August 1, 2022
De parte de El Topo
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Toda buena siesa que se precie est谩 vac铆a de deseo maternal. No existe en el universo siesil ninguna referencia a posibles frutos, ni natos ni nonatos. La ovulaci贸n, por ejemplo, no se traduce en atracci贸n sexual; no hay fin reproductivo; no se busca perpetuar la informaci贸n gen茅tica. No. La siesa considera la ovulaci贸n como un momento de expansi贸n c贸smica, donde baila dominada por una gran energ铆a, y la prioridad es el disfrute propio. Autocuidado y alegr铆a siesil, que traducido resulta: hago lo que me sale de los ovarios sin ataduras. La c茅lebre antrop贸loga Sita Regato lanz贸 la teor铆a de que la buena siesa no quiere ser madre para evitar sentir la contradicci贸n entre el deseo de independencia y el de cuidar a la otra. Argumenta que no quiere experimentar la muerte propia ni la supuesta transformaci贸n. Descarta compartirse f铆sica o emocionalmente. Y, sobre todo, la Regato dice que la siesa 芦odiar铆a ser consciente de que rechaza una vida que hubiera parido ella, con la posterior inundaci贸n de culpa禄.

La buena siesa considera que la maternidad debe ser una elecci贸n. Por eso est谩 en contra de la m铆stica maternal y de las obligaciones y controles que establece el patriarcado en su concepci贸n del mundo, a trav茅s de los mandatos de g茅nero. Aunque, hablando en serio, en realidad ella no tiene ni pu帽etera idea de qu茅 narices es un mandato de g茅nero.

As铆 que su postura siempre ha sido la del pasito atr谩s, observadora externa de la vida de las dem谩s. Adoptando el papel de una insecta que permanece horas camuflada en la hoja, no vaya a ser que alguien la descubra y no pueda dedicarse a observar el comportamiento natural. Porque lo que mayor placer le da es la contemplaci贸n.

Una ma帽ana cualquiera, mientras la siesa observaba inm贸vil a la gente que iba y ven铆a por la plaza de abastos, su mirada se cruz贸 con unos ojos y qued贸 atrapada. Esos ojos hicieron que se levantase del c贸modo lugar de espectadora, y se acercara despacio, sin querer.

鈥擧ola鈥, dijo ella.

鈥擧ola鈥, respondieron los ojos.

鈥斅緾贸mo est谩s?鈥, pregunt贸 la siesa.

鈥擸o bien, 驴y t煤?鈥, replicaron las pupilas.

鈥 Bien. 驴A d贸nde vas?鈥, volvi贸 a preguntar, sabiendo que ya hab铆a preguntado demasiado y que lo mismo la espantaba antes de tiempo.

鈥擜 vivir鈥, gui帽贸 uno de los ojos y sonri贸 el otro mientras abrazaban a la siesa con cari帽o. Luego, la mirada que la hab铆a atrapado se perdi贸 en una esquina junto con el cuerpo que la acompa帽aba. Danzando en otra direcci贸n. Alej谩ndose con plena conciencia de la vida, como si cada paso fuera la primera respiraci贸n en el mundo.

Entonces la siesa volvi贸 a quedarse inm贸vil, insecta palo convertida en farola de plaza, y contempl贸 aquel cuerpo, ajeno a un dolor que no fuera propio.

Adi贸s, mam谩, susurr贸 mientras la dejaba marchar. Luego llor贸 al darse cuenta de que no sab铆a cu谩ndo volver铆a a verla.

Pero no os preocup茅is, que llor贸 poco. Ya hac铆a tiempo que la hab铆a perdonado.

Sita Regato, La maternidad disidente
Hill Valley: Ed. Episiotom铆a, 2007, p谩g. 14.




Fuente: Eltopo.org