — , y el marxismo ten铆a por lo mismo que ser fruto de un trabajo. Pero la cuesti贸n est谩 llena de consecuencias y problemas. Las formulaciones marxianas de los fundamentos de la ciencia social, o de aspectos de ella, relacionan la producci贸n de conocimientos sociales con sus condicionamientos sociales, lo que implica un juicio acerca de la historia de los conocimientos sociales, y otro juicio acerca de las relaciones existentes entre los valores y los conocimientos.

Me saldr铆a del tema si desarrollo aqu铆 mis criterios sobre los rasgos esenciales y distintivos de la teor铆a marxista. Advierto al menos que la concepci贸n marxiana y los aportes y problemas de un siglo de historia intelectual del marxismo son tan diferentes de la corriente que con el apelativo de marxista-leninista ha sido dominante en Cuba despu茅s de 1971, que recuperar a Marx mismo y al marxismo de Lenin y de tantos otros marxistas es parte indispensable de todo ejercicio intelectual sobre este tema. Y no olvido una realidad social mucho peor: el consumo obligado que durante 20 a帽os hizo una buena parte de la poblaci贸n, del batiburrillo de retazos de variad铆sima cala帽a que en nombre del marxismo aparec铆a en los manuales al uso, de 芦filosof铆a materialista dial茅ctica e hist贸rica禄, 芦econom铆a禄 y 芦comunismo cient铆fico禄.

Al triunfo revolucionario de 1959 exist铆a en Cuba, como es natural, un mundo espiritual inmenso, y dentro de 茅l un acumulado de ideas sociales y filos贸ficas, de pr谩cticas y teor铆as de ciencias sociales, de ejercicios profesionales, y una historia de todo esto. El conjunto constitu铆a un enorme caudal, de una f茅rtil complejidad y diversidad.

La revoluci贸n fue un acontecimiento social tan tremendo, y realiz贸 cambios tan profundos, que a veces no nos damos cuenta de que ninguna revoluci贸n es s贸lo cambio, sino tambi茅n continuidades, y que expresa permanencias adem谩s de cambios.

驴Pod铆a el complejo cultural preexistente expresar las nuevas realidades cubanas, y su pensamiento y ciencias sociales plantear bien los nuevos problemas? Claro que parece imposible, pero si en la pr谩ctica las personas y las relaciones preexistentes fueron la base de la acci贸n revolucionaria, que las violent贸 en toda la medida que pudo hasta obtener relaciones y personas parcialmente nuevas, lo mismo deb铆a suceder con el mundo espiritual preexistente, que expresar铆a al mundo nuevo que se iniciaba, violent谩ndose en la medida que pudiese. La naturaleza de ambos procesos es, sin embargo, diferente.

Durante los 60 a帽os que van de 1898 a 1959, pr谩cticamente todas las orientaciones ideol贸gicas y la mayor铆a de las ideas manejadas en Occidente fueron conocidas en Cuba, y tuvieron practicantes y seguidores. Ellos sostuvieron relaciones complicadas — y a veces angustiosas — con la sociedad a la que pertenec铆an, complejidad y angustia presentes en todos los medios que, como el cubano, han recibido los impactos de la universalizaci贸n de la modernidad y el capitalismo. De la pugna magn铆fica contra la dominaci贸n quedaron testimonios intelectuales descollantes, y otros no tan destacados pero tambi茅n valiosos. Y tambi茅n quedaron cierto n煤mero de trabajos valios铆simos — y otros que no lo eran tanto — del pensamiento cubano adecuado en 煤ltima instancia al sistema, y a veces incluso de servidores directos de la dominaci贸n.

La acumulaci贸n de cultura pol铆tica radical fue el potencial que, detonado por la vanguardia insurreccional y asumido por el pueblo desatado, transform贸 la pol铆tica antidictatorial en una revoluci贸n socialista de liberaci贸n nacional. Entonces todo se politiz贸. Como afortunadamente el saldo del proceso hist贸rico de las ideas en Cuba era de tendencia avanzada en cuanto a la liberaci贸n nacional y la justicia social, la revoluci贸n reivindic贸 ser su heredera y continuadora. Pero asumirlo realmente, y utilizar sus productos, no fue nada f谩cil. Este es uno de la multitud de temas que esperan por estudios serios. Apunto al menos que el viejo apotegma de Marx de 1846 — 芦las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada 茅poca禄 — puede ayudar a guiar el inicio de ese estudio. Las ideas existentes al triunfo de la revoluci贸n, incluidas las marxistas, padec铆an de las insuficiencias, malformaciones y debilidades a las que la condici贸n neocolonial y de mando burgu茅s mezquino sometieron a toda la sociedad cubana durante aquellos 60 a帽os.

El poder revolucionario unido a la soberan铆a popular impusieron el nuevo orden. Que sucedi贸 un tremendo impacto doble sobre las personas y la sociedad, libertario y de poder revolucionario, y que ambos coincidieron durante todo un per铆odo, es un dato fundamental de la revoluci贸n cubana.[3]

Adem谩s, la ideolog铆a sobredetermin贸 a las teor铆as y a las pr谩cticas profesionales e intelectuales en general. En poco tiempo quedaron fuera del juego las posiciones ideol贸gicas y te贸ricas opuestas al nuevo poder, o consideradas inaceptables por el ambiente reinante. Aunque el entusiasmo de unos y el dogmatismo de otros llev贸 a creer que el proceso en su totalidad se inspiraba en el marxismo, eso era inexacto. Ser铆a un error creer que porque nos hicimos marxistas sucedi贸 todo, cuando la verdad es que nos hicimos marxistas por todo lo que sucedi贸.

Hubo una incre铆ble multiplicaci贸n de la actividad social y pol铆tica en todo el pa铆s, y en muchas esferas de la vida. El marxismo s贸lo comienza a adquirir peso masivo entre los cubanos en 1961, despu茅s de la victoria de Gir贸n y de la declaraci贸n de que la revoluci贸n es socialista, cuando cien mil adolescentes est谩n ense帽ando a leer y a escribir a todos los analfabetos y aprendiendo a conocer a su pa铆s y sus paisanos, y cientos de miles se organizan en las Milicias para defender la revoluci贸n; cuando administradores improvisados dirigen todos los centros econ贸micos nacionalizados y puestos en manos de aquellos que no ten铆an nada, los sindicatos son verdaderas agencias de la sociedad en revoluci贸n, y tambi茅n los comit茅s de defensa (CDR) y los agricultores (ANAP). Cuando se perfila el nuevo Estado nacido del Ej茅rcito Rebelde y del Instituto de Reforma Agraria (INRA), se crean sus instituciones y se dictan mil leyes en los tres primeros a帽os de la Revoluci贸n.

En 1961 ser socialistas implicaba ser marxistas, y serlo aliados a los sovi茅ticos inclu铆a ser marxistas-leninistas, aunque la mayor铆a no conociera nada de marxismo. Este comenz贸 entonces a formar parte de la instrucci贸n sistem谩tica de las personas, a considerarse la manera acertada de ver al mundo y la gu铆a de la pol铆tica, y tambi茅n un buen paradigma para historiadores y economistas. se crearon instituciones especializadas para ense帽ar marxismo. Pero lo caracter铆stico de esa etapa fue la fiesta de alfabetizaci贸n general que se viv铆a, el asalto de las clases humildes a la cultura y una inigualada movilidad social. Ser revolucionario inclu铆a lavarse las manos antes de comer, hervir el agua, ense帽ar al que no sabe, usar tractores y m谩quinas, etc茅tera. hasta 1967, las universidades tuvieron menos alumnos que en 1959. Todav铆a en 1970, s贸lo el 10 por ciento de los que matricularon el primer a帽o en ellas ten铆a 18 a帽os o menos, y el 43 por ciento ten铆a de 22 a帽os en adelante.

El marxismo como fundamento te贸rico general estuvo asociado de inicio a una inmensa revoluci贸n social, y fue ella quien lo legitim贸 como ideolog铆a. Tambi茅n surgi贸 asociado a la voracidad de asumir la cultura mundial desde Cuba. Ya en la primera etapa del proceso[4] — la que llega hasta inicios de los a帽os setenta — el marxismo fue campo de debates y pugnas que guardan relaci贸n — aunque no inmediata ni simplificable — con la diferencia de visiones que exist铆a dentro del campo de la revoluci贸n, acerca del alcance del proceso, los modos de actuar y sus fundamentos. El marxismo en Cuba hab铆a tenido previamente influencia, historia y diversidad, ligadas durante d茅cadas a movimientos sociales y pol铆ticos, como apunt茅 antes, y a actividades intelectuales; en modo alguno hab铆a fronteras delimitadas entre esos campos. La situaci贸n en el campo intelectual era mucho m谩s compleja y rica, y con m谩s presencia del marxismo que lo que se ha cre铆do despu茅s.

Esa etapa de los sesenta fue de expansi贸n y florecimiento del marxismo. La filosof铆a goz贸 de existencia aut贸noma, y ella y el pensamiento social avanzaron en el ambiente creado por la revoluci贸n. La herej铆a cubana les dio alas, contra la visi贸n dogm谩tica y sectaria que tambi茅n trat贸 de imponerse en Cuba desde entonces. El medio exig铆a instrumentos intelectuales propios y capaces. Se sostuvieron fuertes pol茅micas sobre los m谩s variados temas, en los que las cuestiones te贸ricas se ventilaban al calor de divergencias concretas, sin temor alguno a que la revoluci贸n resultara perjudicada. Al contrario, se aceptaba que el aire del debate era indispensable a su desarrollo. En cuanto al marxismo, podemos discernir ahora — entonces estaban muy unidas — tres tareas principales de aquel per铆odo: la divulgaci贸n masiva; la preparaci贸n de especialistas y formar parte de la instrucci贸n de los dem谩s t茅cnicos y cient铆ficos; y un arco muy dis铆mil de intervenciones en investigaciones, ayudas a la producci贸n, servicios y otras tareas — o trabajo directo en ellas — , algo que se denominaba gen茅ricamente 芦participar en la vida del pa铆s禄.

La influencia cultural sovi茅tica, de otros pa铆ses de su entorno y de China, y del movimiento comunista internacional, fue notable en la primera mitad de la d茅cada. Sus publicaciones sirvieron como literatura de adoctrinamiento, nueva lectura para los que — en gran proporci贸n — eran nuevos lectores. Hoy miro con asombro lo que entonces vivimos con naturalidad: a pesar de todos los peligros y escaseces, de la ignorancia, inexperiencia y heterogeneidad de los actores, y de la necesidad de r谩pida concientizaci贸n socialista, Cuba supo limitar aquella influencia y sujetarla al predominio de su cultura revolucionaria. En el campo del marxismo se fueron abriendo paso enfoques propios basados en las necesidades cubanas y en el ansia de fundamentar te贸ricamente las convicciones socialistas cubanas. En esas condiciones se produjo una 芦vuelta a Marx禄 diferente a la que ten铆a lugar en la Europa post 20潞 Congreso del PCUS y de los primeros sesenta.[5]

La herej铆a cubana reclamaba tambi茅n un pensamiento propio, y tuvo un marxismo que quiso 芦ponerse a la altura de la Revoluci贸n cubana禄. Resumo su posici贸n: es condici贸n inexcusable partir de la revoluci贸n y participar en su defensa y en la producci贸n, y a trav茅s del trabajo intelectual que hacemos, tan digno como las dem谩s labores; proponerse conocer a Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Gramsci, Mao, el Che, a todo el pensamiento marxista, a todo el pensamiento no marxista que fuera posible, y a la historia de las luchas de clases y nacionales; pensar con cabeza propia, no aceptar dogmas, someterlo todo a an谩lisis, argumentar en vez de citar o de acusar; comunicarse lo m谩s posible con todos, divulgar, debatir. Ser antidogm谩tico por ser militante, y no a pesar de serlo; por tanto, ser ajenos a la dicotom铆a 芦dogm谩ticos vs liberales禄 de la que se hablaba entonces. Este marxismo choc贸 forzosamente con la ideolog铆a teorizada sovi茅tica y con posiciones cubanas afines o pr贸ximas a aquella.

Este marxismo consideraba necesarios y de inter茅s un sinn煤mero de temas: filos贸ficos, sociol贸gicos, econ贸micos, hist贸ricos, pedag贸gicos, de ciencias pol铆ticas, de psicolog铆a social, antropol贸gicos. El proceso que se viv铆a, la historia de Cuba, los sucesos de Am茅rica y el mundo, las nuevas ideas, le eran imprescindibles. El auge de las ciencias sociales y los espacios creados por la reforma universitaria le favorecieron mucho. Investigar problemas se volvi贸 una fiebre nacional en los a帽os sesenta. Se incorporaron contingentes de j贸venes al estudio y la pr谩ctica de las disciplinas sociales, y el entusiasmo general y las necesidades de la sociedad y sus instituciones promovieron notables resultados, algunos de ellos muy importantes. Con el auspicio directo de numerosos organismos del Estado y el Partido, y de la m谩xima direcci贸n del pa铆s, se desarroll贸 mucho la investigaci贸n concreta y la utilizaci贸n de una gran variedad de medios auxiliares. La proliferaci贸n de las investigaciones estuvo relacionada con los intentos de hacer teor铆a, e incluso de que investigaciones y teor铆as marcharan juntos, y se relacionaran de manera m谩s general con el marxismo.

En el terreno institucional, adem谩s del sistema nacional de Escuelas de Instrucci贸n Revolucionaria del Partido — que daban docencia e investigaban marxismo y otras materias — , y de un Instituto de Filosof铆a en la Academia de Ciencias, se crearon Departamentos de Filosof铆a en las universidades, ya que la Reforma de 1962 establec铆a el estudio de la filosof铆a marxista en todas las carreras. Las organizaciones de masas fueron creando escuelas pol铆ticas de inspiraci贸n marxista, y las clases, charlas y c铆rculos de estudios de marxismo eran comunes en ellas, en la mayor铆a de los planteles de ense帽anza y en los 贸rganos estatales y dem谩s instituciones. Pero eran el entusiasmo, el deseo y las convicciones los regidores de las motivaciones y trabajos marxistas; los planes, escuelas, etc茅tera, eran sus instrumentos. La historia de lo que efectivamente sucedi贸 en el campo de la filosof铆a, el pensamiento y las ciencias sociales en esa larga d茅cada espera por estudiosos que posean rigor anal铆tico, amor por la verdad y pasi贸n.

Unas palabras sobre una experiencia personal de entonces, s贸lo a modo de ilustraci贸n. Compart铆 el esfuerzo colectivo de un numeroso grupo de j贸venes cubanos — part铆cipes del proceso revolucionario — agrupados en el Departamento de Filosof铆a de la Universidad de La Habana, expresado en nueve a帽os de docencia a muchos miles de alumnos universitarios — y de otras diversas instituciones — , con nuevos programas de estudios desde 1965; en un gran n煤mero de investigaciones te贸ricas y de campo; de divulgaciones y de edici贸n de publicaciones; en estudios internos rigurosamente planeados y ejecutados, y en una gran cantidad de otras actividades muy distintas. La edici贸n de gran n煤mero de materiales, libros de texto y la revista mensual Pensamiento Cr铆tico, fueron realizaciones de aquel grupo. Su actividad de conjunto influy贸 en el marxismo de aquellos tiempos. No es este lugar para desarrollar este tema, que por otra parte fue satanizado primero y concienzudamente sepultado despu茅s en el olvido durante dos d茅cadas.[6]

Al inicio de los a帽os setenta se vio claro que fallaban dos premisas b谩sicas del proyecto revolucionario cubano: 1) el triunfo de revoluciones en Am茅rica Latina, imprescindible para formar una nueva alianza en el campo econ贸mico, pol铆tico, militar y cultural que permitiera la expansi贸n y por tanto la vida del proyecto; 2) el logro de lo que se llam贸 desarrollo econ贸mico socialista acelerado, esto es, un grado suficiente de independencia econ贸mica. Terminaba entonces la primera etapa del proceso abierto con el triunfo revolucionario de enero de 1959.

Aunque el proyecto cubano no desapareci贸 en la pr谩ctica, s铆 se proclam贸 bastante su abandono; es decir, en la pr谩ctica se renunci贸 menos a 茅l de lo que se proclam贸. Se difundi贸 que hab铆amos sido idealistas, que hab铆amos querido ser demasiado originales en vez de aprender modestamente de las experiencias de los pa铆ses hermanos que hab铆an construido el socialismo antes. Cuba se sujet贸 ideol贸gicamente a la URSS y consider贸 antisovietismo y diversionismo ideol贸gico todo lo que se diferenciara de esa sujeci贸n. El pensamiento social recibi贸 un golpe abrumador. Se cerr贸 de tal manera el espacio que las corrientes no marxistas fueron malditas y se trat贸 de erradicarlas, se consider贸 incorrecto conocerlas y a煤n m谩s tratar de utilizarlas. Dentro de las corrientes marxistas se afirm贸 que s贸lo la sovi茅tica era la acertada y la correcta — esa uni贸n perversa de la verdad y la virtud — , por lo que se redujo el marxismo al llamado materialismo dial茅ctico e hist贸rico, o filosof铆a marxista-leninista, o al llamado marxismo-leninismo compuesto por filosof铆a, econom铆a y comunismo cient铆fico.

Desde 1971 se cancelaron, de una u otra forma, valiosos esfuerzos diversos que se realizaban en el pa铆s, dirigidos al desarrollo de un pensamiento correspondiente con el proyecto original de la revoluci贸n cubana y con los requerimientos que a ella presentaban Am茅rica Latina y el mundo. Un pensamiento que fuera por tanto capaz de participar en un proceso tan original y tan ajeno a la espontaneidad como es la creaci贸n de nuevas personas y nuevas realidades sociales. El cierre aquel a帽o del citado Departamento de Filosof铆a — y de la revista Pensamiento Cr铆tico — determin贸 la disoluci贸n de ese grupo marxista y el fin de sus actividades. La maduraci贸n del grupo, que ya comenzaba a expresarse en obras, no continu贸.

El mundo de la segunda etapa del proceso tambi茅n tiene su historia, que es imprescindible recuperar y comprender para enfrentar con m谩s posibilidades de 茅xito la etapa en que estamos adentr谩ndonos. No es f谩cil, no s贸lo por tratarse de un pasado inmediato sino porque siguen presentes muchos de sus resultados. En lo que a m铆 toca, desde 1987 he escrito mucho sobre aspectos y hechos de aquella etapa, que he calificado de contradictoria. Durante 15 a帽os se registraron notables avances en algunos aspectos de la econom铆a, en la pol铆tica social, en los servicios de salud y educaci贸n, en el bienestar material, en el tipo de ordenamiento institucional que se adopt贸, como resultado del ordenado trabajo realizado en esos a帽os, de los frutos de los enormes esfuerzos de la primera etapa y tambi茅n de la parte positiva de las relaciones econ贸micas anudadas con la URSS y el bloque que ella dirig铆a, relaciones que obtuvo Cuba por el valor que hab铆a logrado darse a s铆 misma y por el papel geopol铆tico que ten铆a. Pero tambi茅n se hicieron fuertes en esa etapa la burocratizaci贸n generalizada, la formalizaci贸n y ritualizaci贸n, el autoritarismo, el seguidismo, la formaci贸n de grupos privilegiados, la supresi贸n de todo criterio diferente al considerado oficial, el reino de la autocensura, la simulaci贸n, el unanimismo y otros males.

Un 芦marxismo-leninismo禄 — tr谩gico uso del nombre de uno de los m谩s grandes luchadores por la libertad del siglo XX — dogm谩tico, empobrecedor, dominante, autoritario, exclusivista, fue impuesto y difundido sistem谩ticamente, en el preciso momento en que crec铆a tan bruscamente el nivel de preparaci贸n de los ni帽os y j贸venes cubanos que es dif铆cil encontrar en el mundo un ejemplo igual de avance obtenido en el plazo de una generaci贸n. Las maneras soberbias y la aparente ocupaci贸n absoluta del lugar de la ideolog铆a por aquel tipo de marxismo fueron enga帽osas; en esos a帽os se echaron las bases de la futura indiferencia o aversi贸n que ten铆a que provocar esta situaci贸n.

Casi se lleg贸 a liquidar pr谩cticamente las publicaciones de ciencias sociales; las sobrevivientes y alguna nueva fueron sujetas a limitaciones y esquemas muy r铆gidos. Al suprimirse el debate se acaba la raz贸n de ser de esas publicaciones, al dogmatizarse el pensamiento social esos 贸rganos pierden la posibilidad de expresar sus problemas y sus logros, y las publicaciones insultan al decoro al establecerse la pr谩ctica tan vergonzosa de la censura, y al volverse tan cr贸nica que se convierte en autocensura, much铆simo m谩s castradora que la censura y de efectos perniciosos m谩s prolongados en el tiempo.

A pesar del quebranto de estos a帽os las investigaciones de asuntos concretos continuaron, solicitadas por organismos estatales y pol铆ticos, y se ampliaron con el crecimiento de las estructuras y de los niveles t茅cnicos generales. Pero se excluyeron temas de investigaci贸n imprescindibles, se dificult贸 la asunci贸n de otros m茅todos e ideas, se presion贸 en cuanto a resultados de investigaci贸n que se estimularan inconvenientes, se cre贸 una absurda cultura del secreto y de la sospecha, y se rompi贸 la relaci贸n entre las investigaciones de ciencias sociales concretas y el campo te贸rico de esas ciencias. La carrera universitaria de Sociolog铆a fue simple y torpemente eliminada. El predominio del marxismo sovi茅tico ejerci贸 un efecto funesto. En la pr谩ctica de cada disciplina ha habido grados diferentes de dificultades. Por otra parte, muchas veces no hab铆a una relaci贸n fuerte entre la teor铆a dominante y las pr谩cticas profesionales. Las pr谩cticas encontraban sus fuentes m谩s inmediatas en m茅todos e ideas impl铆citamente relacionados con teor铆as diversas, aunque en general todos los profesionales se declaraban marxistas-leninistas.

Los sistemas de ense帽anza han creado muy numerosos contingentes de graduados de filosof铆a y econom铆a, y tambi茅n de algunas ciencias sociales. La docencia ha sido una de las m谩s socorridas fuentes de empleo. Aunque lo usual ha sido que los organismos se interesen por las investigaciones de corte emp铆rico, a la vez se desarroll贸 un enorme campo de eventos, instituciones y actividades p煤blicas en nuestra sociedad, en los cuales lo te贸rico ha encontrado espacio y dedicaciones permanentes. Tambi茅n es cierto que se ha denominado investigaciones te贸ricas a ejercicios que distan mucho de serlo. Desgraciadamente, las investigaciones te贸ricas se subdesarrollaron en t茅rminos generales. Durante una etapa bastante larga predomin贸 una fraseolog铆a singularmente vac铆a que se convirti贸 en tema, 谩rbitro y lenguaje de la elaboraci贸n te贸rica; ella fue impuesta e incluso reclamada en muchos medios acad茅micos y de cient铆ficos sociales, y nunca faltaba en los eventos. Ese mundo, que ya est谩 completamente desgastado, ocup贸 una vida de formaci贸n y de pr谩cticas de gran parte de los profesionales existentes.

En el mundo complejo y contradictorio de los setenta-ochenta se fue creando un nuevo escenario nacional, con predominio num茅rico y de alta escolarizaci贸n de la poblaci贸n joven, 芦nacida despu茅s禄 pero protagonista de otros eventos y con nuevas vivencias y preocupaciones. Otra vez permanencias y cambios fueron materia de la comprensi贸n posible y necesaria del per铆odo, aunque ahora sus modos de suceder y expresarse eran muy diferentes.[7] Los fundamentos de aquella segunda etapa comenzaron a cuestionarse cuando en 1986 se hizo p煤blico el llamado a iniciar un proceso de rectificaci贸n de errores y tendencias negativas, precoz toma de distancia cubana del 芦socialismo real禄.

Las tensiones y dificultades que confront贸 el proceso de rectificaci贸n son sumamente importantes para quien desee comprender el proceso hist贸rico 1986-1991, y por ende a cada uno de sus aspectos, incluido el del marxismo. En cuanto al necesario abandono de la ideolog铆a del 芦marxismo-leninismo禄 se produjo una situaci贸n que, quiz谩s por evitar ser dram谩tica, result贸 totalmente ineficaz. Como resultado de ella no hubo un debate abierto nacional que motivara una renovaci贸n del inter茅s sobre bases nuevas que ayudaran a la recuperaci贸n del marxismo, y que franqueara un per铆odo de transici贸n eficaz para un nuevo florecimiento ideol贸gico y te贸rico. Falt贸 un campo alternativo de publicaci贸n de criterios diversos, de educaci贸n, de debates, en el cual otros temas, otros procedimientos y otras posiciones marxistas pudieran abrirse paso. Adem谩s, el funcionariado a cargo de las 谩reas ideol贸gica y de educaci贸n del marxismo leninismo hab铆a sido formado intelectualmente, en general, en el sistema de la ideolog铆a sovi茅tica, y estaba habituado a sus modos de pensar y actuar, y a los rasgos negativos nuestros tambi茅n. Una multitud de profesores y de otros t茅cnicos laboriosos y responsables qued贸 sumida en una situaci贸n profundamente desventajosa y desconcertante. Al faltar una ruptura y un avance, la confusi贸n y el desaliento fueron crecientes.

3. El marxismo hoy: crisis y perspectivas

Cuando estall贸 el gran desprestigio del socialismo, y el final tan bochornoso del bloque de Europa oriental se torn贸 un siniestro Midas del fango, la situaci贸n de Cuba se volvi贸 cr铆tica en la econom铆a y peligrosa en la seguridad nacional. Una nueva etapa ha comenzado con la reinserci贸n en la econom铆a mundial, y con las transformaciones econ贸micas y sociales en curso. En medio de problemas enormes y acuciantes, no creo que el que analizamos sea objeto de mayor inter茅s a altos niveles institucionales. Pero sigue ah铆, ahora acumulando sobre s铆 viejas y nuevas complejidades.

No tengo datos suficientes, pero mi impresi贸n es que el viejo 芦marxismo-leninismo禄 a煤n funciona, como una rueda cada vez m谩s suelta, en unos casos desva铆dos y en otros ligeramente remozado y mezclado con ingredientes 芦occidentales禄. En los planteles educacionales se ha atemperado su imperio y recortado su alcance. Adem谩s, en los instrumentos de reproducci贸n ideol贸gica son cada vez m谩s escasas las referencias al socialismo, y el marxismo como un requerimiento ideol贸gico ha ido desapareciendo; en los medios de comunicaci贸n, las referencias a ambos son pr谩cticamente inexistentes. No subestimo la esterilidad vigente de sectores ideol贸gico burocratizados que siguen funcionando e imponiendo su arbitrio o su inacci贸n. Pero lo m谩s visible es una suerte de vac铆o ideol贸gico aparente. Me preocupa mucho que la agon铆a vergonzante del 芦marxismo-leninismo禄, que durante casi 20 a帽os fue confundido con todo el marxismo, aumente el desaliento y la confusi贸n actuales. Hay que evitar que esa ideolog铆a arrastre en su ca铆da a todo marxismo posible.

La magnitud del desastre ideol贸gico es enorme e influye a todos, aunque los comportamientos sean dis铆miles. La ruina del llamado 芦socialismo real禄 fue aparentemente s煤bita, pero se estuvo incubando durante mucho tiempo. Los impactos tan grandes recibidos como consecuencia de los sucesos de Europa Oriental nos aclararon finalmente dos cuestiones: qu茅 decisivo era el exterior para nosotros; y qu茅 necesidad tan vital ten铆amos de reconocernos y revisarnos en busca de nuestra propia fuerza e identidad. Fuimos muy dependientes de un centro de poder e ideol贸gico que nos era ajeno, y que en su discurso y sus ritos escond铆a a un sistema de dominaci贸n en descomposici贸n. No estamos solos ahora, sin embargo: nuestro destino no incluye la soledad. Ni estamos satisfaciendo bien la necesidad tan vital de autoidentificarnos y buscar nuestras propias fuerzas. El trabajo intelectual tiene entonces que contribuir, dentro de su especificidad y su modesto alcance, a esa tarea tan b谩sica.

El marxismo vive una crisis que tiene ra铆ces muy hondas y se fue gestando durante d茅cadas. La liquidaci贸n de reg铆menes que se llamaban a s铆 mismos socialistas, y el final aparente del supuesto conflicto a escala mundial entre el capitalismo y el socialismo, con el triunfo del primero, no nos dispensa del deber de conocer y valorar el proceso hist贸rico implicado. Es urgente e imprescindible recuperar y comprender toda la larga y compleja historia del marxismo en el siglo XX. Sus procesos intelectuales: aparici贸n de nuevos temas y ampliaci贸n de su objeto, asunci贸n de otras teor铆as y m茅todos, los nuevos aportes, contracciones de su contenido y su eficiencia, contraposiciones con otros cuerpos de pensamiento, divulgaci贸n para grupos y para millones, formaci贸n y existencia de grupos profesionales dedicados al marxismo, entre otros temas. Recuperar y comprender la historia de sus relaciones con las luchas de clases y con las luchas por la independencia o por la liberaci贸n nacional, con las esperanzas y las luchas de las mujeres, de etnias, creyentes religiosos y de otras comunidades, en todo el mundo de este siglo. La historia de sus relaciones tan complejas con la universalizaci贸n — tantas veces colonial y neocolonial, hoy adem谩s transnacional — del capitalismo imperialista y de los campos culturales ligados o influidos por 茅l. Sus nexos con las grandes revoluciones del siglo, Rusia, China, Cuba, Viet Nam y las dem谩s. Con los poderes y Estados que lo han invocado como ideolog铆a y teor铆a oficiales, y con las instituciones que lo han reconocido como su gu铆a.

Todo es universo interactu贸 con la teor铆a marxista y la puso a prueba, a ella y a las pr谩cticas anticapitalistas. Recuperarlo y comprenderlo, conocerlo, me parece esencial para la formaci贸n de nuestros estudiosos de ciencias sociales, y me temo que es un camino en que falta mucho por andar. Para los intelectuales cubanos la cuesti贸n es inexcusable. Siempre estamos obligados a partir de lo existente, ya pretendamos llegar muy lejos o no. Para ejercitar ese deber de conocer y valorar al que me refiero, todos en Cuba estamos en una situaci贸n dif铆cil, con los grav谩menes y remanentes de una etapa muy nefasta que dur贸 muchos a帽os.

Un ejemplo muy claro es la gran reluctancia a aceptar la existencia de una crisis. En vez de discutir su naturaleza y las posibles v铆as para superarla, muchos se han conformado durante a帽os con el torneo verbal alrededor de la pregunta 芦驴hay crisis en el marxismo?禄. S贸lo la cruda realidad los va acallando. Lo cierto es que, en casos como el cubano, el marxismo puede especificarse en cinco aspectos: a) teor铆a de la revoluci贸n y del proyecto socialista-comunista, que informa a las instituciones, las relaciones sociales fundamentales y las conductas individuales atinentes a ellas; b) es parte de las concepciones e im谩genes del mundo que aspiran a regir las vidas y las conductas en una direcci贸n determinada; c) ideolog铆a oficial; d) cuerpo te贸rico profesional: una disciplina, filosof铆a, profesi贸n, campo de investigaci贸n y estudios, de docencia y de divulgaci贸n; y e) influencia sobre campos culturales definidos, como ser铆an los art铆sticos, de ciencias y otros. En mi opini贸n, el marxismo en Cuba atraviesa hoy una crisis en todos esos aspectos, aunque m谩s aguda en unos que en otros.

La crisis del marxismo en Cuba puede analizarse desde varias dimensiones. Forma parte de la peor crisis de toda la historia del marxismo como ideolog铆a, a la que hemos aludido; las 铆ntimas relaciones sostenidas con el campo sovi茅tico hacen m谩s sensible esa dimensi贸n, porque el desastre arras贸 todo el prestigio de la teor铆a sovi茅tica. En la dimensi贸n nacional, factores sociales importantes de la actualidad influyen muy negativamente en la valoraci贸n que se tenga del marxismo; su abandono forma parte, para muchos, de cambios m谩s abarcadores. En cierta medida, el descr茅dito o desahucio del marxismo como teor铆a y como ideolog铆a es tambi茅n una expresi贸n de la modalidad de lucha cultural que asume una parte de la pol铆tica actual. Desde otro 谩ngulo, la crisis es exacerbada por el defensismo remanente del 芦marxismo-leninismo禄 que rigi贸, que es est茅ril y contraproducente, porque se presenta como defensor de la ideolog铆a de la revoluci贸n. Por una u otra causa se suman el abandono del marxismo y el prejuicio contra su utilidad y su mero examen. La profesi贸n pierde terreno en su utilizaci贸n y su presencia social. Y la teor铆a marxista misma pasa por uno de esos momentos en que se necesita revisi贸n, recuperaci贸n, puesta al d铆a y b煤squeda de eficacia conceptual, frente a la falta de realizaci贸n en el movimiento hist贸rico, y al reto tan radical que hoy le presentan los problemas, las percepciones y las perspectivas de los individuos y las sociedades. Esta 煤ltima dimensi贸n de crisis no es privativa del marxismo; la comparte con las direcciones fundamentales del pensamiento social actual.

La situaci贸n es muy dif铆cil: el marxismo se conoce muy mal y muy poco. Se conoce m谩s la vulgarizaci贸n que tom贸 el nombre del marxismo, se le desprecia bastante y se le asocia al autoritarismo, a la ineficacia y a muchos males atribuidos al socialismo, unos con raz贸n y otros sin ella. Y el punto de partida de ese desprecio es peligros铆simo, forma parte de una ola conservadora que se extiende por el pa铆s, y que afecta tambi茅n a sectores intelectuales. Tenemos numerosos profesionales preparados y con pr谩ctica, pero con fuertes deficiencias de informaci贸n y formaci贸n te贸rica, e influidos por la situaci贸n que he descrito. Los problemas acumulados afectan mucho las posibilidades de desarrollo generales de la filosof铆a y los campos te贸ricos de las ciencias sociales, afirmaci贸n que relativizo cuando considero diferentes disciplinas e individualidades. La burocratizaci贸n tambi茅n afect贸 duramente a la administraci贸n de las ciencias, y no creo que en el caso de las ciencias sociales los llamados polos cient铆ficos resuelvan mucho. En Cuba algunas ciencias tienen un gran desarrollo, y all铆 s铆 son v谩lidos los instrumentos de coordinaci贸n, y de racionalizaci贸n de esfuerzos y recursos.

Pero lo que necesitan las ciencias y el pensamiento sociales son est铆mulos a las iniciativas, la diversidad, la informaci贸n y el intercambio, y no esquemas administrativos que pudieran tornarse camisas de fuerza.

Tantos factores negativos pueden ser m谩s graves para el marxismo, al reforzarse unos a otros en condiciones propicias. Y ellas son advertibles actualmente. La sociedad constituida a partir de la revoluci贸n — un complejo cultural de transici贸n socialista, de relaciones, instituciones, conductas, costumbres, ideas, expectativas, proyectos — est谩 siendo sometida a un conjunto de procesos e influencias que la desaf铆an en muchos terrenos b谩sicos.[8] Esas nuevas realidades favorecen el aumento de actitudes de fatiga, de alejamiento o de disenso en unos; y en otros, generan grandes modificaciones del modo de vida respecto al modelo que predomin贸 durante d茅cadas, con la consiguiente necesidad de justificaciones ideol贸gicas y, si es posible, legitimaci贸n. Ser铆a err贸neo, sin embargo, subestimar la fuerza y las capacidades existentes en Cuba a favor de una continuidad del r茅gimen de justicia social y soberan铆a nacional que hemos tenido. Dentro de ese marco, la renovaci贸n del inter茅s en el marxismo a que me refer铆a al inicio puede ser un buen s铆ntoma.

A su favor operan la acumulaci贸n de cultura pol铆tica y sentimientos socialistas, y orgullo nacional, que persisten. Es apasionante la claridad ideol贸gica, la profundidad de cr铆tica, la sagacidad pol铆tica y la capacidad cultural y t茅cnica con que se expresan multitud de personas en cualquier instituci贸n, evento o lugar del pa铆s, por iniciativa y preocupaci贸n propia, sin haber recibido orientaciones. Tambi茅n es notable la gran expansi贸n de las capacidades de investigar las realidades sociales y la sensibilidad para identificar los verdaderos problemas.

Y no es desde帽able el n煤mero de los que tienen conocimientos te贸ricos 煤tiles, y los utilizan. Esos factores favorables pueden ser o no decisivos para una recuperaci贸n cr铆tica del marxismo; depender谩 de algo m谩s que su voluntad, naturalmente. En realidad ha habido esfuerzos e iniciativas desde que comenz贸 a aflojar el f茅rreo control que exist铆a. Pero el caso es que en el campo del marxismo — y no s贸lo en 茅l — el dinamismo de individuos y grupos de la sociedad es mayor que el de las instituciones facultadas, y estas tienen en Cuba un peso muchas veces decisivo.

No creo que el problema actual del marxismo sea no tener un modelo a seguir, o de autoridad de cl谩sicos, o de existencia de consensos. S茅 que es muy dif铆cil no representarse aquello a que se pertenece como un poder, o al menos como una parcela, cierta cantidad de poder. Pero es vital negarse a eso. Si el marxismo en un pa铆s es transici贸n socialista se reduce a ser el marxismo desde el poder, ayuda a que el poder venza al proyecto y otra vez se pierda la batalla del socialismo. Y a escala mundial ni siquiera es pensable esa actitud. Para m铆, ser marxista hoy no es asumir y encuadrarse. Es tomar parte en la creaci贸n de un rumbo, de un proyecto de vida y actuaci贸n ajeno y enfrentado al capitalismo, que incluya pr谩cticas de pensamiento social rigurosas y cr铆ticas, relacionadas profundamente con unas posiciones ideol贸gicas y una participaci贸n en la formaci贸n del campo cultural socialistas, y por tanto participantes en la contienda cultural en curso.

El capitalismo trata de ganar la guerra cultural de la vida cotidiana. Esto es, usted puede decir lo que le parezca y le pueden gustar o no las telenovelas, el anarquismo, la ecolog铆a, Lezama Lima, el sexo seguro, la postmodernidad o los comunistas, pero at茅ngase a que la 煤nica cultura posible de la vida cotidiana es la del capitalismo. Los centros fundamentales del capitalismo mundial tienen dos cartas formidables a su favor: un poder inmenso en muchos terrenos, y que la naturaleza de la cultura del capitalismo es universalizante. La reproducci贸n econ贸mica de esos centros s贸lo necesita y abarca a una parte de la poblaci贸n mundial; el resto, enorme, es sobrante.

La reproducci贸n cultural universal de su dominaci贸n le es b谩sica entonces, para suplir los l铆mites de su alcance real y dominar a todos los excluidos mediante su consenso. Para ganar su guerra cultural, al capitalismo le es preciso eliminar la rebeld铆a y prevenir las rebeliones; homogeneizar los sentimientos y las ideas, igualar los sue帽os. Si las mayor铆as del mundo, oprimidas, explotadas o supeditadas al capitalismo mundial, no elaboran su alternativa diferente y opuesta a 茅l, llegaremos a un consenso suicida, porque para nosotros no hay lugar futuro. Y en vez de proyectos y esperanzas s贸lo quedar铆a el recurso de apreciar el sosiego de nuestra resignaci贸n.

Es necesario que haya una alternativa, y que incluya una recuperaci贸n y utilizaci贸n del marxismo, pero, 驴qu茅 marxismo recuperaremos?, 驴en qu茅 consiste realmente 芦recuperarlo禄? Hoy esto est谩 ligado 铆ntimamente a la recreaci贸n del concepto de socialismo, porque si no lo recreamos seremos tan d茅biles que la tarea ser铆a imposible. Si el socialismo entre nosotros es s贸lo una referencia al pasado, est谩 perdido. S贸lo avanzaremos si es una referencia desde el presente hacia el futuro, y tratamos de elaborarlo entre todos.

En estas circunstancias y ante las necesidades del futuro cercano, el pensamiento social cubano tiene que volver a tener peso. Los niveles intelectuales tan superiores a escala masiva que se lograron no ser谩n forzosamente una fuerza positiva: en la sociedad que escogimos nada importante es espont谩neo, ni es otorgado por el destino. Ya es un teatro de esa tensi贸n el de la reasunci贸n de nuestra historia y la reinterpretaci贸n de sus procesos, y entre ellos el pensamiento social, sus productos y sus condicionamientos. Reaparecen algunos autores — Ma帽ach es un ejemplo — y se ensayan revaloraciones, de t茅rminos, de adscripciones te贸ricas, o de posiciones acerca del decursar hist贸rico o el destino de Cuba. El denominador com煤n de estos temas es haber sido abandonados, poco tratados o maltratados por lo menos durante 25 a帽os.

Me parece muy positivo lo que sucede: de alguna manera ha de ponerse en movimiento otra vez el pensamiento cubano. S贸lo llamo la atenci贸n acerca de tres puntos: a) cualquiera que sea la opini贸n sobre el tiempo transcurrido, ahora estamos en uno de esos momentos de obligada reasunci贸n y revaloraci贸n de un pa铆s: la naci贸n cubana, la historia, las ideas, los valores, los proyectos de futuro. Y no ha sido por decisi贸n de los intelectuales, lo est谩n exigiendo las necesidades de la sociedad, aunque ellas no fueran expresadas; b) nunca han sido neutrales esas peri贸dicas reasunciones y revaloraciones de un pa铆s. Con todas las mediaciones, debidas precisamente a su entidad y autonom铆a intelectuales, ellas expresan tambi茅n su condicionamiento por los distintos intereses y visiones sociales que existen, y por tanto implican posiciones diferentes y discordes; y c) las negativas consecuencias del gran desnivel que se cre贸 entre la cultura adquirida por la poblaci贸n en los 煤ltimos 20 a帽os y los lamentables atributos que han tenido los fundamentos del conocimiento social, a su vez confundidos con la ideolog铆a oficial.

Me pregunto entonces, desde mi posici贸n de intelectual socialista opuesto al funesto control burocr谩tico del trabajo intelectual: 驴qu茅 funciones cumplir铆an las ideas, pensadores y proyectos de pa铆s revalorizados en los a帽os noventa, respecto a las necesidades, estados de 谩nimo, expectativas y proyectos actuales? 驴En las condiciones que atravesamos habr谩 suficiente independencia de criterio, formaci贸n te贸rica y presupuestos ideol贸gicos socialistas al realizar estas actividades intelectuales?

Ese problema nos ilustra una realidad: ciertos temas son principales hoy, y ellos ser谩n cruciales para el desarrollo de la teor铆a. La naci贸n cubana actual y su proyecto, las clases sociales en Cuba hoy y sus relaciones con los aspectos de la formaci贸n social, son dos de esos temas. El impulso eficaz al desarrollo de la teor铆a y los m茅todos suele venir del trabajo serio con problemas b谩sicos. La dimensi贸n hist贸rica de ellos, por ejemplo, exigir谩 abordar problemas fundamentales de la historia de Cuba a partir del marxismo, esto es, de la teor铆a de las luchas de clases. Otro tema necesario es el de la naturaleza y los mecanismos de la dominaci贸n capitalista en la actualidad.

La recuperaci贸n y avance del marxismo tendr谩 que incluir otra 芦vuelta a Marx禄. Esta vez lo exige la situaci贸n creada por la bancarrota de los reg铆menes, organizaciones e ideolog铆a que utilizaron su nombre, y el obligado deslinde entre ellos y Marx. Pero tambi茅n la reclama la proximidad creciente entre el mundo del capitalismo transnacional de hoy y el formulado te贸ricamente por Marx hace siglo y medio como primera premisa de la liberaci贸n humana. Puede ser que su teor铆a comience a entrar s贸lo ahora en la fase de su verdadera aplicaci贸n mundial. Adem谩s, a mi juicio su concepci贸n es la m谩s apropiada para volver a impulsar los fundamentos de la ciencia social, al darles paradigma, algunos puntos de apoyo v谩lidos y una adecuada relaci贸n ciencia-conciencia. Claro est谩 que de nada servir铆a la 芦vuelta禄 si se convierte a Marx en un fetiche: sus errores y exageraciones, sus ausencias, lo que ya envejeci贸, s贸lo pueden ayudarnos a buscar mejor. Su m茅todo y sus aportes te贸ricos y m谩s espec铆ficos, su actitud intelectual, ser谩n inapreciables si s贸lo los usamos como puntos de partida, o de inspiraci贸n, como instrumentos, o para interrogarlos. Hay que poner a Marx y la historia del marxismo — ya sin exclusiones ni tergiversaciones — en relaci贸n permanente con el rico y complejo desarrollo de las ciencias sociales y de los procesos sociales del siglo XX.

Reivindico a Marx, que estudiaba las circunstancias sociales condicionantes del pensamiento social, y reclamaba a la vez que el pensamiento sea una palanca eficaz para cambiar las circunstancias sociales. No me limito a declarar 芦soy marxista禄, pues no soy una pieza de museo ni quiero serlo.

El marxismo es una buena br煤jula para encontrar el camino en una situaci贸n tan complicada como la actual. Pero ser marxista como una profesi贸n de fe me parece est煤pido; el marxismo no es un talism谩n, ni da buena suerte.

Ser marxista ser铆a una de las formas de construir el desarrollo de las ciencias sociales cubanas, de recuperar los procesos hist贸ricos y los saberes acumulados en su sociedad, de conocer su circunstancia actual y sus opciones de futuro. Ser铆a participar en la asimilaci贸n cr铆tica de todos los campos de conocimiento estructurados como teor铆as y como profesiones, como t茅cnicas y como resultado de investigaciones, en las ciencias sociales cubanas y del mundo de hoy. Naturalmente, tanto esfuerzo no ser谩 para convertirnos en bellos almacenes de erudici贸n, sino para realizar trabajos intelectuales concretos sobre temas necesarios y con medios apropiados. Ser marxista no es tanto un asunto de paradigma, m谩s bien es de lucha y angustia, de estudio y creaci贸n.

El pa铆s est谩 cambiando, desde el lugar magn铆fico, dual, menguado y aventurado al que hemos podido llegar. Ese cambio no est谩 regido por un destino inexorable: puede cambiar por rumbos diferentes, tener sus cambios sentidos dispares. 驴No le toca al trabajo intelectual papel alguno en esto, despu茅s de los esfuerzos grandiosos que hicimos, que elevaron tanto las capacidades de millones de personas? 驴Es imposible entender que lo m谩s fuerte y avanzado que tiene Cuba es el nivel de los sentimientos y la cultura solidaria de su gente?

驴De qu茅 servir谩n estos trabajos? 驴Ser谩n s贸lo, como tantas otras situaciones de hoy, para el fastidio de algunos y la impotencia de los otros, fastidio e impotencia a veces, por momentos, permutados?

驴Habr谩 que esperar a que venga el tiempo de los juicios terribles? Y que despu茅s, los historiadores de ma帽ana queden perplejos ante la vez aquella en que enormes capacidades de percepci贸n y lucidez no se correspond铆an con ninguna actuaci贸n. No puede ser tan est茅ril el trabajo intelectual.

Yo conf铆o en la necesidad, que seg煤n nos record贸 una vez Federico Engels puede m谩s que las universidades, y en las reservas prodigiosas de este pa铆s.

La Habana, junio de 1995.

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Notas

[1] He publicado en La Habana este a帽o [1995] 芦Un comentario cubano sobre ate铆smo y marxismo禄, en Caminos, n煤m. 1, ene./mar.; 芦Marxismo y cultura nacional禄, en Contracorriente, n煤m. 1; e 芦Historia y marxismo禄, en La Gaceta de Cuba, n煤m. 4, jul./ago. Y he participado oralmente en numerosas actividades en que se aborda el marxismo.

[2] He ido dando mis criterios sobre esta cuesti贸n, y sobre el marxismo en general, durante los 煤ltimos 30 a帽os; desde la Presentaci贸n del libro Lecturas de Filosof铆a (Departamento de Filosof铆a, Universidad de La Habana, enero 1966), 芦El ejercicio de pensar禄 (El Caim谩n Barbudo, n煤m. 11, La Habana, febrero de 1967), o 芦Marx y el origen del marxismo禄 (Pensamiento Cr铆tico, n煤m. 41, La Habana, junio de 1970), hasta 芦Historia y marxismo禄 (citado en la n. 1).

[3] Me he referido a 茅l en varios trabajos, entre ellos: Che, el socialismo y el comunismo. Casa de las Am茅ricas, La Habana, 1989; 芦Cuba: problemas de la liberaci贸n, el socialismo, la democracia禄, en Cuadernos de Nuestra Am茅rica, n煤m. 17, jul./dic. 1991, pp. 124-148; en 芦Marxismo y cultura nacional禄, ob. cit.

[4] He expuesto mi criterio sobre etapas de la revoluci贸n a partir de 1959 en Desaf铆os del socialismo cubano, Ed. Centro de Estudios sobre Am茅rica, La Habana, 1988; 芦El socialismo cubano: perspectivas y desaf铆os禄, en Cuadernos de Nuestra Am茅rica, n煤m. 15, jul/dic 1990, pp. 27-52; en 芦Cuba: problemas de la liberaci贸n…禄, ob. cit., pp. 131 y ss.; y otros.

[5] Particip茅 en esa 芦vuelta禄, entre otros textos, con: 芦Nota: sobre el estudio del joven Marx禄, en Lecturas de Filosof铆a, Instituto del Libro, La Habana, 1967, t. I, p. 127. 芦Ideolog铆as pol铆ticas en tiempos del joven Marx禄, en Lecturas de pensamiento marxista. Ed. Revolucionaria, ICL, La Habana, 1971, pp. 39-46.

[6] He tocado en alguna medida el tema en 芦Cuba y el pensamiento cr铆tico禄 (https://lahaine.org/fG7q), entrevista realizada por N茅stor Kohan, en Dial茅ktica n煤m. 3/4, Buenos Aires, oct. 1993; reproducida en Am茅rica Libre, n煤m. 5, Buenos Aires, 1994.

[7] He examinado este cuadro de datos y de comportamientos sociales, sobre todo en 芦Cuba: problemas de la liberaci贸n, el socialismo, la democracia禄, ob. cit., pp. 133-140.

[8] He tratado esta cuesti贸n, entre otros, en 芦Desconexi贸n, reinserci贸n y socialismo en Cuba禄, en Cuadernos de Nuestra Am茅rica, n煤m. 20, pp. 46-64; en la conferencia 芦Naci贸n y sociedad en Cuba禄, UNAM, M茅xico DF, 28-9-1994; y en 芦Marxismo y cultura nacional禄, ed. cit.

La Tiza




Fuente: Lahaine.org