January 11, 2023
De parte de Traficantes
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El día 19 de noviembre de 1975, el dictador Franco agoniza y, al compás de su agonía, se van escribiendo las reglas de un juego: el de la lucha por el poder, que por su naturaleza imprevista coloca todo acto al borde de un precipicio. A él se asoman los personajes de La caída de Madrid, y cada uno de ellos enfrenta el futuro con el grado de incertidumbre, de certeza o de frivolidad al que lo condena su pasado, en un intento de salvación (y, acaso, de traición: su reverso).

Juega aquí un papel primordial, como contrapunto que sostiene una estructura narrativa compleja, la dialéctica de clases sociales, a partir de la cual se narran las vidas de personajes que se entrecruzan a través de diversas tramas que crean esa ilusión de vida a que debe aspirar toda novela.

Así, el peso de los estragos del tiempo y el recuerdo de la infancia del empresario don José Ricart; el miedo del comisario Maximino Arroyo cuando contempla su futuro en el de los pides, los policías portugueses, y enloquece, al mismo tiempo, por el amor de Lina; la renuncia del profesor Chacón a una España que ya no le pertenece a su vuelta del exilio; las contradicciones del universitario Quini, debatiéndose entre su pertenencia a una clase social y sus devaneos ideológicos; la astucia y el oportunismo de Taboada, subiendo finalmente al barco que llegará a puerto; el

“La Caída de Madrid (2000). En el mismo día que Franco muere, un militante obrero es asesinado por la policía y, mientras, las élites franquistas y la intelectualidad progresista celebran un festín. La última cena del franquismo sí, pero la primera de la democracia. En la novela, unos ponían el cadáver del régimen, del que deseaban desprenderse, y, los otros, el de la clase proletaria, en cuyo nombre se expresaban.” (Germán Labrador)




Fuente: Traficantes.net