January 2, 2022
De parte de ANRed
333 puntos de vista

Si queremos romper con el paisaje hegem贸nico que crearon, que nosotros mismos creamos y recreamos con nuestras acciones cotidianas, entonces nos encontraremos en problemas. No necesariamente severos, como la c谩rcel o un pelot贸n de fusilamiento, pero s铆 producir谩n taras en nuestros mecanismos de inserci贸n social. Por lo menos nos descubriremos en la inc贸moda posici贸n de tener que dar explicaciones o de mirar el mundo circundante con una cuota molesta de extra帽amiento. Por Alina Klingsmen


Lo m谩s impresionante de los trabajos de Emile Durkheim, que ya cuentan con m谩s de un siglo de existencia, son sus nociones de coerci贸n social. En su acepci贸n m谩s rudimentaria nos dicen que los hechos sociales son cosas impuestas pero naturalizadas, artificios que invisibilizamos y asimilamos, cuya ferocidad veremos si alguna vez se nos ocurre resistirnos a las realidades que imponen.

La coerci贸n social crea una especie de anestesia. Vemos sin mirar, escuchamos sin o铆r, percibimos sin asimilar. Ning煤n ejemplo parece m谩s v谩lido, hoy, que la publicidad.

El n煤mero var铆a seg煤n la investigaci贸n, pero en todos los casos es impresionante. Dice que un habitante de Estados Unidos 鈥晊 ac谩 es donde var铆an los resultados鈥 entra en contacto con 3000, 4500 y hasta 7000 avisos publicitarios diarios. La cifra aumenta, por supuesto, en zonas urbanizadas, pero en el siglo XXI, y por primera vez en la historia, la mayor parte de la humanidad vive en zonas urbanizadas.

Las publicidades est谩n en todas partes. En la autopista, las carreteras, los trenes, el metro y los aviones; en los ba帽os p煤blicos, las fachadas de los edificios, las redes sociales, el correo electr贸nico, las aplicaciones del tel茅fono y, por supuesto, en diarios y revistas, sea en el formato impreso o digital. Hay publicidades en la sala de espera del m茅dico, en la universidad y el instituto, la llevamos impresa en la ropa, la escuchamos en la radio y la televisi贸n, interrumpe la m煤sica de Spotify (excepto que pagues por no escuchar publicidades), est谩 en casa, en tiendas y en la zona de embarque de un aeropuerto. Nuestros dispositivos tecnol贸gicos, autos, vestimenta, hasta nuestras universidades, todo es un logo, una marca, una publicidad, un producto o un servicio a la venta.

Transitamos por un mundo de mercanc铆as sin percibir que somos, nosotros tambi茅n, mercanc铆as para otras personas. Si pretendemos rechazar la idea, negarla, incluso apartarnos, una fuerza invisible nos estruja y nos deposita de nuevo en nuestro lugar: es la coerci贸n social de la que hablaba Durkheim.

Pueden leer los libros de Durkheim. Lo deja muy claro. Ahora mismo los veo anunciados en el sitio de Amazon, en las tiendas de Barnes & Noble, en los seminarios de fundaciones y universidades, y en todas partes.





Fuente: Anred.org