December 3, 2020
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Jane Goodall descubri贸, en contra de la creencia popular, que los humanos no eran los 煤nicos seres vivos capaces de usar y fabricar herramientas. Es la cient铆fica viva m谩s popular de nuestro tiempo.

Ilustradora: Carla Berrocal

Ilustradora: Carla Berrocal

 

La primat贸loga Jane Goodall viaj贸 con solo 26 a帽os a Tanzania para estudiar a los chimpanc茅s del parque nacional Gombe Stream. La brit谩nica, que entonces era una joven entusiasta sin formaci贸n acad茅mica alguna, se embarc贸 hace ya 60 a帽os en aquella apasionante aventura tras conocer al reputado antrop贸logo Louis Leakey. 脡l le consigui贸 una beca para establecer un campamento all铆 y pasar una larga temporada observando el paralelismo entre el comportamiento de los chimpanc茅s salvajes y el de los humanos.

Jane Goodall caminaba un d铆a por una reserva de la selva tropical cuando, de pronto, se top贸 con un encorvado chimpanc茅 macho que buscaba algo de alimento en un nido de termitas. Goodall se detuvo entonces a observar con prism谩ticos al animal, que cogi贸 una ramita, la dobl贸, le quit贸 las hojas, la meti贸 en el nido y se acab贸 llevando a la boca un pu帽ado de aquellos insectos. Esta observaci贸n aparentemente anecd贸tica le permiti贸 empezar a descubrir que, en contra de la creencia popular, los humanos no eran los 煤nicos seres vivos capaces de usar y fabricar herramientas.

Goodall telegrafi贸 entonces a su jefe para darle la sorprendente y reveladora noticia. 芦Ahora deber铆amos redefinir al hombre, redefinir las 鈥榟erramientas鈥, o aceptar a los chimpanc茅s como humanos禄, le respondi贸 Leakey. Y no exageraba demasiado. Goodall no solo redefini贸 el significado de ser 鈥榟umano鈥, sino que a partir de la observaci贸n de aquellas criaturas 鈥攃on las que compartimos el 99% del material gen茅tico鈥 descubri贸 tambi茅n que los chimpanc茅s eran omn铆voros 鈥攜 no vegetarianos, como siempre se hab铆a cre铆do鈥; que se besaban y abrazaban entre s铆 鈥攑reocup谩ndose los unos de los otros鈥 y que no eran tan inofensivos como se pensaba 鈥攑ues, al igual que los humanos, pod铆an participar en violentas guerras primitivas鈥.

Aquella etapa se convirti贸 en un aut茅ntico punto de inflexi贸n en la vida de Goodall. Gracias a ella y a sus reportajes para el National Geographic se comenz贸 a considerar a los chimpanc茅s como algo m谩s que simp谩ticas criaturas. Pero es que, adem谩s, el descubrimiento de sus costumbres permiti贸 un mayor grado de concienciaci贸n sobre la importancia de la conservaci贸n de la vida natural y, de pas贸, acab贸 llevando a la brit谩nica a convertirse en la cient铆fica viva m谩s popular de nuestro tiempo.

Aun as铆, no todo fue un camino de rosas en la carrera de Goodall, quien creci贸 en el seno de una familia de clase media de Bournemouth en los a帽os de la posguerra. De ni帽a, disfrutaba leyendo cuentos de Doctor Dolittle y novelas de Tarz谩n, y esto es lo que, en gran medida, acrecent贸 su amor por los animales y por 脕frica. Sin embargo, sus sue帽os de infancia chocaban con la mentalidad de una sociedad que consideraba que las mujeres no deb铆an aspirar a mucho m谩s que a convertirse en esposas y tener unos cuantos hijos. El d铆a que una amiga suya consigui贸 un empleo en Kenia, Goodall se puso a trabajar como camarera para poder ahorrar algo de dinero y viajar con ella. All铆 fue donde conoci贸 a Leakey, quien pas贸 a la historia por convencer a la comunidad cient铆fica de que la cuna de la humanidad estaba en el continente africano.

Goodall lleg贸 a Tanzania acompa帽ada de su madre. La guerra civil del Congo acababa de estallar y las autoridades locales insist铆an en que una jovencita inglesa no pod铆a vivir sola en el monte sin una escolta europea. Madre e hija pasaron varias semanas viviendo con un cocinero africano en una tienda de campa帽a instalada en un campo de prisioneros de guerra. Cuando por fin pudieron llegar a la reserva, Goodall se arm贸 de paciencia y se prepar贸 mentalmente para lo que se le ven铆a encima: semanas y meses paseando por la zona, prism谩ticos en mano, soportando las duras inclemencias del tiempo y lidiando con el rechazo de unos chimpanc茅s que sal铆an corriendo cada vez que la ve铆an.

Y as铆 se mantuvo la cosa, hasta que un buen d铆a Goodall tuvo la suerte de toparse con David Greybeard, un simp谩tico primate que no huy贸 con su presencia y le permiti贸 empezar a realizar sus revolucionarios hallazgos. El trabajo de la doctora sacudi贸 la ciencia y, en 1962, el fot贸grafo holand茅s Hugo van Lawick rod贸 Miss Goodall and the Wild Chimpanzees, un documental producido por la National Geographic Society que convirti贸 a Goodall en toda una estrella. En 1986, tras asistir a una conferencia cient铆fica en Chicago, la primat贸loga se dio cuenta de que hab铆a llegado el momento de dejar atr谩s el trabajo de campo para dedicarse plenamente al activismo.

El reconocimiento por parte de la comunidad cient铆fica tard贸 algunos a帽os en llegar. De hecho, sus aventuras a orillas del lago Tanganica nunca estuvieron exentas de machismo y actitudes patriarcales. Por un lado, muchos compa帽eros de profesi贸n desconfiaban al principio de los hallazgos de una 鈥榗hica inexperta鈥. La primera vez que Goodall apareci贸 por la Universidad de Cambridge para hacer un doctorado y describir su forma de trabajo, los rancios y cuadriculados acad茅micos lo cuestionaron por completo. Casi todos se burlaban de su forma de trabajar y criticaban que sugiriera que los chimpanc茅s ten铆an sentimientos y personalidad 鈥攓uiz谩s porque les cabreaba el hecho de que, aunque ellos tambi茅n intu铆an aquello, no hab铆an sido capaces de poder probarlo鈥. Por otro lado, los eruditos condenaron siempre que Goodall pusiera nombres a los chimpanc茅s en lugar de n煤meros 鈥攍legaron a acusarla de haber cometido 鈥榚l peor de los pecados etol贸gicos鈥, el antropomorfismo鈥 y cometiera el sacrilegio de escribir libros sobre ciencia dirigidos al p煤blico general.

En 1987, el caricaturista estadounidense Gary Larson lleg贸 a dibujar un c贸mic en el que aparec铆an una pareja de chimpanc茅s sentados en una rama. La hembra encontraba un pelo rubio en el hombro del macho y le preguntaba: 芦驴Sigues investigando con esa mujerzuela de Jane Goodall?禄. Aquello molest贸 bastante al Instituto Jane Goodall, que encontr贸 ofensivo el dibujo y quiso enviar una carta de queja a su distribuidora. Sin embargo, la propia Goodall, que siempre ha demostrado tener un gran sentido del humor, se tom贸 bien el asunto y les pidi贸 a sus socios que retirasen la queja, al haber encontrado 鈥榞racioso鈥 el controvertido dibujo. En una entrevista concedida a帽os despu茅s,  llegar铆a a alabar la creatividad de Larson al comparar la conducta de humanos y animales.

Tampoco es que los medios ayudaran demasiado a romper estereotipos tradicionales de g茅nero. Algunas publicaciones llegaron a llamar a Goodall 鈥榣a modelo de National Geographic鈥 y era habitual ver a los responsables de ciertas revistas dedicando m谩s espacio a su rubia melena y sus piernas que a sus important铆simos hallazgos. 芦Si mis piernas me han ayudado a obtener publicidad para los chimpanc茅s, ha sido 煤til禄, lleg贸 a comentar una vez en tono de broma la propia primat贸loga, que en su d铆a fue nombrada comandante del Imperio Brit谩nico y en 2003 recibi贸 el Premio Pr铆ncipe de Asturias de Investigaci贸n Cient铆fica y T茅cnica.

Ahora bien, el hecho de que algunos insinuaran que la fama y el resultado de sus estudios se deb铆an a la longitud de sus piernas no ha desmoralizado jam谩s a la brit谩nica. A fin de cuentas, Goodall siempre ha tenido claro que lo verdaderamente importante aqu铆 eran (y son) los animales. Esta es la raz贸n por la que en 1977 decidi贸 fundar el Instituto Jane Goodall, una organizaci贸n no gubernamental dedicada a la protecci贸n del h谩bitat de los chimpanc茅s, y tambi茅n el motivo por el cual ha recorrido m谩s de medio mundo para promover la conservaci贸n y protecci贸n del medio natural.

Si algo resulta indiscutible es que el trabajo de Goodall, mito viviente donde los haya, as铆 como su amor por la vida han inspirado a generaciones de cient铆ficos en todo el mundo. Su mensaje ecologista y pacifista sigue calando hondo en todos los que han tenido ocasi贸n de escucharla hablar. No es para menos, desde luego. 驴Qu茅 persona con  un m铆nimo de sentido com煤n y buen gusto podr铆a no admirar a alguien que afirma cosas como: 芦Podemos tener un mundo pac铆fico. Podemos avanzar hacia un mundo donde podamos vivir en armon铆a con la naturaleza, donde vivamos en armon铆a con los dem谩s. No importa de qu茅 naci贸n provengamos, no importa cu谩l sea nuestra cultura, no importa qu茅 religi贸n profesemos. Este es el camino hacia el que debemos avanzar禄?


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Fuente: Pikaramagazine.com