June 22, 2021
De parte de SAS Madrid
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Las urgencias psiqui谩tricas en menores se han disparado desde el inicio de la pandemia. La depresi贸n y los intentos de suicidio se intensifican entre unos j贸venes cada vez m谩s desarmados frente a la frustraci贸n y la incertidumbre.

Javier tiene 16 a帽os, buenos amigos, vive en una familia arm贸nica formada por sus padres, F茅lix y Ana, y dos hermanos, uno de 20 a帽os y otro de 10. En su bonita casa con jard铆n, situada en un pueblo de la sierra madrile帽a, todo transcurre diferente desde que las pasadas Navidades Javier comenz贸 a darse cuenta de que ten铆a “sensaciones muy raras”. “No quer铆a seguir”, explica, “no ve铆a m谩s all谩 y yo iba pensando en quitarme la vida”. No hay drama en su discurso, solo reflexiones profundas, silencios entre frases que parecen dedicados a poner orden en sus pensamientos, y una mirada viva y al mismo tiempo profundamente triste. La ansiedad no le deja vivir ni ver que lo que ahora siente puede no durar eternamente. Sabe que su situaci贸n no es 煤nica, que les ocurre a muchos otros j贸venes. Demasiados y en continuo aumento desde que la pandemia “hizo explotar todo”, como explican los psiquiatras. Pero no encuentra en las cifras ning煤n consuelo. Sin estridencias, argumenta: “Nunca tengo la cabeza calmada. Para m铆 el suicidio es una soluci贸n”.

No existen datos globales actualizados sobre el aumento de los problemas en la salud mental de los j贸venes porque, como reconoce una fuente del Ministerio de Sanidad, llevan “a帽o y medio desbordados por la covid-19 y las estad铆sticas llegan siempre muy a posteriori”. Pero los m茅dicos que asisten en urgencias hablan de “explosi贸n”, de “preocupaci贸n”, y de c贸mo en algunas comunidades aut贸nomas se han tenido que adelantar todos los planes previstos para aumentar las camas hospitalarias de psiquiatr铆a infantil y juvenil con el objetivo de hacer frente a un problema al que tampoco ayuda el silencio, el miedo y la verg眉enza que todav铆a provoca reconocer que se sufre un trastorno relacionado con la salud mental.

Javier Quintero, jefe del servicio de Psiquiatr铆a del Hospital Infanta Leonor de la Comunidad de Madrid, explica que ya hab铆a un panorama preocupante pero que “la pandemia lo ha reventado todo”. “En mi hospital pod铆amos ver dos casos graves de adolescentes a la semana y ahora llegan tres o cuatro cada d铆a. Esa es la escala”, asegura. Una afirmaci贸n que corrobora un reciente informe de la Asociaci贸n Espa帽ola de Pediatr铆a, que refleja que las urgencias psiqui谩tricas en menores desde el inicio de la pandemia se han incrementado un 50%. El Gobierno no es ajeno al problema y la ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra, avanz贸 el 10 de junio que durante 2021 se elaborar谩 el plan Escuchar y acompa帽ar, que analizar谩 en profundidad cu谩l es la realidad de la salud mental de los ni帽os y j贸venes espa帽oles. Aunque en el mismo acto en el que habl贸 de este proyecto, reconoci贸 que “se est谩n produciendo situaciones en las que los ni帽os y j贸venes espa帽oles no est谩n recibiendo el apoyo necesario para poder salir adelante ante situaciones dif铆ciles”.

Un informe publicado a principios de junio por la Organizaci贸n para la Cooperaci贸n y el Desarrollo Econ贸mico (OCDE) tambi茅n advirti贸 a sus pa铆ses miembros sobre la urgencia de dedicar m谩s medios econ贸micos y humanos a la salud mental. El estudio recordaba que antes de que el problema se disparara, los costes individuales y sociales causados por estas patolog铆as ascend铆an a un 4,2% del producto interior bruto (PIB) 鈥昳ncluyen gastos directos para el tratamiento de las patolog铆as mentales, el impacto por la reducci贸n de la tasa de empleo y la ca铆da de la productividad鈥, por lo que consideraban una necesidad buscar remedios m谩s eficaces para mejorar la situaci贸n.

Para Javier, estudiante de 2潞 de bachillerato que va un curso adelantado a su edad por tener un coeficiente intelectual por encima de la media, todo se detuvo cuando comenzaron las crisis de ansiedad. “La siento constantemente, pero me sigue sorprendiendo porque me han dado picos con ataques muy fuertes en los que suelo perder el conocimiento. Durante ellos, por lo que me cuentan mis padres, puedo estar durante dos horas convulsionando, me intento autolesionar, me pego pu帽etazos, me intento morder… Luego no me acuerdo de nada y solo me duele todo el cuerpo. Ahora tambi茅n han aparecido las migra帽as que me producen ansiedad que a su vez provoca las migra帽as, es como un c铆rculo vicioso”. F茅lix, su padre, cuenta que en enero se lo encontr贸 en el ba帽o con un bote de lej铆a y que les dijo que hab铆a mirado en Internet c贸mo quitarse la vida: “Cre铆 que era una llamada de atenci贸n, una situaci贸n delicada, y fuimos a un psiquiatra que nos recomend贸 que empezara a tomar Orfidal”. Pero las cosas se desarrollaron muy r谩pido y un s谩bado, tras decir que iba a dar una vuelta, les llam贸 desde las v铆as del tren.

“Empez贸 con ataques m谩s leves, hiperventilas, se te agarrota el cuerpo”, explica Javier. “Despu茅s aparecieron las apneas, m谩s tarde comenc茅 a autolesionarme. Son impulsos. Un buen amigo hab铆a pasado por una circunstancia muy mala y, como soy muy emp谩tico, no poder ayudarle me gener贸 un malestar muy grande. Llegu茅 a las v铆as del tren, que est谩n cerca de casa, y sab铆a que pasaba uno en un minuto. No s茅 por qu茅 llam茅 a mi madre. Es todo muy inconsciente. La escuch茅 llorar y me apart茅. Recuerdo que el tren me pas贸 a cent铆metros. Luego tuve una crisis y me dejaron ingresado en el Hospital Puerta de Hierro. Al principio fue horrible: 24 horas aislado, a las 48 horas te dejan hablar 10 minutos con tus padres…, me desmay茅 varias veces. Todo est谩 vigilado, las ventanas son de metacrilato, despu茅s est谩s en una habitaci贸n con un compa帽ero, te medican, haces terapia, te ense帽an… Me vino muy bien. Aprend铆 a controlar la ansiedad, llegas ah铆, no eres nadie y te medio encuentras y encima conoc铆 gente en muchas peores circunstancias que la m铆a”.

Javier es consciente de que puede considerarse privilegiado, pero considera que analizarlo todo es uno de sus problemas: “Desde muy peque帽o me parece que es bastante mejor vivir en la ignorancia. Siempre me he preocupado del futuro, de situaciones que no me corresponden por edad… Es una sensaci贸n de impotencia. No me llama la atenci贸n lo que est谩 por descubrir porque considero que en la vida hay m谩s cosas malas que buenas y solo te queda contentarte para que todo no sea negativo. Mis padres son cristianos y nos lo han inculcado a mis hermanos y a m铆, por eso tengo cierto miedo a que si muero por suicidio puedo ir al infierno, y si voy al cielo puede que vea el sufrimiento que les puedo causar. Es lo que provoca esta enfermedad, que en momentos no piensas de manera correcta y act煤as impulsivamente sin tener en cuenta todos los factores”.

Irene Bautista, psic贸loga y experta en gesti贸n emocional en Psicolog铆a IBH, explica sobre la ansiedad: “Es un mecanismo que nos invita a la lucha y a la huida cuando algo va mal y, cuando no gestionamos bien los conflictos y las emociones, nos desbordamos, y la pandemia ha venido a agravar la situaci贸n”. “Los adultos”, contin煤a, “creemos que las preocupaciones de los ni帽os, adolescentes y j贸venes son banales porque tienen la vida por delante. No sabemos validar lo que sienten”. Quintero a帽ade otra visi贸n: “Pensamos que solo es la adversidad psicosocial lo que condiciona el bienestar mental, pero no es as铆. Ciertos cuadros aparecen con m谩s frecuencia en situaciones de adversidad pero los ricos tambi茅n lloran, y no sabes c贸mo. Adem谩s, disponer de dinero a帽ade otro problema porque abre el acceso precoz a conductas como el consumo de alcohol y drogas”.

Psiquiatra y psic贸loga est谩n de acuerdo en un aspecto que a su juicio es b谩sico: “Estamos generando generaciones cero resilientes, les hemos ense帽ado que el no no existe, y es mentira; que la frustraci贸n hay que edulcorarla, y lo que hay que hacer es afrontarla; que la cultura del esfuerzo es un rollo… Todo esto hace que el ni帽o sufra menos, pero crea personalidades m谩s d茅biles a los 15, a los 16 o a los 18”, sentencia Quintero. “Son unos analfabetos emocionales, los adultos tambi茅n”, a帽ade Irene Bautista. “No estamos conectados, no sabemos lo que sentimos y vamos sobreviviendo a las demandas. Me voy encontrando mal pero no me escucho y no tengo recursos para saber qu茅 me pasa. Los hemos sobreprotegido porque no nos gustan las emociones desagradables, pero al resolverles los problemas mermamos sus capacidades, sienten que no son capaces, comienzan a quedarse en casa, a aislarse, a no hacer nada, llega la depresi贸n, como no tienen ganas no salen a hacer cosas y se refuerza el c铆rculo”, explica esta experta.

Falta de resiliencia, problemas de comunicaci贸n, incapacidad para el esfuerzo, falta de autoridad, la poderosa influencia de los modelos idealizados que proliferan en las redes sociales y el poder de las cr铆ticas despiadadas, la sobreprotecci贸n y la dificultad para tolerar la incertidumbre son argumentos que se repiten. Pero todos los especialistas coinciden en que lo m谩s peligroso es cuando el problema no se verbaliza. “A m铆 me encanta cuando el chaval pide ayuda porque hay un punto de conciencia, una agarradera para trabajar”, reflexiona Quintero. “La mayor铆a de las veces eso no ocurre y no siempre resulta f谩cil que el entorno lo detecte porque frecuentemente el cambio no es extremo. Es como la teor铆a de cocer una rana: si la metes directamente en agua hirviendo, salta y se escapa, pero si la metes en agua fr铆a y vas calentando el agua despacito, se queda quieta y se cuece sin que nadie haga nada”.

Laura Romero acaba de cumplir 31 a帽os y es abogada en una multinacional que prefiere no citar. A los 28 a帽os comenz贸 su batalla con la ansiedad y est谩 de acuerdo con los especialistas en que uno de los problemas es ocultarlo. “Ten铆a mucha presi贸n, notaba que trabajaba demasiado. Siempre he sido muy deportista y no ten铆a tiempo para el deporte, ni para el ocio. Era vivir en el d铆a de la marmota, todos los d铆as trabajar 12 o 13 horas, dormir, comer y volver a empezar. Un d铆a iba conduciendo para ir al funeral del padre de una de mis mejores amigas y despu茅s a la oficina; no llegu茅 ni a un sitio ni a otro. Se me empez贸 a dormir el brazo izquierdo, comenc茅 a sentir hormigueo en las manos, me qued茅 helada, sent铆a el coraz贸n en la cabeza y no pod铆a respirar. Par茅 el coche para intentar relajarme, pero el nivel subi贸 y no s茅 c贸mo llegu茅 a un centro de salud pidiendo ayuda. Entr茅 con la sensaci贸n de que me estaba muriendo de verdad”.

Antes de ese momento nunca hab铆a sentido algo parecido ni le hab铆a asustado la responsabilidad de su trabajo. Tras seis d铆as yendo a hospitales, fue su m茅dico de cabecera quien le dijo: “Tienes ansiedad de libro. Deber铆as ir a un psiquiatra y tomar unos ansiol铆ticos”. Laura recuerda que dos d铆as despu茅s estaba en la cita con el psiquiatra acompa帽ada por su madre. Quer铆a tenerla a su lado porque sent铆a que ella no estaba equilibrada. Ahora relata su experiencia acompa帽谩ndola de una amplia sonrisa y la disecciona como una experta porque los a帽os que ha batallado con la ansiedad han cambiado su vida hasta el punto de que compatibiliza su trabajo con un m谩ster en coaching y crecimiento personal.

Ahora contin煤a en su trabajo pero se ha puesto l铆mites al horario y a su autoexigencia, y est谩 enfrascada en un proyecto que le ha dado vida y un prop贸sito. “Mi proyecto representa como soy, se llama Orbis Viatorem (viajero del mundo, en lat铆n). Como siempre he sentido pasi贸n por viajar y para m铆 es una terapia, he lanzado una forma de organizar viajes que mezclan aventura, actividad, risa y toques de desarrollo personal y ayuda. Ya tengo dos en marcha, uno para verano y otro en noviembre. Quiero tender una mano para que la gente no se sienta sola ante este problema porque da mucho miedo pensar que eres el 煤nico al que le pasa. Existe mucho estigma sobre la salud mental y todo empieza por emociones que se enquistan. Yo me he visto obligada a ponerle remedio, pero muchos necesitan lo mismo y a煤n no lo saben. Ahora estoy en el mejor momento de mi vida”.

Javier todav铆a no ha encontrado la salida a su conflicto, pero su padre, F茅lix, ha notado algo de cambio en ese proceso que est谩 afectando a toda la familia. “Sientes rabia, dolor inmenso, frustraci贸n, impotencia. Nuestro hijo es ahora nuestra prioridad, ha habido d铆as de estar alerta las 24 horas. El colegio ha quedado aparcado y despu茅s de dos meses sin tocar temas esenciales por prescripci贸n facultativa, por fin tenemos la oportunidad de hablar con 茅l y tratar de aportar positividad. Solo esperamos que deje de considerar como verdad patente que la vida es una mierda, que deje de huir para que pueda empezar a afrontar el problema”.

DEMASIADO ATENTOS A LO QUE PASA FUERA Y POCO A LO QUE PASA DENTRO

Los psic贸logos y psiquiatras tienen m谩s trabajo que nunca, incluso notan que entre los j贸venes est谩 cambiando la percepci贸n que ten铆an de su labor y ya no les resulta tan raro comentar con los amigos que necesitan de su ayuda. Aun as铆, son m谩s f茅minas las que acuden a sus consultas porque, como explica la psic贸loga Irene Bautista, “las mujeres somos m谩s verbales y entendemos mejor la acci贸n de ayuda”. Los chicos lo tienen m谩s dif铆cil porque entre ellos no es tan frecuente hablar de emociones y a煤n pesa esa idea ancestral de que los hombres no lloran o no deben hacerlo.

Para esquivar la ansiedad hay que evitar especialmente estar m谩s preocupados por lo que pasa fuera que por lo que pasa dentro. Bautista recomienda dejar a un lado todos los tengo y deber铆a: tengo que encontrar un trabajo, deber铆a estar m谩s delgado, tendr铆a que conectar m谩s con la gente…, y centrarse en lo que uno quiere y necesita. Buscar relaciones reales, trabajar en casa con las emociones buenas y malas, educar y no salvar, preguntar de forma abierta para acompa帽ar no para juzgar y, sobre todo, conocernos y escucharnos. “No hay una varita m谩gica para conseguirlo”, sentencia, “nos tenemos que dedicar tiempo y somos cada uno de nosotros los que tenemos que hacernos cargo de nuestra vida. Escucharnos para saber qu茅 nos gusta y que no y luego pararnos a pensar qu茅 vamos a hacer para conseguirlo”.

Javier Quintero, psiquiatra, hace hincapi茅 en la necesidad de tener una buena comunicaci贸n en casa: “Estamos demasiado ocupados y no nos dedicamos tiempo. Nos hemos equivocado cosificando el afecto, hemos cre铆do que dar cosas sustituye a la necesidad de dar abrazos. Educar es un rollo, pero ser padres es un acto de inmensa generosidad. Los padres no son el centro del problema, pero esta s铆 es la parte que afecta a la familia y su implicaci贸n es fundamental”.

A su juicio, la pandemia tampoco ha ayudado porque solo se es capaz de aguantar por un tiempo 鈥搎ue var铆a en cada persona鈥 la sensaci贸n de excepcionalidad. “Nos vendieron esta situaci贸n como temporal y nunca nos contaron desde el principio que lo que estaba pasando era muy grave”, afirma el psiquiatra. A Quintero le preocupan tambi茅n las consecuencias en el momento actual: “Espero equivocarme pero estamos viendo mucho adolescente que se est谩 rompiendo, con cuadros muy severos, abruptos. Responden al tratamiento, pero queda la duda de cu谩nto de lo que estamos haciendo es una curaci贸n total o un a ver qu茅 pasa ma帽ana”.

Enlace relacionado ElPa铆s.com 21/06/2021.




Fuente: Sasmadrid.org