August 1, 2021
De parte de Amor Y Rabia
170 puntos de vista


Las palabras bonitas y discursos huecos no sirven para solucionar los problemas reales como el desempleo, los conflictos sociales o la contaminaci贸n ambiental

por John William Wilkinson

Si hay algo que les acompa帽a a la mayor铆a de los occidentales desde que se levantan de la cama hasta la hora de volverse a acostar -e incluso en sus sue帽os- es, en mayor o menor grado, una angustiosa sensaci贸n de inseguridad. Ya se sabe: no hay nada seguro en un mundo l铆quido como el nuestro.

Un puesto de trabajo fijo es una quimera. Las relaciones entre parejas se miden por temporadas, como la moda. Empieza a quebrantase la familia tradicional que, al menos en Espa帽a y hasta la fecha, es la verdadera Seguridad Social. Cierran cada d铆a m谩s comercios y bares de toda la vida. Peligran Ense帽anza, Sanidad y las pensiones. Los gobiernos son cada vez m谩s insubstanciales y ef铆meros. 驴Ser谩n tan devastadores como dicen los efectos del calentamiento global? Otro atentado terrorista puede producirse en cualquier momento, en nuestra calle o en Nueva Zelanda. 驴Se prohibir谩 el consumo de carne? 驴Podr铆a reemplazarnos un robot? Ah, y sin olvidar que en cualquier momento se puede declarar una pandemia pavorosa, por no hablar de la perenne amenaza de terremotos, tsunamis, inundaciones o incendios forestales fuera de control. Y un largo etc茅tera.

Por el otro lado, los anuncios con los que nos bombardean a lo largo del d铆a, son principalmente de mutuas, aseguradoras, planes de pensiones, alarmas de seguridad. Internet, por su parte, no para de escupir r铆os de bilis. En cualquier momento un hacker podr铆a vaciarte la cuenta bancaria o robarte todos tus datos. La ciberguerra no se ve; s贸lo sabemos que se est谩 librando a nuestro alrededor. No se puede descartar un apag贸n de todo el sistema. Nadie est谩 preparado para el aciago futuro -es decir, el nuestro- que no ha hecho m谩s que empezar.

Estando as铆 el patio, lo pol铆ticamente correcto no s贸lo suena a hueco sino que causa rechazo entre cada vez m谩s ciudadanos. Puede que tuviera cierta gracia durante los delirantes a帽os anteriores a la Gran Recesi贸n, pero ya no. Ahora parece una parodia de s铆 mismo. En las barriadas de las grandes ciudades, en los pueblos y poblaciones abandonados a su suerte, como, asimismo, en las zonas rurales infrapobladas, ese lenguaje ya no cuela, si nada m谩s porque sencillamente no sirve para solucionar los problemas reales como por ejemplo el desempleo, los conflictos sociales, la falta de servicios, el declive demogr谩fico o la contaminaci贸n ambiental que nos est谩 envenenado a todos. Las palabras bonitas y discursos huecos no dan de comer. Es as铆 de simple.

Lleg贸 el d铆a en que el buenismo no sonaba a otra cosa que a una monumental tomadura de pelo. Pero no s贸lo hab铆a dejado de convencer, sino que no hac铆a m谩s que el rid铆culo, y qued贸 patente que los principios de nuestros dirigentes son m谩s veleidosos que los caprichos de un monarca absolutista. Es m谩s: nuestras vidas han sido vaciadas de hasta el 煤ltimo vestigio de espiritualidad. Ya no somos m谩s que los hombres huecos que describi贸 hace un siglo el poeta angloamericano T. S. Eliot.

Son cada vez m谩s las personas que combaten semejante exceso de inseguridad y falta de liderazgo apunt谩ndose a alguno de los numerosos portales que les permiten compartir su rabia con otras personas de parecidas inclinaciones al tiempo que aprenden a identificar y a odiar al verdadero enemigo. 脡stos son los canales que utilizan los populistas para reclutar adeptos. Y no les va nada mal. A base de insultos y noticias falsas han logrado en tiempo r茅cord reemplazar el discurso de la correcci贸n pol铆tica con llamadas al odio y un regreso en toda regla a los oscuros tiempos que err贸nea y fr铆volamente hab铆amos dado por superados.

Como tan bien comprendi贸 Dante, el infierno es mucho m谩s atrayente que el cielo, m谩xime si, como 茅l hizo, puedes t煤 condenar a tus peores enemigos a sufrir por toda la eternidad los m谩s horripilantes de los tormentos. Adem谩s, al infierno se llega antes y cuesta menos esfuerzo. Pero lo que es la verdad, la verdad objetiva, ya no importa una higa: lo m谩s seguro es que ni siquiera existe tal cosa.

Uno suele enamorarse de una sola persona o incluso de uno mismo, como Narciso; o en todo caso de un reducido n煤mero de personas. El odio es otra cosa. Aunque tambi茅n puede dirigirse a una solo persona o a uno mismo, es asombrosa la capacidad que tiene de extenderse a un colectivo, a una religi贸n, a una raza鈥 Resulta reconfortante para cada vez m谩s gente o铆r c贸mo los l铆deres populistas llaman las cosas por su nombre, en vez de dar palos de ciego en el nebuloso callej贸n sin salida de lo pol铆ticamente correcto.

Los populistas no pierden ocasi贸n de rellenar con sus mentiras el vac铆o que ha creado tanto buenismo: saben sondear y explotar el lado oscuro que todos sin excepci贸n llevamos dentro. Y est谩n avanzando en todos los frentes. Entretanto, la izquierda (es un decir) se entretiene exhumando a dictadores -para mayor gloria de 茅stos-, cuando no andan por cumbres de l铆deres que no sirven para nada y que nada tienen que decir. Son 茅stos los que se lo han puesto en bandeja a los -y las- ultraderechistas y nacionalistas de toda ralea.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com