March 30, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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Hace algo m谩s de un a帽o, el 5 de febrero del a帽o 2020, escrib铆 por primera vez sobre el coronavirus, justo en las p谩ginas que me brinda esta publicaci贸n. El art铆culo, le铆do hoy, aporta claves interesantes en el sentido de observar cu谩les eran nuestras expectativas sobre una enfermedad que en esos momentos, azotando China, a algunos les parec铆a lejana: determinada arrogancia nubla el juicio sobre la inmunidad. En Espa帽a el primer caso se dio en el archipi茅lago de Las Canarias, escrib铆 que: “Si el virus ha llegado a una peque帽a isla, distante del epicentro chino miles de kil贸metros, es la prueba de que no hay un lugar en el mundo a salvo de estas amenazas”.
El art铆culo, titulado ‘Coronavirus, nuestras sociedades frente al espejo’, apuntaba algo que creo interesante ya que el paso del tiempo lo ha confirmado como una realidad, aunque muchos busquen subterfugios para evitarla. China, como dec铆amos, era en esos momentos el pa铆s m谩s afectado, pero estaba haciendo frente a la enfermedad con una determinaci贸n que se plasmaba en la construcci贸n del hospital de Huoshenshan, en Wuhan, en un tiempo r茅cord. Cuando muchos insist铆an en que el diferencial chino era el autoritarismo de su Gobierno, por aqu铆 apuntamos que la clave se hallaba en la fortaleza de su sector p煤blico. O dicho de otra forma, tras las condenas gen茅ricas a China lo que se hallaba no era ninguna preocupaci贸n democr谩tica, sino ensombrecer un reflejo en el que el occidente que apost贸 por el dogma neoliberal ha salido perdiendo.

Un a帽o despu茅s, los que anticiparon que la pandemia iba a ser el Chernobil de China guardan silencio. Tambi茅n los que iniciaron hace unos meses una campa帽a contra la Sputnik V, la vacuna rusa, y hoy se encuentran con que, probablemente, tengan que hacer uso de la misma si quieren cumplir los plazos que se hab铆an marcado. En especial la Uni贸n Europea que, una vez m谩s, se encuentra con que su dependencia de los Estados Unidos en pol铆tica internacional le perjudica m谩s que le beneficia. Aunque los intereses de la UE y Rusia no deber铆an ser antag贸nicos, si en estos momentos tienen divergencias, ser铆a esta una buena ocasi贸n para que Bruselas pusiera por delante la salud de sus ciudadanos antes que los compromisos con Washington. Por desgracia las 煤ltimas declaraciones de Biden, una salida de tono impropia del que se nos ha vendido como regenerador liberal frente a Trump, no auguran una situaci贸n de distensi贸n que en estos momentos se hace m谩s que necesaria.

En todo caso, record谩bamos el art铆culo de hace un a帽o no tanto por estas cuestiones de 铆ndole geopol铆tica, sino porque uno de sus p谩rrafos me llam贸 la atenci贸n especialmente. Era aquel que hablaba de que las im谩genes que nos llegaban de China, con soldados controlando las carreteras ataviados con sus trajes de protecci贸n contra amenazas v铆ricas, nos resultaban familiares no tanto por los brotes infecciosos que ya hab铆amos vivido en el siglo XXI, como la gripe A, sino porque ya lo hab铆amos anticipado en la ficci贸n cinematogr谩fica. Deducimos entonces que:

Ficcionar es la forma que una sociedad tiene para poner en tensi贸n sus esperanzas y miedos, para prepararse emocionalmente ante la contingencia. Una situaci贸n tan real como la del brote de coronavirus vale tambi茅n para poner a nuestras sociedades, esos entramados de valores, reglas y sentidos comunes, diferentes pero ya indisolublemente entrelazados a nivel mundial, delante del espejo.

驴Y ahora? La pandemia afect贸 en un primer momento a la producci贸n de la ficci贸n audiovisual como a cualquier otro sector, justo en un momento en el que el confinamiento de hace un a帽o dispar贸 nuestro consumo de series y pel铆culas. Poco a poco la industria se ha ido adaptando a los nuevos tiempos, con los exhibidores en sala como los grandes perjudicados y las plataformas de contenidos en l铆nea como las grandes beneficiadas. El coronavirus va a cambiar, ya est谩 cambiando, muchas cosas. Lo que parece seguro es que ha asentado definitivamente la tendencia que nos hac铆a, antes de 2020, optar por el sal贸n de nuestra casa antes que por la sala de cine para ver pel铆culas. Puede que el t茅rmino “pantalla grande” sea dentro de poco una curiosidad ling眉铆stica de museo.

Aunque podr铆amos encontrar un pu帽ado de excepciones, las producciones que ya se han rodado en plena pandemia tienen, en su mayor铆a, un denominador com煤n: fingen que el coronavirus nunca hubiera existido. Se sit煤an en un tiempo presente, pero a la vez paralelo, donde los protagonistas comparten nuestras coordenadas, pero ni est谩n confinados, ni miran con preocupaci贸n la curva, ni llevan mascarilla. El hecho, si lo piensan, es como poco sorprendente. Mientras que la ficci贸n previa a la pandemia ten铆a un hueco reservado para esas narraciones, donde la cat谩strofe llegaba en forma de part铆culas da帽inas pero invisibles, cuando la cat谩strofe ha sucedido fuera de la pantalla, la ficci贸n, simplemente, ha girado la cabeza como si nada de lo ocurrido este 煤ltimo a帽o hubiera sido verdad.

Es posible que la ficci贸n tan s贸lo huya de la realidad, en vez de inspirarse en ella, por una cuesti贸n de negocio y entretenimiento. Es m谩s f谩cil que m谩s espectadores elijan tu producto si en una situaci贸n de tensi贸n real le proporcionas un escape a una virtualidad m谩s amable que su entorno. Tambi茅n que a los creadores les haya costado adaptarse a un contexto narrativo donde el distanciamiento social y las limitaciones al movimiento hagan m谩s dif铆cil hacer avanzar la acci贸n y las relaciones entre los personajes. Al fin y al cabo, la propuesta de que un espectador sentado en su sof谩 vea en una pantalla a un personaje sentado en su sof谩 viendo una pantalla no parece la m谩s atractiva. Puede que cuando todo esto acabe sea el momento donde el cine, probablemente antes la literatura, indague cu谩les fueron nuestras sensaciones y sentimientos a lo largo de los a帽os de la pandemia.

Lo extra帽o, y desde luego inquietante, es que a gran parte de la pol铆tica le est谩 pasando como a la ficci贸n televisiva. Aunque sus debates y medidas concretas, como es l贸gico, giran en torno a los problemas que el virus ha generado, se dir铆a que existe una especie de enso帽aci贸n donde se cree posible volver al mundo que exist铆a antes del coronavirus. Nadie parece querer ver, por una mezcla entre miedo y pereza, que ya no se trata de que esta crisis ha dejado a nuestro edificio social con los cimientos agrietados, sino que antes de la pandemia nuestra casa com煤n ya daba s铆ntomas de agotamiento en su vertiente econ贸mica, institucional, cultural y medioambiental. El coronavirus ha cambiado y va a cambiar muchos aspectos de nuestra vida, pero sobre todo lo que ha hecho ha sido descolgar el tel贸n que nos hurtaba a una visi贸n di谩fana de nuestra realidad. Es duro admitirlo, pero ya est谩bamos al final de algo.

Desde la Gran Recesi贸n de 2008 hasta que la OMS alert贸 a principios de 2020 de una neumon铆a de origen desconocido ha transcurrido una d茅cada larga donde gran parte de todo aquello que parec铆a inmutable ha ido variando, en la mayor铆a de los casos para peor. El trabajo se ha hecho m谩s precario, la vivienda m谩s cara, los servicios p煤blicos, incluida la sanidad, menos fuertes tras los recortes impuestos por el dogma neoliberal. Hemos conocido el ascenso de la ultraderecha en Europa, la salida del Reino Unido de la UE y hasta un califato integrista y descivilizador en la orilla sur del Mediterr谩neo. Se cuestiona la democracia liberal desde opciones con tendencia hacia el autoritarismo, pero ese mismo sistema pol铆tico es m谩s duro contra los cr铆ticos de la econom铆a virtual de casino que contra quienes quieren involucionar. Nos hemos acostumbrados a t茅rminos como fake news, guerras culturales o calentamiento global. Parece, como poco, una coartada de mal gusto culpar de todo esto a un coronavirus que no hab铆a saltado a la especie humana hasta hace algo m谩s de un a帽o.

La pandemia puede ser un gran reinicio dependiendo de si los ciudadanos ejercen su ciudadan铆a conscientemente, es decir, colocan por delante los intereses p煤blicos y comunes de los privados e individuales. La pandemia puede ser un gran reinicio que signifique tambi茅n un gran borrado: si todo es culpa del virus, nadie es culpable de los graves problemas antecedentes que este a帽o no ha hecho m谩s que revelar, a煤n m谩s claramente. Nos merecemos algo m谩s que una suspensi贸n temporal de la codicia neoliberal cuando esta se ha visto incapaz de proporcionar certezas y seguridad en una situaci贸n relativamente preocupante. Obtendremos una vuelta a lo mismo que ya nos preocupaba antes de enero de 2020 si tan s贸lo nos comportamos como espectadores y no como actores conscientes, unos que se sientan delante de una pantalla fingiendo que nada de esto ha sucedido, deseando, desde un pensamiento tan m谩gico como in煤til que todo pase pronto, que nada de esto vuelva a pasar.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com