June 16, 2021
De parte de La Haine
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Las tiran铆as como EEUU invierten el Estado de derecho. Convierten la ley en un instrumento de injusticia. Esconden sus cr铆menes mediante una falsa legalidad

Este art铆culo reproduce la intervenci贸n de Chris Hedges en un acto celebrado el pasado jueves en Nueva York en apoyo de Julian Assange. Dicho acto forma parte de una gira por EEUU que durar谩 un mes y en la que intervienen entre otros el padre y el hermano de Julian y Roger Waters (Pink Floyd).

Una sociedad que proh铆be la posibilidad de decir la verdad anula la posibilidad de vivir en la justicia.

Esa es la raz贸n por la que esta noche estamos aqu铆. Todos los que conocemos y admiramos a Julian condenamos su prolongado sufrimiento y el de su familia. Exigimos que se ponga fin a los muchos errores e injusticias que se han cometido con su persona. Le respetamos por su valor y su integridad.

Pero la batalla por la libertad de Julian nunca ha sido solo por la persecuci贸n a la que se somet铆a a un editor. Es la batalla por la libertad de prensa m谩s importante de nuestra era. Y si perdemos esa batalla las consecuencias ser谩n devastadoras, no solo para Julian y su familia sino para todos nosotros.

Las tiran铆as invierten el Estado de derecho. Convierten la ley en un instrumento de injusticia. Esconden sus cr铆menes mediante una falsa legalidad. Utilizan la dignidad de tribunales y juicios para ocultar su criminalidad. Aquellos que, como Julian, exponen ante el p煤blico esa criminalidad son personas peligrosas, porque sin el pretexto de la legitimidad la tiran铆a pierde credibilidad y lo 煤nico que le queda es el miedo, la coacci贸n y la violencia.

La prolongada campa帽a contra Julian y Wikileaks es una ventana hacia la demolici贸n del Estado de derecho, un paso m谩s hacia lo que el fil贸sofo pol铆tico Sheldon Wolin llama nuestro sistema de totalitarismo invertido, una forma de totalitarismo que mantiene la ficci贸n de la antigua democracia capitalista, incluyendo sus instituciones, iconograf铆a, s铆mbolos patri贸ticos y ret贸rica, pero que internamente ha entregado todo el control a los dictados de las corporaciones globales.

Yo estaba en la sala del tribunal cuando Julian Assange fue juzgado por la juez Vanessa Baraitser, una versi贸n moderna de la Reina de Corazones de Alicia en el Pa铆s de las Maravillas, que exig铆a la sentencia antes de declarar el veredicto. Fue una farsa judicial. No exist铆a base legal alguna para mantenerle en prisi贸n. No hab铆a base legal alguna para juzgarle, siendo un ciudadano australiano, seg煤n la Ley de Espionaje de EEUU La CIA le estuvo espiando en la embajada ecuatoriana a trav茅s de una compa帽铆a espa帽ola, UC Global, contratada para proporcionar la seguridad a la embajada. Este espionaje incluy贸 las conversaciones confidenciales entre Assange y sus abogados cuando discut铆an los t茅rminos de su defensa. Este mero hecho deber铆a haber invalidado el juicio. Julian est谩 prisionero en una c谩rcel de alta seguridad para que el Estado pueda continuar los abusos degradantes y la tortura que espera provoquen su desintegraci贸n psicol贸gica o incluso f铆sica, tal y como ha testificado el relator Especial de la ONU para la Tortura, Nils Melzer.

El gobierno de EEUU ha dado instrucciones al fiscal londinense James Lewis, tal y como ha documentado con elocuencia [el exdiplom谩tico, periodista y defensor de derechos humanos brit谩nico] Craig Murray. Lewis present贸 dichas directrices a la juez Baraitser, que las adopt贸 como su decisi贸n legal. Todo el show fue una pantomima judicial. Lewis y la juez insistieron en que no estaban intentando criminalizar a los periodistas y amordazar a la prensa, al mismo tiempo que se afanaban en establecer un marco legal para criminalizar a los periodistas y amordazar a la prensa. Y esa es la raz贸n por la que el tribunal se esforz贸 tanto por ocultar el proceso judicial a la opini贸n p煤blica, limitando el acceso a la sala del tribunal a un pu帽ado de observadores y poniendo todas las dificultades posibles para imposibilitar su visionado en l铆nea. Fue un oscuro juicio ama帽ado, m谩s t铆pico de la Lubianka que de la jurisprudencia brit谩nica.

Yo s茅 que muchos de los que estamos hoy aqu铆 nos consideramos radicales, puede que hasta revolucionarios. Pero lo que estamos exigiendo tiene de hecho un tinte conservador, dentro del espectro pol铆tico. Exigimos la restauraci贸n del Estado de derecho. Algo tan sencillo y b谩sico que no deber铆a resultar incendiario en una democracia en funcionamiento. Pero vivir en la verdad en un sistema desp贸tico es un acto supremo de desaf铆o. Esa verdad aterroriza a quienes detentan el poder.

Los arquitectos del imperialismo, los se帽ores de la guerra, las ramas legislativa, judicial y ejecutiva del gobierno, controladas por las grandes empresas, y sus serviles cortesanos de los medios de comunicaci贸n son ileg铆timos. Si pronuncias esta sencilla verdad quedas desterrado, como hemos estado muchos de nosotros, a los m谩rgenes del panorama medi谩tico. Si demuestras esa verdad, como han hecho Julian Assange, Chelsea Manning, Jeremy Hammond y Edward Snowden al permitirnos fisgar en las interioridades del poder, ser谩s perseguido y procesado.

Poco despu茅s de que Wikileaks publicara los archivos de la Guerra de Irak en octubre de 2010, que documentaban numerosos cr铆menes de guerra de EEUU 鈥搃ncluyendo im谩genes del ametrallamiento de dos periodistas de Reuters y otros 10 civiles desarmados en el video Asesinato Colateral, la tortura sistem谩tica de prisioneros iraqu铆es, el ocultamiento de miles de muertes de civiles y el asesinato de cerca de 700 civiles que se hab铆an acercado demasiado a los puestos de control estadounidenses鈥, los destacados abogados de derechos civiles Len Weinglass y mi buen amigo Michael Ratner (a quien acompa帽ar铆a posteriormente para reunirse con Julian en la embajada ecuatoriana) se reunieron con Julian en un apartamento de Londres Central. Las tarjetas bancarias personales de Assange hab铆an sido bloqueadas.

Tres ordenadores encriptados hab铆an desaparecido de su equipaje durante su viaje a Londres. La polic铆a sueca estaba fabricando un caso en su contra con la intenci贸n, le advirti贸 Ratner, de extraditarle a EEUU.

鈥淲ikileaks y t煤 personalmente os enfrent谩is a una batalla que es tanto legal como pol铆tica鈥, le dijo Weinglass a Assange. 鈥淐omo aprendimos en el caso de los Papeles del Pent谩gono, al gobierno de EEUU no le gusta que se haga p煤blica la verdad. Y no le gusta que le humillen.

No importa que sea Nixon, Bush u Obama, un Republicano o un Dem贸crata, quien ocupe la Casa Blanca. El gobierno de EEUU intentar谩 evitar que publiques sus repugnantes secretos. Y si tienen que destruirte a ti, y destruir al mismo tiempo la Primera Enmienda y los derechos de los editores, est谩n dispuestos a hacerlo. Creemos que van a perseguir a Wikileaks y a ti, Julian, por publicarlos鈥.

鈥淨ue van a perseguirme, 驴por qu茅 raz贸n?鈥, pregunt贸 Julian.

鈥淧or espionaje鈥, continu贸 Weinglass. 鈥淰an a acusar a Bradley Manning por traici贸n, acogi茅ndose a la Ley de Espionaje de 1917. No creemos que se le pueda aplicar porque es un denunciante de conciencia, no un esp铆a. Pero van a intentar obligar a Manning a que te implique a ti como colaborador鈥.

鈥淨ue van a perseguirme, 驴por qu茅 raz贸n?鈥

Esa es la cuesti贸n.

Han perseguido a Julian por sus virtudes, no por sus defectos.

Han perseguido a Julian porque sac贸 a la luz m谩s de 15.000 muertes no denunciadas de civiles iraqu铆es; porque hizo p煤blicas la tortura y los malos tratos a unos 800 hombres y muchachos de entre 14 y 89 a帽os en Guant谩namo; porque public贸 que Hillary Clinton orden贸 en 2009 a los diplom谩ticos estadounidenses que espiaran al Secretario General de la ONU Ban Ki Moon y a otros representantes de China, Francia, Rusia y Reino Unido, un espionaje que inclu铆a obtener su ADN, el escaneo de su iris, sus huellas dactilares y sus contrase帽as personales, continuando m茅todos habituales de vigilancia ilegal como las escuchas ilegales al Secretario General de la ONU Kofi Annan las semanas previas a la invasi贸n de Irak de 2003 dirigida por EEUU; le han perseguido porque divulg贸 que Barack Obama, Hillary Clinton y la CIA orquestaron el golpe militar de 2009 en Honduras que derroc贸 al presidente elegido democr谩ticamente, Manuel Zelaya, y lo reemplaz贸 con un r茅gimen militar corrupto y asesino; porque revel贸 que George Bush hijo, Barack Obama y el general Davis Petrous llevaron a cabo una guerra en Iraq que, seg煤n las leyes posteriores al proceso de N煤remberg, se considera una guerra criminal de agresi贸n, un crimen de guerra y porque autorizaron cientos de asesinatos selectivos, incluyendo los de ciudadanos estadounidenses en Yemen, donde tambi茅n lanzaron secretamente misiles, bombas y ataques con drones que acabaron con la vida de decenas de civiles; porque revel贸 que Goldman Sachs pag贸 a Hillary Clinton 657.000 d贸lares por dar conferencias, una suma tan enorme que solo puede considerarse un soborno, y que Clinton asegur贸 en privado a los l铆deres empresariales que cumplir铆a sus ordenes, mientras promet铆a a la opini贸n p煤blica una regulaci贸n y una reforma financiera; porque sac贸 a la luz la campa帽a interna para desacreditar y destruir a Jeremy Corbyn por parte de miembros de su propio Partido Laborista; porque mostr贸 c贸mo la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad utilizan herramientas de hackeo que permiten al gobierno la vigilancia al por mayor a trav茅s de nuestros televisores, ordenadores, smartphones y programas antivirus, lo que permite al gobierno registrar y almacenar nuestras conversaciones, im谩genes y mensajes de texto privados, incluso si est谩n encriptados.

Julian sac贸 a la luz la verdad. La desvel贸 una y otra y otra vez, hasta que no qued贸 la menor duda de la ilegalidad, corrupci贸n y mendacidad end茅micas que definen a la 茅lite gobernante global. Y por descubrir esas verdades es por lo que han perseguido a Assange, como han perseguido a todos aquellos que se atrevieron a rasgar el velo que cubre al poder. 鈥淟a Rosa Roja ahora tambi茅n ha desaparecido鈥︹, escribi贸 Bertolt Bretch cuando la socialista alemana Rosa Luxemburgo fue asesinada. 鈥淧orque ella a los pobres la verdad ha dicho, los ricos del mundo la han extinguido鈥.

Hemos experimentado un golpe de Estado empresarial, mediante el cual los pobres y los hombres y mujeres trabajadores se ven reducidos al desempleo y el hambre; la guerra, la especulaci贸n financiera y la vigilancia interna son las 煤nicas ocupaciones del Estado; por el cual ya ni siquiera existe el habeas corpus; por el que los ciudadanos no somos m谩s que mercanc铆as que se usan, se despluman y se descartan para los sistemas corporativos del poder. Negarse a contraatacar, a tender lazos y ayudar al d茅bil, al oprimido y al que sufre, a salvar el planeta del ecocidio, a denunciar los cr铆menes internos e internacionales de la clase dominante, ea xigir justicia, a vivir en la verdad es llevar la marca de Ca铆n.

Quienes detentan el poder deben sentir nuestra ira, y eso significa realizar actos constantes de desobediencia civil, significa acciones constantes de protesta social y pol铆tica, porque este poder organizado desde abajo es el 煤nico que nos salvar谩 y el 煤nico poder que liberar谩 a Julian. La pol铆tica es un juego de temor.

Es nuestro deber moral y c铆vico hacer sentir miedo a los que est谩n en el poder, mucho miedo.

La clase dominante criminal nos tiene a todos sujetos por el miedo. No puede reformarse. Ha abolido el Estado de derecho. Oscurece y falsea la verdad. Busca la consolidaci贸n de su obsceno poder y su obscena riqueza. Por tanto, citando a la Reina de Corazones, metaf贸ricamente, claro, yo digo: 鈥溌ue les corten la cabeza!鈥.

scheerpost.com. Traducido para Rebeli贸n por Paco Mu帽oz de Bustillo




Fuente: Lahaine.org