December 22, 2021
De parte de CNT
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El pasado s谩bado 18 de diciembre a las 19:30h, tuvo lugar una conferencia sobre la Columna de Hierro. Este acto fue organizado conjuntamente por el Ateneu Popular Sa Boada y el sindicato CNT de Pineda de Mar.

Al principio del acto se proyectaron el video sobre la filmaci贸n del himno confederal de : A las barricadas  realizado en el Centenario de la CNT, y un video realizado con im谩genes de carteles de la guerra civil y la revoluci贸n social espa帽ola.

A continuaci贸n la compa帽era Aurora present贸 al maestro y escritor Miquel Amor贸s, que dio comienzo a su conferencia.

LA ACTUAL IMPORTANCIA DE LA COLUMNA DE HIERRO EN LA REVOLUCI脫N ESPA脩OLA

La reforma pactada del franquismo que dio lugar al r茅gimen actual, calificado de 鈥渄emocracia鈥 por sus administradores, se asent贸 sobre el olvido m谩s absoluto no solo del genocidio que sigui贸 a la victoria franquista en guerra, sino tambi茅n de la contrarrevoluci贸n republicana que la facilit贸. En consecuencia, la historia reciente qued贸 escamoteada por un pacto de silencio entre los herederos de la Dictadura y los de la Rep煤blica. Entre los hijos de los asesinos de Lorca y los v谩stagos de los que mataron a Nin. La amnesia sirvi贸 para legitimar el nuevo r茅gimen h铆brido alumbrado en el 77, por lo cual, el restablecimiento ver铆dico de la memoria deber铆a conducir inexorablemente a su deslegitimaci贸n. No obstante, ninguna ley de la 鈥渕emoria hist贸rica鈥 puede integrar el pasado revolucionario en el orden establecido posfranquista, ni reconciliar la barbarie pasada con el presente desmemoriado.

La guerra civil espa帽ola fue sobre todo una revoluci贸n fallida que se dio en un contexto internacional marcado por una formidable crisis econ贸mica y el ascenso de los totalitarismos. Se libr贸 en dos frentes y esa es la caracter铆stica que a toda costa se quiere ocultar o desvirtuar: en la vanguardia, contra los fascistas, y en la retaguardia, contra la revoluci贸n. En julio de 1936 la clase obrera se vio obligada a salir a la calle en muchas ciudades y pueblos espa帽oles casi sin armas para enfrentarse al fascismo. El Estado espa帽ol, somnoliento, se desmoron贸 de la noche a la ma帽ana. Cuando esto ocurri贸, el proletariado trat贸 de realizar los cambios sociales que ven铆a reivindicando desde hac铆a mucho tiempo. En efecto, el alzamiento clerical-militar desencaden贸 una revoluci贸n, espont谩nea, la m谩s profunda habida jam谩s, y su primera concreci贸n defensiva fueron las columnas milicianas. En los primeros d铆as, la iniciativa corri贸 a cargo de los obreros y campesinos de todas las tendencias, que asaltaron los cuarteles, expropiaron terrenos y edificios, ocuparon f谩bricas y tierras de labranza con la intenci贸n de colectivizarlas, se encargaron del orden p煤blico y organizaron milicias. La Columna de Hierro, formada por militantes valencianos de la CNT-FAI con el objetivo de liberar Teruel, fue la unidad armada que, all谩 por donde pas贸, mejor impuso los ideales de igualdad, libertad y justicia social, fundamentos de la futura sociedad por construir sobre las pilastras de la raz贸n y el trabajo. Pero a medida que el entusiasmo revolucionario prend铆a en el frente, se iba enfriando en la retaguardia valenciana. Veamos por qu茅.

La rapidez y extensi贸n del proceso revolucionario aterroriz贸 a las clases dirigentes del lado republicano, que aunque no fueran partidarias del fascismo, lo eran menos de la revoluci贸n. Todos coincid铆an en que la 煤nica manera de detener tal proceso era reconstruyendo el Estado, pero para eso era necesaria la colaboraci贸n de la CNT, cosa que se obtuvo con relativa facilidad mediante la incorporaci贸n de la organizaci贸n proletaria hegem贸nica al gobierno republicano. Luego ser铆a cuesti贸n de acabar progresivamente con cualquier forma de autonom铆a, disolviendo los comit茅s, recuperando el orden p煤blico, restableciendo la propiedad privada y la justicia burguesa, y finalmente, creando un ej茅rcito bajo control partiendo de las mism铆simas milicias. Neutralizar, desarmar y someter al proletariado para desmontar su revoluci贸n y volver a la situaci贸n anterior al 19 de julio. Entre tanto, la ofensiva facciosa contra Madrid oblig贸 a trasladar a Valencia la c煤pula del operativo estatalista. Por consiguiente, las primeras escaramuzas de la contrarrevoluci贸n tuvieron lugar en la ciudad del Turia.

Valencia era diferente de Catalu帽a, Castilla o Arag贸n. En la Regional  de Levante pesaba mucho m谩s el sector moderado 鈥渢reintista鈥, declaradamente reformista y acomodaticio, y era notoria su relaci贸n con la masoner铆a y la pol铆tica convencional. El sector revolucionario era minoritario y se apoyaba en unos pocos sindicatos, en bastantes federaciones locales de pueblos campesinos y en un pu帽ado de j贸venes animosos distribuidos por grupos y ateneos. Mientras que los libertarios revolucionarios cre铆an que la Rep煤blica era incapaz de solucionar ning煤n asunto y pugnaban por la liberaci贸n de los presos y la insurrecci贸n, la CNT oficial propon铆a un avance dentro de la ley negociado gracias a la unidad con la UGT y a la no beligerancia con los partidos.

Rompiendo una lanza en favor de la din谩mica bakuniniana entre minor铆a agitadora y masas protagonistas, fue el grupo 鈥淣osotros鈥, de solo ocho personas, quien desempe帽贸 mejor la tarea de catalizador revolucionario, primero, en el comit茅 de defensa de la CNT improvisado el 19 de julio para el bloqueo de los cuarteles; despu茅s, en la liberaci贸n de los presos de San Miguel y en la formaci贸n de la columna de los cuadros de defensa, posteriormente llamada de Hierro. Asimismo, su papel fue determinante en la reorganizaci贸n de la FAI regional y la aparici贸n de su 贸rgano de expresi贸n, el diario vespertino 鈥淣osotros鈥. No se puede comprender la labor subversiva de la Columna, ni su impacto transformador en la retaguardia, sin la actividad impulsora y creativa del grupo.

Ambas tendencias -la reformista y la revolucionaria- marcharon juntas al comienzo de la guerra a la sombra del Comit茅 Ejecutivo Popular, 贸rgano regional de gobierno interclasista, la una en las instituciones y la otra en las trincheras, pero al quedar el frente desabastecido y paralizado, las dos empezaron a distanciarse. Cuando un pu帽ado de milicianos de la Columna de Hierro visit贸 la capital, se escandaliz贸 al contemplar la vida alegre de los cabarets, las tiendas de lujo y los bancos. Encima, el sistema judicial y punitivo permanec铆a intacto, como si nada hubiese pasado, mientras las fuerzas del orden exhib铆an las armas de las que el frente carec铆a. Las sucesivas bajadas de milicianos ignorando el estatus convenido entre todas las fuerzas pol铆ticas y sindicales, crearon un problema a la direcci贸n confederal, respetuosa con la legalidad republicana. Esta se avino a la formaci贸n de la Guardia Popular Antifascista y el mantenimiento de la Guardia Civil (rebautizada como Guardia Nacional), primer intento de desarme de la retaguardia, y cerr贸 los ojos ante la masacre de la Plaza Roja, castigo militar a la osad铆a de la Columna de Hierro, la vanguardia de una revoluci贸n indeseable para el estatismo burgu茅s y su mayor adalid, el Partido Comunista. 驴la resistencia del anarquismo revolucionario iba a desatar una guerra dentro de la guerra?  

Apenas conjurado el peligro de una confrontaci贸n armada en la retaguardia, la presencia en el gobierno Largo Caballero de cuatro ministros cenetistas cubri贸 el traslado de la capitalidad de Madrid a Valencia. La oposici贸n de los anarquistas valencianos fue total y los delegados de la Columna impusieron su criterio antimilitarizador en los plenos. Sin embargo, la vida fr铆vola alentada por los funcionarios madrile帽os y los par谩sitos huidos de la capital asediada volvi贸 a discurrir por sus cauces habituales. En la base, el poder dio un vuelco. Contando con la pasividad de la CNT, los gobernadores civiles desplazaron al CEP y a la 鈥済uapa鈥, GPA, a la vez que los ayuntamientos oficiales lo hac铆an con los comit茅s antifascistas y sus patrullas. Las Columnas sufrieron fuertes presiones para militarizarse. La organizaci贸n confederal y espec铆fica se declar贸 partidaria de priorizar la guerra sobre  la revoluci贸n. Las colectividades y las f谩bricas socializadas quedaron expuestas, a merced de la fuerza p煤blica. Fatalmente, la t谩ctica del cruzarse de brazos y remitirlo todo a los jueces, denominada 鈥渃ircunstancialismo鈥, se convirti贸 en el catecismo de todo militante de la Confederaci贸n. Entonces, la guardia de asalto fue lanzada contra las conquistas proletarias y campesinas. Los intentos liquidadores del orden revolucionario provocaron levantamientos en Vinalesa, Gand铆a y muchas otras poblaciones, que fueron duramente reprimidos. Las prisiones se poblaron de anarquistas. La presi贸n militarizadora se hizo insoportable. En vano se celebr贸 un pleno de columnas al margen de los Sindicatos. La Columna de Hierro, aislada en sus propios medios y amenazada por todos los flancos, tuvo que inmolar sus principios, aceptar la militarizaci贸n y convertirse en brigada de un Ej茅rcito Popular en manos del Estado y sus consejeros sovi茅ticos.

Se impidi贸 a toda costa que las columnas libertarias del frente de Teruel formaran una divisi贸n con mandos propios, tal como hab铆a sucedido en el frente aragon茅s. Fueron integradas en divisiones separadas y aun en brigadas separadas, con mandos hostiles, para ser usadas como carne de ca帽贸n en las fracasadas ofensivas republicanas. La batalla de Albarrac铆n signific贸 el fin de la Columna de Hierro. La 83 Brigada Mixta, su sucesora, mal preparada y peor pertrechada, sin protecci贸n de ninguna clase, fue espantosamente diezmada. Las protestas, destituciones y castigos disciplinarios que siguieron la redujeron poco m谩s que al nombre. Durante verano de 1937 florecieron en la retaguardia destacamentos de guardias, tribunales especiales, servicios policiales y centros de detenci贸n secretos que permitieron una aut茅ntica cacer铆a del antifascista revolucionario. Se hab铆a consumado el sacrificio de la revoluci贸n social en pro de una unidad ficticia 芦para la victoria禄 sin m谩s aglutinante que la represi贸n, con la cual irremisiblemente se perdi贸 la guerra.

Cuando un gran movimiento radical como el que encabez贸 la CNT-FAI hace mal uso de su poder, pierde la capacidad de influir en los acontecimientos posteriores. Dec铆a Saint-Just que quien hace una revoluci贸n a medias cava su propia tumba. As铆 son las cosas. El glorioso pasado libertario es ahora patrimonio de los que se quieren rescatar y actualizar el potencial subversivo de una revoluci贸n dolorosamente vencida.. Convertirlo en objeto de culto como se trata de hacer a menudo equivaldr铆a a matarlo dos veces. Se trata de algo m谩s sencillo: adecuar la experiencia emancipadora de la revoluci贸n perdida a las nuevas exigencias intelectuales y materiales de la lucha contempor谩nea por la liberaci贸n de los oprimidos. Y ello pasa por el conocimiento ver铆dico de dicha revoluci贸n.

Miquel Amor贸s
Comunicaci贸n  CNT de Pineda de Ma
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Fuente: Cnt.es