May 15, 2022
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
197 puntos de vista

Juan Carlos Rois
Tortuga.

Ha pasado casi desapercibida la presentación en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados de un documento elaborado por la Comisión de la UE el 21 de marzo de 2022, el cual define la apuesta de defensa de la UE y su propósito remilitarizador.

El documento se llama «Una Brújula Estratégica para la Seguridad y la Defensa – Por una Unión Europea que proteja a sus ciudadanos, defienda sus valores e intereses y contribuya a la paz y la seguridad internacionales» y es un claro ejemplo de cómo Europa pierde la brújula al echarse en manos de los halcones militares.

la «brújula» militarista de la UE dibuja un panorama de futuro preocupante y peligroso tanto para los europeos como para el resto del planeta, porque justifica un giro de tuerca de la política entendida desde la dialéctica amigo/enemigo imperante y señala la cada vez más operativa estrategia de remilitarización e injerencia militar de la política europea y de sus estructuras.

La obsesión por imponerse como poder militar ocupando espacios vitales y zonas de influencia que, según afirman en el documento, se justifican porque «. . . Allí donde la UE no promueva sus intereses activa y eficazmente, otros ocuparán su lugar» (pág. 8). Con ello se consolida la vía de la dominación-violencia como seña de identidad de la propia Unión.

¿Cómo es posible que el documento haya pasado por el Congreso sin que nadie haya levantado el dedo ante lo que nos promete la estrategia de seguridad europea? ¿Nadie estaba en desacuerdo con esa visión el mundo y del papel que ha decidido la Comisión que tenga en él la UE? ¿Nadie ha disentido? ¿Nadie se ha preguntado cómo ha acordado tal desbarre Europa sin consultar a la opinión pública o de las organizaciones sociales que no forman parte del lobby militar industrial?¿Nadie ha ofrecido una visión alternativa que pueda definir mejor el papel de la UE en políticas de paz y seguridad?¿Nadie se ha preocupado por el incremento de dispositivos militaristas, incluido el papel reforzado del espionaje que sale del mismo, por el incremento de gasto al servicio de ejércitos, industrias y negocios militares y conflictividad que acarreará?¿Nadie se ha asombrado por los escenarios donde se postula como actor militar Europa, por lo socios que identifica o por los rivales y enemigos que dibuja? ¿Nadie por los riesgos que señala y los (obvios) riesgos que soslaya?¿Nadie por la legitimación de la guerra que predica?

Pues se lo voy a aclarar en una sola frase: Nadie de nadie.

¿Por qué? Esto necesita tres frases en vez de una. A) Porque en el cálculo político mezquino de nuestro panorama actual, meterse con el militarismo no es rentable; B) porque nuestra clase política participa de la visión militarista del mundo y C) porque, además, de estos temas no tienen ni pajolera idea, ni tienen a nadie a quien acudir a cubrir su falta de criterio.

Entiéndase que no quiero decir con ello que de los demás temas sepan mucho más, pero, al menos, saben disimular sus lagunas tirando de verborrea e intuición; pero, en materia de defensa, no saben nada de nada y no tienen tampoco ningún criterio propio, con lo que tampoco se pueden ni siquiera imaginar las preguntas que una persona desprejuiciada y atenta se haría ante el panorama que nos presentan para justificar la apuesta de «seguridad» de la UE.

¿Es posible proponer algo diferente para Europa? Intentaremos responder en una segunda entrega.

Pero vamos a lo que dice el texto:

Actuar militarmente

La UE define cuatro líneas de acción para su política de defensa futura:

  1. 1. Actuar con rapidez y firmeza en escenarios de crisis.
  2. 2. Garantizar la seguridad, aumentando las capacidades militares.
  3. 3. Invertir en defensa y en la industria militar.
  4. 4. Trabajar de manera asociativa principalmente con la OTAN y otros socios regionales y bilaterales.

En principio no parece que estas cuatro buenas intenciones digan nada preocupante, porque dicen lo de siempre, pero la letra pequeña es otra cosa. Bajo estos cuatro parámetros se dibuja un panorama de creciente intervencionismo militar de la UE, de aumento de capacidades militares, de acumulación de dispositivos de guerra, tecnología e industria militar y de alineamiento/subordinación de la política europea a la lucha por el poder geopolítico emprendida por Occidente contra lo que atenta contra sus intereses y zonas de influencia. Y, en fin, un escenario prebélico que, si alguien no le pone remedio, nos llevará a la paradoja de que la mayor preocupación por la seguridad (militar) nos traerá a futuro mayores cotas de inseguridad global y humana, cuando no un progresivo recorte de los tan manidos derechos humanos y de las políticas destinadas a luchar contra los verdaderos males planetarios y ambientales de los que, curiosamente, los ejércitos y la preparación de la guerra son parte del problema y no de la solución.

Pero, para no empezar la casa por el tejado, empecemos por detallar el escenario global que preocupa a la UE y que, aparentemente, justifica esas políticas que, con o sin nuestra aquiescencia (porque tampoco nos van a pedir opinión sobre esta materia) van a llevar los burócratas europeos y las elites a las que sirven adelante.

¿Qué quieren defender?


La UE predica en el documento su apuesta por la paz y la seguridad mundial y rechaza la violencia y la guerra que se dan fuera de su propio mundo, porque para la UE la guerra es algo que nos es ajeno y no tiene que ver con nuestro modus vivendi, aunque nos afecta porque, aunque ajena a nuestro mundo, «proyecta inseguridad» y puede desestabilizarnos, razón para hacer de la política militar un cortafuegos para que nada de esto nos contagie.

Por tanto, la UE quiere la paz y la seguridad, como aparece en el propio título del documento, que anuncia ya el propósito de la política que se va a desarrollar: «por una Unión Europea que proteja a sus ciudadanos, defienda sus valores e intereses y contribuya a la paz y la seguridad internacionales».

Es decir, que la idea bienintencionada es proteger a los ciudadanos, defender los valores (y se cuela la palabra intereses que ya no es lo mismo y permite ciertas suspicacias, porque no está claro que los intereses de la élite de poder europea sean los intereses de su plural sociedad y no queda claro a qué intereses se refiere) y contribuir a la paz y seguridad.

Ahora bien, ¿de qué paz hablan?

Antes de pasar de las musas al teatro, déjenme que me explaye un poco sobre la idea de paz de la UE, porque a las palabras, y sobre todo estas grandes palabras que maneja el Poder con mayúsculas, las ocurre una curiosa propiedad alterativa de su significado.

El poder muy a menudo no nombra a las cosas como tal y como son, sino que utiliza las palabras con una cierta intencionalidad performativa y proyectiva con los que suele designar y prescribir el campo de lo legítimo e ilegítimo, de lo admisible y lo enemigo.

Así ocurre con las palabra paz o violencia, dos de las preferidas para la prédica del Poder, con las que no se refiere a lo que desde un punto de vista teórico suponen dichos términos, sino que las pronuncia para delimitar un campo de acción política bastante interesado, en el cual la paz, o la violencia, dicen más bien una sesgada paz y una violencia determinada y sirven más bien como mecanismo de legitimación de ciertos propósitos políticos (o de anatemización de otros contrarios al poder aunque sea bajo propósitos de paz o estrategias de noviolencia).

El poder no aspira a la paz o a la seguridad de toda la vida, sino que, en su designación, altera el significado e impone una idea de paz y de seguridad afín a sus propios intereses. El poder afirma la paz para prescribir algo que no es precisamente la paz (A veces es todo lo contrario). Así, por ejemplo, Franco nos dio, según pasaba el tiempo de su dictadura inagotable, veinte o cuarenta años de paz. Por las mismas, la mayoría de los pueblos donde no hay guerra declarada, viven también en paz para los Estados que aprovechan su silenciamiento, aunque las mayorías se mueran de hambre o se encuentren explotadas, las mujeres sean agredidas a diario y de múltiples modos por la violencia patriarcal dominante y otros muchos aspectos de la violencia estructural, cultural o rectora que alcanzan a tantos países tanto en «paz» como en «guerra».

Al menos en ocasiones, la paz del poder no es nuestra paz. En otras su paz es directamente nuestro suplicio y nuestra guerra y en unas terceras su guerra no es nuestra causa y lo más sensato es huir de ella cuanto más lejos mejor o, si se dan las condiciones, desacatarla de forma colectiva, desobediente y desafiante.

Y lo mismo ocurre con la palabra violencia. Designar qué es violencia desde el poder explica no tanto la realidad objetiva de la violencia, cuanto los intereses que persigue y legitima el poder (y, por tanto, los enemigos e intereses que combate). Con independencia del grado efectivo de violencia del poder, nunca aparece como tal la que practican los aparatos de administración de su lógica, desde la burrorrepresión y los operativos policiales apaleadores del personal, hasta la violencia estructural que consagran las leyes, pasando por los mecanismos variopintos de control social, las cárceles, ejércitos y demás aparatos al uso; pero siempre será violencia la acción de quienes se le oponen, por más que muchas de las luchas disidentes al poder establecido sean noviolentas.

Alertamos de esto porque la UE, en cuanto que poder, define una paz que no coincide tal vez con la idea de paz que nos podemos hacer el común de los mortales y usa en su terminología otros relatos sobre lo que implica la seguridad, conflicto y un largo etcétera que parten de unos presupuestos implícitos bastante discutibles.

Paz negativa y armada.

Pero volvamos a la idea de paz de la UE.

Precisamente para llevar a cabo esta noble misión, dice la aguja de bitácora de la UE, es por lo que necesitamos reforzar una política y unas capacidades militares que nos permitan entrar en combate de forma autónoma con tropas propias de la UE, o coordinados con otras fuerzas militares aliadas al menos en dos escenarios simultáneos de media intensidad o en uno gordo (pág.19), así como incrementar la contribución de las tropas de cada estado en las misiones militares de la UE que ya tiene en marcha u otras que tendrá inevitablemente (¿?) en el futuro.

Es decir, para construir la paz y la seguridad, hemos de preparar y entrar en guerra, consolidando una de las primeras características de la política militar europea: su intervencionismo y su injerencia (Otras serían su desmesura de esfuerzos, capacidades y herramientas; su procesual tecnificación y tecnologización; su visión colonial y etnocéntrica; su subordinación a la OTAN y a EE.UU, la defensa de intereses comerciales y de influencia bastante discutibles, su obsesión securitizadora y expansiva a otros espacios y limitadora de derechos y la transversalidad cada vez mayor a todas las esferas de la vida e instituciones sociales y políticas).

De modo que la paz que predica la UE es una paz armada, una paz a lo sumo negativa o que aspira a conjurar la guerra dentro de las fronteras y mantenerla fuera, proyectando fuerza militar en nuestras zonas de influencia para que la guerra no nos contagie dentro y no rompa nuestro mundo de privilegios.

Explica el texto que debemos «estar preparados ante crisis y amenazas y para proyectar estabilidad, tanto en nuestra vecindad como fuera de ella» (recuperando rancias ideas de espacio vital, zonas de influencia, enemigos internos y quintacolumnas), para lo que, además de las políticas de fuerza que actualmente se ejercen, han acordado tener fuerza militar autónoma y propia para intervenir «con prontitud en todos los ámbitos de operación: en tierra, en el mar y en el aire, así como en el ciberespacio y en el espacio ultraterrestre» (pág. 13), a cuyo efecto, además de las capacidades actuales puestas en marcha por los estados miembros en las operaciones militares que la UE desarrolla ya (la UE ha desarrollado desde 2003 31 misiones internacionales y actualmente actúa militarmente en el Sahel, en el mediterráneo, oriente próximo y en Europa), «crearemos una Capacidad de Despliegue Rápido de la UE que nos permitirá desplegar rápidamente una fuerza modular de hasta 5.000 militares que incluya componentes terrestres, aéreos y marítimos y los elementos de apoyo estratégicos necesarios» (pág. 14), a la que sumaremos la logística y la capacidad operativa necesaria para ello, incluyendo «el transporte estratégico, la protección de las fuerzas, los recursos médicos, de ciberdefensa y de comunicación por satélite y las capacidades de inteligencia, vigilancia y reconocimiento» (Pág. 14).

De modo que la paz que dibujan se parece mucho a lo que antes llamábamos guerra (fría o caliente) y su preparación constante, lo cual no es muy de extrañar cuando el máximo jefe de la defensa europea, Don Borell, y su afín de militancia en el PSOE y en el partido de los halcones, Doña Robles (el PSOE permite y casi exige este tipo de doble militancia entre sus más reconocidos dirigentes) vienen diciendo que están contra la guerra y por eso la alimentan, como si, por ejemplo, el jefe de bomberos dijera que para prevenir los incendios lo mejor es liarse a hacer crecer la maleza y el combustible en invierno y en primavera por los bosques, en vez de desinflamarlo y limpiarlo, pongamos por caso.

De modo que, ¡ale hop!, para conseguir la paz haremos arder el mundo y para conseguir la seguridad haremos más inseguro el planeta. Ya lo verán cuando hablemos de los «escenarios» donde la UE piensa ocupar un espacio para que no lo ocupen otros y proyectar seguridad para los intereses de los europeos, o de una parte de ellos.

Paz territorial, dominación y violencia

Todo su relato necesita su retórica, y la UE aplica sus concreciones de la idea de paz que defiende su política así: «Entre tales principios figuran, en particular, la igualdad soberana y la integridad territorial de los Estados; la inviolabilidad de las fronteras; la obligación de abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza, y la libertad de los Estados para elegir o modificar sus propios sistemas de seguridad. Estos principios no son negociables ni pueden ser objeto de revisión o reinterpretación (pg. 7) . . . estrechando nuestras relaciones con socios y países afines en las Naciones Unidas, la OTAN y el G7. En este contexto, los Estados Unidos siguen siendo el socio estratégico más incondicional e importante de la UE y una potencia mundial que contribuye a la paz, la seguridad, la estabilidad y la democracia en nuestro continente. (pg. 7).»

Es decir, mantenimiento del statu quo, estrechamiento de relaciones con la OTAN y EEUU y estabilidad en el continente se consigue la paz.

Lo que viene siendo la idea de siempre de paz armada, porque a lo mejor a alguien menos lúcido que los expertos militares que han compuesto esta aguja de marear le da por pensar (pensamiento altamente inapropiado para la versión oficial) que la paz se consigue más bien promoviendo el desarrollo justo de los pueblos, o luchando por la equidad climática, o por llenar de contenido sustantivo a los derechos humanos, o cubriendo las necesidades básicas de amplias capas de las poblaciones mundiales, o luchando contra la violencia estructural y, en fin todas esas zarandajas que habitualmente identifican los manuales y los teóricos sobre la paz positiva. A estas alturas, cuando hasta la propia ONU habla de seguridad humana en vez de paz armada, tal vez la retórica de la UE peca de pacata.

Se ve que a la paz armada, como paz negativa, le sienta mal el paradigma de la seguridad humana, o la prosecución de la lucha por los objetivos del milenio, o las causas ecológicas, feministas, de justicia global y otras que tiene que ver con la idea de paz con contenidos o paz positiva.

La paz de la UE es la política de dominación-violencia, bajo el modelo de defensa militar reforzado que ha estado vigente hasta el momento y que si algo ha conseguido es generar el mundo que tenemos, caracterizado entre otros muchos padecimientos por la ausencia de paz y la ubicuidad e intensidad de las violencias que hoy lo caracterizan.

Escenario estratégico.

Hay múltiples maneras de caracterizar nuestro mundo, pero no todas son aptas para predicar una solución militar a los problemas y desafíos a los que nos enfrentamos.

Así, desde un análisis basado en los objetivos de desarrollo del milenio, pongamos por caso, o por los desafíos que el ecofeminismo, la seguridad humana o la ciencia definen, por poner otro extremo, no aparece como solución adecuada ni la paz armada ni la promoción de los ejércitos.

Porque, en efecto, para predicar la paz armada es necesario dibujar un panorama mundial unilateral, agresivo y fatal, lo que implica obviar una gran parte de los problemas globales y de sus causas.

Y ese escenario es precisamente lo que afirma el documento. El mundo va de culo pal estanco y si no nos preparamos para repartir chufas nos iremos por el sumidero y llegarán los malos a imponernos sus valores y quitarnos los nuestros y nuestras preciosas libertades.

Bueno, no lo dice precisamente así, que aún no han prendido en el lenguaje burocrático europeo las ínfulas callejeras y pandilleras que predican algunos de los líderes con mayor proyección a futuro, pero la idea es la misma.

La UE simplifica los problemas globales que justifican una preocupación por la seguridad y los reduce a una serie de síntomas y de aspectos enfocados desde una óptica securitizadora, para caracterizar la situación mundial como una amenaza para la paz y la seguridad entendida en términos militares: «La realidad internacional actual se basa en la combinación de dinámicas en las que interviene un número creciente de actores que intentan ampliar su espacio político y desafiar el orden establecido en materia de seguridad» (pág. 7).


De ahí que nuestro entorno estratégico para el documento implica que «la UE está hoy rodeada de inestabilidad y conflictos y ha de hacer frente a una guerra en sus fronteras. Nos encontramos ante una peligrosa combinación de agresiones armadas, anexiones ilegales, Estados frágiles, potencias revisionistas y regímenes autoritarios. Este entorno es un caldo de cultivo de múltiples amenazas para la seguridad europea, desde el terrorismo, el extremismo violento y la delincuencia organizada hasta los conflictos híbridos y los ciberataques, la instrumentalización de la migración irregular, la proliferación de armas y el debilitamiento progresivo de la arquitectura de control de armamentos. La inestabilidad financiera y las diferencias sociales y económicas extremas pueden exacerbar aún más esa dinámica y tener repercusiones cada vez mayores en nuestra seguridad. Todas esas amenazas comprometen la seguridad de la UE en nuestras fronteras meridionales y orientales y en lugares más lejanos».

Ante este panorama, el documento detalla nuestra visión de la inseguridad que ocurre en el resto del mundo y nuestra necesidad de defendernos de ellas.

Para no complicar mucho el comentario, he intentado detallarlas por medio de un cuadro sintético en el que aparece un contexto general de inestabilidad y conflictos circundantes (en los que parece ser que no tenemos nada que ver), ya definido hace un momento, su concreción o traducción en materia de seguridad, las principales amenazas que sufre Europa y otros factores que pueden servir de potenciadores al agravamiento de la situación. Luego de esto vendrá la serie de propósitos estratégicos a los que, región por región mundial, que vamos a perseguir con nuestro esfuerzo militar y su acompañamiento de diplomacia de fuera.


No necesita mucha más explicación el escenario «de parte» que se nos pinta: todo son potenciales peligros y aún debemos dar gracias de algunos olvidos como la posibilidad de que nos invadan los marcianos, nos crezca el separatismo interno, nos inflame con sus trampas y nos convenza con sus mentiras los enemigos de la fe.


Se echan en falta, por otro lado, algunas menciones específicas a actores globales que provocan constantemente guerras y conflictos y que mantienen más de ochocientas bases militares en el mundo para imponer su curiosa idea de orden mundial, como `pueden ser algunos países aliados de cuyo nombre no es preciso hacer mención, o como la inestabilidad que provocan constantemente otros aliados naturales que además tienen armamento nuclear, químico y bacteriológico disponible, como pueden ser Israel, India o Pakistán, o las guerras actuales y próximas en las que la UE está involucrada, o el efecto que en la inestabilidad mundial tiene la proliferación de armas y la venta de las mismas por parte de las muy activas empresas europeas, o la imposición de políticas internacionales y comerciales de tintes bastante más que discutibles por parte de la UE a múltiples países del Sur global, pro poner algunos ejemplos.

Se hace hincapié, como se ve, en una situación global de inestabilidad desde la óptica militar pero no se incide en cómo hemos llegado hasta aquí no en qué tiene que ver con ésta la responsabilidad y la propia actuación de la UE en la actual situación, lo que viene siendo poner el carro antes que los caballos.

Políticas a desarrollar.

La UE se propone incrementar su estructura militar para atajar estos problemas, que quiere conjurar al otro lado del limes, en el mundo de los bárbaros, sin preguntarse por nuestra propia barbarie.

¿Será que la guerra es un producto de exportación, también, de la UE?¿Será un desecho de nuestra paz de fortaleza inexpugnable?

Veamos las medidas.

Decíamos que hay cuatro ejes de la acción que predica esta brújula desnortada:

  • 1.- Actuar con rapidez y firmeza en escenarios de crisis.
  • 2.- Garantizar la seguridad, aumentando las capacidades militares.
  • 3.- Invertir en defensa y en la industria militar.
  • 4.- Trabajar de manera asociativa principalmente con la OTAN y otros socios regionales y bilaterales.

Cada eje contiene una serie de objetivos y dispositivos para llevar adelante este ejército made in UE.

  • 1.- Actuar (Lo que viene siendo injerencia militar):

El objetivo será «. . . redoblar los esfuerzos para estar preparados ante crisis y amenazas y para proyectar estabilidad, tanto en nuestra vecindad como fuera de ella . . . aprovechando al máximo las sinergias y la complementariedad entre la seguridad interior y exterior, la seguridad y el desarrollo, y las dimensiones civil y militar de nuestra política común de seguridad y defensa (PCSD). Reforzaremos nuestra capacidad para llevar a cabo todo el espectro de misiones civiles y militares de gestión de crisis que constituyen el núcleo de nuestra PCSD» (pg. 13).

¿Con qué medios?

1) Creando una « Capacidad de Despliegue Rápido de la UE » que nos permitirá desplegar rápidamente una fuerza modular de hasta 5 000 militares que incluya componentes terrestres, aéreos y marítimos y los elementos de apoyo estratégicos necesarios (pág. 13).

Esto no quiere decir necesariamente que se dotarán de una fuerza de 5000 efectivos y ya está, sino que se dotarán de fuerza militar para desplegar 5.000 efectivos en un conflicto, que no es lo mismo.

Para tener 5.000 efectivos disponibles para intervenir en un conflicto militar hay que tener muchos más efectivos, contar con una logística imponente y con un armamento impresionante, lo que supone a su vez un gasto militar constante nada despreciable. ¿Cuántos efectivos y cuánto gasto? No lo dicen.

Para hacerse una idea, España, con un ejército de más de 130.000 efectivos, tiene desplegados en total entre 3.000 y 3.500 militares en operaciones militares en el exterior y un gasto militar descomunal y en su mayor parte oculto.

2) Apoyando la línea de securitización de la UE en las que llama Misiones PSCD civiles, a las que señala como «cruciales en la respuesta global que la UE ofrece, a través de medios no militares, a los retos de seguridad, en particular los relacionados con la migración irregular, las amenazas híbridas, el terrorismo, la delincuencia organizada, la radicalización y el extremismo violento» (pág. 15) y que consagra las ideas de quintacolumna, enemigo interno, securitización de las migraciones y securitización de otros problemas de índole no militar a las que considera amenazas híbridas.

3) Para garantizar un despliegue eficaz de esta fuerza, la UE se compromete «a proporcionar los recursos correspondientes y los elementos de apoyo estratégicos necesarios, en particular el transporte estratégico, la protección de las fuerzas, los recursos médicos, de ciberdefensa y de comunicación por satélite y las capacidades de inteligencia, vigilancia y reconocimiento». (pág. 14)

4) En lo que se refiere a las funciones de mando y control, «haremos uso de nuestros cuarteles generales operativos nacionales predefinidos o de la Capacidad Militar de Planificación y Ejecución de la UE» (Pág. 14)

5) Organización «de formaciones y ejercicios militares en el marco de la UE para mejorar la preparación y la interoperatividad» (pág. 14).

6) Incrementarán y mejorarán las actuales misiones militares en el exterior dada la competencia de competidores estratégicos en los actuales teatros de operaciones (pág. 14).

7) Financiando todo esto desde a) el «Fondo europeo de la Paz» y con «diversas fórmulas de cooperación» (por ejemplo, mediante «la coordinación operativa, el apoyo logístico, el intercambio de inteligencia y la puesta en común de las capacidades de evacuación médica en las operaciones PCSD y misiones “ad hoc”, en el Sahel, cuerno de Africa y estrecho de Ormuz», o «mejorando la interoperatividad de nuestras fuerzas navales mediante ejercicios reales y organizando escalas portuarias europeas», o acometiendo «por vez primera, operaciones de seguridad aérea de la UE» y «misiones civiles PCSD civiles . . .» (Pág. 15) y el «Pacto sobre la vertiente civil de la PCSD» y capacitándose y preparándose para «desplegar una misión integrada por doscientos expertos civiles en un plazo de treinta días, haciendo pleno uso de los equipos y los servicios logísticos esenciales que ofrecen el almacén logístico estratégico y la plataforma de apoyo a las misiones» (Pág. 16).

8) «Vinculando a la política de defensa y a la PCSD a instituciones internas de seguridad y justicia como Europol, Eurojust, la CEPOL y la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex), para abordar conjuntamente los desafíos de seguridad pertinentes», aprovechando la experiencia positiva (¡!) que la UE ha conseguido al respecto en «Libia, Ucrania, el Sahel o el Cuerno de Africa o la célula de información sobre la delincuencia establecida en la operación naval de la UE en el Mediterráneo» (pg. 16).

9) Creando una estructura de mando y control plenamente operativa para la conducción de todo este entramado militar, estructura a la que denominan Capacidad Militar de Planificación y Ejecución (Pág. 16).

10) E integrando la perspectiva de género y los derechos humanos en las acciones de la PCSD (pág. 16) lo que se traduce en incrementar el número de mujeres militares (pg. 17), bonita manera de degradar la perspectiva de género a la militarización de la mujer, y en los bellos cantos de sirenas sobre el respeto de los derechos humanos, antagónicos de la guerra y su preparación.

11) Reafirmando el compromiso de asistencia mutua entre los estados UE, de forma que el ataque a uno de ellos es el ataque a todos ellos y merecerá una respuesta militar (pág. 18).

12) Incrementando las capacidades de inteligencia, planificación y alerta temprana (pág. 18).

13) Incrementando las maniobras militares (Pág. 18)

14) Reforzando «las infraestructuras de transporte de doble uso en toda la red transeuropea de transporte, con el fin de facilitar el desplazamiento rápido y fluido del personal, el material y el equipo militares para ejercicios y despliegues operativos, trabajando en estrecha cooperación con la OTAN y otros socios» (Pág. 18).

Todo un elenco de esfuerzo militar conjunto encaminado a disponer de musculatura militar reforzada respecto a la que actualmente ya tiene la UE, con más de 200.000 millones de euros anuales de gasto militar y cerca de 2.000.000 millones de efectivos militares activos.

  • 2.- Garantizar la seguridad (lo que viene siendo privilegiar el espionaje y el relato para consolidar el papel de potencia militar)

El objetivo que se plantea este segundo eje estratégico es «reforzar considerablemente nuestra resiliencia mejorando nuestra capacidad para anticipar y detectar estas amenazas y darles respuesta» (pág. 21).

Para ello se disponen a activar o reforzar dispositivos que en parte ya tienen desde hace tiempo:

1.- La de Capacidad Unica de Análisis de Inteligencia de la UE (que para quien no lo sepa está integrada por el Centro de Capacidad Unica de Análisis de Inteligencia, EU INTCEN, y por la Dirección de Inteligencia del Estado Mayor de la UE) y del Centro de Satélites de la UE (pág. 21)

2.- invertir en equipos técnicos, infraestructuras y expertos punteros europeos en ciberseguridad y estableciendo normas sobre información clasificada y secreta (Pág. 21).

3.- Creando equipos de respuesta rápida de la UE contra amenazas híbridas para luchar contra este tipo de amenazas, porque «nos enfrentamos a agentes extranjeros estatales y no estatales que están constantemente perfeccionando y reforzando por tanto sus tácticas, técnicas y procedimientos, como la instrumentalización de la migración irregular, la utilización del Derecho como arma estratégica y las medidas de coacción dirigidas contra nuestra seguridad económica y energética» (págs. 21-22).

4.- Utilizando un conjunto de instrumentos de ciberdiplomacia de la UE y aprovechando plenamente todos sus elementos, «en particular las medidas preventivas y las sanciones a agentes externos por actividades informáticas malintencionadas contra la Unión y sus Estados miembros» (pág. 22).

5.- Creando una información al servicio de la defensa. «Con este fin, y tal como se pide en el Plan de Acción para la Democracia Europea, desarrollaremos el conjunto de instrumentos de la UE para afrontar y atajar la manipulación de información y la injerencia por parte de agentes extranjeros, en particular en nuestras misiones y operaciones de la PCSD» (Pág. 22).

6.- Creando una política (manipulativa) «para que la sociedad adquiera una “conciencia situacional”» (pág. 21) entendida como conocer que estamos muy amenazados y tenemos que apoyar los esfuerzos por defendernos del condumio militarista.

7.- Desarrollando una política de ciberdefensa europea que «impulsará la investigación y la innovación, supondrá un estímulo para la base industrial de la UE y promoverá la educación y la formación con el fin de asegurar que estemos listos para entrar en acción» (pág 21).

8.- Extendiendo esta lucha ciberdiplomática al espacio, donde se busca consolidar «un acceso seguro, protegido y autónomo al ámbito espacial» (Pág 22) y creando una «nueva estrategia espacial de la UE para la seguridad y la defensa» que militarice los aspectos espaciales, dado que actualmente la Agencia Espacial Europea está circunscrita al ámbito civil (Pág. 22).

9.- Reforzando las estrategias de seguridad aérea y marítima, cruciales para el comercio y los intercambios europeos (Pág. 24).

10.- Luchando contra el terrorismo y promoviendo políticas tendentes a consolidar tratados de desarme, control y no proliferación de armamentos.( Pág. 25).

11.- Adaptando «el sector de la seguridad y la defensa de la Unión y nuestros compromisos con arreglo a la PCSD (a la situación producida por el cambio climático) y mejoraremos la eficiencia energética y la eficiencia en la utilización de los recursos, en particular la huella ambiental de nuestras misiones y operaciones de la PCSD y mejoraremos la eficiencia energética y la eficiencia en la utilización de los recursos, en particular la huella ambiental de nuestras misiones y operaciones de la PCSD, en consonancia con el objetivo de la Unión de alcanzar la neutralidad climática de aquí a 2050 en el marco del Pacto Verde Europeo, sin reducir la eficacia operativa» mediante el desarrollo de tecnologías limpias y sostenibles (Pág. 25).

12.- Fortaleciendo las capacidades militares de respuesta en catástrofes, para que «los actores militares estén preparados para ayudar a las autoridades civiles en futuras emergencias y catástrofes» (Pág. 26).

  • 3.- Invertir (o lo que viene siendo aumentar el gasto militar brutalmente).

En consonancia con la pretensión remilitarizadora de Europa hace falta pasar de los cuentos a las cuentas, porque consolidar a Europa como potencia militar (aunque sea subsidiaria de la gran potencia americana) cuesta un ojo de la cara y alguien tendrá que pagar los platos rotos.


¿Cuánto nos cuesta esto?

Responderse a esta pregunta no es tarea fácil, primero porque el gasto militar europeo, como le pasa al español, esta singularmente disfrazado y transversalizado en otros lugares fuera de los presupuestos específicos militares y segunda porque el coste en realidad debería complementarse con otros insumos indirectos de difícil cálculo, como por ejemplo, la huella ecológica del esfuerzo militar, lo que se deja de hacer en otros tipos de políticas para privilegiar el gasto militar sobre el gastos social y sobre necesidades de conocimiento y ciencia destinados a la mejora del planeta, el coste ético, de derechos humanos y de envilecimiento que supone este giro militarista para las sociedades europeas para garantizar intereses nada santos, que en suma es la pretensión final del engendro, y, en fin, todo el enorme coste de oportunidad que implica el gasto militar.

Dejemos para más adelante la pregunta sobre quién va a pagar los platos rotos. De momento conformémonos con ver qué dice la brújula de los brujuleos que van a hacer para pagar este dispendio.

Ahora cierren los ojos (es un decir) y lean esta frase que de momento no les voy a decir de dónde diablos la he sacado: «debemos incrementar y optimizar de manera decidida la inversión en capacidades de defensa y en tecnologías innovadoras, tanto en el ámbito nacional como de la UE. Tenemos que reforzar nuestras capacidades de defensa y equipar a nuestras fuerzas armadas para los retos del mundo al que nos enfrentamos. Debemos ser más audaces y rápidos a la hora de paliar carencias cruciales en materia de capacidades, superar la fragmentación, lograr la plena interoperatividad de nuestras fuerzas y reforzar la base industrial y tecnológica de la defensa europea de modo que sea resiliente, competitiva e innovadora y que garantice además la participación transfronteriza de pequeñas y medianas empresas».

Después de oírla (es otro decir, porque en realidad la habrán leído), ¿Quién diría que la ha lanzado: los señores de la guerra en un simposio sobre su papel crucial en el mundo; Margarita Robles en una de sus seculares loas a la paz militar; el Secretario General de UGT en las jornadas «La industria de defensa: motor económico y de bienestar social» que se han montado del 10 al 11 de Mayo en Madrid o el representante de Podemos en la Comisión de Defensa apoyando a alguna empresa militar en concreto? Digan lo que digan, no han adivinado, porque, aunque es la pretensión/mantra del lobby militar industrial de siempre y los otros que les hemos dicho la tienen interiorizada como verdad de pura cepa y la defienden a capa y espada, la afirmación en sí está en la página 30 de la Brújula y es el preámbulo para predicar más leña al mono.

Para ello se comprometen, tanto a nivel nacional como en conjunto a

1.- Aumentar «sustancialmente nuestro gasto en defensa, dedicando una parte significativa a la inversión» (Pág. 30) e intentando «que se aplique un enfoque europeo coordinado y colaborativo a este incremento del gasto a escala de los Estados miembros y de la UE» (Pág. 30).

2.- Coordinar las políticas de inversión y compras para que el gasto militar de los estados y de la UE sirva para desarrollar «fuerzas que abarquen todo el espectro de las operaciones, que sean ágiles y móviles, interoperativas, tecnológicamente avanzadas, eficientes en materia de energía y resilientes». «De conformidad con el principio del conjunto único de fuerzas, estas fuerzas permanecen en manos de los Estados miembros y pueden desplegarse también en otros marcos» (Pág 30).

3.- Asegurándose que las preferencias de la UE en materia de Defensa estén incorporados a la planificación nacional de la defensa para que su gasto militar se subordine a la política militar de la UE (Pág. 31).

4.- Usar el Fondo Europeo de Defensa (actualmente dotado con 8.000 millones de euros para el período 2021 a 2027) y la Cooperación estructurada permanente (que vehicula la colaboración en inversiones y proyectos militares entre estados de la UE) para invertir «en elementos de apoyo estratégicos . . . para acometer toda la gama de misiones y operaciones correspondiente al nivel de ambición que hemos acordado» (Pág. 31).

En concreto estos dos mecanismos financiarán: En el ámbito terrestre, «una agrupación completa de capacidades terrestres que permitirá mejorar, modernizar y sustituir progresivamente las principales plataformas actuales y los sistemas logísticos conexos. Los ámbitos prioritarios relativos a los sistemas de combatiente y al carro de combate contribuirán en gran medida a estos esfuerzos.» En el ámbito marítimo, «plataformas navales de alto nivel, en particular plataformas no tripuladas para el control subacuático y en superficie . . . y el buque patrulla de superficie europeo». En el ámbito aéreo, «capacidades de nueva generación plenamente interoperativas, en particular los futuros sistemas de combate y los sistemas de defensa aérea. . . . los futuros sistemas de combate previstos, en particular los sistemas de aeronaves pilotadas a distancia, . . . elementos de apoyo clave, en particular la capacidad de transporte aéreo estratégico. . . . capacidades antiacceso y de denegación de área y a la defensa contra sistemas de aeronaves no tripuladas contribuye a la dimensión de defensa aérea de esta labor». En el ámbito espacial «en particular, el desarrollo de la observación de la Tierra desde el espacio, de tecnologías para la conciencia situacional espacial y de servicios de comunicación y navegación situados en el espacio». Y en el ámbito cibernético «desarrollaremos y utilizaremos de manera intensiva las nuevas tecnologías, en particular la informática cuántica, la inteligencia artificial y la inteligencia de datos» (Pág. 32).

5.- Se proyecta «dar el peso financiero adecuado, a largo plazo, al Fondo Europeo de Defensa de modo que esté en consonancia con el mayor nivel de ambición a escala de la Unión. Aumentaremos y movilizaremos la inversión colaborativa en defensa a escala de la UE, en particular en investigación y tecnología» (Pág. 33).

6.- Para privilegiar la inversión militar, se proyecta eximir del IVA a los programas de financiación militar y establecer otros sistemas de bonificaciones fiscales al fondo Europeo de Defensa (Pág. 33).

7.- Y, así mismo, vincular a la inversión militar otros mecanismos financieros de la UE; como los programas Horizonte Europa, el programa Europa Digital, el Mecanismo «Conectar Europa», el Programa Espacial de la UE, el Consejo Europeo de Innovación e InvestEU. (pág. 34).

8.- Todo ello lleva a una nueva política de apoyo indiscriminado a la industria militar europea para que consolide una «base industrial y tecnológica de la defensa europea innovadora, competitiva y resiliente que garantice la seguridad del suministro y tecnologías punteras es más importante que nunca y es, además, fundamental para el empleo, el comercio, la inversión, la seguridad y la investigación en la UE» (pág. 35).

9.- Para un apoyo más específico, en 2022 se creara un Centro de Innovación en materia de Defensa, y un Observatorio de materias críticas, con fondos europeos.

Ahora estamos en disposición de hacernos una pregunta más:

¿Quién pagará los platos rotos?

Veamos: si van a dar pasta a chorros a la industria militar europea, van a bajar impuestos y a dotarla de otros incentivos para que los pobrecitos puedan con la carga de trabajo extra, si la inversión militar se va a extender a los fondos militares con los que específicamente cuenta Europa, así como a otros fondos tradicionalmente destinados a necesidades civiles, si se va a imponer a los estados aumentar su propio presupuesto militar en consonancia con los intereses de la UE, si se va a privilegiar la investigación militar en determinados programas de armas de proyección sofisticadas en detrimento de otro tipo de investigación mas social, si se va a aumentar el espionaje, la ciberdefensa, así como la inteligencia artificial encaminada a la securitización social, si nos van a endilgar una información «veraz» y «libre» al servicio de los intereses de la defensa y además los militares van a dedicarse a colaborar ante crisis civiles, catástrofes civiles, pandemias y otras cuestiones que hasta ahora eran ocupación de cuerpos civiles, ¿Quién creen que va a pagar el estropicio?

Y otra pregunta capciosa más: si vamos a incrementar nuestro intervencionismo externo, a ocupar espacio exterior para defender (militarmente) nuestros intereses (nuestros quiere decir de la élite de aquí, no los de cada cual), si vamos a tener la capacidad de sostener tropas de intervención rápida en cualquier tipo de conflicto, ¿Quién se supone que va a sufrir nuestra aventurera política de defensa?

Pues ya lo ven, los paganini de este dispendio serán los ciudadanos europeos y las victimas de nuestra obsesión militar, indistintamente, en beneficio de los señores de la guerra, de los que viven del negocio de la defensa y la seguridad, de las élites y de los intereses a los que protegen y de los colaboradores externos a la política europea, lo que incluye a los capitalistas de los países aliados, a las elites de los países vecinos y colaboradores y a los títeres del militarismo de uno y otro lado del enfrentamiento, que estos sí que mantienen entre si, con independencia del bando en el que juegan, una hermandad de intereses y mentalidades internacionalista y aplastante.


  • 4.- Trabajar de manera asociativa (o lo que viene siendo subordinarse a la estrategia de defensa de la OTAN y EE.UU, de la que somos dependientes).

Queda la última pata de esta singladura desenfocada de la UE en su viaje en el barco de una defensa que es agresión y hacia un territorio de seguridad que es pura inseguridad para propios y extraños.

Es el de la vinculación a la OTAN y su estrategia de dominación-violencia, en un contexto mundial de enfrentamiento global entre el modo declinante imperialista de ejercer el poder mundial de EEUU y sus enemigos emergentes.

«La asociación estratégica de la UE con la OTAN es crucial para nuestra seguridad euroatlántica, . . . Hay que aprovechar los avances sin precedentes que se han producido desde 2016 en lo que respecta al fortalecimiento de la cooperación con la OTAN para tomar medidas adicionales, ambiciosas y concretas, que nos permitan definir respuestas comunes a las amenazas y los retos actuales y futuros que nos afecten a ambos» (Pág. 40).

Al margen de esta alianza privilegiada, la UE hace votos por coordinarse más y mejor con la ONU y la OSCE, y con estrechar lazos con La UE establecerá para ello vínculos operativos más estrechos con organizaciones regionales y subregionales como la Unión Africana (UA), La Comunidad Económica de los Estados del Africa Occidental (CEDEAO), el G5 del Sahel, la Comunidad para el Desarrollo del Africa Meridional (SADC) y la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), todas ellas del ámbito africano; con la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN), la Liga de los Estados Arabes y el Consejo de Cooperación del Golfo, así como por mantener cooperación bilateral y adaptada con diversos países de interés estratégico, como Turquía, los países de los Balcanes occidentales, Ucrania, Georgia y Moldavia; Colombia y Chile en Sudamérica; Japón, la República de Corea, la India, Indonesia, Pakistán y Vietnam en la región indo pacífica, etc.


Conclusión:

En conclusión, el Consejo ha decidido involucrar a la UE y a los países integrados en ella en la nueva fase de militarismo y rearme en la que se desenvuelven los intereses de dominación-violencia en pugna, anunciando su nuevo enfoque de incremento de las capacidades e inversiones militares y de preparación para la guerra.

Todo ello se ha decidido, a pesar de lo trascendente del paso, de espaldas a la sociedad y sobre el presupuesto de un aparente consenso social y democrático motivado por el miedo a las nuevas/viejas guerras en las que la UE anda embarcada y el supuesto peligro que para nuestra seguridad puede tener el paso adelante dado por el militarismo ruso.

Ahora bien, no se ha contado en realidad con la gente de a pie y sus preferencias, ni se ha informado debidamente de lo que se pretende, de sus repercusiones y de sus consecuencias.

Sorprende ver la coincidencia de intereses y percepciones de la realidad que mantienen los halcones europeos, las élites capitalistas y los señores de la guerra que alimentan el complejo militar-industrial en acentuar el giro militarista y el gasto militar como motor de salida de las crisis superpuestas que venimos encadenando y sorprende más aún la falta de concreción de cualquier tipo de medida de paz desde el enfoque de la seguridad humana, ambiental o de prosecución y promoción de un orden internacional justo.

Merece la pena recordar que resolución 18/6 de 29 de septiembre de 2011 del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas (ratificada, dicho sea de paso por las resoluciones del Consejo de derechos Humanos 21/9, 25/15, 30/29, 33/3, 36/4, 39/4 y 42/8); ordena la promoción de un orden internacional democrático y equitativo, para lo que, entre otros aspectos, y tal como afirman los sucesivos informes del Experto Independiente de la ONU para dicha promoción, sólo se puede conseguir reduciendo el gasto militar y la inversión en ejércitos y trasvasando estos rubros a la lucha por la justicia social y a favor de las necesidades humanas.

Nos dicen los agoreros, perdidos en su mareo y fascinados por los cantos de sirena de la guerra, que no podemos imaginar una alternativa mejor que la de hacer la guerra para conseguir la paz.

¿Es eso cierto?

A eso dedicaremos una segunda entrega de este texto.




Fuente: Grupotortuga.com