February 28, 2021
De parte de SAS Madrid
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Los responsables de la capital creen que “las medidas a medias” no funcionan.

Los responsables municipales de París, muy inquietos por el progreso de la pandemia de la covid, han lanzado la piedra y luego han escondido la mano. El jueves por la noche, Emmanuel Grégoire, número dos de la alcaldesa, la socialista Anne Hidalgo, propuso un confinamiento estricto en la capital francesa, durante tres semanas, al constatar que “las medidas a medias” no funcionan.

Lo que parecía una inminente solicitud formal al prefecto para actuar se convirtió en marcha atrás parcial a las pocas horas. Ayer por la mañana, ante la magnitud de la reacción al anuncio, el propio Grégoire matizó que se había tratado de una simple hipótesis si la situación sanitaria se sigue agravando.

El debate, sin embargo, está sobre la mesa entre los epidemiólogos y la clase política. La preocupación de los responsables de París la comparten otros líderes locales y quienes hacen el seguimiento de la pandemia. Grégoire había sido muy claro en que “las medidas a medias dan malos resultados”. “No se puede imponer vivir en una semiprisión durante meses”, afirmó el brazo derecho de Hidalgo a la radio France Info.

Hay que tener en cuenta que los restaurantes, bares, museos, monumentos, cines, teatros y salas de fiesta llevan ya cerrados cuatro meses en Francia. Pese a las teóricas ayudas estatales, cobrarlas exige trámites burocráticos que nunca son sencillos en este país y existen limitaciones. La realidad es que la situación de muchos propietarios de locales es desesperada, por no hablar del daño profesional, moral y psicológico que conlleva una inactividad tan prolongada y la incertidumbre total sobre la reapertura.

A este cierre se añade un toque de queda entre las 6 de la tarde y las 6 de la mañana, tanto los días laborables como los festivos, una restricción muy dura de soportar cuando suben las temperaturas y medio país se halla de vacaciones de invierno.

El razonamiento del Ayuntamiento de París es que tal vez sea mejor un confinamiento estricto, como se hizo en marzo pasado, si eso permite después reabrir la restauración, los establecimientos culturales y de espectáculos. Se trata de un cálculo de costes.

Las autoridades de París han lanzado su idea –aunque quieren que sea el Gobierno central, al final, quien se moje y asuma las consecuencias– al ver que gana terreno la estrategia de los confinamientos selectivos territoriales y temporales. Eso lo que ha sucedido en la franja costera del departamento de los Alpes Marítimos (Niza y otras localidades) y en Dunkerque, cerca de la frontera con Bélgica. En esas zonas, con alta incidencia del coronavirus, entró en vigor, a las 6 de la tarde de ayer, un confinamiento de fin de semana –hasta las 6 de la mañana del lunes– con condiciones muy parecidas a las de marzo pasado. Hidalgo y su equipo piensan que se trata de paños calientes, de medidas ineficaces. Preferirían un sacrificio mayor que permitiera luego una normalización rápida y general.

El primer ministro Jean Castex presume en cada rueda de prensa de que Francia está sobrellevando la pandemia mejor que sus vecinos, que la incidencia es menor y que otros sufren más restricciones. El premier oculta sistemáticamente la lentitud exasperante en la vacunación y los fallos graves de organización, algo que cualquier francés puede constatar si compara lo que está ocurriendo en casa con las imágenes y las cifras que llegan de otros países como Gran Bretaña o Estados Unidos, por no hablar de Israel. En Francia aún no se tiene la impresión de que la campaña vacunal tiene una prioridad absoluta.

El triunfalismo de Castex chocó con los hechos. Anteayer hubo de anunciar que 20 departamentos –entre ellos la entera región parisina, con 12 millones de habitantes– estarán bajo vigilancia especial los próximos días y no se descarta apretar la tuerca de las restricciones el próximo 6 de marzo.

Enlace relacionado LaVanguardia.com 27/02/2021.




Fuente: Sasmadrid.org