July 17, 2022
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
184 puntos de vista

鈥淓ntonces, 驴la guerra sostenible tambi茅n fue idea de ellos? -No, fuimos nosotros, los gobiernos, quienes iniciamos una guerra para impulsar una forma de econom铆a mundial sostenible. Pero eso no fue m谩s que un acto econ贸mico totalmente controlado.

- Ya, ya, desde el punto de vista de la gente que no vive donde vuelan las balas, todas las guerras podr铆an considerarse un acto econ贸mico controlado鈥

Este di谩logo de la serie basada en el manga Ghost in the Shell refleja bien la situaci贸n en la que se encuentra la econom铆a de eso que en la perspectiva euroc茅ntrica ha venido en denominarse 鈥淥ccidente鈥.

Es obvio, salvo para los economistas, que la Gran Recesi贸n de 2009 marca el final del sue帽o neoliberal de reactivar la econom铆a mediante masivas transfusiones de cr茅dito. Durante m谩s de una d茅cada las econom铆as capitalistas avanzadas han sido incapaces de recuperarse del gran batacazo, y ni los intentos de mantener marcha los programas neoliberales ni el regreso a las pol铆ticas de reconstruir el estado de bienestar han logrado los resultados perseguidos, esto es, lograr un periodo de crecimiento sostenido de las ganancias y la inversi贸n reales 鈥搉o financieras鈥, es decir de la acumulaci贸n de capital. Entre 2008 (antes de la Gran Recesi贸n) y 2019 (antes de la Gran Pandemia) el mundo aumento su producci贸n de valor en 21,5 billones de d贸lares constantes a precios de 2015. Pero de este nuevo valor a帽adido, los pa铆ses desarrollados solo contribuyeron con 7,5 billones, un tercio del total. Entre esos a帽os la inversi贸n mundial aument贸 en 6,6 billones de d贸lares a precios constantes, pero solamente la cuarta parte corresponde a acumulaci贸n de capital en los pa铆ses desarrollados.

Es en este contexto de p茅rdida de protagonismo en la econom铆a mundial que hay que interpretar muchos de los acontecimientos recientes en el Occidente global. Uno de especial actualidad es precisamente la decisi贸n consensuada entre los dirigentes de estos pa铆ses de aumentar significativamente el gasto militar, que recordemos no ha dejado de aumentar, m谩s de 300.000 millones de d贸lares constantes de 2008 a 2019. Pero de este aumento, solo 75.000 millones corresponde a los pa铆ses desarrollados. Pero aqu铆 hay un dato geogr谩fico significativo. Estados Unidos aument贸 en este periodo su gasto militar en 73.000 millones de d贸lares constantes y Canad谩 en 3.000 millones. Jap贸n y Corea del Sur en 1.000 y en 17.000 millones respectivamente. Australia y Nueva Zelanda en 7.000 y 1.000 millones respectivamente. Pero los pa铆ses desarrollados de Europa, incluida Gran Breta帽a, y con la excepci贸n de Noruega, Alemania y de Suiza, disminuyeron su gasto militar entre 2008 y 2019. En conjunto, el gasto militar de los pa铆ses desarrollados de Europa se redujo en t茅rminos contantes en 38.000 millones de euros en 2019 respecto a 2008.

Esta es una de las claves para entender los esfuerzos bald铆os del presidente Trump para lograr que la UE aumentara el gasto militar, y el porqu茅 del 茅xito que ha coronado los esfuerzos de la administraci贸n Biden para conseguir el mismo objetivo. Porque es precisamente Trump el que con sus pol铆ticas declara la defunci贸n del proyecto neoliberal, y pretende sustituirlo por uno basado en resucitar la industria norteamericana en declive. La diferencia m谩s notable entre los gobiernos republicanos y dem贸cratas es el tipo de sectores industriales que promueven unos y otros; en funci贸n de los alineamientos partidistas m谩s o menos sesgados de los consejos de administraci贸n corporativa, los republicanos se apoyan m谩s en las corporaciones petrol铆feras, en la industria del metal y la qu铆mica de base, y los dem贸cratas en las industrias culturales, la industria digital, la agroalimentaria y por supuesto, en el complejo militar-industrial.

Recordemos lo que dijo el presidente Eisenhower al abandonar la Casa Blanca: 鈥淣uestro trabajo, los recursos y los medios de subsistencia son todo lo que tenemos; as铆 es la estructura misma de nuestra sociedad. En los consejos de gobierno, debemos evitar la compra de influencias injustificadas, ya sea buscadas o no, por el complejo industrial-militar. Existe el riesgo de un desastroso desarrollo de un poder usurpado y ese riesgo se mantendr谩. No debemos permitir nunca que el peso de esta conjunci贸n ponga en peligro nuestras libertades o los procesos democr谩ticos鈥.

De los 555.000 millones de d贸lares de ventas en 2020 de las 100 mayores empresas mundiales de armamento, 306.000 millones corresponden a las 45 empresas estadounidenses incluidas en esa lista. La UE tan solo incorpora 17 empresas a la misma, con unas ventas conjuntas de 49.000 millones de d贸lares (en la que Espa帽a contribuye con Navantia y 920 millones de d贸lares de ventas).

Al acordar una estrategia de reorientaci贸n del gasto p煤blico hacia el rearme, parece que se quisiera actualizar la estrategia de dominaci贸n global de Estados Unidos durante los a帽os 50 y 60, que se bas贸 no solo en el desarrollo de la sociedad de consumo de masas y del trabajo en cadena, sino de forma muy especial en un gasto militar superior al 10% del PIB, un volumen que permit铆a desarrollar una de las mayores econom铆as planificadas del mundo, el Pent谩gono, que se situaba solo por detr谩s de la URSS en presupuesto. Ello permiti贸 desarrollar un importante sistema de innovaci贸n militar corporativo-estatal fuertemente planificado, que nos ha legado desde los contenedores y el nylon hasta el control num茅rico o internet.

El keynesianismo militar, durante la guerra y la posguerra, es uno de los factores m谩s importantes en la consolidaci贸n del periodo de mayor crecimiento econ贸mico del mundo occidental, la edad de oro del capitalismo mundial. Ante el fracaso de las nuevas estrategias de organizaci贸n de la producci贸n y del estado, tal parece que ahora se nos propone un retorno a los esquemas de hace 70 a帽os. No es casualidad que el Gobierno de Espa帽a ha tomado el control de la otra gran empresa espa帽ola de inversi贸n militar (Indra), con una rapidez y determinaci贸n que se echa en falta cuando se trata de salvar mediante el control p煤blico del tejido productivo civil, sea Bankia, La Naval, Duro Felguera o Abengoa.

Parece que la 煤nica forma de cambiar el modelo productivo que concibe la adoctrinada clase pol铆tica local para sustituir empleos de camareros, jornaleros y maquiladoras del autom贸vil sea el desarrollo de la industria militar, siguiendo un comportamiento compartido con los socios europeos que no est谩 asociado necesariamente a la guerra en Ucrania, pues desde 2014 la oficina de estad铆sticas europeas decidi贸 que se dejara de considerar la compra de misiles y ca帽ones y otro armamento como un 鈥済asto鈥 en la contabilidad nacional, para considerarlo una 鈥渋nversi贸n鈥: si el gasto militar es solo inversi贸n, su reducci贸n perjudicar铆a estad铆sticamente el comportamiento del PIB tendencial a largo plazo.

Pero podemos aventurar que los resultados del neokeynesianismo militar ser谩n similares a los obtenidos por el regreso (neo) a las pol铆ticas liberales de hace 100 a帽os. Porque una diferencia sustancial, tan sustancial que se presenta casi como una condici贸n necesaria de esta pol铆tica, es que su promotor era la gran potencia econ贸mica capitalista, y el resto de pa铆ses part铆an de una masiva destrucci贸n de capital productivo consecuencia del conflicto b茅lico, y por tanto con una gran flexibilidad para reorientar sus actividades productivas hacia una industrializaci贸n a la vez militar y de consumo.

Hoy Estados Unidos ya no es la potencia incontestable que era hace siete d茅cadas, y las crisis (del petr贸leo, financiera) tampoco se han saldado con una destrucci贸n del capital comparable a la que se produjo en la primera mitad de los a帽os 40. No hay duda de qu茅 pa铆s entre los socios ot谩nicos-occidentales puede beneficiarse en mayor medida de un incremento generalizado del gasto militar, por tener ya su industria orientada claramente a la producci贸n a armamento tradicional e innovador. Pero tampoco esto va a servir para relanzar el crecimiento econ贸mico, cuya sostenib鈥奿lidad est谩 en duda por el elevado endeudamiento p煤blico y privado que nos dej贸 el neoliberalismo, la ausencia de recambio en el tejido industrial y por la falta de discernimiento pol铆tico de un mundo en el que la mayor parte de los actores se niegan a seguir jugando con las reglas del pret茅rito l铆der.

Joaquin Arriola

Profesor titular de Econom铆a Pol铆tica en EHU/UPV

Fuente: https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/…




Fuente: Grupotortuga.com