January 4, 2021
De parte de La Haine
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Cada acto hist贸rico no puede ser realizado sino por el ‘hombre colectivo’, o sea que presupone el agrupamiento de una unidad ‘cultural social’, por la que una multiplicidad de voluntades disgregadas, con heterogeneidad de fines, se funden para un mismo fin, sobre la base de una concepci贸n (igual) y com煤n del mundo. Antonio Gramsci

La guerra de John William Cooke fue una guerra de posiciones, con direcci贸n pol铆tica y retaguardia s贸lida. Cooke conceb铆a la pol铆tica como praxis orientada a la conformaci贸n de un poder real popular para confrontar con el poder real del capital y sus instituciones y valores.

En el peronismo coexist铆an una experiencia plebeya, resistente, impermeable a los mitos de Occidente y del patriarcado bondadoso y una experiencia que, por momentos, roz贸 la soberan铆a popular, con una ilusi贸n de poder (bastante eficaz, por cierto). Cohabitaban la perspectiva del pueblo y la perspectiva del Estado (no necesariamente de la naci贸n). Conviv铆an la m铆stica y la idolatr铆a. La primera serv铆a para ampliar el campo de lo “posible pol铆tico”, la segunda lo restring铆a. La primera hac铆a practicable una intervenci贸n eficaz de la clase trabajadora en la lucha de clases, la segunda la bloqueba. La primera contribu铆a a generar el clima para modificar las relaciones antag贸nicas a favor del polo dominado, la segunda creaba los compatimientos estancos y la atm贸sfera enrarecida apta para inocular altas dosis conformismo y resignaci贸n en la clase trabajadora (para petrificar sus sue帽os) y para fortalecer al polo dominante. La primera remit铆a a las coyunturas y conflictos que constitu铆an a la clase trabajadora como sujeto hist贸rico, la segunda la subsum铆a en las estrategias de integraci贸n y regulaci贸n del sistema de dominaci贸n.

La experiencia plebeya, la perspectiva popular y la m铆stica convert铆an al peronismo en el hecho maldito del pa铆s burgu茅s. Lo erig铆an en recept谩culo de rebeld铆as heterog茅neas y de identidades execradas por el orden dominante, desde trabajadores y trabajadoras, villeros y villeras y pobres hasta mujeres, homosexuales y lisiados. La experiencia plebeya, la perspectiva popular y la m铆stica, le permit铆an al peronismo escapar del ajustado per铆metro de lo decible y hac铆an posible la invenci贸n popular.

La ilusi贸n de poder, la perspectiva estatal y la idolatr铆a, lo delineaban como un hecho m谩s de la pol铆tica burguesa argentina, posiblemente el avance hist贸rico m谩s importante en materia de armon铆as: con f谩bricas, escuelas, iglesias y comisar铆as; con ciudadanos propietarios y propietarios ciudadanos. La comunidad organizada. Una v铆a argentina para la modernizaci贸n incluyente. Lo veros铆mil y lo te贸ricamente permitido por los discursos anteriores, por la historia previa. Y decimos “te贸ricamente permitido” porque, a pesar de su ostensible estrechez, el horizonte no dejaba (y no deja) de ser inaceptable para un sector de las clases dominantes y sus aliados (por lo general una infaltable franja impiadosa de las capas medias) que aspiraban (y aspiran) a una modernizaci贸n excluyente y m谩s conservadora a煤n. Se trataba (y se trata) de sectores con baja tolerancia a la “esclavitud emancipada” del Estado moderno y “democr谩tico”, esto es: a la m谩s m铆nima existencia pol铆ticamente democr谩tica de lo social; incapaces de admitir cualquier comunidad y hasta cualquier apariencia de comunidad.

Creemos que la figura de Cooke posee car谩cter emblem谩tico, entre otras cosas porque representa a todos aquellos y a todas aquellas que con su praxis, sobre todo en las d茅cadas del 60 y el 70, intentaron enriquecer lo decible en la pol铆tica argentina desde el peronismo. Y lo hicieron desde el peronismo, porque entend铆an que ese entarimado hist贸rico era imprescindible para dotar el advenimiento de lo nuevo con una pol铆tica de poder, para hacer de lo nuevo emancipatorio un nuevo posible.

El peronismo era un hecho maldito porque como dec铆a Carlos Olmedo hacia el a帽o 1968, a pesar de haber sido una experiencia “incompleta”, en algunos aspectos “ilusoria” y “acotada”, la participaci贸n en el poder o la aproximaci贸n al mismo, hab铆a sido vivida como una realidad por el pueblo argentino.[1] La sola enunciaci贸n de esa posibilidad alcanzaba (y alcanza todav铆a) para romper con la idea de la “unidad nacional”. El “auge de masas”, el estado de rebeld铆a popular de fines de la d茅cada del 60 y principios de la del 70, no puede desvincularse del incremento de las expectativas de igualdad material, social y pol铆tica generadas por el peronismo durante la d茅cada que gobern贸, no puede desvincularse del espacio de entendimiento intersubjetivo gestado por el peronismo y que portaba una cr铆tica impl铆cita a un orden de explotaci贸n y dominaci贸n. En este sentido, cabe hablar del peso de ciertas “objetividades inmateriales”.

El peronismo era un hecho maldito, no porque creaba una grieta (recurriendo a un t茅rmino muy a la usanza del tiempo hist贸rico actual), sino porque la pon铆a en evidencia. La grieta l贸gica del pa铆s capitalista, perif茅rico, atrasado, dependiente, desigual. El poder de Per贸n y de las dirigencias peronistas proven铆a de su destreza para mostrarse como los 煤nicos capaces de suturar esa grieta, m谩s concretamente: de hacerla tolerable y disimularla. La indeterminaci贸n ideol贸gica y el vac铆o program谩tico, eran la materia adherente segregada por la burocracia y por Per贸n.

El peronismo, por lo menos durante un tiempo, expres贸 situaciones tensas y contradictorias. Fue un campo que pod铆a presentar encrucijadas. Lo que serv铆a para un avance colectivo y lo que lo frenaba. Lo nacional-popular “desde abajo” y lo nacional-estatal “desde arriba”. La pol铆tica de masas y la pol铆tica de aparatos. Estas tensiones y estas contradicciones entre sectores y visiones eran la verdadera norma, y no la solidaridad, como muchas veces se sostiene. O sea, se presentaban opciones: reaccionarias, reformistas, opciones que restring铆an lo posible, pero tambi茅n la opci贸n que planteaba tanto la radicalizaci贸n como la propia negaci贸n del contenido populista, esta 煤ltima se hizo notar, sobre todo, cuando una generaci贸n comenz贸 a descreer en procesos de liberaci贸n nacional conducidos por un frente liderado por alguna fracci贸n de la burgues铆a o por alg煤n sector o corporaci贸n que la reemplace (verbigracia, las Fuerzas Armadas, sobre todo en los pa铆ses perif茅ricos).

Cooke y una buena parte de la militancia peronista radicalizada vislumbraron el agotamiento de una situaci贸n de acumulaci贸n populista y su contradictoria permanencia como ideolog铆a que se expresaba en la reedici贸n del programa del 45. Por eso Cooke en carta a Juan Jos茅 Hern谩ndez Arregui del 28 de septiembre de 1961, le dec铆a: “nuestro movimiento popular -y el Peronismo en primer t茅rmino- se debate en medio de contradicciones ideol贸gicas que no reflejan las reales contradicciones de la sociedad argentina”.[2] Sin el sost茅n de la primera (la situaci贸n de acumulaci贸n populista), el mantenimiento de la segunda (la ideolog铆a del 45) pasar铆a a justificar proyectos cada vez m谩s alejados de la soberan铆a nacional y la justicia social. La identificaci贸n de este desfasaje impuls贸 el recorrido dial茅ctico de Cooke (y unos cuantos y unas cuantas m谩s).

Cooke asume (en los t茅rminos de Georg Luk谩cs) la noci贸n “actualidad de la revoluci贸n” y vislumbra un posible no arbitrario (un posible determinado, una de las bifucaciones), comienza a pensar en el sentido estrat茅gico de lo posible. Enfatiza, de este modo, el significado hist贸rico de los movimientos de masas y concibe la pol铆tica como acci贸n positiva.[3] El periplo del peronismo, que va de aquellos vigores catal铆ticos a su posterior constituci贸n como fuerza regresiva (o “reformista”, en el mejor de los casos) no convierte en l铆cita la sospecha contra-f谩ctica de que el neoliberalismo, la “econom铆a popular de mercado” o el “capitalismo con decisi贸n nacional”, eran el destino obligado del peronismo. S铆 nos parece correcto sostener, con Cooke, que el “final inglorioso” era una de sus posibilidades. Agregamos: el “final inglorioso” se puede relacionar a la no superaci贸n del populismo. Y tambi茅n con su reedici贸n bajo nuevos formatos (neo-populistas) despu茅s del agotamiento de su experiencia neoliberal. Sin la posibilidad de abrigar contradicciones sustanciales, el populismo persistir谩 como praxis de simulaci贸n de lo popular, un arte de fingir. Y el peronismo seguir谩 deline谩ndose como el 谩mbito donde medrar谩n los simuladores.

El horizonte que plantea la superaci贸n del populismo nos impone la siguiente pregunta: 驴cu谩l es el l铆mite de las demandas sociales que puede representar una fuerza pol铆tica popular sin diluir sus contenidos m谩s radicales? El populismo, entonces, puede ser considerado como una estrategia para diluir los contenidos populares m谩s radicales en una totalidad que los incluye pero que los subordina a trav茅s de significantes flexibles, laxos (m谩s que “vac铆os”). Se trata, lisa y llanamente, de una estrategia de “regulaci贸n” de la lucha de clases y, por lo tanto, de “polarizaci贸n social” limitada y controlada. Primero, a trav茅s de la negaci贸n de los vasos comunicantes (y de las “contradicciones principales”) que existen entre los campos en los que el populismo suele dividir a las sociedades. Luego, a trav茅s de la apelaci贸n a significantes aptos para la articulaci贸n interclasista y no intraclasista (a nivel de la clase trabajadora). Nos referimos a los vasos comunicantes fundados en la aceptaci贸n del sistema capitalista y en diversos aspectos de la institucionalidad y la l贸gica estatal burguesa.

Ernesto Laclau en su libro La raz贸n populista,[4] desarrolla el tema de la constituci贸n de lo pol铆tico (en el populismo) por la l贸gica de la representaci贸n de un amplio arco de reivindicaciones de diversos sectores con predominio de uno de ellos y un antagonista externo. La cuesti贸n central es qu茅 sector predomina y si se incluyen o no en ese arco las reivindicaciones de algunas fracciones de la clase dominante y si se garantiza o no la reproducci贸n del conjunto de la misma. En ese espacio se juega la diferencia entre lo popular y lo populista. Entonces, exceder el populismo es garantizar el contenido clasista (en sentido amplio, dando cuenta de la heterogeneidad del universo plebeyo y popular) de esa alianza, pero depur谩ndola de contenidos pro-capitalistas y de “significantes burgueses”.

De alg煤n modo, creemos que este es el sentido que el mismo Cooke terminar谩 asign谩ndole al populismo, por ejemplo en Peronismo y revoluci贸n, de 1966.

Cooke al terminar de asumir en Cuba lo que ven铆a rumiando desde hac铆a rato, que la liberaci贸n nacional y la revoluci贸n social en Nuestra Am茅rica pasaban a ser procesos inescindibles, supera las ilusiones (y los l铆mites) del nacionalismo reformista, del populismo, de los programas centrados en la liberaci贸n nacional. Al mismo tiempo asume que los movimientos de masas en Nuestra Am茅rica tienen dos 煤nicas alternativas, o bien profundizan los procesos revolucionarios (en sentido anticapitalista) o bien caen y/o se desvirt煤an.

Entonces, Cooke remite a la superaci贸n del populismo a trav茅s del dsarrollo de una pol铆tica aut茅nticamente popular. Pone en evidencia los contrastes entre lo populista y lo popular, que es como decir: entre la regulaci贸n de la lucha de clases y la de profundizaci贸n de las mismas, entre las estrategias de polarizaci贸n social limitada y controlada y las estrateg铆as que llevan al punto m谩ximo la polarizaci贸n, entre la articulaci贸n inter-clasista y la articulaci贸n intra-clasista.

Cooke y la izquierda peronista en su conjunto pueden verse como emergentes hist贸ricos del desborde de los conflictos de una alianza social policlasista y de las dificultades o, lisa y llanamente, la imposibilidad, de sintetizar las contradicciones estructurales. En fin, como emergentes de un pueblo que vi贸 clausurada la posibilidad de profundizar (o simplemente mantener) las pol铆ticas nacionalistas y las reformas sociales en el marco del capitalismo dependiente y sus estructuras.

Cooke, en su intento de exceder el populismo, reconoc铆a que no exist铆a otra posibilidad que partir del proceso de colectivizaci贸n y de articulaci贸n de voluntades disgregadas que dinamizaba la lucha de clases en Argentina en las d茅cadas del 50 y el 60 (sus herederos directos plantear谩n m谩s o menos lo mismo en la d茅cada del 70). Claro est谩, el peronismo era un dato fundamental de ese proceso. Cooke asumi贸 el objetivo de dotar de una subjetividad trascendental (de un elemento ut贸pico) a esa objetividad situacional. Y supo manejarse permanentemente con la hip贸tesis de que “lo espont谩neo” pod铆a ser la forma embrionaria de “lo conciente”.

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Notas

[1] [Olmedo, Carlos] “Notas para una valoraci贸n de la situaci贸n nacional”, 1968. Legajo 320, Carpeta B茅lico, Mesa DS, Archivo DIPBA, Comisi贸n Provincial por la Memoria. Citado por: Gonz谩lez Canosa, Mora: “Un sendero guevarista: pervivencias y torsiones en los or铆genes de las ‘Fuerzas Armadas Revolucionarias’ (1966-1970)”. En: revista www.izquierdas,cl, N潞 15, abril de 2013. Chequeado el 10 de febrero de 2016.

[2] Cooke, John William, Obras Compeltas. Tomo III [Art铆culos period铆sticos, reportajes, cartas y documentos], Buenos Aires, Colihue, 2009 p. 90. [Eduardo Luis Duhalde compilador]

3 Angus Stewart analizaba la “din谩mica” de los movimientos denominados populistas y dec铆a que en determinadas situaciones: “El ala urbana del movimiento ha del volverse, con toda probabilidad, independiente y aut贸noma. As铆, luego de la ca铆da de Per贸n y el desarrollo posterior de la econom铆a argentina, el peronismo fue modificado hasta transformarse en un movimiento cuasi-obrero…”. En: Ionescu, Ghita y Gellner, Ernest, (compiladores) Populismo. Sus significados y caracter铆sticas nacionales, Buenos Aires, Amorrortu, 1970, p. 231.

[4] Laclau, Ernesto, La raz贸n populista, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ贸mica, 2005.

La Haine




Fuente: Lahaine.org