September 24, 2021
De parte de Nodo50
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El actor y dramaturgo Juan Diego Botto. ÁLVARO MINGUITO

Quienes vieron Silencio roto (Montxo Armendáriz, 2001) cuando se estrenó en el cine pudieron ser testigos de algo que no es demasiado habitual en ese espacio: a los espectadores aplaudiendo de pie. La carga emocional de aquella película levantaba al público de sus asientos. Solían ser mujeres mayores las que, generalmente, reaccionaban así. Ellas conocían el tema. Lo habían vivido. Sabían lo que fue la represión salvaje que desangró este país y llenó de cadáveres las cunetas. Y los efectos de esa barbarie siguen sintiéndose hoy, en cada debate parlamentario, en cada convocatoria electoral, en cada tuit de la ultraderecha. Juan Diego Botto (Buenos Aires, 1975), protagonista de aquella cinta, consigue que el público reaccione de forma similar cuando cae el telón de Una noche sin luna, la obra de teatro que ha escrito y que protagoniza sobre Federico García Lorca. La función llega a Madrid después de haber levantado de sus asientos, con un nudo en la garganta, a media España.

Tres años tardó en escribirla. Lo que en principio iba a ser un recital poético fue cambiando de forma, ensanchándose, tomando otro cariz más personal, más político. El Lorca de Botto, además de poeta, es también el hombre que muestra su compromiso en conferencias y en entrevistas. Un intelectual valiente que no se esconde y toma partido.

¿Por qué ha preferido centrarse en el hombre antes que en el artista?

De alguna manera, me lo encontré. Estaba preparando ese recital, repasando poemas y fragmentos de sus obras de teatro. Pero también empecé a leer biografías y ahí es cuando me di cuenta de que había cosas que le habían pasado a él en su momento que, al leerlas, parecían completamente actuales. Era como un eco que resonara en nuestros días o como un mensaje en una botella que necesitara ser abierta hoy. Entonces pensé que lo pertinente no era hacer un recital sobre su obra sino contar esos momentos de su vida. Pensé que hacer un ejercicio arqueológico sobre la figura de Lorca no tenía sentido si ese pasado no dialogaba con nuestra actualidad. Los años que le tocó vivir fueron una encrucijada social, política y económica. La historia de nuestro país no se entiende sin esas décadas de 1920 y 1930. Y siento que nosotros también estamos viviendo un momento de cambio, de encrucijada. Hay algunas señales a las que nos conviene atender porque nos avisan de cosas que ya han pasado. Sobre todo en la parte final de su vida, fue un hombre que asumió una serie de compromisos sociales, políticos, teatrales, éticos que implicaron un enorme arrojo. Y no fueron decisiones fáciles. Tuvo un gran compromiso con su época. Y todo lo hizo con esa aparente sencillez con la que lo hacía todo. Parecía un tipo frívolo pero estaba muy lejos de serlo.

Por los testimonios de muchos amigos y amigas de generación, sabemos que Lorca era un tipo con un humor extraordinario. María Teresa León contaba que le encantaba presentarse con sombreros raros y hacer bromas. Cuando él aparecía todo se animaba. ¿Ese Lorca vital, festivo, está en su obra?

Por supuesto, no podía faltar. He intentado que los dos primeros actos tuvieran muchísimo humor porque todos los que le conocieron lo describen de la misma manera: su obra era genial pero su personalidad era más genial todavía. Encantador, divertido, seductor… Era una de esas personas que entran a una habitación y roban todas las miradas. Todo giraba en torno a su encanto, a sus chistes. Se sentaba al piano y era el rey de la fiesta. Pero, claro, esto es como Crónica de una muerte anunciada. En el tercer acto llega el drama. Sabemos que el protagonista tiene que morir inevitablemente. Muere porque lo fusilan.

Ese carácter alegre, además, desmiente el mito de que la gente de izquierdas tiene que ser gente melancólica.

Sí, gente lánguida, taciturna… [Risas] Federico no era así, al contrario. Aunque también tenía sus momentos de oscuridad, sus supersticiones, sus temores a los malos augurios. Pero era un tipo muy vital y muy alegre. Y con un enorme compromiso. Apoyó al Frente Popular en las elecciones de 1936, y eso no era nada fácil, porque sabías que te iban a señalar. Firmó todo tipo de manifiestos, dirigió el proyecto de La Barraca para llevar el teatro a los pueblos… Hoy podemos preguntarnos a quién le podría sentar mal algo tan neutro como La Barraca, pero el caso es que los editoriales y las columnas de opinión de los periódicos de derechas lo atacaron sin piedad. Criticaban que viviera del erario público, que fuera un subvencionado…

Jo, el argumentario no ha cambiado ni una pizca en 80 años…

¡Nada! Por eso escribí la función. Es que no ha cambiado nada. Decían que pervertía a los universitarios porque era homosexual. En La Barraca había muchas mujeres y eso tampoco les gustaba. En fin, el eterno argumentario, que permanece intacto hasta nuestros días.

Hace unos años Juan Echanove interpretó una conferencia de Lorca sobre Granada y en ella imitaba un acento, un amaneramiento… Usted ha querido huir de todo eso. Supongo que en algún momento fue una opción pero que luego la desechó. ¿Por qué?

Creo que haber intentado reproducir el acento granadino hubiera terminado en el más espantoso de los ridículos. [Risas] No había necesidad de insultar así a los granadinos. No se conserva ningún registro sonoro de su voz, así que no sabemos realmente cómo hablaba. Hay grabaciones de él tocando el piano pero no de su voz.

¿Usted es de los que piensa que en algún desván abandonado de Buenos Aires debe de haber una cinta perdida con su voz?

Eso dicen, que debe de quedar alguna grabación de cuando fue entrevistado en la radio argentina. Pero gente muy obsesiva, como Ian Gibson, no ha conseguido encontrar esos registros. Quién sabe, es posible que algún día salgan a la luz. Eso sería maravilloso. Sobre su gestualidad sí que hemos podido hacernos una idea, pero de la voz no. Y, desde luego, intentar reproducir el acento andaluz hubiera sido algo espantoso.

Además, puede que ni siquiera haga falta. Recuerdo haber visto a Norma Aleandro interpretar a Maria Callas y la primera impresión era: «No se parece en nada a Maria Callas». Pero al cabo de un rato se producía una especie de magia y… ¡era la Callas!

Exacto. Lo que nosotros hemos hecho ha sido buscar un vestuario que evocara esa época pero que no fuera idéntico. Hemos jugado con esas aproximaciones sin querer ser exactos. Por ejemplo, en cuanto al pelo, él tenía unas entradas muy reconocibles… Pero, como en el caso del acento, tampoco quisimos entrar ahí. Creo que son cosas que pueden distanciarte más que acercarte al personaje. El espectador al final completa lo que falta. Si como actor estás mínimamente bien, a los 15 minutos ya van a ver a Federico.

Juan Diego Botto
Juan Diego Botto interpretando a Lorca en Una noche sin luna. LA ROTA PRODUCCIONES

Para escribir esta obra usted ha hablado con muchos expertos. Ha tenido largas conversaciones con Ian Gibson, con Luis García Montero… ¿Ha podido formarse una opinión sobre dónde podrían estar sus restos? Porque Granada no es una megaciudad, no es México DF, no es Buenos Aires. Y sus asesinos aún vivieron muchos años después de su muerte. Desde fuera uno podría pensar que se sabe perfectamente dónde está, pero que por alguna razón no quieren sacarlo.

Yo no lo sé, no soy un experto en el tema. Hay muchas teorías sobre lo que pudo haber pasado con el cadáver de Lorca. Teorías que lo sitúan en diversos sitios o incluso que la familia lo pudo recoger. En cualquier caso, lo que es evidente es que el destino ha querido que el poeta más celebrado que teníamos en el siglo XX, el dramaturgo más internacional, sea también el desaparecido más famoso de nuestra historia. Se ha convertido en una suerte de emblema de algo que no le ocurrió solamente a él. Como él hay ciento y pico mil personas, repartidas por cunetas de todo el país.

Al final eso es lo relevante, ¿no?

Claro. Lo relevante es que el de Lorca no es un caso aislado. Pero es que esto es algo que debería enseñarse en los colegios: que somos un país recorrido de arriba abajo por fosas comunes. Miles y miles de personas fueron fusiladas a escondidas, de noche, y sus cadáveres nunca fueron entregados a sus seres queridos. Por eso creo que hablar de Lorca, de alguna manera, es hablar de esa parte de nuestra historia. Cuando yo terminé de escribir esta obra estaba muy contento. Me dije: «Por fin he escrito algo que se aleja de mi teatro habitual. No estoy hablando de Argentina, no estoy hablando de la dictadura ni de los desaparecidos». Mucho tiempo después de haber terminado la primera versión el director me pidió que escribiera un folio en el que explicara de qué iba la obra. Y fue entonces cuando me di cuenta de que había escrito una obra sobre un desaparecido, sobre un hombre que fue sacado de su casa, arrestado ilegalmente, torturado, asesinado, y que su cadáver fue hecho desaparecer. De modo que, bueno, yo siempre estoy dando vueltas alrededor de los mismos temas. Pero este, en concreto, el de los desaparecidos y el de la restauración que aún está pendiente con tantas familias, creo que nos implica como país.

En cualquier caso, hay una diferencia fundamental entre lo que pasó en Argentina y lo que pasó en España: la respuesta de la justicia.

Indudablemente. La respuesta de la justicia ayer y la respuesta hoy. El informe que ha hecho el Consejo General del Poder Judicial sobre la Ley de Memoria, en el que consideran que ilegalizar fundaciones franquistas o perseguir la exaltación de la dictadura pueda considerarse delito, es la enésima humillación a las víctimas del franquismo. Vivimos en un país en el que se considera delito la exaltación del terrorismo etarra pero no la exaltación de un terrorismo de Estado que fue mil veces más sanguinario. Que secuestró, que torturó, que asesinó e hizo desaparecer, reprimió y condenó al exilio a miles y miles de personas. Pero todo eso lo hizo durante un periodo de tiempo tan prolongado que realmente acabó moldeando este país a su imagen y semejanza. Este país es, sin duda, hijo de esa larguísima dictadura.

¿Cree que hay una mitad de España que está orgullosa de todo eso?

Yo lo que creo es que hay un enorme desconocimiento sobre nuestra historia. Y tampoco habido la voluntad de generar una verdad oficial. No hay ningún país europeo que no tenga una verdad oficial sobre el nazismo, sobre el fascismo, sobre la Segunda Guerra Mundial, sobre el horror de los campos de exterminio. Sin embargo, en España no se buscó un relato oficial con la llegada de la Transición. No se ha querido explicar que aquí hubo un golpe de Estado frustrado que desembocó en una guerra y que se hizo con la voluntad de exterminar a todo un sector de la población que pensaba distinto. Bueno, eso es un genocidio o un crimen de lesa humanidad que nunca se ha tratado, ni visto, ni explicado, ni enseñado como tal. Con lo cual la gente ha crecido con el relato de los dos demonios, de la equidistancia, de aquello de que hubo buenos y malos en los dos bandos, que fue una guerra entre hermanos, que hay que cerrar heridas y dejar el pasado atrás, como si fueran equiparables víctimas y victimarios. Como si no hubiera habido ese genocidio. Y sobre esa desmemoria hemos construido nuestro país. ¿Eso significa que la mitad de España reivindica aquello? Lo que yo creo es que la mitad de España lo ignora. Creo que hay un porcentaje mínimo, pero muy sonoro, que ocupa cargos de enorme responsabilidad que sí lo reivindica y que se siente orgullosa, pero no creo que sea la mitad de España. No creo que pase de un 15%.

Bueno, un 15% de personas orgullosas de haber matado a Lorca es un porcentaje dramático.

Sí, sobre todo cuando se trata de gente que ostenta cargos de responsabilidad.

Usted, además de actor, autor y director, es una tuitstar. Y esta obra interpela directamente a la extrema derecha española. ¿Le han abrasado en las redes? ¿Le han acosado?

Por la obra no. Cuando la escribí, antes de estrenarla, tenía el temor de que eso ocurriera. Pero no ha pasado. Es imposible que el cien por cien de las personas que acuden a ver una función de teatro sean afines ideológicamente. De modo que entiendo que la obra debe de entrar por otro lugar, debe apelar a la emoción y conmover por lo personal. Yo pensaba que sí podía darse ese acoso por contar esta historia, pero no ha ocurrido. O no lo han verbalizado. La gente suele ir más a lo obvio, a si apoyas a un partido o apoyas a otro. Cuando te adentras en discusiones un poco más ideológicas la crítica suele quedar más diluida.

Tanto en esta obra como en la anterior, Un trozo invisible de este mundo, usted se deja dirigir por Sergio Peris-Mencheta. ¿Después de su Hamlet, donde todo recaía sobre sus hombros, necesitaba repartir el trabajo y contar con otro punto de vista?

Sí, claramente. Cuando yo cometí esa locura de actuar y de dirigir a la vez me dije: «Nunca más». Son dos trabajos muy contradictorios. Un director necesita mucho orden, mucha claridad, y un actor a veces necesita perderse, desorientarse, adentrarse por caminos desconocidos. Y ponerse en las manos de alguien que le guíe. En cine quizá sea más fácil porque al fin y al cabo te puedes ver después de cada toma. Pero en teatro es una cosa muy complicada. Yo pensaba que una mirada externa seguramente podría ver cosas de mi propio texto que yo no veo. Y desde luego, puedo decir a toro pasado que en las dos ocasiones ha sido un acierto. Sergio es, incuestionablemente, mucho mejor director de teatro de lo que lo puedo ser yo. Tiene mucho más talento para la dirección. Y además nos hemos entendido muy bien, nos llevamos muy bien, y ha hecho crecer muchísimo mis textos.

¿Sigue en sus planes representar Un trozo invisible de este mundo en la Escuela Mecánica de la Armada?

Pues sí, eso es lo que me gustaría hacer más pronto que tarde. No sé cuándo lo conseguiré pero me gustaría. La obra era un homenaje a la generación de mis padres, a mis propios padres. Mi padre fue hecho desaparecer allí, en la Escuela Mecánica. La idea es viajar el año que viene con los dos espectáculos y girar por Latinoamérica. Y, sobre todo, presentar Un trozo invisible en Buenos Aires, que es algo que nos quedó pendiente. Y hacer una función especial en el teatro Haroldo Conti, que es el teatro de la ESMA [el centro de detención, tortura y exterminio de la dictadura argentina hoy convertido en un espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos].

¿Qué puede contarnos de En los márgenes, su inminente debut como director de cine?

Pues que es un proyecto que nació de la voluntad de hablar sobre algo que estaba ocurriendo a nuestro alrededor. Trata de la crisis económica y de cómo nos afecta en nuestra vida cotidiana. Son tres historias que suceden en 24 horas y que reflexionan sobre eso, sobre cómo influye la dureza de una crisis en las relaciones afectivas de las personas, tanto las de pareja como las relaciones padre-hijo.

Cuando se ponga detrás de la cámara y vaya a decir acción quizás haya momentos en los que se preguntará: “¿Esto cómo lo haría Montxo [Armendáriz]?”. O “¿esto cómo lo haría Adolfo [Aristarain]?”.

Seguro que sí. De hecho, con Montxo, que es el que tengo más cerca, ya lo estoy haciendo. Lo llamo para consultarle dudas. Pero cada uno tiene su personalidad y la gracia está en encontrar tu propio estilo. En cualquier caso, sí, esa pregunta surgirá. Uno tiene sus referentes muy interiorizados, y Montxo y Adolfo son claramente dos de mis referentes como directores.

¿Y como actor aceptaría un papel con los ojos cerrados, sin preguntar nada, si le llamara un director de prestigio?

Ummm… [se lo piensa]. Hombre, si me llaman los hermanos Dardenne o Jacques Audiard o Ken Loach… algo muy raro tendría que pasar para que yo dijese que no. Muy mal se tendría que dar la cosa. Solamente por pasar tiempo con ellos, por aprender, por ver cómo ruedan, por compartir tiempo personal, diría que sí sin dudarlo. Hay un momento en el que la presión por subir peldaños en una carrera se va diluyendo y lo que pesa más es el placer del proceso, el aprendizaje durante el camino.

‘Una noche sin luna’ se representará del 17 junio al 11 julio en el Teatro Español de Madrid. Entre diciembre de 2021 y enero de 2022 visitará Barcelona, Zaragoza, Castellón y Vizcaya, entre otras provincias.




Fuente: Lamarea.com