January 10, 2022
De parte de SAS Madrid
273 puntos de vista


Llevo un tiempo sumergido en varios canales y foros donde se critica la gesti贸n pol铆tica de la pandemia para tratar de entender lo que denuncian y lo que piden. No es f谩cil trazar un perfil 煤nico de quienes habitan en esos lares, pues all铆 se mezcla todo tipo de personajes con diferentes demandas, ideolog铆as e intereses. A diferencia de otros pa铆ses de Europa, en el Estado espa帽ol, los movimientos negacionistas, antivacunas y conspiranoicos no han protagonizado manifestaciones especialmente numerosas ni violentas. Es m谩s, como demuestran los datos, la mayor铆a de la poblaci贸n se ha vacunado. Esto no significa que todos compartamos todas las medidas adoptadas por las administraciones, que no dudemos de muchas cosas o que no seamos cr铆ticos con las autoridades ni esc茅pticos con la industria farmac茅utica. Como en todo, siempre hay matices y, tras d铆as buceando por algunos foros y canales de Telegram y exponiendo en redes algunas de las barbaridades y de las amenazas que se vierten sin filtro, as铆 como la infiltraci贸n de la extrema derecha en algunos de estos entornos, toca darle una vuelta al asunto.

Enfrentarse a una situaci贸n de estas caracter铆sticas ha resultado algo in茅dito para todos, mandatarios y ciudadan铆a, y nos ha obligado a reflexionar sobre los l铆mites de las medidas cuando estas entran en conflicto con algunos derechos fundamentales. Los pol铆ticos no han ayudado demasiado, ya que han usado la pandemia para reprocharse lo que conviniese en cada momento: desde la mala gesti贸n a la deslealtad; desde responsabilizarse unos a otros de los muertos y de la falta de previsi贸n hasta oponerse a todas y cada una de las medidas adoptadas seg煤n soplase el viento. Y demasiadas veces defendiendo una cosa y la contraria.

Desde el inicio de la pandemia y, sobre todo, a ra铆z de que se decretase el estado de alarma, fuimos muchos quienes alzamos la voz contra la escenificaci贸n belicosa de la situaci贸n, con militares patrullando las calles o uniformados acompa帽ando a los mandatarios en las ruedas de prensa de ret贸rica y est茅tica marcial. Tambi茅n contra los abusos policiales contra quienes se saltaban el confinamiento entre aplausos de los conocidos como polic铆as de balc贸n. Sin embargo, la mayor铆a nunca cuestionamos la existencia del virus ni la necesidad de adoptar medidas para controlar la pandemia. Esto no nos impide ser conscientes de que se han usado las medidas restrictivas y el miedo como herramientas de control social, aunque sea en un contexto especial donde la salud p煤blica es (o deber铆a ser) la prioridad, y a nivel psicol贸gico, estas pol铆ticas tengan efectos psicosociales a largo plazo. No se puede negar que todo esto ha servido tambi茅n para testear las tragaderas de la ciudadan铆a con la excepcionalidad.

Los movimientos sociales, la izquierda de calle, no ha estado al margen de la situaci贸n y ha tomado partido desde el principio, aunque algunos la acusen de no hacer nada al no verla volcada en las manifestaciones contra el pasaporte covid. Desde el primer momento, los colectivos de base reforzaron las redes de apoyo para ayudar a las personas m谩s vulnerables, como expliqu茅 en un art铆culo a mediados de marzo de 2020, cuando llev谩bamos pocos d铆as confinados. Los colectivos de barrio empezaron a ofrecer todo tipo de apoyo: asesoramiento laboral contra los abusos empresariales, compras a las personas mayores y vulnerables que no pod铆an salir de casa, e incluso una red de voluntarios de apoyo mutuo para organizar la solidaridad ante la avalancha de voluntarios. Tambi茅n parando desahucios, defendiendo la sanidad p煤blica o exponiendo la vulnerabilidad de muchas personas a quienes el sistema todav铆a castigaba m谩s en estas circunstancias: barrios empobrecidos sin luz, redadas racistas, personas migrantes encerradas en los CIE o deportadas, familias desahuciadas sin alternativa habitacional, o personas sin hogar viviendo a la intemperie mientras el resto permanec铆amos confinadas en nuestras casas. En ninguno de estos casos, quienes hoy convocan contra el pasaporte covid o la vacunaci贸n se dejaron ver.

Mientras, la extrema derecha tan solo agitaba banderas, ped铆a la dimisi贸n del Gobierno y propon铆a poner el himno de Espa帽a a todo trapo desde el balc贸n. Pero tambi茅n miraba de reojo a otros pa铆ses, donde sus hom贸logos se met铆an de lleno en los grupos negacionistas cuando no lideraban las protestas pervirtiendo una vez m谩s la palabra “libertad” para agitar las calles. Aqu铆, m谩s all谩 de la ambig眉edad que ha esgrimido Vox en este asunto, los grupos m谩s radicales de extrema derecha han visto su oportunidad para colarse por esta brecha.

No hace falta ser un experto en extrema derecha para identificar sus mensajes en los principales canales negacionistas. En el canal de los organizadores de las manifestaciones en Val猫ncia, por ejemplo, se pueden ver v铆deos de Bolsonaro, del partido ultraderechista alem谩n AfD, de l铆deres, ide贸logos y partidos neonazis espa帽oles, as铆 como mensajes antisemitas, amenazas a pol铆ticos y personajes p煤blicos o llamadas a la violencia, sin que nadie de los miles de seguidores del canal lo reproche. Dicen que no son ni de izquierdas ni de derechas y que en este 鈥榤ovimiento鈥 cabe todo el mundo. No hay duda, pues tampoco reciben reproches quienes en este mismo canal dicen que la vacuna est谩 hecha de fetos humanos o quienes tratan de vender sus terapias m谩gicas entre tanto revuelo.

Advertir que existe esta infiltraci贸n de la ultraderecha en estos canales no es lo mismo que acusar a todos los esc茅pticos y negacionistas de ser de extrema derecha. No lo son, es verdad, pero tampoco, al menos en Val猫ncia, les molesta que neonazis difundan su propaganda en sus canales, convoquen y se unan a sus manifestaciones. Los ultraderechistas, adem谩s, saben que este tipo de personajes y ambientes son f谩cilmente fagocitables, que la conspiranoia y la gente indignada y con escasa experiencia y formaci贸n pol铆tica son un buen target, as铆 que no es nada raro que inviertan tiempo y esfuerzo en pescar algo en este r铆o, como bien document贸 Al Descubierto en su web, mostrando todas las pruebas al respecto, y explic贸 tambi茅n el periodista Nicolas Tom谩s en un art铆culo. El peligro viene cuando llevamos d铆as exponiendo sus amenazas, coacciones y llamadas a la violencia, y aqu铆 no pasa nada. Solo recordar que, en varios pa铆ses, miembros de estos grupos (encuadrados en la extrema derecha) ya han protagonizado graves incidentes o incluso han sido detenidos cuando preparaban ataques violentos, como el asesinato del primer ministro de Sajonia. Nadie podr谩 decir que no avisamos.

Han pasado casi dos a帽os desde que empez贸 todo y la situaci贸n ha cambiado notablemente. Los movimientos sociales no han dejado de trabajar y, mientras la derecha sigue con su tira y afloja con el Gobierno, y la ultraderecha extraparlamentaria trata de capitalizar el negacionismo, la izquierda sigue insistiendo en poner el foco en los servicios p煤blicos, en la precariedad y en la falta de medidas que suplan los da帽os econ贸micos, sociales y psicol贸gicos de la pandemia. Estos dos a帽os deber铆an haber servido para entender la importancia de tener unos servicios p煤blicos de calidad, una protecci贸n efectiva de la clase trabajadora frente a los abusos, del derecho a la vivienda y poner sobre la mesa el debate sobre la liberalizaci贸n de las patentes de las vacunas, entre muchas otras cosas. Tambi茅n sobre la intervenci贸n del Estado en asuntos tan b谩sicos como el precio de los test y las mascarillas e incluso en el precio de la luz. Incluso la derecha us贸 estos temas para atacar al gobierno, comprando el marco de la izquierda de que 鈥榓lgo鈥 pod铆a hacer el Estado ante esta subida desorbitada de los precios. Algunos no nos hemos cansado de repetirlo, y aqu铆 es donde creemos que se deber铆a hacer pedagog铆a desde la izquierda, ya que este terreno, este marco, es el que todos aquellos que no viven al margen de la mayor铆a (es decir, la clase trabajadora), entiende perfectamente.

Esto no implica dejar de ser cr铆ticos con la gesti贸n pol铆tica de la pandemia, insisto. Hay demasiados intereses en la toma de decisiones, muchas veces m谩s econ贸micos que de salud p煤blica. Y todos, tambi茅n quienes no negamos la existencia del virus, dudamos de la efectividad de muchas de las medidas restrictivas mientras se pauperizan los servicios p煤blicos o se somete a los sanitarios a condiciones extenuantes por la falta de inversi贸n, algo que a la larga acaba beneficiando al negocio privado de la sanidad. Son demasiadas aristas en este asunto que no se pueden obviar, pero que no van a encontrar respuesta en quienes bajo un gorrito de papel de plata y difundiendo propaganda nazi, tratan de hacernos creer que el problema es una conspiraci贸n y no el propio capitalismo, que, por cierto, nos necesita sanos y productivos para seguir funcionando.

Enlace relacionado Publico.es (10/01/2022).




Fuente: Sasmadrid.org