October 28, 2020
De parte de El Libertario
165 puntos de vista


 




Ra煤l
Zibechi




 



La
experiencia
bolivariana
en
Venezuela
gener贸
una
oleada
de
entusiasmo
en
Am茅rica
Latina,
como
no
se
ve铆a
desde
la
revoluci贸n
sandinista
en
1979.
Aunque
se
trat贸
de
un
proceso
electoral
con
fuerte

movilizaci贸n
popular,
el
chavismo
siempre
mencion贸
la
palabra
鈥渞e
voluci贸n鈥
para
describir
lo
que
estaba
sucediendo.
La
construcci贸n

de
鈥減oder
popular鈥,
como
las
comunas,
fue
difundida
como
uno
de


los
principales
argumentos
de
que
se
estaba
transitando
hacia
el


鈥渟ocialismo
del
siglo


XXI鈥.



 



No
debemos
olvidar
que
el
chavismo
naci贸
desde
abajo
mucho

antes
de
hacerse
gobierno.
En
primer
lugar,
porque
es
hijo
de
la


revuelta
popular
conocida
como
Caracazo,
cuando
un
27
de
febrero


de
1989
鈥渂ajaron
los
cerros鈥
donde
habitan
los
sectores
populares


para
responder
al
ajuste
estructural
de
un
gobierno
corrupto.
Fue


la
primera
gran
rebeli贸n
popular
contra
el
Consenso
de
Washington


en
toda
la
regi贸n.
En
segundo
lugar,
porque
el
alzamiento
arma
do
de
un
grupo
de
militares,
entre
los
que
estaba
Hugo
Cha虂vez,
el

4
de
febrero
de
1992,
fue
seguido
con
expectativa
y
esperanza
por


los
sectores
populares
que
se
alzaban
contra
el
sistema
y
sufr铆an


tremendos
embates
represivos,
como
sucedi贸
durante
el
Caracazo,


con
la
muerte
de
alrededor
de
500
personas
a
manos
de
las
fuerzas


armadas
(Machado
y
Zibechi,
2016).



 



A
mi
modo
de
ver,
ambos
hechos
marcan
a
fuego
el
proceso
bolivariano:
la
rebeli贸n
popular
desde
abajo
y
el
alzamiento
militar
y
civil

organizado
desde
los
cuarteles
y
los
grupos
pol铆ticos.
Para
los
secto
res
populares
fue
importante
que
un
sector
de
la
fuerza
armada
se

alzara,
ya
que
se
sintieron
respaldados
por
los
uniformados,
lo
que


fortaleci贸
el
sentimiento
antisistema
y
la
autoestima,
anclados
sobre


todo
en
los
barrios
populares.
Poco
despu茅s
del
alzamiento,
en
abril


y
marzo
de
ese
a帽o,
fueron
convocados
cacerolazos
con
caracter铆sti
cas
insurreccionales,
en
los
que
se
escucharon
por
primera
vez
gritos

de
鈥淐ha虂vez,
Cha虂vez鈥
en
los
barrios
populares.



 



Se
trat贸,
sin
duda,
de
la
construcci贸n
popular
de
un
liderazgo,

con
todas
las
potencialidades
y
las
contradicciones
que
ello
impli
ca.
La
cultura
pol铆tica
de
la
revuelta
contiene
dos
elementos
opuestos
e
infinidad
de
grises:
la
participaci贸n
de
las
bases
populares
y

la
direcci贸n
de
los
militares
a
trav茅s
del
Movimiento
Bolivariano


Revolucionario
200
(
MBR).
Un
mismo
movimiento
que
contiene
hori
zontalidad
y
jerarqu铆as
y
que,
en
los
hechos,
es
una
de
las
se帽as
de

identidad
m谩s
destacadas
del
llamado
proceso
bolivariano.



 



Cuando
Cha虂vez
pasa
a
ocupar
el
centro
del
escenario
pol铆tico,

ya
en
1992,
desplazando
al
pueblo
movilizado
de
las
calles,
debe


comprenderse
que
fue
ese
mismo
pueblo
el
que
lo
coloc贸
en
ese


lugar.
Lo
hizo
actualizando
la
vieja
cultura
caudillista,
reforzada


por
los
alzamientos
militares
que
contribuyeron
tanto
a
derrocar
a


las
茅lites
tradicionales,
como
a
desplazar
el
protagonismo
popular


en
las
calles



 



.En
Caracas
y
en
otras
ciudades
se
observan
en
este
periodo
co
munidades
urbanas
que
act煤an
de
forma
autogestiva
y
difusa,
sin

llegar
a
institucionalizar
su
funcionamiento
ni
a
cristalizarlo
en
aparatos.
Se
trata
de
modos
de
hacer
inspirados
en
el
sentido
co
m煤n
comunitario
frente
a
un
Estado
d茅bil,
que
nunca
se
preocup贸

por
los
barrios.
Esos
modos
muestran
potencia,
se
sostienen
en
el


tiempo
largo
y
son
resistentes,
muy
resistentes,
a
las
imposiciones


desde
arriba.



 



La
鈥渞evoluci贸n鈥
intenta
darles
forma,
institucionalizar
las
pra虂cticas
鈥渋nformales鈥
y
aut贸nomas
a
trav茅s
de
la
鈥渓egalizaci贸n鈥
de
las

situaciones
de
hecho,
que
son
los
modos
habituales
como
los
de


abajo
ocupan
los
espacios
que
necesitan.
脡ste
es
un
momento
de
licado,
ya
que
aparecen,
antes
incluso
que
las
instituciones,
los

mediadores
,
bisagras
entre
el
Estado
y
la
comunidad,
con
intereses


propios,
pero
siempre
afines
a
la
l贸gica
institucional
que
les
ofrece


las
mejores
condiciones
para
reproducir
sus
peque帽os
poderes.



 



En
Venezuela,
como
en
Am茅rica
Latina,
alrededor
de
60%
de
las

viviendas
en
las
grandes
ciudades,
y
de
la
misma
urbanizaci贸n,


fueron
construcciones
populares
sin
apoyo
estatal.
Por
eso
la
es
tructura
de
los
barrios
populares
parece
ca贸tica
y
opaca
para
el

observador
externo
(el
Estado
y
el
capital),
pero
brinda
protecci贸n


y
soberan铆a
a
quienes
los
habitan.
Mientras
en
otros
pa铆ses
de
la


regi贸n
la
鈥渓egalizaci贸n鈥
o
鈥渞egularizaci贸n鈥
promovidas
por
el
Estado


fueron
el
modo
de
anular
los
espacios
de
autogesti贸n
y
de
autono
m铆a,
en
Venezuela
las
cosas
fueron
diferentes.



 



El
Estado
chavista
no
pudo
hacer
legible
el
entramado
social
de

los
barrios
populares
ni
lo
pudo
codificar
burocr谩ticamente,
s贸lo


de
forma
parcial,
ya
que
鈥渓a
sociedad
mantiene
su
opacidad
urba
n铆stica,
econ贸mica,
violenta鈥,
en
el
sentido
de
que
no
fue
posible

imponer
el
monopolio
estatal
de
la
violencia
(Boni,
2017:
56).
Los


l铆mites
del
Estado
pueden
ser
una
clave
interpretativa
de
la
crisis


venezolana
que
reh煤ya
la
polarizaci贸n
pol铆tica
鈥攊ncluso
la
corrup
ci贸n鈥
como
eje
en
torno
al
cual
comprenderla.
Ante
la
potencia

del
tejido
social,
el
Estado
chavista
retrocedi贸
y
negoci贸,
porque


no
pod铆a
disciplinar,
y
porque
se
trataba
de
su
propia
base
social.


脡sta
es
quiza虂s
una
de
las
ma虂s
notables
particularidades
del
proceso


bolivariano.



 



La
creaci贸n
del
Partido
Socialista
Unido
de
Venezuela
(PSUV)
debe


ser
interpretada
en
el
marco
de
la
cultura
de
la
renta
petrolera,


que
abarca
desde
la
vieja
idea
de
鈥渟embrar
el
petr贸leo鈥
hasta
la


cultura
del
no
trabajo,
para
continuar
y
reestablecer
lazos
cliente
lares,
intercambiando
bienes
por
votos
o
por
fidelidad
al
dirigente

local.
Patrimonialismo
y
personalizaci贸n
de
las
relaciones
pol铆ticas


son
casi
naturales
en
una
sociedad
escasamente
organizada
en
movimientos
y
con
estructuras
pol铆ticas
permeadas
por
esa
cultura


rentista-clientelar
(Boni,
2017).



 



En
este
punto
debe
entenderse
tambi茅n
el
funcionamiento
de

los
consejos
comunales,
la
principal
creaci贸n
del
鈥減oder
popular鈥


chavista.
Con
los
consejos
el
chavismo
institucionaliz贸
las
diversas


formas
de
participaci贸n
popular
que
exist铆an
en
el
pa铆s
desde
la
d茅
cada
de
1970.
Al
hacerlo,
la
diversidad
qued贸
sujeta
al
aparato
estatal
por
los
abundantes
recursos
que
se
entregaron.
S贸lo
en
el
Edo.
Sucre

se
crearon
en
pocos
a帽os
unos
1


500
consejos
comunales,
siendo


un
estado
de
poco
ma虂s
de
un
mill贸n
de
habitantes,
lo
que
habla
de


la
extensi贸n
de
la
organizaci贸n
popular.



 



Se
trata
de
organismos
para
la
colaboraci贸n
con
las
instituciones
estatales
y
la
participaci贸n
de
la
poblaci贸n,
que
puede
decidir

el
destino
de
los
proyectos
que
maneja,
as铆
como
la
relaci贸n
con
la


burocracia
estatal
y
la
canalizaci贸n
de
servicios
para
la
comuni
dad.
Debe
destacarse
que
los
consejos
comunales,
en
ning煤n
momento
fueron
proyectados
ni
funcionaron
como
organismos
con
poder,
como
suele
presentarlos
buena
parte
de
los
intelectuales
y
los

militantes
que
apoyan
de
modo
incondicional
el
proceso
chavista


(Machado
y
Zibechi
2016;
Boni,
2017).
Lo
que
no
quiere
decir
que


los
consejos
no
tengan
ning煤n
valor
o
importancia.
La
tienen:
son


formas
de
organizaci贸n
comunitaria
territorial
en
la
que
los
vecinos


de
un
barrio
se
sienten
representados
y
sus
intereses
son
gestiona
dos
ante
el
Estado.
Pero
no
son
贸rganos
de
poder.
Son
gestores
del

Estado
en
el
territorio,
act煤an
como
intermediarios.



 



Y
a煤n
hay
algo
ma虂s
que
nos
puede
servir
como
s铆ntesis
del
ciclo

progresista
en
relaci贸n
con
los
autogobiernos
populares
y
la
auto
nom铆a.
Los
consejos
nacen
horizontales
y
jera虂rquicos
a
la
vez,
en

una
tensi贸n
no
resuelta.
Por
un
lado,
dependen
del
financiamiento


estatal
y
funcionan
en
clave
burocra虂tica,
por
lo
que
鈥渆l
poder
po
pular
tiene
una
debilidad
estructural
respecto
a
las
instituciones

con
las
que
debe
confrontar鈥
(Boni,
2017:
103).
Un
poder
que
no
es


aut贸nomo,
no
es
poder.
La
subordinaci贸n
de
los
consejos
al


PSUV
se


hace
evidente
durante
los
procesos
electorales,
cuando
se
asiste
a


su
creciente
homogeneizaci贸n
y
p茅rdida
de
independencia.
Al
final


de
este
largo
proceso,
los
consejos
comunales
terminan
forman
do
parte
de
la
estructura
organizativa
del
Estado.
De
alg煤n
modo,

puede
decirse
que
fue
un
paso
atra虂s
respecto
al
universo
heterog茅
neo
de
las
asociaciones
vecinales,
jera虂rquicas
y
clientelares
de
los

a帽os
setenta,
trasladando
el
ana虂lisis
de
De
Oliveira
a
la
realidad


venezolana.



 



En
el
mejor
de
los
casos,
puede
decirse
que
la
l贸gica
igualitaria

y
aut贸noma
mantiene
cierta
permanencia
en
los
barrios
populares,


donde
la
horizontalidad
y
la
ausencia
de
jerarqu铆as
son
cultura,


mucho
ma虂s
alla虂
de
partidos
e
ideolog铆as.
El
predominio
de
las
di
recciones,
de
los
cuadros
y
de
los
oficiales
de
las
fuerzas
armadas,

acot贸
y
control贸
los
espacios
de
igualitarismo,
en
particular
bajo
la


gesti贸n
presidencial
de
Nicola虂s
Maduro
(2013).



 




Referencias



 




        


Boni,
Stefano,

Il
Poder
Popular
nel
Venezuela
socialista
del
ventunesino
secolo
,
Florencia,
Editpress,
2017.



 




        


Machado,
Decio
y
Ra煤l
Zibechi,

Cambiar
el
mundo
desde
arriba.
Los
l铆mites
del
progresismo
,
M茅xico,
Bajo
Tierra,
2017.



 




        


Oliveira,
Francisco
de
et
al .,

Hegemon铆a
as
avessas
,
S茫o
Paulo,
Boitempo,
2010.



 



[Tomado
del
ensayo
鈥淎utonom铆as
y
autogobiernos
despu茅s
del
progresismo鈥,
incluido
en
el
volumen
colectivo

Vuelta
a
la
autonom铆a.
Debates
y
experiencias
para


la
emancipaci贸n
social
desde


Am茅rica
Latina
.
M茅xico,
El
Colectivo
2019.
El
libro
completo
es
accesible
en

https://www.academia.edu/40907004/VUELTA_A_LA_AUTONOM%C3%8DA_Debates_y_experiencias_para_la_emancipaci%C3%B3n_social_en_Am%C3%A9rica_Latina?email_work_card=view-paper
.]



 




 




Fuente: Periodicoellibertario.blogspot.com