February 15, 2021
De parte de La Haine
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Tu madre y yo -隆qu茅 bien acompa帽ados!-

nos hallamos de pie; y a piejuntillas

-no conocen el suelo estas rodillas-

creemos en la vida y sus legados.

Alfonso Sastre, 鈥淐arta a mi hijo Juan en octubre鈥

El pr贸ximo 20 de febrero, Alfonso Sastre cumple noventa y cinco a帽os. Es, y nadie lo discute, el m谩s importante dramaturgo vivo de la lengua castellana y, me atrever铆a a a帽adir, el m谩s grande despu茅s de Valle Incl谩n (entendiendo 鈥渄espu茅s鈥 en sentido meramente cronol贸gico). Adem谩s, es un excelente poeta y ensayista, y sus aportaciones te贸ricas al teatro no son menos ni de menor val铆a que las literarias. Pero su nonag茅simo quinto aniversario no ser谩 una noticia destacada en los medios, y mucho me temo que no recibir谩 m谩s homenaje que este modesto art铆culo. En cualquier pa铆s preocupado por la cultura, ser铆a todo un acontecimiento; pero parece ser que, aqu铆 y ahora, el hecho de que un gigante de las letras llegue a tan avanzada edad importa poco; mejor dicho, importa mucho no darle importancia, si ese gigante de las letras ha hecho de la verdad su bandera y de la denuncia de los abusos del poder su vocaci贸n insobornable.

Del ostracismo de Sastre, de su babil贸nica condena a la invisibilidad, se puede dar una explicaci贸n sencilla y otra compleja. La sencilla es su decidido apoyo a causas tan inc贸modas para los poderes establecidos como el derecho de autodeterminaci贸n del pueblo vasco y la revoluci贸n cubana. La explicaci贸n compleja es la misma que la sencilla, solo que acompa帽ada de un an谩lisis minucioso -que dejar茅 para otra ocasi贸n- de los turbios intereses que convierten a muchos intelectuales supuestamente progresistas en lacayos del poder y en c贸mplices, cuando menos por omisi贸n, de injusticias tan flagrantes como el ninguneo institucional de Sastre.

Y tambi茅n la tragedia como g茅nero dram谩tico admite una explicaci贸n -una explicitaci贸n- sencilla y otra compleja.

La tragedia cl谩sica suele plantear un conflicto 鈥渋rresoluble鈥 (luego aclarar茅 las comillas) entre el individuo y la sociedad, o lo que viene a ser lo mismo, entre la conciencia y la ley (escrita o no). As铆, la lealtad de Ant铆gona hacia su hermano Polinices la obliga a dar honrosa sepultura a su cad谩ver, contraviniendo una orden del rey cuyo incumplimiento supone la pena de muerte. Pero la irresolubilidad de los conflictos tr谩gicos tradicionales es relativa, cuando no ficticia (de ah铆 las comillas), pues casi siempre tiene que ver con la aceptaci贸n (m谩s o menos deliberada, m谩s o menos consciente) de un orden establecido que se da por supuesto y que solo se pone en cuesti贸n de forma superficial o epis贸dica. En este sentido, la tragedia tradicional supone una simplificaci贸n 鈥慽deol贸gica- de la realidad, pues suele asumir de forma autom谩tica, por defecto (nunca mejor dicho), el discurso dominante. Por eso provoca la catarsis, pero rara vez la rebeli贸n.

El teatro 茅pico de Brecht constituye un paso importante hacia la superaci贸n de esta limitaci贸n; pero el 鈥渄istanciamiento鈥 brechtiano no va mucho m谩s all谩 de la anagn贸risis aristot茅lica, y solo resuelve parcialmente el problema de la simplificaci贸n. Por eso Sastre propuso 鈥憏 cultiv贸 ejemplarmente- como superaci贸n dial茅ctica de la aparente ant铆tesis entre los dos polos del teatro del siglo XX 鈥慹l didacticismo de Brecht y el nihilismo de Beckett鈥, lo que 茅l mismo denomin贸 鈥渢ragedia compleja鈥, en la que el conflicto tr谩gico central no encubre la mara帽a de sentimientos e intereses contradictorios implicados, sino que pone en evidencia la degradaci贸n social y psicol贸gica subyacente. Por eso las tragedias sastrianas incluyen elementos c贸micos y hasta rid铆culos (sin caer en la simplificaci贸n de lo tragic贸mico). El propio autor lo explica en La revoluci贸n y la cr铆tica de la cultura (Grijalbo, 1970): 鈥淵o me r铆o antes, y cuando usted baje la guardia para re铆rse conmigo se va a encontrar con que le he contado 鈥憇铆, a traici贸n- la tragedia que usted habr铆a rechazado, o incomprendido, planteada en los t茅rminos inalcanzables para usted de una conciencia no degradada en pugna con la degradaci贸n鈥.

Y as铆 en lo sociopol铆tico como en lo literario, las conciencias degradadas rechazan, o ni siquiera comprenden, la compleja tragedia del Sastrecillo Valiente.

No me atrever铆a a llamarlo Sastrecillo si no fuera porque 茅l mismo, en uno de sus memorables “di谩logos con su sombra”, se autodenomina as铆. Para calificarlo de Valiente, sin embargo, no necesito su permiso (no me lo dar铆a, teniendo en cuenta su modestia radical): durante m谩s de medio siglo ha demostrado el m谩s alto grado de valor en todas las acepciones del t茅rmino y en las circunstancias m谩s adversas, y no hay nadie que pueda negarle ni disputarle un adjetivo que, en su caso, ha adquirido consustancialidad de ep铆teto, de apellido moral (de ah铆 la may煤scula).

Recuerdo el multitudinario homenaje que se le rindi贸 a Jos茅 Luis Sampedro cuando cumpli贸 noventa a帽os, en el que particip茅 reclamando para el anciano maestro el estatuto de 鈥渢esoro viviente鈥1. Merecid铆simo homenaje, sin duda; pero convertido en un agravio comparativo por el silencio institucional que acompa帽a a Sastre desde hace muchos a帽os, por no decir desde siempre. Y no solo institucional: en el mundo de la cultura, y muy especialmente en el del teatro, son muchas las personas que, como yo, tienen una deuda impagable con su obra y con su ejemplo, y el silencio de tantos disc铆pulos y colegas olvidadizos es a煤n m谩s lamentable, si cabe, que el clamoroso ninguneo de las instituciones.

El 20 de febrero de 2021, el m谩s grande dramaturgo vivo de la lengua castellana cumple noventa y cinco a帽os. Un hito memorable del que, seguramente, la cultura oficial no se dar谩 por enterada. No conocen el suelo las rodillas del Sastrecillo Valiente, y eso es algo que los lacayos no perdonan.

 En Jap贸n, desde 1950, se otorga el t铆tulo de ningen kokuho o tesoro viviente a artistas y artesanos, generalmente de edad avanzada, que son 鈥減ortadores de grandes bienes culturales intangibles鈥. Bienes culturales a menudo en peligro de extinci贸n, como ciertas habilidades y t茅cnicas tradicionales que requieren un grado de dedicaci贸n poco compatible con la actual sociedad de consumo y su cultura de lo ef铆mero. Entre los tesoros vivientes m谩s famosos figuran el ceramista Shoji Hamada, el artista marcial Masaaki Hatsumi, el maestro de kyushitsu(arte del lacado) Onishi Isao y la cantante Hibari Misora, y hay tambi茅n forjadores de espadas, dise帽adores de tejidos, actores de teatro kabuki鈥 No se trata de un mero t铆tulo honor铆fico: el estatuto de tesoro viviente conlleva las ayudas necesarias para garantizar que la correspondiente habilidad o t茅cnica siga desarroll谩ndose con independencia de las implacables leyes de la moda y el mercado. Ayudas que van m谩s all谩 de la mera subvenci贸n, y que a menudo incluyen la designaci贸n de disc铆pulos o aprendices dispuestos a seguir las ense帽anzas del maestro (pido disculpas por el uso recurrente del masculino, pero se trata del hiperpatriarcal Jap贸n y, con la notable excepci贸n de la famosa cantante Hibari Misora, los ningen kokuho son todos varones).Y puesto que los japoneses llevan siglos copiando ideas ajenas (y a menudo mejor谩ndolas, todo hay que decirlo), deber铆amos, por una vez, copiar los dem谩s una excelente idea japonesa, como es la de los tesoros vivientes.




Fuente: Lahaine.org