September 9, 2022
De parte de Nodo50
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Martes. 2 de septiembre de 1997. Aquella ma帽ana amanecimos con un sobresalto. Un golpe que hoy sigue doliendo. El insumiso Kike Mur Zubillaga, encerrado por negarse a realizar el servicio militar, hab铆a muerto en la antigua prisi贸n de Torrero. Su vida qued贸 sesgada con apenas 25 a帽os. 鈥淪us carceleros lo dejaron morir鈥. Esa frase se convirti贸 en una consigna. Un breve resumen de lo que sucedi贸 aquella tr谩gica madrugada de verano. Una verdad para hacer frente al relato oficial que trat贸 a toda costa de eludir su responsabilidad.

GUILLERMO

La muerte de Kike fue terrible para todas las personas que formaban el movimiento por la insumisi贸n. Un aviso para quienes entrar铆amos en esta lucha unos meses despu茅s, ya en su 煤ltima fase. Devastadora para quienes fueron testigos directos dentro de los muros. Guillermo Ladrero vivi贸 todo aquello en primera persona. Como Kike, Guillermo era insumiso, muy joven, veintitantos, y estaba cumpliendo su condena en Torrero. En la misma oscura prisi贸n de Zaragoza por la que, desde su inauguraci贸n en 1928, pasaron miles de anarquistas, comunistas, sindicalistas y antifranquistas.

Lo que pas贸 esa noche, y lo que seguir铆a despu茅s, Guillermo lo dej贸 escrito con detalle en un texto publicado en el proyecto Zaragoza Rebelde (鈥Kike Mur. Muerte de un insumiso en la c谩rcel鈥). 鈥淓se art铆culo era algo que se deb铆a hacer, relatar aquellos hechos lo m谩s claro y expl铆cito posible para que no se perdiera en el recuerdo y todo el mundo tuviera conocimiento de lo que sucedi贸 y de c贸mo, posteriormente, todos los esfuerzos para denunciar y depurar responsabilidades se estrellaron con un muro pol铆tico-judicial que se encarg贸 de enterrar el caso鈥, recuerda ahora, 25 a帽os despu茅s. El art铆culo 鈥渦tiliza datos contrastados recogidos en el dossier que realiz贸 Asun, madre de la Asociaci贸n de Familiares de Insumisos de Arag贸n y en el relato que transcribimos esa noche en el pabell贸n de r茅gimen abierto de la c谩rcel de Torrero mientras los bomberos, en el exterior, hab铆an intentado sin 茅xito reanimar a Kike casi dos horas despu茅s del primer aviso al funcionario de servicio para que avisase a los servicios m茅dicos鈥.

Guillermo reconoce que 鈥渆l hecho de haber podido mantener la cabeza fr铆a entonces para recoger toda la secuencia de acontecimientos ha servido para mantener los recuerdos de aquella noche siempre en un contexto cronol贸gico muy claro y esto ha facilitado separar los recuerdos emocionales de los hechos concretos por muy dantescos, irresponsables y miserables que realmente fueran鈥.

Durante las fechas siguientes, mientras las calles se llenaron de movilizaciones de rabia, se esforzaron por 鈥渟eguir manteniendo la cabeza fr铆a sabedores de lo que hab铆a ocurrido y de que aquello conllevar铆a depuraci贸n de responsabilidades鈥. 鈥淎 Kike le negaron el auxilio, no le dieron ninguna oportunidad; el funcionario encargado de la secci贸n abierta, el jefe de servicios, el director y el m茅dico de la c谩rcel eran, con su omisi贸n de socorro y su comportamiento aquella noche, responsables y eso deb铆a tener consecuencias. As铆 que, confiamos en que la justicia iba a tomar las medidas oportunas tras la querella criminal que se present贸鈥 Y evidentemente fue un error, fue un error confiar en la justicia y en creer que no podr铆a haber impunidad ante unos hechos tan claros鈥, lamenta.

Fue entonces cuando el estado de 谩nimo 鈥渟e nubl贸 de frustraci贸n e indignaci贸n en un momento en el que el movimiento de insumisi贸n acusaba el esfuerzo de ocho intensos a帽os de movilizaci贸n, compromiso, represi贸n, juicios, c谩rcel, clandestinidad鈥︹, contin煤a Guillermo. 鈥淓l movimiento de insumisi贸n, si bien hab铆a logrado calar un mensaje claro de negativa al servicio militar y a la Prestaci贸n Social Sustitutoria (PSS), estaba mostrando cierto agotamiento. Quiero decir, que en el verano del 97 no ten铆amos esa fuerza explosiva colectiva que s铆 hab铆amos tenido a帽os atr谩s y, quiz谩 por eso, el terrible hecho de perder a un compa帽ero de esa manera sumado a la decepci贸n a帽adida de que nadie asumiera responsabilidades pol铆ticas ni penales anul贸 la capacidad de an谩lisis y respuesta鈥.

ISABEL

Isabel Mel茅ndez ten铆a 14 a帽os cuando descubri贸, a mediados de los 80, el movimiento antimilitarista a trav茅s de las manifestaciones contra la adhesi贸n del Estado espa帽ol a la OTAN, el desmantelamiento de las bases militares americanas, desplegadas durante la dictadura franquista, en defensa de la tierra, el medio ambiente y la autonom铆a de los territorios. A partir de aquellas movilizaciones, se fue implicando en diferentes colectivos. 鈥淪iempre desde un posicionamiento feminista y libertario, no adscrito a ning煤n partido pol铆tico鈥, aclara.

Isabel no conoc铆a personalmente a Kike, ni a su familia, 鈥減ero en el movimiento por la insumisi贸n el sentimiento colectivo era muy profundo. Su muerte nos caus贸 una gran conmoci贸n. Afloraba la rabia ante un sistema penitenciario deshumanizado y aporof贸bico, responsable de la muerte de Kike por omisi贸n de socorro. As铆 como el deseo firme de que no hubiera impunidad鈥. Por otra parte, 鈥渘os invadi贸 la preocupaci贸n por el impacto que lo sucedido iba a tener en nuestros compa帽eros presos, pendientes de juicio o en busca y captura. Sab铆amos que la lucha les supon铆a un coste social y emocional muy alto, compart铆amos sobre sus temores, p茅rdidas, conflictos, pesadillas persecutorias. Pero su muerte nos conect贸 con la vulnerabilidad, con la fragilidad, con la salud mental, con el tab煤 del suicidio. Y nos planteaba la pregunta de si realmente sab铆amos hasta qu茅 punto estaban sufriendo nuestros compa帽eros鈥. 鈥淓n muchas de nosotras todos estos sentimientos complejos vinieron a alimentar la determinaci贸n y el deseo de seguir luchando, acompa帽ando de la mejor manera posible, tratando de estar atentas y facilitar que se pudiera verbalizar la experiencia. Pero sab铆amos que era una herida que acompa帽ar铆a durante mucho tiempo a quienes lo vivieron m谩s de cerca y marcar铆a de alguna manera el movimiento en Zaragoza, un movimiento que de manera orgullosa fue imparable y al que Kike contribuy贸鈥, subraya.

Mirando atr谩s, Isabel afirma que en ese tiempo aprendi贸 鈥渁 cuestionar y rechazar las estructuras patriarcales, cuya m谩xima expresi贸n es el ej茅rcito. A cuestionar el pensamiento dicot贸mico masculino de buenos y malos, que considera que la guerra, fuerza y la imposici贸n es eficiente, eficaz y atractiva, cuando a corto y largo plazo no lo es. Despreciando el di谩logo, la palabra, la importancia del conocimiento del otro/otra o, la justicia social o la fraternidad鈥. Como feministas 鈥渄enunci谩bamos tambi茅n la vil utilizaci贸n que se hace de las mujeres para justificar las guerras, como en Afganist谩n, y la relaci贸n que los ej茅rcitos tienen con las mujeres en los territorios ocupados, bien sea a trav茅s de la prostituci贸n, violaciones o incluso la violaci贸n como arma de guerra, hecho que denunciaba Mujeres de Negro en la guerra de la ex Yugoslavia鈥.

En el periodo entre 1989 y 2001, en un contexto de activismo contra las guerras y los ej茅rcitos, se construy贸 鈥渦n movimiento imparable de personas en favor de la insumisi贸n al servicio militar obligatorio y el castigo posterior para quienes no quer铆an realizarlo, la Prestaci贸n Social Sustitutoria (PSS)鈥, apunta Isabel.

El servicio militar obligatorio (SMO) 鈥渆ra el mecanismo de adoctrinamiento de esta estructura patriarcal. Un dispositivo machista, clasista, racista, heteronormativo, al cual ve铆amos eran llamados nuestros vecinos, hermanos, amigos, compa帽eros. Los j贸venes de clase obrera dejaban m谩s de un a帽o de su vida all铆, gastando ahorros, dejando sus trabajos, y por tanto a familias humildes sin esos ingresos, aguantando situaciones de violencia y abusos, hab铆a que adaptarse al entorno y no ser diferente. Mientras tanto, quienes ten铆an mejores condiciones de vida, posibilidades, contactos, pod铆an eludir el SMO mediante pr贸rrogas de estudios o realizaban el servicio en oficinas pr贸ximas a su domicilio鈥, denuncia. Adem谩s, contin煤a Isabel, el SMO 鈥渟e edulcoraba como una oportunidad de viaje, de salir del hogar familiar, camarader铆a masculina, la idea de madurar y 鈥榟acerse un hombre鈥. Cuando en realidad, 鈥渆n el SMO hab铆a que adaptarse al entorno y no ser diferente. Deb铆a desaparecer todo lo relacionado con tus ideas divergentes, tu orientaci贸n del deseo, tu identidad de g茅nero y cultura鈥.

Como profesional de lo social, califica de 鈥渁berraci贸n鈥 la gesti贸n de la PSS. 鈥淓se uso de mano de obra sin cualificar y gratuita por parte del estado o de macro ONG鈥. En el caso de su pareja, objetor de conciencia, quisieron enviarle a la planta de Psiquiatr铆a del Hospital Miguel Servet. 鈥淣o les importaba nada ni el sujeto que se incorpora, ni lo que podr铆a aportar a un espacio profesional tan delicado. Por su puesto, entreg贸 su negativa a incorporarse declar谩ndose insumiso a la mili y a la PSS, tal y como ten铆a previsto鈥.

JAVIER

El movimiento por la insumisi贸n en Arag贸n era tan diverso como las personas que lo formaban. Unos de los grupos m谩s activos era el Colectivo Antimilitarista Pro-Insumisi贸n (CAMPI Arag贸n). Al igual que Guillermo e Isabel, Javier Ortega estuvo implicado en este colectivo creado a principios de 1992 鈥渢ras diversos y tensos debates en el movimiento antimilitarista en los que no se reconoc铆a la estrategia de insumisi贸n total como una opci贸n m谩s de la lucha contra la militarizaci贸n en todas sus formas鈥, explica. As铆, 鈥渄iferentes grupos y personas en todo el Estado, decidimos ponernos a trabajar para crear nuevas v铆as en el enfrentamiento insumisos-estado y luchar en conjunto contra el militarismo de este sistema鈥. La apuesta por 鈥渓a insumisi贸n total, o insumisi贸n brutal como comenzamos a llamarla poco despu茅s, era una postura ideol贸gica de desobediencia y subversi贸n activa hacia la mili, la PSS, los juicios y el talego. Nos neg谩bamos a cumplir el servicio militar obligatorio, su prestaci贸n social sustitutoria, a presentarnos voluntariamente a sus juicios farsa y a cumplir en su caso con la orden de ingreso en prisi贸n鈥. En Arag贸n, el CAMPI, que tambi茅n particip贸 activamente en otras organizaciones como la Asamblea Ciudadana de Apoyo a la Insumisi贸n y la Asamblea de Insumisos, lo conformaron 鈥減rincipalmente insumisos con el soporte, apoyo, trabajo y cuidado de otras personas y colectivos como el feminista Ruda, el de Madres de Insumisos, el Ateneo Libertario, el Kolectivo Antimilitarista de Ejea (KAE) y diversos grupos de apoyo, bajo el amparo de la desaparecida Casa Okupada de la Paz鈥.

En ese curso escolar, 1991-1992, Javier ten铆a 19 a帽os. 鈥淪e organiz贸 una charla en nuestro instituto con gente del entonces Mili KK. Yo ya ten铆a claro que lo perder un a帽o de mi vida en el ej茅rcito no iba conmigo. Tras la charla, un grupo de j贸venes que acab谩bamos de entrar al instituto tomamos la determinaci贸n de que era el momento de poner el cuerpo en esta lucha y presionar con ello al Estado y su ej茅rcito en pro de alcanzar soluciones pol铆ticas鈥, recuerda. Entonces exist铆an algunos recovecos para retrasar o no hacer el servicio militar obligatorio. Uno eran las pr贸rrogas de estudios a las que te pod铆as acoger, otro alegar alguna cuesti贸n m茅dica o de salud, o que salieras excedente de cupo (durante varios a帽os al haber m谩s j贸venes que plazas para cumplir el SMO, se realizaba una especie de sorteo en el que quedaban fuera algunos cientos o miles de j贸venes).

Javier y sus compa帽eros optaron por no presentar la pr贸rroga de estudios que les correspond铆a. De este modo, entraron al sorteo de quintos que se celebr贸 poco despu茅s. 鈥淧od铆as proponer preferencia de destino donde hacer el servicio militar. En mi caso me daba igual pues ten铆a claro que no iba a hacerlo as铆 que no me acog铆 tampoco a 鈥榚se derecho鈥. Y del sorteo result贸 que ten铆a que incorporarse a filas en el a帽o 93 鈥渆n el acuartelamiento de Melilla, donde, por cierto, tuvo que hacer mi padre el servicio militar varios a帽os atr谩s鈥.

Ahora tocaba transmitir la decisi贸n de hacerse insumiso a su familia y amistades. 鈥淥bviamente son cuestiones en las que no pides su opini贸n pues, 驴qu茅 te puede responder tu familia y colegas si les consultas que te quieres hacer insumiso y que asumes el riesgo de un m谩s que probable ingreso en prisi贸n? No, estas cosas no se preguntan, s贸lo se anuncian para que lo sepan y tengan la informaci贸n una vez que has tomado la decisi贸n鈥. Javier revive el silencio de su padre, un silencio que ocultaba preocupaci贸n. El 鈥渂errinche鈥 de su madre y de c贸mo 茅sta, al ver que no ten铆a opciones de convencerle para que diera marcha atr谩s, 鈥渟e curraba certificados m茅dicos y lo que hiciera falta para que no tuviera que hacer la mili, pero sobre todo, para que no tuviera que hacerme insumiso鈥. Y 鈥渓a complicidad, no sin preocupaci贸n, de mis hermanas y amigos鈥. Pero tambi茅n 鈥渆l respeto y apoyo de todos y todas ellas una vez comenz贸 mi periplo particular. Un periplo que fue igual o muy similar al de otros cientos de j贸venes鈥.

A la izquierda, la carta que nos env铆aba el Ministerio de Defensa. A la derecha, la negativa insumisa con la que contest谩bamos / Archivo CAMPI Arag贸n

Unos d铆as antes de incorporarte a filas 鈥渢e llegaba una carta de bienvenida con la hora y d铆a en la que ten铆as que presentarte en el cuartel. Junto a 茅sta, te enviaban los billetes de tren, barco o autob煤s con los que desplazarte. Ah铆 comenzaba formalmente tu viaje de no retorno. Esa documentaci贸n que nos llegaba, la devolv铆amos al cuartel junto con nuestra negativa expresa firmada a cumplir el servicio militar e incorporarnos a filas explicando los porqu茅s de esa decisi贸n鈥.

A finales de 1992 comenzaron los juicios contra los insumisos de forma masiva en Zaragoza. 鈥淟os primeros juicios consiguieron en buena parte una repercusi贸n medi谩tica y movilizaciones importantes. Pero el costumbrismo llev贸, en buena medida, al desgaste y cansancio y los juicios pasaron por lo general a ser un tr谩mite para la lucha final, la c谩rcel鈥, se帽ala Javier. Esta perspectiva fue la que los llev贸 a acudir 鈥渁 varios talleres sobre la c谩rcel que se organizaban desde el movimiento. Sois bastante masocas -nos dec铆an algunos-, os est谩is preparando para entrar en el talego. En parte ten铆an raz贸n, pero aquellos talleres serv铆an para tomar conciencia y estar 鈥榤ejor preparados鈥 ante lo que nos pod铆amos encontrar鈥.

Al mismo tiempo que el CAMPI Arag贸n llevaba a cabo su estrategia, apoyaba la estrategia 鈥渕ayoritaria鈥 de presentaciones a juicio, entradas en prisi贸n y lucha dentro de las c谩rceles. 鈥淢uchas personas del colectivo nos comimos dobles condenas por decirlo de alg煤n modo, estuvimos varios meses e incluso a帽os en situaci贸n de rebeld铆a con 贸rdenes de b煤squeda y captura. Cuando muchos fuimos detenidos, nos comimos, adem谩s, los correspondientes a帽os de condena de c谩rcel o inhabilitaci贸n鈥, detalla Javier.

Al principio, contin煤a Javier, 鈥渘uestra visi贸n de la clandestinidad part铆a de salir de la ciudad ante la supuesta represi贸n del Estado y seguir 鈥榓ctivos鈥, con precauciones, all谩 donde estuvi茅ramos. Pero la represi贸n al movimiento antimilitarista en general y al aragon茅s en particular hizo que replante谩ramos la estrategia para hacerle frente con todas las fuerzas posibles鈥. Es entonces cuando, tras diversos debates entre insumisos en rebeld铆a, grupos de apoyo y CAMPI, decidieron apostar por 鈥渦na insumisi贸n total m谩s activa dentro de nuestras ciudades, regresando gran parte de los insumisos en rebeld铆a a Zaragoza y asumiendo en consecuencia mayores riesgos de detenci贸n鈥.

La de Zaragoza lleg贸 a ser la segunda c谩rcel con m谩s presos insumisos del Estado, solo por detr谩s de Iru帽ea. Esta situaci贸n 鈥渉izo que la lucha se centrara mucho en el tema antirrepresivo dejando la insumisi贸n relegada a un segundo plano. Y aunque todas 茅ramos conscientes de lo que esto supon铆a, era dif铆cil trabajar la insumisi贸n dejando de lado que, en el a帽o 96, m谩s de 150 insumisos aragoneses hab铆an sido juzgados, que m谩s de 50 hab铆an pasado por la c谩rcel, que m谩s de 25 personas hab铆amos pasado a situaci贸n de rebeld铆a, que m谩s de una docena de insumisos en rebeld铆a fuimos detenidos, los dos plantes en prisi贸n, las ocho regresiones de grado鈥︹.

EN REBELD脥A

Los a帽os de la insumisi贸n, desde 1989 a 2001, fueron a帽os de un alt铆simo grado de implicaci贸n y movilizaciones. As铆 los describe Isabel, que era parte del CAMPI Arag贸n a trav茅s del grupo de apoyo a su hermano Andr茅s -insumiso en busca y captura cuando muri贸 Kike Mur-, de Ruda y del movimiento internacional de mujeres pacifistas Mujeres de Negro. Pero, adem谩s de participar en la insumisi贸n acompa帽ando a 鈥渘uestros hermanos, parejas, amigos y dem谩s insumisos, 茅ramos activistas; participando en otros espacios y contribuyendo al debate feminista y antimilitarista, organizando charlas, promoviendo acciones, cooperando y haci茅ndonos eco de movimientos en otros territorios鈥. La organizaci贸n de los grupos de apoyo se tej铆a en torno a un insumiso, 鈥渟iendo su grupo de confianza, de cuidados y haciendo de enlace y suministrador de todo lo necesario para seguir con la lucha, estuviera donde estuviera, pendiente de juicio, en prisi贸n o en rebeld铆a -busca y captura-鈥.

Isabel recuerda como 鈥渆xcepcional鈥 la relaci贸n con las madres de insumisos m谩s activas. Un colectivo en el que llegaron a participar hasta 85 mujeres, y que fue fundamental. Las madres llegaron a abrir muchas manifestaciones que terminaban en la puerta de la prisi贸n. Ellas, en primera fila. 鈥淗ab铆a un gran reconocimiento por nuestra parte hacia su valor. Para muchas de nosotras eran aut茅nticos referentes鈥. Aunque 鈥渢ambi茅n tuvimos que reforzar a otras madres y padres, como en mi caso, personas que aun cuando simpatizaran con las ideas de sus hijos insumisos, hab铆an crecido en la represi贸n franquista, en pueblos con climas caciquiles, desideologizados, buscando la vida apacible del buen trabajador. Y de repente sus hijos, aquellos a los que hab铆an tratado de ense帽arles el 鈥榯煤 no te signifiques鈥 para su supervivencia y progresi贸n social, pon铆an todo patas arriba por la defensa de sus ideas, por ir contra un sistema injusto, enfrent谩ndose a la persecuci贸n, la prisi贸n y la inhabilitaci贸n profesional鈥.

Cuando Javier se declar贸 insumiso los tribunales militares 鈥測a se hab铆an 鈥榪uitado el marr贸n鈥 de hacer juicios a los insumisos pasando nuestros casos a la jurisdicci贸n civil鈥. Dos a帽os despu茅s, en 1995, le lleg贸 la citaci贸n con una solicitud de pena del fiscal que iba de los seis a帽os a la famosa dos a帽os, cuatro meses y un d铆a de prisi贸n. El d铆a en el que ten铆a que celebrarse su juicio Javier no acudi贸 declar谩ndose en rebeld铆a. Para hacer m谩s visible la denuncia, celebraron a la misma hora un 鈥渃oncierto-fiesta-teatro-sangr铆ada popular鈥 con KBKS -la banda en la que toca la guitarra, y ahora, adem谩s, pone la voz- en una placita del barrio de la Madalena. 鈥淎l aire libre, sin pedir permisos, a cara descubierta鈥︹, relata. El juez decret贸 orden de busca y captura internacional contra 茅l.

Los “G眉ella negra”, boletines antimilitaristas del CAMPI, junto a otros dossieres de la 茅poca / Archivo CAMPI Arag贸n

Los a帽os en rebeld铆a tampoco fueron f谩ciles para nadie. 鈥淩ecuerdo mis casi cuatro a帽os en esta situaci贸n con orden de b煤squeda y captura. No pod铆a acudir a ver a mi familia en fechas se帽aladas como navidad, cumplea帽os, etc. Si quer铆a verlos, ten铆a que entrar y salir por los garajes o la escalera de incendios del edificio con la complicidad de algunas vecinas鈥.

Un d铆a fue a comer a casa de su madre pues sab铆a que 鈥渁ndaba floja de 谩nimo鈥. 鈥淭ras superar el periplo para acceder a su casa nos pusimos a comer. Al rato son贸 el timbre de la puerta de arriba. Mi madre empez贸 a temblar, le agarr茅 de la mano y le dije: Tranquila, como hemos hablado otras veces, di que no sabes d贸nde estoy y no les dejes entrar en casa. Una pareja de la secreta estaba al otro lado de la puerta. Mi madre desde la puerta, y sin dejarles entrar, les tuvo que decir que no sab铆a nada de m铆, que no sab铆a nada de su hijo鈥. 隆Qu茅 jodido debe ser decir eso para una madre, aunque sea para protegerte! Recuerdo que los polic铆as aprovecharon la ocasi贸n para intentar humillarla: 驴Pero qu茅 clase de madre es usted que no sabe nada de su hijo? Yo o铆a la conversaci贸n desde el ba帽o con la puerta entreabierta. Ya no pod铆a m谩s y pens茅, se me van a llevar detenido pero por saltar encima de ellos. De repente, o铆 a mi madre que les dec铆a: M谩s verg眉enza les tiene que dar a ustedes y a sus hijos perseguir a chavales que no han hecho nada. Y les cerr贸 la puerta en sus narices. Se fueron, y nosotras nos dimos un abrazo de los que son dif铆ciles de olvidar鈥.

Otro d铆a, Javier volv铆a a Zaragoza desde el pueblo con su padre. 鈥淗ab铆a ido a echarle una mano en el campo. 脡l conduc铆a y yo iba de copiloto para minimizar los riesgos ante posibles controles. De repente, al dar una curva topamos con un control de la Guardia Civil. A mi padre le temblaba todo. Recuerdo cogerle la pierna y decirle: Tranquilo, no pasa nada, es un control de carretera. No estaba acostumbrado a lidiar con estas situaciones. Baj贸 la ventanilla. Con la voz entrecortada les cont贸 que volv铆amos a Zaragoza desde el pueblo. El agente le dijo: Parece usted muy nervioso. Mi padre contest贸: Joder est谩n aqu铆 seis agentes con metralletas en las manos, 驴c贸mo quieren que est茅? Afortunadamente, s贸lo le pidieron la documentaci贸n a mi padre y nos dejaron marchar. El resto del viaje lo pas贸 en silencio, sin decir nada. La pierna le segu铆a temblando y sus ojos mojados delataban una mezcla de miedo y de rabia contenida鈥.

鈥淟a familia, colegas y compas de curro tuvieron que acostumbrarse a preguntar siempre 驴qui茅n es? antes de abrir una puerta, a mirar por la mirilla, a observar a los coches parados que resultaban sospechosos, a estar constantemente en alerta. C贸mo se lo curraron todos los y las compas de la cooperativa de la que formaba parte, conmigo y con los cinco o seis currantes que est谩bamos en la misma situaci贸n de rebeld铆a. C贸mo se lo curraban los bares y algunos establecimientos del Gancho cuando iban las secretas con fotograf铆as nuestras a preguntar si nos hab铆an visto por el barrio y 茅stos les respond铆an que si no ten铆an otra cosa mejor que hacer. C贸mo mi pareja ten铆a que soportar estas situaciones y mi tozudez鈥︹, recuerda con emoci贸n.

En 1999, tras casi cuatro a帽os en esta situaci贸n, le detuvieron al salir del trabajo en un control rutinario. 鈥淢e llevaron a Jefatura, y a los pocos minutos ya estaba mi madre all铆 junto con mi abogado, Fernando Burillo y docenas de personas y amigos en la puerta pidiendo mi libertad鈥. Tras pasar la noche encerrado le trasladaron ante el juez y 茅ste le puso en libertad con una nueva fecha de juicio para quince d铆as despu茅s. 鈥淩ecuerdo que cuando sal铆a del juzgado me pregunt贸 el juez: 驴Vas a venir esta vez al juicio o tendremos que traerte a la fuerza? Yo le dije: Usted haga su trabajo y siga sus normas que yo har茅 lo que tenga que hacer y dicte mi conciencia鈥 Y mi conciencia me dijo que no fuera a ese nuevo juicio-farsa. Y as铆 lo hice, s贸lo que esta vez, y como hac铆a unos a帽os que hab铆an vuelto a modificar la ley cambiando las condenas de c谩rcel por inhabilitaci贸n, se nos pod铆a juzgar sin nuestra presencia y condenar. El juicio se celebr贸 sin mi presencia y fui condenado a no s茅 cu谩ntos a帽os de inhabilitaci贸n. No fui nunca a recoger la sentencia鈥.

LO NUESTRO ES LA MEMORIA

En el verano de 2001, se cerr贸 la antigua c谩rcel de Torrero. Y con ella su oscuridad qued贸 como un triste recuerdo del pasado. El 31 de diciembre de ese mismo a帽o se pon铆a punto final al servicio militar obligatorio. Cinco meses despu茅s de la despenalizaci贸n del delito salieron los 煤ltimos insumisos presos de prisi贸n. En la calle, los juicios continuaron hasta mediados de a帽o. Pero ni los tribunales -civiles o militares-, ni la c谩rcel -1.670 j贸venes pasaron por prisi贸n-, ni las inhabilitaciones -miles-, pudieron frenar la insumisi贸n.

Pasado un tiempo, en 2005 la prisi贸n fue derribada casi en su totalidad. En octubre de 2010, la Asamblea de Okupas de Zaragoza transform贸 el edificio que se manten铆a en pie en un espacio liberado y autogestionado, un espacio que ahora ilumina el barrio. Sin barrotes, sin cerrojos, sin candados. Una plaza de libertad que perdura hasta hoy, bajo la amenaza del Gobierno municipal de las tres derechas (PP, Ciudadanos y Vox) que, como a tantos otros proyectos autogestionados, lo tiene en su punto de mira.

Aqu铆, en el Centro Social Okupado que lleva su nombre, se celebr贸 el pasado 2 de septiembre el homenaje a Kike Mur Zubillaga. El d铆a en el que se cumplieron 25 a帽os de su muerte, a煤n hoy con un nudo en la garganta, nos reencontramos el Arag贸n insumiso en una emotiva jornada en la que reflexionamos sobre el pasado, el presente y el futuro. Una conversaci贸n en la que qued贸 claro que, a pesar de todo el da帽o sufrido, a pesar de las cicatrices, la desobediencia civil funciona, que 鈥渉icimos lo que sab铆amos hacer鈥. Que 鈥渓a insumisi贸n fue la apertura a la militancia en otros colectivos, una red con otros movimientos鈥. Que todo aquello, fue 鈥渦na lucha de esperanza y enriquecedora鈥, donde 鈥渓a imaginaci贸n y el sentido del humor se mezclaban con la reivindicaci贸n pol铆tica鈥. Hubo poes铆a, micro abierto y un cenador musical. Se estren贸 una elaborada exposici贸n con material hist贸rico del movimiento insumiso, se proyect贸 el documental 鈥淒esobedientes. La insumisi贸n presa鈥, se puso en valor la lucha antimilitarista actual, y un nuevo mural qued贸 pintado en las paredes exteriores del CSO.

En palabras de Fernando Gimeno, Fer, insumiso del CAMPI y, como Guillermo, testigo directo de la muerte de Kike Mur, a las que en el acto puso voz una compa帽era de la Asamblea del CSO: 鈥淓n todo este tiempo, el recuerdo de Kike no se ha desvanecido sino que ha permanecido en nosotras y nosotros. Y, adem谩s, ha tomado forma de contornos abiertos y aristas vivas en los ladrillos y pasillos de esa maldita c谩rcel, deconstruida y reedificada hoy sobre los valores de la solidaridad, la desobediencia, la creatividad y la libertad. El tiempo es fugaz y escurridizo y unas veces se nos va de las manos, y otras muchas nos rodea silencioso con los brazos del olvido. Por eso nosotras no hablamos de recordar, sino de no olvidar. Lo nuestro no es la nostalgia, lo nuestro es la memoria鈥.

鈥淔ue un pulso y una larga lucha de 15 a帽os que no se reduc铆a a la desaparici贸n de la mili y su suced谩neo social, la PSS, sino que buscaba una transformaci贸n del mundo desde una postura antimilitarista, antiautoritaria, feminista y antirracista. No olvidar que fue una peque帽a gran victoria, que no quer铆amos mili porque no quer铆amos obedecer, ni quer铆amos participar del engranaje militar de un ej茅rcito dedicado a proteger y mantener intactos un sistema econ贸mico, un r茅gimen pol铆tico, una 鈥榥aci贸n鈥 y una sociedad de los que algunas personas nos sent铆amos tan distanciadas y de los que no quer铆amos formar parte鈥, a帽ade Fer.

En su art铆culo en Zaragoza Rebelde, Guillermo escribi贸: 鈥淓l sistema que nos encarcel贸 durante una d茅cada fue incapaz de ayudar a Kike ni antes ni despu茅s de su muerte鈥. Una frase que 鈥渟e explica por s铆 sola鈥, sostiene hoy. 鈥淯na de las consignas del movimiento de insumisi贸n era denunciar las condiciones de las c谩rceles. Conscientes de que por motivos pol铆ticos pod铆amos ser encarcelados y sabedores de que ten铆amos cierta repercusi贸n social, deb铆amos convertirnos en altavoces de lo que estaba ocurriendo dentro, destapar las miserias del sistema penitenciario, mejorar las condiciones de las presas y los presos y agitar el debate sobre el modelo carcelario鈥. Un trabajo que en Arag贸n han venido desarrollando colectivos como ASAPA o CAMPA. Sin embargo, 鈥渆l propio sistema se esfuerza en mostrarse incapaz de asumir su responsabilidad y apuesta por seguir con un modelo penitenciario sancionador que oculte la realidad de presos y presas lejos del resto de la sociedad鈥, critica.

MATARIFES

Lo nuestro es el nosotros y nosotras, lo nuestro son los sue帽os, lo nuestro es el espacio solidario de un tiempo infinito. Porque nuestra lucha no es del hoy, ni del ahora, nuestra lucha es tambi茅n del ma帽ana, del despu茅s del hoy cuando ellos sean un triste recuerdo. Pero nunca solas. Siempre de a dos o tres. O mucho m谩s que una sola.

Estos versos de Sergio Schoklender fueron recitados por Fer, cuya voz atraves贸 los muros de la prisi贸n de Torrero para quedar grabada en la introducci贸n al conocido tema 鈥淢atarifes鈥, incluida en el tercer disco de El Coraz贸n del Sapo, todo un himno anticarcelario. Fer, vocalista de la banda, estaba entonces en segundo grado. Su mensaje qued贸 recogido 鈥渁 trav茅s de una llamada desde el tel茅fono p煤blico que hab铆a en el centro penitenciario y ante la presencia del funcionario de turno. A ese tel茅fono se pod铆a acceder a trav茅s de una instancia presentada con anterioridad. La llamada la realiz贸 a un contestador autom谩tico, ya que no hab铆a otra forma de hacer la grabaci贸n pues desconoc铆amos cu谩ndo pod铆an permitirle acceder al tel茅fono. Si se presta atenci贸n se escucha el chirrido de las grandes puertas autom谩ticas que llevaban a las diferentes galer铆as. No s茅 si existen otras grabaciones del interior de la c谩rcel, pero considero que sin duda es algo de gran relevancia hist贸rica鈥, explica Guillermo, que tambi茅n es el guitarrista de los Sapos.

La entrada de Fer y Guillermo en la c谩rcel en julio de 1997 fue en un momento en el que El Coraz贸n del Sapo estaba haciendo muchos conciertos. 鈥淔er y yo est谩bamos en busca y captura desde 1994 con una condena en firme de un a帽o de prisi贸n y ambos nos hab铆amos negado a la remisi贸n condicional que nos habr铆a evitado cumplir esa pena. Manten铆amos un pacto en el que, si uno era detenido, el otro forzar铆a su detenci贸n. Y precisamente fue, tras un concierto y al ir a devolver la furgoneta que hab铆amos alquilado, cuando Fer fue detenido por la polic铆a y una semana despu茅s yo ingres茅 en el talego鈥. Esto frustr贸 por un tiempo la marcha de los Sapos pero no los planes que ten铆an de grabar otro disco. 鈥淐uando pasamos a r茅gimen abierto y retomamos los ensayos fuimos cerrando las canciones que ten铆amos en marcha y fueron varias las letras que tomaron forma definitiva durante las noches que regres谩bamos a la celda del pabell贸n. Fer plasm贸 en la letra de 鈥楳atarifes鈥 unos sentimientos salidos directamente de las entra帽as鈥, contin煤a Guillermo. Ese disco, 鈥楩uego al cielo de los cuervos鈥, lo grabaron mientras estaban en r茅gimen abierto, regresando todas las noches a dormir al talego.

Y lleg贸 el d铆a de la venganza. 23 de abril de 2017. En el mismo lugar 鈥渄onde dejaron morir a Kike鈥 presenciamos la vuelta a los escenarios de El Coraz贸n del Sapo, tras 17 a帽os de par贸n, en una acci贸n para reivindicar las luchas y sue帽os de la insumisi贸n. Un acto de justicia po茅tica. 鈥淎h铆 se juntaron muchos sentimientos despu茅s de tantos a帽os y fue un verdadero placer poder participar de algo tan especial como lo que vivimos ese d铆a en un espacio que, eso s铆, ya se hab铆a liberado del tufo a dolor y muerte de la c谩rcel鈥, asegura Guillermo. 鈥淣unca pens茅 que desear铆a tanto volver a un lugar del que dese茅 tant铆simo escapar鈥, reconoci贸 Fer hace cinco a帽os.

SEGUIMOS EN LA INSUMISI脫N

Ha pasado un cuarto de siglo desde la muerte de Kike. Se dice pronto. 20 a帽os desde el final de la mili. Pero una idea sigue intacta en el Arag贸n insumiso: No olvidar. El precio fue muy alto, demasiado alto. Pero Guillermo lo tiene claro. Volver铆a a hacer lo mismo 鈥渟in dudarlo鈥. 鈥淟as decisiones que fui tomando esos a帽os eran reflexionadas y seguras y eso me hace pensar que har铆a lo mismo. Con la perspectiva del tiempo quiz谩 tome m谩s sensibilidad en las repercusiones que entonces se pod铆an producir en el 谩mbito particular y familiar, que siempre me apoy贸, pero sin duda estoy orgulloso de haber participado de este hist贸rico movimiento colectivo鈥.

Javier reconoce que la muerte de su compa帽ero en prisi贸n fue 鈥渦n gran palo鈥. 鈥淐omo ha dicho Guillermo, nuestro colectivo y el movimiento en general comenz谩bamos a mostrar s铆ntomas de agotamiento. La pr谩ctica totalidad de los miembros del CAMPI estaban o hab铆an estado en prisi贸n o est谩bamos en busca y captura. Dos de los insumisos que pasaron esas horas tr谩gicas con 茅l pertenec铆an al CAMPI (Guillermo y Fernando). Se apost贸 por la denuncia p煤blica con las fuerzas que nos quedaban y por la judicializaci贸n a los matarifes -mal llamados funcionarios- de la c谩rcel de Torrero que le dejaron morir sin hacer absolutamente nada para evitarlo. Pero lo que llaman justicia es solo un sistema que protege y ampara a los de arriba. Nadie pag贸 por ello. Todas las causas se archivaron sin m谩s鈥.

鈥淣o podemos olvidar que Kike muri贸 al otro lado de esos, hasta ayer, oscuros muros鈥, remarca Fer. 鈥淣o olvidar -contin煤a- que en febrero de ese mismo a帽o otro compa帽ero insumiso Unai Salanueva Beldarrain de la Txantrea mor铆a cuando deb铆a regresar a la prisi贸n de Iru帽ea. No olvidar porqu茅 estaban presos. No olvidar que ambos fueron encarcelados por sus ideas, por su manera de pensar, por su forma de ser o quiz谩s por su forma de no querer ser. Ambos entraron vivos en prisi贸n, y la prisi贸n y el sistema de valores sobre los que esta eleva sus vallas y alambres nos los devolvi贸 muertos鈥.

鈥淜ike ha seguido y sigue presente en nuestra memoria鈥, concluye Javier para recuperar las palabras de 鈥渦n compa帽ero insumiso en el acto que se organiz贸 en el 25 aniversario de su muerte: Si alguna vez tengo que entrar de nuevo en prisi贸n, entrar茅 sonriendo y pensar茅 que en unos a帽os este centro de exterminio ya no ser谩 una c谩rcel, ser谩 un Centro Social Okupado que llevar谩 nuestros nombres鈥.

Mirando hacia el futuro, y en un clima actual de conflicto b茅lico, Isabel recuerda que entre los objetivos del antimilitarismo 鈥渘o s贸lo est谩 el no participar en el ej茅rcito sino tambi茅n su disoluci贸n, analizar el modelo de relaci贸n, comunicaci贸n y cooperaci贸n entre los pa铆ses. Reivindicar la desescalada armament铆stica, conscientes de lo que la militarizaci贸n implica a nivel social y medio ambiental y el impacto que el mantenimiento, almacenaje de armas y las guerras tienen a corto, medio y largo plazo en las sociedades. Sacando a la luz los intereses que las promueven, alejados en la mayor铆a de los casos del inter茅s general de los pueblos鈥. Y destaca que 鈥渆s el miedo el que justifica, sin embargo las guerras se olvidan en cuatro d铆as en los pa铆ses lejanos que las promueven, mientras las heridas permanecen d茅cadas o siglos, siendo el germen de otros conflictos鈥. Por eso, el mensaje del reciente homenaje a Kike Mur cobra tanto valor hoy: 鈥淩ecordar para seguir luchando鈥.


Art铆culo escrito por un insumiso a la mili y la PSS.




Fuente: Arainfo.org