May 1, 2021
De parte de ANRed
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Tras a帽os de gritar a los cuatro vientos que la infancia fumigada y las maestras rurales que se la juegan son un da帽o colateral de un sistema perverso, Estela Lemes recibi贸 la sentencia favorable de la Justicia entrerriana. 鈥淓l hecho de que no se haya podido determinar qui茅n era la persona o responsable directo de fumigar, no implica tener por inexistente que efectivamente se fumigaba鈥, se lee en el fallo de la C谩mara de Apelaciones de Gualeguaych煤. Que condena a la ART (aquel invento neoliberal que form贸 parte de la flexibilizaci贸n de las relaciones de trabajo) a cubrir todos los tratamientos de la maestra por las secuelas de 鈥渓as intoxicaciones sufridas en su 谩mbito laboral鈥. Por Claudia Rafael / Agencia de Noticias Pelota de Trapo.


En 2016 inici贸 Estela, la directora de la escuela 66, Bartolito Mitre, de las afueras de Gualeguaych煤, la demanda judicial que arrastraba una historia larga que arranc贸 con las primeras fumigaciones en 2008. En ese tiempo eran 13 los gurises que iban a su escuela. Algunos viv铆an asentados en la zona. Otros, lo estaban ocasionalmente, hijos de trabajadores golondrina que como rabdomantes cosecheros recorren el pa铆s detr谩s de empleos fugaces como una temporada.

Eran d铆as en los que la escuela era techo y trabajo para Estela, con esa hilerita de hijos que empez贸 a gestar a los 15, ni帽a madre que se estaba pariendo a s铆 misma sin saber a煤n demasiado de la vida. Esa lluvia de venenos que le marc贸 los tiempos, le fue ense帽ando a la vez eso que hoy -con las convicciones amasadas a fuerza de militancia por la vida- sigue trasmitiendo en la escuela: 鈥淎 los gurises les queda mucho el ejemplo de sus docentes. Por eso tambi茅n es importante esto. Que sepan que hay que seguir luchando, que hay que defender la tierra que es la 煤nica que tenemos鈥, reivindica en entrevista con APe.

El puntapi茅 para este recorrido judicial que acaba de concluir se inici贸 una tarde de septiembre de nueve a帽os atr谩s. Cuando ella y sus alumnos disfrutaban del recreo, Estela descubri贸 un mosquito fumigador que merodeaba el campo y percibi贸 la deriva del veneno. Junt贸 a diez de los trece ni帽os que estaban ese d铆a en la escuela y los llev贸 adentro del sal贸n. 鈥淓llos no estuvieron expuestos a la fumigaci贸n. Pero muchos ya lo estaban desde sus casas. Algunos eran hijos de pap谩s que eran peones de campos en los que se fumigaba. Les ped铆 que los llevaran al hospital. Algunos los llevaron, otros no. Y varios de los que no lo hicieron fue por miedo a quedar sin trabajo鈥, reconstruye hoy.

Aquel d铆a Estela llam贸 a la polic铆a. Y desde el alambrado, todos gritaban y hac铆an se帽as para que el mosquito se detuviera. Reci茅n lo hizo cuando vaci贸 el tanque, en un punto que no tuvo final por las secuelas en el cuerpo de la maestra, y se derram贸 la 煤ltima gota.

Reconstruir estos cinco largos a帽os de recorrido judicial (que a煤n no cesa porque sostiene una demanda civil contra los propietarios del campo aleda帽o a la escuela) le comport贸 llantos, angustias y momentos de decirse basta a s铆 misma. 鈥淓n lo legal fue una lucha muy solitaria. Junto a mis abogadas. No es casual que fu茅ramos todas mujeres鈥. Y reconstruye que 鈥渕ucha gente me acompa帽贸 en algunos momentos y luego ya no lo hicieron. Otros, directamente no acompa帽aron. Hubo abogados que me dijeron que no hiciera juicio porque lo iba a perder. Quienes estuvieron siempre fueron mis hijos. Me acompa帽aron cuando yo estaba mal, cuando ten铆a muchos dolores, cuando me internaba para la rehabilitaci贸n. Cuando sent铆a la soledad de toda esta lucha. Cuando salimos a las calles. Mis siete gurises son mi puntal de vida y a ellos dedico este triunfo鈥.

Pero 鈥渉ubo momentos en que sent铆 que no pod铆a m谩s. Tiempos en los que tuve que soportar que dijeran que yo ment铆a, que no estaba enferma, que no hab铆an fumigado. Recib铆 amenazas cuando daba charlas. Pas茅 muchas angustias, con momentos en que sent铆 que iba a dejar todo porque no daba m谩s. Pericias que me hac铆an en donde era claro que no se animaban a poner un resultado que fuese favorable a m铆. Pero fue todo muy duro. Ahora la misma justicia reconoce que los agrot贸xicos enferman, matan, que no es mentira鈥.

Las fumigaciones requieren de escasos minutos para destruir las vidas o generar enfermedades mientras que la Justicia camina con la lentitud de una oruga para definir como defini贸 este abril pand茅mico que 鈥渓os hechos est谩n probados: el 谩mbito de la escuela donde daba clases la Sra. LEMES fue, incre铆ble e inconcebiblemente, sometido a fumigaciones鈥.

Con fundamentaciones que rescatan testimonios incontrastables:

鈥 La testigo Miriam Cabral sostuvo que 芦鈥.los hab铆an rociado con un mosquito desde unos 50 metros, porque hab铆a viento, sufriendo todos en ese momento picaz贸n de ojos, falta de aire, existiendo un olor parecido al gamexane鈥β

鈥 La testigo Daniela Rebora (cocinera en el lugar y madre de un alumno) declar贸 que 鈥渘o se pod铆a respirar y no se pod铆a estar en el lugar, habiendo tenido que retirar a los alumnos del establecimiento porque varios de ellos estuvieron descompuestos鈥.

Veinte a帽os despu茅s de su llegada a la Bartolito Mitre, veterana de fumigaciones m煤ltiples que le significaron una vida con clorpirif贸s y glifosato en la sangre, Estela Lemes sonr铆e desde la puerta de 鈥渟u鈥 escuela. Son esos triunfos que parecen diminutos.

Pero que significan el combustible para continuar sembrando un sendero de victorias. La lucha eterna de las y los peque帽os davides contra los goliats que abonan un mundo de inequidades. En los que todo vale para henchir de oro los bolsillos de los que se sienten due帽os de la vida y de la muerte. En un sistema que privilegia la renta a la infancia. El veneno a la existencia. La producci贸n de dolor a la veneraci贸n de la vida.

Fuente: APe





Fuente: Anred.org