April 2, 2021
De parte de Nodo50
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Para nuestros ojos europeos, todo comienza donde comienzan ambos libros, a bordo de un barco de rescate de una ONG que navega por el Mediterr√°neo central en busca de lanchas a la deriva repletas de migrantes. El drama lleva tanto tiempo sucediendo que ya “nos hemos anestesiado” ante las im√°genes de esas cubiertas llenas de supervivientes arropados con una manta t√©rmica, reconoce el fotoperiodista espa√Īol Ricardo Garc√≠a Vilanova (Barcelona, 1971), con dilatada experiencia en conflictos armados y gran proyecci√≥n y reconocimiento internacional.

Quiz√°s sobren algunas im√°genes y falten m√°s historias de las que han moldeado esos rostros que tanto ha retratado Vilanova poco despu√©s de esquivar la muerte. Y eso ha hecho Javier Mart√≠n (Salamanca, 1972), delegado de la agencia EFE en Argelia, Libia y T√ļnez, veterano periodista que ha recibido, entre otros, el XXXV Premio Cirilo Rodr√≠guez para corresponsales y enviados especiales.

Ambos han ido a bordo de estos buques humanitarios y los han tomado como punto de partida de un viaje period√≠stico en direcci√≥n inversa en el que tratan de explicar un fen√≥meno, el migratorio, que solo en el Mediterr√°neo, se ha cobrado decenas de miles de vidas en la √ļltima d√©cada. La mayor√≠a siguen siendo n√ļmeros que un d√≠a engull√≥ el mar o, si acaso, esqueletos sepultados por una duna del desierto del S√°hara.

“No solo mueren, sino que mueren sin tumba, sin un sitio donde recordarlos, sin que sus familiares sepan qu√© ha sido de ellos. Los cuerpos que escupe el mar acaban en una morgue y enterrados en una fosa com√ļn”, explica Mart√≠n. Por eso titul√≥ as√≠ su libro, No hay tierra sagrada para los vencidos un relato de muchos relatos que tienen como escenario principal Libia, un agujero negro del que zarpan las barcas que casi nunca llegan a su destino. Pero Mart√≠n no se queda ah√≠, porque este enclave es solo uno m√°s de los “innumerables obst√°culos que los migrantes tienen que sortear hasta llegar a Europa”, apunta.

N√≠ger, Mali, Mauritania, Argelia, T√ļnez o Marruecos se vuelven claroscuros en el tr√°nsito de una epopeya que ha comenzado mucho antes en Sud√°n, Camer√ļn, Chad, Etiop√≠a o Nigeria. Lugares donde golpea el terrorismo yihadista, la sequ√≠a producto de la crisis clim√°tica, el hambre, la corrupci√≥n y el desempleo, la falta de un futuro; g√©rmenes de una epidemia que escupe cientos de miles de migrantes y refugiados que ven en el norte rico y desarrollado su √ļnica posibilidad de escapar de un destino ya predeterminado desde hace demasiado tiempo.

“Los que llegan a los barcos son una minor√≠a, aunque en Europa nos digan que son demasiados y se genere debate pol√≠tico al respecto”, puntualiza el periodista de EFE, que a bordo de estos buques repasa los tortuosos caminos de ni√Īos que so√Īaban con convertirse en el nuevo Samuel Eto’o o Yaya Tour√©, grandes estrellas del f√ļtbol europeo.

Samir, ocho a√Īos, de Somalia, en la cubierta del buque Astral, de la ONG espa√Īola Open Arms, tras ser rescatado de una lancha neum√°tica en el Mediterr√°neo. ‚ÄĒ Ricardo Garc√≠a Vilanova / THE LIBYAN CROSSROADS

El viaje de Mart√≠n es la segunda parte del que inici√≥ Vilanova, quien pone las im√°genes que pronto acaban con esa anestesia de la que hablaba al inicio de la entrevista. The Libyan Crossroads. Pasaje mortal a Europa 2011-2020  es un dur√≠simo recorrido fotogr√°fico de nueve a√Īos que abarca muy de cerca, en gran angular, las tres guerras civiles que han asolado Libia y han convertido a este pa√≠s con dos gobiernos en el trampol√≠n perfecto de las mafias que trafican con cualquier cosa: armas, combustible y tambi√©n seres humanos.

“El pueblo libio no tiene mucho que ver con las atrocidades que narran muchos de los rescatados en los barcos. Con las torturas, las extorsiones, la esclavitud y otras atrocidades a las que los someten las redes criminales. Esos son una minor√≠a, clanes, familias, milicias armadas que hacen negocio. Porque la guerra de Libia es, sobre todo, una guerra econ√≥mica deformada por los m√ļltiples intereses e injerencias extranjeras”, apunta el fot√≥grafo.

Su libro es un repaso doloroso a un conflicto que conoce muy bien desde sus inicios y que avanza incluso por la guerra contra el Estado Isl√°mico, que lleg√≥ a erigirse hasta su derrota en la ciudad de Sirte, en 2016, como un tercer gobierno paralelo en este estado fallido que derroc√≥ y linch√≥ a su tirano, Muamar al Gadafi, tras m√°s de 40 a√Īos en el poder. Por eso Vilanova insiste en los matices. “Hay realidades que est√°n presentes a la vez pero no conviven. Por ejemplo, no son lo mismo los centros de detenci√≥n donde las mafias extorsionan a los migrantes que los centros de detenci√≥n oficiales. Los oficiales no distan tanto de los que podemos ver en algunos pa√≠ses europeos”, sentencia.

La primera guerra privatizada

Mart√≠n denomina a este largo e inconcluso enfrentamiento armado como la primera guerra totalmente privatizada de la historia. “En libia no hay ej√©rcitos desde que cay√≥ Gadafi. Nunca fue un ej√©rcito realmente, eran familias a las que Gadafi les daba posiciones en el entramado militar, era una sociedad muy tribal que ahora ha derivado en se√Īores de la guerra muy armados van cambiando de bando en funci√≥n del negocio que puedan hacer”, resume.

Soldados libios disparan contra yihadistas del Estado Isl√°mico durante los combates en Sirte, Libia, en 2016. ‚ÄĒ Ricardo Garc√≠a Vilanova / THE LIBYAN CROSSROADS

A esto se suman “empresas de seguridad, mercenarios de otros pa√≠ses. Empezaron con los de Sud√°n y de Chad, luego los rusos, despu√©s los americanos, los emirat√≠es que trasportan tropas, jordanos y, en 2019, entra Turqu√≠a, desplazando a Libia a contingentes de milicianos de la oposici√≥n siria mientras Rusia hizo lo propio con combatientes favorables a Al Assad”, enumera.

Los recursos energ√©ticos de este pa√≠s interesan demasiado a las grandes potencias, “pero es m√°s barato enviar mercenarios que un ej√©rcito regular. Y adem√°s no tienes que responder por violaciones de los derechos humanos o cr√≠menes de guerra, ni llegar√°n ata√ļdes envueltos en la bandera nacional a ning√ļn pa√≠s”, apostilla Mart√≠n.

Y es a este polvor√≠n, que no hace tanto fue tierra de oportunidades para la migraci√≥n africana, a donde la Uni√≥n Europea permite devolver a los migrantes que interceptan los guardacostas libios, en gran parte financiados y entrenados con fondos europeos e italianos. “En muchos casos, estos guardacostas son parte del negocio del tr√°fico de personas en muchos casos y cobran dos veces: una, a los migrantes por lanzarlos al mar y otra, a Europa por interceptarlos rescatarlos y devolverlos”, explica el corresponsal de EFE. En lo que va de 2021, m√°s de 4.500 personas han sido retornadas desde la patera al pa√≠s norteafricano, seg√ļn la Organizaci√≥n Internacional para las Migraciones (OIM), que contabiliz√≥ 11.891 en 2020.

Es toda esta vor√°gine, inmortalizada por Vilanova incluso desde la mira telesc√≥pica de un francotirador o desde las rejas de un centro de detenci√≥n de migrantes, la que tienen que atravesar los que solo quieren buscar una oportunidad en el continente que les impuso una modernidad salvaje y neocolonial. “Funcionamos por empat√≠a o cercan√≠a, y sus problemas solo nos importan cuando nos afectan de forma directa, pero lo que la migraci√≥n nos afecta a nosotros en Europa no es nada comparado con lo que ellos sufren. En Europa hablamos de refugiados cuando llegan a nuestra frontera, pero no miramos cuando escapan de Siria ni de qu√© escapan”, argumenta Vilanova.

Por eso lleva al libro su mirada a la represi√≥n israel√≠ en Gaza, a la malnutrici√≥n infantil en Sud√°n y Chad o a la pobreza end√©mica de Banglad√©s. Porque desde todos estos sitios llega gente a la encrucijada libia, a esa pasarela tan estrecha como funesta que desemboca en mitad del Mediterr√°neo y, con mucha suerte, llega a bordo de un barco de rescate que, tambi√©n con mucha suerte, podr√° desembarcar en un puerto italiano o malt√©s. “La situaci√≥n en el Mediterr√°neo central es ahora mismo un desastre, sin apenas barcos de rescate. El bloqueo que impone la Uni√≥n Europea no soluciona el problema en absoluto”, lamenta el fot√≥grafo.

Sirios en el campo de refugiados de Al Hawl tras huir de la ciudad de Deir ez-Zor por los combates que la asolaron durante varios a√Īos. ‚ÄĒ Ricardo Garc√≠a Vilanova / THE LIBYAN CROSSROADS

“Las organizaciones sociales con las que habl√© en Mali o en N√≠ger [pa√≠ses de tr√°nsito hacia las rutas migratoria libia o marroqu√≠, donde la UE intenta poner freno] me transmitieron que la sensaci√≥n que tienen los africanos es que la lucha contra la inmigraci√≥n irregular es, en realidad, una guerra silenciosa contra los pobres“, sentencia Mart√≠n.

Unos pocos africanos pudientes pueden conseguir un visado y viajar en avi√≥n a Europa sin pasar por Libia, sin jug√°rsela en una patera o en el desierto o sin arriesgarse a sufrir brutales abusos. “Para un africano con pocos recursos esto no es posible, no se les da visado y se les criminaliza por intentar buscarse la vida de la √ļnica forma que hay. Europa, con sus fondos y ayuda militar, ha hecho que la inmigraci√≥n sea un delito en N√≠ger, por ejemplo, donde muchas familias viv√≠an de la migraci√≥n, que era un generador de empleo legal hasta hace pocos a√Īos”, argumenta.

El periodista de EFE Javier Mart√≠n realiza una entrevista. ‚ÄĒ Cedida

Y en medio, el germen del yihadismo que Europa cree vencido pero que, seg√ļn Mart√≠n, solo se ha se ha “aplazado y desplazado” hacia el Sahel. “No somos conscientes del riesgo que corremos. Hay amplias zonas de desierto donde los estados africanos no tienen el control y est√°n en manos de grupos m√°s extremistas incluso que el Estado Isl√°mico, con tent√°culos en todo este negocio del contrabando”, advierte.

El futuro ‚ÄĒsobre todo, las proyecciones demogr√°ficas del continente‚ÄĒ no parece que vaya a contribuir a frenar las migraciones, por mucho que Europa se empe√Īe en “construir un muro no f√≠sico, pero s√≠ pol√≠tico a los migrantes“, a√Īade.

“Parte de la soluci√≥n a este drama humano pasar√≠a por fomentar una econom√≠a circular”, concluye Vilanova. “Darles oportunidades econ√≥micas a estas personas y la libertad de poder venir y trabajar en Europa, ganar algo de dinero que puedan reinvertir en sus pa√≠ses de origen para contribuir a su desarrollo”, opina el fot√≥grafo. Mart√≠n coincide: “La pol√≠tica de muros ya ha fracasado antes y seguir√° fracasando. Tenemos que ver la migraci√≥n no como amenaza, sino como oportunidad. Tenemos que integrarla, permitirles a los migrantes desarrollar capacidades educativas y econ√≥micas aqu√≠ para poder volver a sus pa√≠ses con herramientas. Si ellos pudieran elegir querr√≠an vivir en su casa, como quiere todo el mundo”, zanja.

Pero entre tanto, si es que eso ocurre alg√ļn d√≠a, los trabajos de ambos informadores intentan hacernos comprender el por qu√© de esos rostros abatidos que a veces nos muestran los telediarios. “Una fotograf√≠a nunca refleja el horror de una tragedia, pero sin ellas no tendr√≠amos la prueba documental para nuestra memoria hist√≥rica”, afirma Vilanova en su libro. Ser√° dif√≠cil recordar a quienes nunca supimos que se hund√≠an en el mar o mor√≠an de sed en el desierto, all√≠ donde comienza la fortaleza Europa, la tumba sin nombre para los vencidos que describe Mart√≠n.




Fuente: Publico.es