March 29, 2021
De parte de La Haine
302 puntos de vista


Las p谩ginas web y las redes sociales se atribuyen expl铆cita o impl铆citamente el derecho de utilizar para sus propios fines todos los contenidos de los usuarios

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Cada avance tecnol贸gico suscita un sue帽o ut贸pico y una pesadilla dist贸pica. La invenci贸n de internet hacia 1990 gener贸 expectativas entusiastas. Su propio comienzo fue ut贸pico. Su creador Tim Berners-Lee se neg贸 a registrar las patentes que lo hubieran hecho multimillonario, para ponerlas a disposici贸n de la humanidad. Un dispositivo al principio apropiado por el complejo militar industrial como red subterr谩nea invulnerable al ataque at贸mico, devino instrumento aparentemente a disposici贸n de todos para el libre intercambio de mensajes y conocimientos. Si en la era que vivimos el bien m谩s preciado es la informaci贸n, un canal que prometiera multiplicarla y comunicarla de manera pr谩cticamente gratuita y universal parec铆a puerta abierta hacia Utop铆a.

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Esta perspectiva optimista fue prontamente clausurada. As铆 como todos los bienes a disposici贸n de la humanidad 鈥搕ierra, aguas, minerales, organismos biol贸gicos- no tardaron en ser acaparados, internet no demor贸 en caer bajo el poder y los planes de los operadores. La red concebida para transmitir mensajes no tard贸 en encontrar quien quisiera hacerse due帽o de 茅stos y a trav茅s de ellos de sus emisores. En la actualidad, cerca del 70% del PIB global es producido por el sector terciario (finanzas, investigaci贸n, educaci贸n, publicidad, inform谩tica, entretenimiento) que a su vez se maneja mediante la Red. Desde el siglo pasado, Estados Unidos desarroll贸 el sistema de espionaje Echelon para decodificar ofertas en las licitaciones y hacer que las ganaran las empresas estadounidenses. La informaci贸n, como la plusval铆a, es expropiada de la sociedad que la crea, y tiende a concentrarse en un n煤mero cada vez menor de manos. Dominar la Red es dominar la econom铆a.

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Todo control sobre la econom铆a deviene control social. Internet y las redes acumulan membrec铆as que superan con mucho a las ciudadan铆as de muchos de los Estados soberanos. A principios de 2021, usan internet 4.660 millones de personas: el 59,5% de la poblaci贸n mundial. Emplean tel茅fonos celulares 5.200 millones, el 66,6% de los habitantes del planeta. Est谩n atrapadas en las redes sociales 4.200 millones de personas: el 53,6% de los terr铆colas. En estas redes, s贸lo Facebook junta 2.740 millones de seres; You Tube, 2.291; Whats App, 2.000. Los usuarios de internet invierten en ella en promedio seis horas y 54 minutos diarios: la duraci贸n usual de una jornada de trabajo (https://marketing4ecommerce.net/usuarios-de-internet-mundo/). Estas desmesuradas clientelas son mercados inconmensurables que incesantemente aportan a sus operadores datos invalorables y reciben a cambio publicidad y propaganda.

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Imaginemos que un servicio postal por el mero hecho de transmitir correspondencia se atribuyera el derecho de abrir todas las cartas que transmite y de utilizar su contenido libremente. Tal servicio no tardar铆a en ser denunciado como inadmisible instrumento de tiran铆a y en perder la totalidad de sus usuarios. Tal es el caso de internet. Desde los primeros tiempos, primero los gobiernos, y luego los operadores de la Red se atribuyeron abusivamente ambos privilegios. Hoy en d铆a, el usuario puede tener la casi seguridad de que todos sus mensajes son abiertos, escrutados y utilizados para sus propios fines por las organizaciones que los transmiten y sus c贸mplices. Programas de an谩lisis de contenido detectan la presencia de ciertas palabras o construcciones claves y alertan a mecanismos de vigilancia que aplican estrechos controles sobre los emisores del mensaje.

En un avance del cerco, los canales instalan en los computadores de los usuarios cookies, programas esp铆as que informan detalladamente sobre el contenido de los ordenadores y de los mensajes que emiten. Estos mecanismos acercan a todos los usuarios de internet a un mundo de control total, frente al cual parece un juego de ni帽os la televisi贸n de dos v铆as imaginada por George Orwell, que no s贸lo transmit铆a im谩genes al espectador, sino que adem谩s vigilaba todos los actos de 茅ste.

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El espionaje emplea todo tipo de dispositivo capaz de registrar informaci贸n. Edward Snowden decidi贸 desertar de los servicios de inteligencia estadounidenses cuando advirti贸 que 茅stos espiaban los tel茅fonos, y que el n煤mero de dispositivos de espionaje dedicados a vigilar ciudadanos estadounidenses era mayor que el de los aplicados contra el resto del mundo. Ya es casi imposible abrir una p谩gina web sin que 茅sta nos informe que usa cookies para servirnos mejor 鈥揺n realidad, para espiarnos mejor- y que el mero hecho de utilizar la p谩gina equivale al consentimiento para alojar un esp铆a en el aparato del cual depende nuestra comunicaci贸n con el mundo.

Algunas, de manera inocente, nos piden de entrada la clave de nuestro correo electr贸nico, que es como solicitarnos a la vez la llave de la casa, del auto y de la caja fuerte. Pero nuestros llamados servidores ya las tienen: en realidad somos sus sirvientes. Las p谩ginas web y las redes sociales se atribuyen expl铆cita o impl铆citamente el derecho de utilizar para sus propios fines todos los contenidos que los usuarios hagan circular en ellas. Es como si un servicio postal se atribuyera la propiedad de cuantos mensajes y objetos le fueran confiados. F谩cil es comprender lo que esto significa en un mundo donde el bien econ贸mico fundamental es la informaci贸n. Apropiarse de la informaci贸n es apropiarse del mundo.

La Haine




Fuente: Lahaine.org