July 22, 2021
De parte de La Haine
229 puntos de vista


Una de las primeras cosas que una escucha en Palestina es: “Vivimos bajo una doble ocupaci贸n: la del r茅gimen de Israel y la de la Autoridad Palestina”

A las 3:30 de la madrugada del jueves 24 de junio, unos 25 efectivos uniformados, enmascarados y fuertemente armados irrumpieron en una vivienda palestina en el pueblo de Dura, al suroeste de Hebr贸n, en Cisjordania ocupada. Tras derribar la puerta y romper ventanas, los efectivos se abalanzaron sobre el activista Nizar Banat, todav铆a semidormido, rociaron su rostro con gas pimienta y empezaron a golpearlo brutalmente con palos de madera y de metal; despu茅s lo desnudaron, lo arrastraron ensangrentado, lo metieron en un veh铆culo y se lo llevaron con rumbo desconocido. Apenas unas horas despu茅s su familia fue informada de que Nizar hab铆a muerto y su cuerpo estaba en la morgue de Abu Dis (afuera de Jerusal茅n), sin que hubiera sido llevado a ning煤n hospital. El resultado de la autopsia preliminar indic贸 que Banat ten铆a moretones en todo el cuerpo, hab铆a sido severamente golpeado en la cabeza, el pecho, el cuello, ten铆a fractura de costillas y sangre en los pulmones; y que muri贸 menos de una hora despu茅s de haber sido detenido y arrancado de su casa, seg煤n anunciaron en conferencia de prensa en Ramala la Comisi贸n Independiente de DD.HH. y su colega Al-Haq.

Este modus operandi, habitual de las fuerzas israel铆es en Cisjordania, no ser铆a sorprendente si no fuera porque en este caso se trataba de las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina (en adelante AP). No menos grave es que las mismas no podr铆an haber entrado al lugar donde estaba Banat -ubicado en el 谩rea C, donde la AP no puede operar seg煤n los Acuerdos de Oslo-, y menos con uniformes y armamento oficial, sin autorizaci贸n y coordinaci贸n con Israel. Tambi茅n es claro que un operativo de esa magnitud no podr铆a haberse llevado a cabo sin la aprobaci贸n de la c煤pula de la AP, es decir, el ministro del Interior, que es tambi茅n el primer ministro: Mohammed Shatayyeh (que a su vez integra el comit茅 central de Fatah, al igual que el director de inteligencia); y por supuesto del propio Mahmud Abbas, que preside la AP, el comit茅 central de Fatah y la OLP.

Manifestantes enfrentan la represi贸n de la polic铆a palestina en la protesta contra el asesinato de Nizar Banat a manos de la Autoridad Palestina en Ramala.

El enemigo adentro de casa

Nizar Banat (43, padre de cinco) era un cr铆tico ac茅rrimo de la AP, de su corrupci贸n y su coordinaci贸n con Israel en materia de seguridad para perseguir a disidentes palestinos. Banat llevaba meses posteando videos semanales en Facebook donde arremet铆a contra Abbas y otros miembros de su gabinete. Esa misma semana hab铆a publicado uno de seis minutos donde criticaba duramente y llamaba “t铆tere” a Shatayyeh por el ‘esc谩ndalo de las vacunas’: se supo que la AP hab铆a aceptado la propuesta inmoral de recibir de Israel un mill贸n de vacunas Pfizer que estaban a punto de expirar a cambio de cederle una cantidad equivalente de vacunas nuevas que la AP recibir铆a en pocos meses. La indignaci贸n generalizada que provoc贸 la noticia en la sociedad palestina llev贸 a Abbas a cancelar el acuerdo con su amo colonial[1].

Banat hab铆a sido detenido ocho veces por la AP, en cada ocasi贸n por varios meses. El 20 de noviembre de 2020 fue apresado tras postear uno de sus videos cr铆ticos, pero el juez orden贸 su liberaci贸n tras cuatro d铆as de detenci贸n en la prisi贸n de Jeric贸, famosa por las torturas que reciben los prisioneros, que el mismo Banat hab铆a denunciado en sus videos.

Ex miembro de Fatah, hab铆a fundado el partido Libertad y Dignidad para postularse a las elecciones legislativas previstas para el 22 de mayo. Cuando en abril Abbas anunci贸 que cancelaba indefinidamente dichos comicios (y tambi茅n los presidenciales previstos para julio), Banat escribi贸 una carta a la Corte Europea de Derechos Humanos solicitando que ordenara a la Uni贸n Europea cortar la ayuda econ贸mica al gobierno corrupto y autoritario de la AP. El 2 de mayo, la casa de Banat, donde se encontraban su esposa (convaleciente de covid-19) y sus cinco hijos/as fue baleada y atacada con granadas de estruendo y gas lacrim贸geno. Banat acus贸 a Fatah de estar detr谩s del ataque, y desde entonces se hab铆a instalado en la casa de su primo Ammar, donde la AP no tiene jurisdicci贸n.

El abogado Muhannad Karajah dijo a Middle East Eye que Banat lo hab铆a llamado para informarle que estaba recibiendo amenazas de muerte por parte de los servicios de inteligencia -y concretamente de Iyad Rayan, el n煤mero uno de Fatah en el distrito de Hebr贸n- exigi茅ndole que parara con sus cr铆ticas a la AP. 芦Nizar Banat ha sido asesinado. Eso es lo que los activistas y defensores de derechos humanos pueden esperar hoy en d铆a禄, dijo el abogado; y agreg贸 que los cr铆ticos de la AP son torturados en sus prisiones, como ha ocurrido con alrededor de 50 activistas en esta 煤ltima oleada de detenciones.

El primer ministro palestino Mohammad Shtayyeh anunci贸 que hab铆a ordenado una investigaci贸n oficial sobre la muerte de Banat, pero en una conferencia de prensa este lunes la familia y los grupos de derechos humanos dijeron que no conf铆an en las autoridades y reclamaron una investigaci贸n independiente y externa a la AP, y que la autopsia sea realizada en el Instituto Forense Abu Kabir de Tel Aviv. 芦Queremos que su muerte no sea en vano. Queremos saber qui茅n tom贸 la decisi贸n de asesinarlo y qui茅n la ejecut贸; y que ambos sean castigados.禄, afirm贸 su primo Ammar.

Protesta en Hebr贸n por el asesinato por torturas de Nizar Banat a manos de la Autoridad Palestina.

Matones y machistas

El asesinato de Nizar Banat desat贸 una ola de protestas en Cisjordania, especialmente en Bel茅n, Hebr贸n y Ramala. El fin de semana la gente march贸 por cuarto d铆a exigiendo justicia por el crimen y la renuncia de Abbas. 芦El asesinato de Banat es la punta del iceberg que esconde una monta帽a de corrupci贸n y la ausencia de autoridades electas. Queremos una reforma pol铆tica total禄, dijo el manifestante Esmat Mansur en Ramala, donde las protestas fueron reprimidas brutalmente, tanto por la polic铆a de la AP como por grupos de choque de Fatah. Las fuerzas de seguridad lanzaron granadas de estruendo y gas lacrim贸geno, usaron pistolas Taser, dispararon al aire munici贸n real, apalearon severamente a manifestantes, periodistas y defensores de derechos humanos. Agentes vestidos de civil se ensa帽aron especialmente con quienes filmaban la represi贸n: arrebataron tel茅fonos y c谩maras (y en muchos casos los rompieron), insultaron, amenazaron con castigos mayores y arrestaron a decenas de personas (la mayor铆a liberadas horas despu茅s).

Activistas y organizaciones feministas denunciaron el car谩cter sexista de la represi贸n: las mujeres fueron golpeadas con palos, amenazadas de violaci贸n, arrastradas al arrestarlas y recibieron insultos claramente machistas, llam谩ndolas “putas” por estar en la calle en lugar de en su casa como corresponde a su g茅nero. Poco despu茅s, los esbirros utilizaron fotos extra铆das de los tel茅fonos confiscados para postear im谩genes de las j贸venes con textos que atacaban su moral en una p谩gina de Facebook creada a tales efectos.

La misma brutalidad policial y parapolicial se hab铆a vivido en Ramala el 10 de junio, durante una manifestaci贸n de la “Campa帽a para levantar las sanciones sobre Gaza”: como en otras ocasiones, el a帽o pasado la AP dej贸 de pagar a Israel la electricidad de Gaza, dejando a la poblaci贸n con dos horas al d铆a; y en mayo pasado, sin previo aviso, redujo a la mitad el salario de los 50.000 funcionarios p煤blicos de Gaza (la mayor铆a afiliados a Fatah). La represi贸n de ese d铆a dej贸 al menos a 10 personas hospitalizadas.

Protesta en Ramala por el asesinato de Nizar Banat.

Ocupaci贸n tercerizada

Una de las primeras cosas que una escucha en Palestina es: 芦Vivimos bajo una doble ocupaci贸n: la de Israel y la de la Autoridad Palestina禄. Tambi茅n es habitual, al conversar con activistas de base, que relaten cu谩ntas veces han estado en las c谩rceles israel铆es y cu谩ntas en las palestinas; y que hablen de las torturas sufridas en ambas. Sin llegar al extremo de Nizar Banat, las razones m谩s comunes por las que un palestino termina en una c谩rcel de la AP son: posteo de art铆culos o videos cr铆ticos en las redes sociales, militancia -o mera sospecha de- en partidos de oposici贸n (no solamente Hamas o la Yihad Isl谩mica), participar en manifestaciones o hablar en voz alta contra la AP. De hecho, la vigilancia y la censura son rasgos caracter铆sticos del control que la AP ejerce sobre la poblaci贸n palestina que utiliza las plataformas digitales para ejercer su libertad de expresi贸n y opini贸n; y ello resulta a menudo en detenciones, interrogatorios u otras formas de castigo[2].

Para quienes alguna vez creyeron en el proceso de Oslo que cre贸 la AP estas revelaciones producen una disonancia cognitiva dif铆cil de asimilar. Es especialmente el caso en Am茅rica Latina, donde hay poca informaci贸n sobre lo que realmente ocurre en los territorios ocupados, y las izquierdas y los grupos de solidaridad suelen mantener relaciones cercanas con las embajadas de la AP. En mi experiencia personal, tratar de explicar el rol que juega la AP en el esquema de Oslo me ha ganado hostilidad e incluso ostracismo en algunos espacios de solidaridad, debido a la resistencia a admitir esta realidad.

Sin embargo, el estudio de los Acuerdos de Oslo permitir铆a a esas personas incr茅dulas descubrir que no se trata de que Mahmud Abbas sea m谩s o menos corrupto o autoritario, sino del mism铆misimo mandato recibido por la AP cuando fue creada en el perverso plan de Oslo: colaborar con Israel para hacer m谩s manejable y barata la ocupaci贸n colonial, suprimiendo la resistencia armada -y tambi茅n la no armada- y prestando servicios b谩sicos (en la limitad铆sima zona donde puede operar, que es menos del 12% del territorio ocupado) que antes estaban a cargo de Israel y ahora se financian con los fondos que la comunidad internacional derrama sobre la AP para garantizar el statu quo. Precisamente el inter茅s de las potencias occidentales en mantener esa ‘estabilidad’ de la ocupaci贸n colonial es lo que en buena medida hace que la AP exista todav铆a.

Junto con la AP lleg贸 el paquete para impulsar el modelo de ‘desarrollo’ neoliberal con su jerga tecnocr谩tica (good gobernance, capacity building, civil society empowerment) y crear la ilusi贸n de que era posible construir un Estado y desarrollar la econom铆a bajo la dominaci贸n israel铆. Llegaron as铆 los bancos, las multinacionales, los pr茅stamos para vivienda y autom贸viles y otros distractores para que la poblaci贸n ocupada sustituyera la resistencia por el consumo. Muchos movimientos sociales se convirtieron en ONG que reformularon sus agendas seg煤n las prioridades de la cooperaci贸n internacional, y en poco tiempo la gente que hab铆a peleado en las calles durante la intifada dej贸 de hacerlo porque ten铆a demasiadas cosas que perder -y cuotas que pagar-; y sobre todo, much铆sima gente pas贸 a depender de los salarios creados por el inmenso aparato burocr谩tico clientelar de la AP, en un escenario de econom铆a cautiva (por el mandato de Oslo) donde campea el desempleo. Con el tiempo, la AP se convirti贸 en una 茅lite institucionalizada que gestiona la ocupaci贸n para su propio beneficio. No s贸lo no representa a la mayor铆a del pueblo palestino en el mundo, sino que con sus pases VIP, sus coches y viviendas de lujo est谩 desconectada de las necesidades y la suerte de la poblaci贸n ocupada. El episodio de las vacunas vencidas es una prueba de ello.

Los gobiernos coloniales siempre se han apoyado en alianzas con las 茅lites locales para controlar y pacificar a la poblaci贸n nativa, y la AP ha desempe帽ado ese papel de forma satisfactoria a trav茅s de su sistema clientelar y, sobre todo, su enorme aparato de seguridad, cuyo presupuesto supera el de salud, educaci贸n y agricultura juntos, emplea a la mitad de los funcionarios p煤blicos, y fue dise帽ado y entrenado[3] exclusivamente para controlar a la poblaci贸n palestina[4]. Enti茅ndase: los diferentes cuerpos policiales de la AP no pueden salir de las ciudades palestinas (谩rea A) ni pueden intervenir cuando hay ataques de colonos, robo de tierras o destrucci贸n de viviendas y propiedades en las 谩reas B y C, ni menos enfrentar a los soldados o polic铆as israel铆es; ni siquiera cuando estos incursionan en Ramala u otras ciudades del 谩rea A. La AP ha cumplido celosamente este mandato durante 30 a帽os, coordinando con la inteligencia y las fuerzas de seguridad israel铆es la represi贸n de la resistencia.

Esta labor ha sido clave para asegurar la estabilidad de la que han disfrutado los israel铆es durante los 煤ltimos 15 a帽os (desde el aplastamiento de la segunda intifada), haciendo menos pesado el trabajo sucio de la ocupaci贸n. Gracias a esa eficiente colaboraci贸n, el ej茅rcito y el movimiento de colonos de Israel pueden seguir consolidando su r茅gimen de apartheid y ocupaci贸n colonial con escasa resistencia.

Firma de los Acuerdos de Oslo en la Casa Blanca, Washington DC. 13/9/1994.

El poder joven desde abajo

El analista Amjad Iraqi escribi贸 en +972 Magazine que los hechos recientes no son la primera muestra de la naturaleza represiva de la AP, pero sin duda es una de las m谩s crueles. No obstante, sugiere que esta violencia desbordante podr铆a representar 芦los actos desesperados de un liderazgo moribundo.禄 Y agrega: 芦Si bien el acuerdo colonial ha funcionado eficazmente durante a帽os, sus grietas est谩n empezando a aparecer y a ampliarse. La “Intifada de la Unidad” ha galvanizado una nueva etapa de activismo palestino que est谩 atravesando la L铆nea Verde y construyendo poder desde abajo.禄

De hecho hay se帽ales de que la paciencia de la gente con una AP corrupta, autoritaria y colaboracionista podr铆a estar llegando a un l铆mite sin retorno. Ya en abril la cancelaci贸n de las elecciones con la excusa de que Israel no permit铆a instalar urnas en Jerusal茅n Este (pero en realidad porque Abbas sab铆a que los resultados no le iban a favorecer) dej贸 a la poblaci贸n enojada y frustrada; porque a pesar de las limitaciones que impone el esquema de Oslo, hab铆a gran inter茅s en participar en la instancia electoral para expresar el deseo de cambio. Despu茅s vino la crisis de mayo en Jerusal茅n y Gaza, y la intifada de la unidad nacional, sin l铆deres ni partidos, m谩s bien en el esp铆ritu de “que se vayan todos”. Mientras la revuelta se extend铆a por todas las ciudades palestinas -ocupadas en 1948 o en 1967-, la AP guard贸 un silencio casi absoluto, mientras sus fuerzas de seguridad estaban ocupadas arrestando activistas o acosando e intimidando a los manifestantes, en un intento desesperado de afirmar su autoridad. El reciente esc谩ndalo de las vacunas, y la reacci贸n de la opini贸n p煤blica ante el mismo, demuestra a煤n m谩s el escaso poder y respeto que ejerce hoy la AP, especialmente entre las nuevas generaciones.

En efecto, la juventud que lidera la intifada de la unidad est谩 mucho mejor informada y m谩s educada que sus antecesoras: muchos tienen estudios universitarios, hablan ingl茅s fluidamente y utilizan las redes sociales y las nuevas tecnolog铆as para comunicar eficazmente su mensaje al mundo. Lejos de la ret贸rica obsoleta de la vieja dirigencia pol铆tica, hablan de limpieza 茅tnica, colonialismo y apartheid m谩s que de ocupaci贸n, y sobre todo practican la unidad palestina “desde el r铆o hasta el mar”, demostrando que el pueblo palestino es uno solo a pesar de todos los intentos del r茅gimen sionista por fragmentarlo y quebrar su identidad. En suma, esta nueva generaci贸n quiere terminar con el tramposo proceso de Oslo y reconstruir el proyecto de liberaci贸n nacional, recre谩ndolo en este tiempo hist贸rico.

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Notas

[1] Esto no exculpa a Israel de su papel en el tard铆o e infame acuerdo; como afirm贸 Ghada Majadle, de M茅dicos por los Derechos Humanos-Israel, “en lugar de aceptar la responsabilidad y suministrar vacunas sin demora a toda la poblaci贸n, Israel est谩 llevando a cabo un regateo sobre la vida y la salud de millones de personas”.

[2] Como si no tuvieran suficiente con el sofisticado espionaje israel铆, la especialista Marwa Fatafta ha documentado las muchas formas de vigilancia y acoso digital que desarrollan los servicios de inteligencia palestinos. A menudo la detenci贸n de activistas es precedida de campa帽as de incitaci贸n en las redes sociales por parte de miembros de Fatah; y esto funciona porque la l铆nea que separa la militancia en Fatah y el empleo en los organismos de seguridad es muy estrecha.

[3] El entrenamiento profesional de las fuerzas policiales palestinas fue realizado en Jordania (con apoyo de Egipto) bajo la supervisi贸n del teniente general Keith Dayton, Coordinador de Seguridad de EE.UU. para Israel y la AP entre 2005 y 2010.

[4] Un informe de 2018 de Human Rights Watch document贸 profusamente que la AP en Cisjordania, as铆 como el gobierno de Hamas en Gaza, utilizan sistem谩ticamente la detenci贸n arbitraria y la tortura para reprimir a sus cr铆ticos y opositores. Estos abusos tambi茅n han sido denunciados -con no poca dificultad- por organizaciones palestinas de derechos humanos. Y esta semana otro informe de Amnist铆a Internacional denunci贸 la reciente campa帽a represiva de la polic铆a palestina.

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Fuente: Lahaine.org