October 19, 2020
De parte de Acrata Libertario
124 puntos de vista


Una de las grandes deficiencias que tienen los c铆rculos libertarios en Colombia ha sido la falta de sistematicidad, de trazar objetivos y poder evaluar su cumplimiento en un futuro, as铆 sea para hallar los puntos clave donde empiezan a generarse los errores o aciertos de nuestras posturas. Precisamente, la parte de balances es importante para ello, y no se le ha dado la importancia suficiente, por un lado, por guardar estos an谩lisis en los c铆rculos m谩s 铆ntimos militantes, o simplemente quedan en el aire y no logramos aterrizarlos, para su comunicaci贸n y debate, dejando morir en el olvido interesantes an谩lisis que se quedan en una conversaci贸n informal. Aqu铆, un breve y humilde aporte a esa labor que parece que, desde diferentes 贸pticas y miradas, ya venimos dando en el pa铆s. Por supuesto, no se intenta hacer un trabajo personal de reflexi贸n, sino de recoger muchos apuntes que se han construido colectivamente en esas informalidades, pero que a lo mejor con un poco de mayor difusi贸n podemos conectar nodos para caminar con una paso m谩s firme y ligero.

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鈥渆l anterior a帽o fue de los m谩s tr谩gicos en una guerra perpetua que, parece ser, la elite no quiere acabar contra las pobres鈥. Foto: Contagia radio

Que deja el a帽o viejo:

Un a帽o violento para el pueblo:

Lo primero es realizar un balance de lo que fue el 2017. Por un lado, y bajo una lupa puesta en las manos de los movimientos sociales y las desfavorecidas del pa铆s, el anterior a帽o fue de los m谩s tr谩gicos en una guerra perpetua que, parece ser, la elite no quiere acabar contra las pobres. Los saldos oficiales de lideres sociales asesinados fluct煤an entre los 100 y 1301, aunque desde diferentes organizaciones de derechos humanos advierten que el n煤mero es mayor2, sobre todo si tenemos presente los asesinatos de defensores de derechos humanos, ex-combatientes de la insurgencia, activistas medioambientales y familiares o personas cercanas a todos estos. En ese aspecto, esto no es otra cosa que la consolidaci贸n de una estrategia de la elite santista, que a pesar de su ret贸rica pro-paz, su estructura militar, burocr谩tica y partidista se encuentra a煤n sumida dentro de la l贸gica guerrerista m谩s retrograda: las amenazas, torturas y desapariciones siguen siendo pan de cada d铆a.

Al cierre del 2017, un ejercicio certero desde el campo libertario, y en general de la izquierda, es empezar a asumir la posici贸n oficial del gobierno respecto al tema: de un lado, actores como la fiscal铆a, el senado o el propio presidente no se refieren al tema m谩s que como un 鈥渆fecto secundario鈥 de los di谩logos, reduciendo las denuncias a un par de cortas palabras y pasando de agache con uno que otro pa帽o de agua fr铆a; pero de otro lado, el ej茅rcito, ministerio de defensa y las bancadas ultra-derechistas son m谩s ofensivas en sus discursos, bien disminuy茅ndolos a simples l铆os de faldas y problemas de linderos (como lo expresa el jefe de las fuerzas armadas Luis Carlos Villegas) o justific谩ndolos en cierto grado, incluso, actuando en aparente descordinaci贸n con lo planteado desde una posici贸n derechista m谩s 鈥減rogresista鈥 en tema de resoluci贸n social de los conflictos, que son solo palabras frente a la reorganizaci贸n de las fuerzas armadas para el 2018, con un alt铆simo grado de establecimiento de batallones microfocalizados y fuerzas de tarea especializadas, dentro del llamado 鈥淧lan Estrat茅gico Militar de Estabilizaci贸n y Consolidaci贸n 鈥榁ictoria鈥欌3, redoblando el pie de fuerza en lugares donde hist贸ricamente la violaci贸n de derechos humanos ha sido una constante. Esto no es una mera t谩ctica de desatinos oportunistas o palabras mal ubicadas: es el discurso oficial que construye y mantiene el r茅gimen respecto al genocidio en la Colombia profunda de quienes se organizan en defensa de los intereses de las personas de abajo. Es importante superar el discurso que ha optado la centro-izquierda y los jefes pol铆ticos de la antigua insurgencia y hoy partido pol铆tico legal de las FARC, donde a pesar de la abierta guerra declarada desde los mandos altos militares con su mirada puesta en otro lado, mantienen bajo la pol铆tica de 鈥渃ordialidad鈥 y 鈥渘o darse duro contra el enemigo鈥 un discurso de 鈥渞espeto y admiraci贸n鈥, incluso de ingenuidad, hacia el aparato militar-paramilitar del Estado (como en el saludo de Timochenko a las fuerzas militares, desconociendo que la l贸gica contrainsurgente de estas ni siquiera ha menguado4).

Ante esto, diferentes organizaciones campesinas, ind铆genas y afro han optado por, de un lado, no confiar en el supuesto copamiento estatal de las zonas antes controladas por las FARC, porque o bien las fuerzas militares entran con un sentimiento revanchista y de venganza (como la regi贸n de la Macarena), o simplemente dejan abiertas las puertas a la entrada de grupos paramilitares. La comunidad de paz de San Jos茅 de Apartad贸 es una muestra clara de ello: en v铆speras del fin de a帽o, 4 paramilitares fueron detenidos por la comunidad cuando cumpl铆an la misi贸n de asesinar a uno de los l铆deres sociales del territorio, y a pesar de las advertencias que ya se hab铆an hecho, el discurso del ej茅rcito y la gobernaci贸n de Antioquia es que dichos sicarios pol铆ticos eran 鈥渂andidos comunes鈥 que iban a robar un supermercado, a pesar de las m煤ltiples pruebas, y finalmente fueron dejados en libertad5. Esto no solo refuerza lo que ya se ha venido diciendo, sino que nos muestra la respuesta natural de las comunidades frente a la avanzada paramilitar de los territorios, en consonancia con la omisi贸n (pero no inacci贸n) del Estado: si bien la mayor parte de los movimientos sociales no est谩n dispuestos a replicar la guerra bajo las l贸gicas que impart铆an en anta帽o las insurgencias, la defensa del territorio de las comunidades es algo que ya no puede descansar el manos del gobierno y son los mismos pobladores organizados quienes van, generalmente de manera pacifica pero contundente y organizada, desarmando a grupos paramilitares, militares e incluso a insurgencias que desaf铆an el poder popular construido por las mismas comunidades, esto 煤ltimo vislumbrado sobre todo en el caso del extremo militarismo del EPL (supuestamente mao铆sta) en el Norte del Cauca.

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鈥渓a defensa del territorio de las comunidades es algo que ya no puede descansar el manos del gobierno鈥. En la imagen, militares detenidos por la guard铆a ind铆gena de Nari帽o, luego de realizar incursiones no deseadas por la comunidad en territorio ancestral. Foto: La FM

Y lo anterior en el a帽o 2017 fue historia, de abajo y sin grandes titulares, que sin embargo va marcando unos antes y despu茅s en determinadas veredas, resguardos y municipios: el desarme del ej茅rcito en Corinto (Cauca), las incautaciones al Ej茅rcito Popular de Liberaci贸n y disidencias de las FARC en Caloto y Torib铆o (Cauca), la captura de paramilitares en Apartad贸 (Choc贸), el establecimiento de nuevas guardias campesinas, afros y populares en departamentos como Cauca, Tolima, Valle y Putumayo, la uni贸n multicultural en defensa del territorio en el Catatumbo y Choc贸, entre otras experiencias similares. En conclusi贸n: de forma espont谩nea, a pesar de las equivocadas lecturas de aquella izquierda seducida por el discurso santista, el pueblo va cada vez asumiendo la defensa de su territorio, cosa que tarde o temprano chocar谩 contra el monopolio de la fuerza terrateniente y gamonal que se mantiene en el pa铆s, tal como ha venido pasando por ejemplo en T煤maco. No sobra anotar que en esta parte el anarquismo militante ha estado m谩s o menos ausente, y se requiere entender la l贸gica de la territorialidad como un eje fundamental program谩tico para una certera apuesta por el establecimiento de proyectos pol铆ticos de car谩cter comunitarios y asamblearios, incluso, que abren las puertas hacia la discusi贸n de Estado, el militarismo y la verticalidad dentro de los mismos movimientos sociales, sobre todo en un pa铆s como Colombia, donde las insurgencias han tenido una base social impresionante pero han impuesto su propio l贸gica a estas.

En el aspecto legislativo, a pesar de la supuesta esperanza que se asum铆an con los di谩logos de paz, por ejemplo, respecto a participaci贸n pol铆tica y distribuci贸n de la tierra, la ofensiva contra el pueblo no par贸. Muchas de las zonas que se negociaron en La Habana y que se iban a dar a los antiguos guerrilleros, as铆 como a familias sin tierra, se han embolatado en proyectos productivos que no han tenido plena financiaci贸n, repercutiendo incluso en el abandono de ex-combatientes de sus zonas veredales a causa de la desilusi贸n6. Esto se suma a la ya avanzada de los ej茅rcitos paramilitares anti-restituci贸n, promovidos por terratenientes de diferentes regiones, mientras la legislaci贸n de entrega de tierras se encuentra lenta o su ejecuci贸n directamente frenada. En v铆a de ello, la supuesta apertura democr谩tica negociada con las FARC fue pateada por el congreso de la rep煤blica, no solo por la bancada de extrema-derecha sino por la desidia dentro de los mismos partidos oficialistas, quienes con macabras jugadas legislativas tumbaron la propuesta de entregar 16 curules a los movimientos de v铆ctimas de los municipios que m谩s sufrieron el rigor de la guerra en el pa铆s. Como se ver谩 m谩s adelante, a pesar de lo lamentable de la situaci贸n, da pie a experiencias democr谩ticas en dichos territorios que pueden ser favorables a posturas libertarias, dada la desesperanza que invade a los movimientos agrarios que pierden cada vez m谩s la fe en el supuesto camino trazado que dej贸 las negociaciones con la insurgencia, pero aumenta la confianza en la propia organizaci贸n popular (un poco perdida en varios aspectos, bajo el establecimiento vanguardistas de algunas insurgencias, cuyo di谩logo con los actores sociales si correspond铆a con una l贸gica militarista de arriba/abajo-ej茅rcito/pueblo).

Y a parte de la legislaci贸n meramente parlamentaria, dentro de los movimientos sindicales tambi茅n queda un precedente grav铆simo con respecto a la huelga de pilotos de Avianca, donde a pesar de ser una manifestaci贸n que cont贸 con una fuerza incre铆ble (siendo la huelga a茅rea m谩s larga en la historia del pa铆s), finalmente fue declarada ilegal, por supuestamente, estar vinculada a la prestaci贸n de 鈥渟ervicios p煤blicos鈥, a pesar de ser eminentemente operada por particulares, y peor aun, particulares hist贸ricamente aliados del paramilitarismo como el due帽o de la aerol铆nea, el se帽or Eframovich. Esto marca un precedente dentro de un movimiento sindical que cada vez da m谩s pasos atr谩s, por ejemplo, con la pasividad que se asumi贸 el a帽o pasado el paup茅rrimo aumento del salario m铆nimo (escenario que se repiti贸 de nuevo para este a帽o) y el ataque a los bolsillos de los pobres que signific贸 la reforma tributaria; en suma, todo ello, parece que la da ciertas ventajas judiciales y de precedentes a la ya poderosa patronal de Colombia.

Las fuerzas alternativas:

En la arena de la izquierda, como se puede entender en un a帽o preelectoral, el establecimiento de alianzas fue el derrotero. Quedan ya marcadas para la contienda electoral 3 posiciones: primero, una complicada alianza anti-corrupci贸n del Polo Democr谩tico, la Alianza Verde y Compromiso ciudadano, que recoge desde las posturas centro cercanas al derechismo civilista (Sergio Fajardo) hasta la izquierda socialdem贸crata (Jorge Robledo); segundo, de la izquierda, encabezada por el controvertido Gustavo Petro (movimiento Progresistas) y Clara L贸pez (antigua l铆der del Polo Democr谩tico que vir贸 hacia el ministerio de Trabajo de Santos), secundados por varios movimientos, entre ellos la Uni贸n Patri贸tica (paralela al Partido Comunista); y finalmente, el movimiento pol铆tico de las FARC, que ha renunciado a las alianzas con la confianza de las 10 curules legislativas ya aseguradas en La Habana y que le apuestan a cierta relevancia electoral en la presidencia, y sobre todo, en la c谩mara de representantes desde las regiones donde ha tenido presencia o gan贸 simpat铆a con las movilizaciones en defensa de los di谩logos de paz en el 2016.

Tambi茅n se hace necesario hacer un balance de las negociaciones entre el gobierno y el Ej茅rcito de Liberaci贸n Nacional, cuyo mayor logro en el a帽o fue un cese al fuego para cerrar el mismo. Los avances han sido dif铆ciles, de un lado, porque el ELN se ha fortalecido en regiones como el Cauca y Choc贸, estrat茅gicos por su pasado bajo el dominio de las FARC y que confrontan trincheras con el paramilitarismo, y de otro, porque dado los incumplimientos del gobierno con lo pactado con las FARC, el ELN no parece querer arriesgar, postura jalada por el sector considerado m谩s 鈥渙rtodoxo鈥 e influenciado por el Frente de Guerra Oriental, que ha extendido su estrategia a otros frentes, aunque si bien, realmente el crecimiento dentro de una estrategia nacional es m谩s bien corto respecto a lo que se esperaba con los 鈥渇arianos鈥 que no quer铆an dejar las armas.

El balance a la derecha:

Finalmente, dentro del bloque dominante, el 2017 ha marcado la din谩mica bajo la batuta pre-electoral tambi茅n. Sin embargo, y contrario a otras veces, no son claras las alianzas, sobre todo por juegos de caudillismos y c谩lculos. El sector santista, que hasta ahora tenia cierto control pol铆tico en el aparato estatal, entr贸 en crisis tras la salida de Cambio Radical de la Unidad Nacional y los continuos esc谩ndalos de corrupci贸n, lo que le ha puesto fecha de vencimiento a ese proyecto, que se ha dispersado sobre todo dentro del Partido Liberal, con la figura medi谩tica de Humberto de la Calle, pol铆tico tradicional que sin embargo ha recogido a una parte peque帽a de la izquierda para su candidatura presidencial. La ultraderecha sin embargo est谩 dividida: no ha podido consolidarse una postura entre los conservadores, el uribismo y sectores m谩s independientes vinculados con el ultra-catolicismo, sobre todo porque no se han logrado consolidar los referentes y existen ciertas rupturas internas (como en el Uribismo, entre el sector ganador de la consulta de Iv谩n Duque y el ala m谩s radical de Jos茅 Obdulio Gaviria); sin embargo, es muy probable que est谩 alianza llegue a buen puerto, lo que deja en alerta tanto a la izquierda que est谩 en disputa electoral como los movimientos sociales que han centrado su accionar en la movilizaci贸n. Pero si el 2017 ha dado una sorpresa ha sido el lanzamiento al ruedo de Cambio Radical, un partido que venia acumulando casi en silencio un poderoso aparato electoral regional y fuerza pol铆tica con la t谩ctica del camale贸n dentro del santismo, y que, con condiciones m谩s propicias para lanzarse al ruedo solos, abandona el barco que durante 8 a帽os ayud贸 a conducir. Vargas Lleras se lanza, si bien por firmas, con el aval de toda esa maquinaria con terrible fuerza en la costa Caribe y el centro del pa铆s, y a pesar de los escandalosos casos de corrupci贸n de sus representantes electos, va en firme para una eventual segunda vuelta electoral en el 2018. Estas diferencias dentro de la derecha y los sonados casos de corrupci贸n, hacen que una batalla entre izquierda y derecha se pueda dar, como no la ha habido desde el 2008 (y pr谩cticamente nunca en la historia del pa铆s), aunque puede perderse la oportunidad con la divisi贸n de la izquierda.

Un a帽o que viene:

Elecciones y elecciones:

Como se ha hecho evidente, el reto coyuntural y t谩ctico del 2018 ser谩 abordar el tema electoral. Claro, no bastar谩 simplemente repetir de forma vac铆a la consigna anti-electoral de 鈥渆l voto no sirve y la lucha s铆鈥, si los sectores libertarios no evidenciamos, dentro del amplio espectro del campo popular, que efectivamente estamos a la altura hist贸rica que requiere la lucha, y por sobre todo, que esa lucha da resultados. As铆, el debate habr谩 que darlo desde las aristas que nos sean m谩s favorables, que puedan recoger el amplio de los sentires de abajo pero que se puedan viabilizar en alternativas de resistencia, que trasciendan la coyuntura y se conviertan en un verdadero camino estrat茅gico de mediano plazo.

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El 2018 ser谩 un a帽o electoral, y el gran reto para el movimiento libertario inscrito dentro de la lucha social es lograr mantener la independencia mientras se acumulan fuerzas que no se vayan con la coyuntura.

Queda claro tambi茅n que una postura en el 2018 frente a las elecciones parte de una gran claridad pol铆tica, ya que no es extra帽o (como pas贸 en el plebiscito del 2016), que el miedo a la avanzada derechista lleve a varias compa帽eras a votar o incluso hacer campa帽a abierta por algunas de las alternativas, y tal cual como lo repite la socialdemocracia cada 4 a帽os, 鈥渉ay que ganar porque es mucho lo que est谩 en juego鈥. Precisamente, las alternativas de verdadera transformaci贸n se cierran si se piensa que dentro de la Coalici贸n Colombia hay una propuesta que, si bien su punta de lanza es la lucha contra la corrupci贸n, no logra consolidar un programa m铆nimamente antineoliberal y mucho menos anticapitalista; de otro lado, dentro de la lista de la decencia de Petro y Clara L贸pez, esta 煤ltima representa un sector oportunista y peligroso infiltrado dentro de la izquierda, que ante los m铆nimos coqueteos burocr谩ticos cede sus supuestos principios por un cargo de verdugo contra las de abajo, legislando contra las trabajadoras como lo hizo L贸pez en el ministerio de Trabajo; y finalmente, las FARC parecen ensimismarse cada vez m谩s en ellas mismas, producto de equivocados c谩lculos pol铆ticos, donde la pr谩ctica (y ciertas posturas ambiguas) les terminar谩n acorralando a sumarse a la campa帽a de De la Calle, bien sea directamente o indirectamente, pues es muy dif铆cil que alguna de las otras candidaturas 鈥渁lternativas鈥 les quiera recibir. As铆, el reto es saber expresar estas desconfianzas en los movimientos sociales, si bien tampoco reduciendo el mensaje al 鈥渘o votar鈥, ni tampoco coloc谩ndolo como barrera comunicativa. Una postura que nos puede ser de utilidad es no colocar la contradicci贸n del voto-no voto, sino precisamente dedicar las fuerzas a articular las luchas, de un lado, para darle 茅nfasis a que es ah铆 donde se resuelven de fondo los problemas y bajo los ritmos que se decidan abajo, y de otro lado, que puede prepararse para enfrentar un gobierno de derecha o mantener la independencia de un gobierno progresista. Para ello, es preciso recurrir al 鈥渆ncontrarse desde la lucha鈥, donde se hace necesario mantener las l贸gicas de articulaci贸n, lectura de actualidad y proyecciones de todos los escenarios, donde lo trascendental no sea el voto, sino la fuerza e independencia que tengan aquellos movimientos populares cuyas pr谩cticas se han venido intersectando con las nuestras.

Una propuesta estrat茅gica:

Esto se puede materializar aun m谩s para el largo plazo con la ola de consultas populares medioambientales que se han dado en el pa铆s, y que han logrado ser punto de encuentro de movimientos sociales, procesos de pobladores, campesinos, ind铆genas, afros, ecologistas y colectivos independientes, y puede desafiar el modelo minero-energ茅tico a la vez que no deja perder todas las fuerzas en la din谩mica electoral, muy a pesar de que no tengamos la fuerza suficiente para que ello termine pasando.

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鈥溌縎er谩 una combinaci贸n territorial-medio ambiental la estrategia que marcar谩 un trabajo libertario como actor pol铆tico de peso en el pa铆s?鈥. Foto: Revista semana

Pero no es gratuito que se plantee la lucha contra la gran miner铆a y la extracci贸n de hidrocarburos como un punto de partida para dar un debate a nivel nacional, sino que precisamente recurrimos a aquello que ya nos hacia menci贸n Murray Bookchin desde hace d茅cadas: el capitalismo internacional va situando sus contradicciones cada vez m谩s en declive del planeta contra el consumismo desenfrenado, donde una sociedad ecologista y libertaria no ser谩 ya una utop铆a de minor铆as militantes, sino una necesidad de supervivencia para los pueblos. Esto parece ser una preocupaci贸n central si analizamos coyunturas regionales en el a帽o anterior, como los bloqueos al relleno sanitario do帽a Juana y el paro de la cuenca del r铆o tunjuelo en Bogot谩, as铆 como las movilizaciones en defensa de los p谩ramos en el Tolima o Santander, solo por citar unos ejemplos. No es de extra帽ar que esto se agudiza m谩s con el escenario del posconflicto, donde las puertas de la mayor铆a de las grandes bioreservas nacionales quedaron abiertas tras la salida de las FARC como agentes armados, y que ya se ha saldado con el inicio del ecocidio en regiones como la serran铆a de la Macarena. As铆, si lo pensamos, los conflictos socio-ambientales representan el nodo que puede articular diversas luchas, como las ya mencionadas respecto al ejercicio de control territorial de las comunidades (donde las guardias populares no solo tendr谩n que afrontar al paramilitarismo, sino tambi茅n la entrada de multinacionales, si bien ambos aliados), y en la otra cara, recurre a un tema de importancia central para diversos movimientos sociales y personas despose铆das que aun se encuentran alejadas, por ignorancia o fastidio a la vieja izquierda, de la lucha popular, pero que tienen una preocupaci贸n ambiental. Esto adem谩s de ser un escenario donde resalta el abandono de las principales fuerzas de izquierda, quienes ahora enfilan militancia dentro de las urnas y que, como pasar谩 en muchos casos, luego de salir 鈥渜uemadas鈥, querr谩n volver a vincularse a las movilizaci贸n m谩s actuales y con resonancia. 驴Ser谩 una combinaci贸n territorial-medio ambiental la estrategia que marcar谩 un trabajo libertario como actor pol铆tico de peso en el pa铆s?

Primero, organizar la casa:

Pero para consolidar una estrategia de dicha envergadura, no falta con diversos colectivos o militantes libertarios dispersos, sino que se hace necesaria la articulaci贸n libertaria. No es de extra帽ar a estas alturas, que as铆 como la izquierda y la derecha llegan al escenario pre-electoral divididas, con cierta mofa, podamos hablar de que las libertarias llegamos al escenario pre-anti-electoral tambi茅n divididas, y casi que por las mismas razones de personalismos y falta de voluntad, pero tambi茅n, para ser cr铆ticos, por la falta de criterio pol铆tico para establecer una linea com煤n de trabajo, muy insuficiente en anteriores espacios de encuentro. En ello, quedan dos retos:

Primero, lograr establecer esos 鈥渙bjetivos鈥 en com煤n, es decir, como m铆nimo, que en el 2018 podamos, en el encuentro de la lucha y desde abajo, establecer metas comunes a pesar de no caminar estrictamente juntas, lo que podr铆a dar pasos para en un futuro no tan lejano lograr establecer al movimiento libertario como un referente din谩mico e importante dentro del campo popular colombiano. Se hace necesario que los espacios de encuentro sean lo m谩s aterrizados posibles, y recurran incluso a ciertas delimitaciones necesarias para no llevar los debates a la estratosfera: encuentros de territorio, juveniles, agrarios o de econom铆as alternativas son centrales en esto, que dejen acumulados sistematizados para poder luego evaluar lo conseguido o perdido, sobretodo si queremos realizar an谩lisis serios luego de las elecciones.

Segundo, es importante establecer una corriente de acci贸n y pensamiento clara. Para ello, las labores de propaganda, agitaci贸n, de referencias y discursivas son aspectos fundamentales, que debemos darlas con concreci贸n y sencillez, para resolver las necesidades reales con procesos pr谩cticos realizables. Esto se puede fortalecer si como punto de partida colocamos las luchas que ya acompa帽amos como referentes para otras regiones del pa铆s, tales como la liberaci贸n de la Madre Tierra del Norte del Cauca o los ya mencionados conflictos socio-ambientales de Cajamarca o el Santander, incluso, poniendo a di谩logar otras experiencias internacionales como el confederalismo democr谩tico de Kurdist谩n. Una propuesta que ha surgido 煤ltimamente ha sido la del autonomismo comunitario, desde la cual se intenta plasmar ciertas pr谩cticas que podr铆amos llamar 鈥渁ntiautoritarias鈥 y que buscan desarrollarse dentro de los movimientos sociales para logran horizontes de transformaci贸n, con una apuesta que pretenda desarrollar las diferentes caras de la autonom铆a: econ贸mica (con una apuesta autogestiva de producci贸n), cultural (acompa帽adas de procesos educativos populares y 茅tnicos, por ejemplo), pol铆tica (bajo la batuta del asamblearismo, la democracia directa y participativa, y principios como la rotatividad, revocabilidad y no centralidad) y pueda superar errores tradicionales de las fuerzas alternativas (con principios antipatriarcales, antiracistas y descentralizaci贸n); todo esto bajo una perspectiva de abocamiento completo por la comunidad, proyectos que sin embargo solo se dan mientras halla un territorio sobre el cual asentar el proyecto, lo que nos conecta con lo planteado antes: la necesidad de la disputa y defensa del territorio.

As铆, como punto de partida para el a帽o que viene, debemos organizar las perspectivas y caminar la defensa del lugar que nuestros pies pisan, y solo con ello, plantear que necesariamente, solo la lucha dar谩 los frutos que los de arriba nos han negado hist贸ricamente.

Steven Crux
Enero 2018

3Para un an谩lisis m谩s detallado, se recomienda el Documento de an谩lisis del PCC sobre cambios en pol铆tica militar




Fuente: Acratalibertario.wordpress.com