March 9, 2021
De parte de SAS Madrid
41 puntos de vista


Sin redes de apoyo familiar y social, con empleos más precarios y una enorme carga de cuidados a sus espaldas, las mujeres han visto cómo la pandemia las hace retroceder varios pasos en el ya lento camino hacia una igualdad real.

Un a√Īo despu√©s de iniciarse la crisis provocada por el coronavirus, el relato mayoritario de las mujeres es demoledor. Durante las √ļltimas semanas, P√ļblico ha recopilado los testimonios de decenas de mujeres que han narrado en primera persona c√≥mo est√°n viviendo la pandemia y qu√© efectos est√° teniendo esta crisis sobre sus vidas. Son testimonios individuales pero que conforman un relato com√ļn y casi √ļnico: estamos extenuadas, estresadas, con sentimientos de culpa por no llegar a todo o llegar mal, con d√≠as interminables para poder cumplir con la doble jornada y con un gran sentimiento de soledad.

Tal y como resaltan diversas expertas consultadas, todos los estudios han alertado sobre la sobrecarga de trabajo no remunerado que ha supuesto esta pandemia para las mujeres, “y muy especialmente para aquellas con empleos e hijos e hijas peque√Īos con el consecuente impacto en la salud mental y emocional”, explica Alba Crusellas, polit√≥loga y soci√≥loga y experta en igualdad.

En los momentos m√°s duros de la pandemia, con los colegios y otros centros de actividades cerrados y la falta de redes de apoyo como las abuelas y otras personas cercanas, “muchas madres han tenido que hacer verdaderos malabares para responder satisfactoriamente a las demandas propias de sus empleos, de la ense√Īanza a distancia de sus hijos e hijas y de las tareas dom√©sticas y de cuidados. Todo ello con el peso del sentimiento de culpa que impone convenientemente el patriarcado cuando no est√°n disponibles al 100% a los requerimientos de la familia (esa imagen de ‘malas madres’)”, a√Īade Crusellas.

Las mujeres entramos en esta crisis como lo hemos hecho en otras, con grandes desigualdades, y vamos a salir de ella a√ļn peor, con m√°s trabajo productivo y reproductivo [el que sostiene la vida] y con una gran carga de culpa”, afirma Empar Aguado, investigadora social y profesora en el departamento de Sociolog√≠a y Antropolog√≠a Social de la Universitat de Val√®ncia. “La pandemia y el confinamiento nos devolvi√≥ una imagen amplificada de lo que ya estaba ocurriendo antes” en cuanto a las falta de corresponsabilidad, una mayor carga de los cuidados y la precariedad laboral, afirma este experta, que en el mes de abril inici√≥ un estudio sobre las consecuencias del confinamiento en las mujeres con hijos y cuyos efectos, afirma, se han intensificado y profundizado a lo largo de los √ļltimos meses.

Los comentarios de estas expertas son corroborados con cifras publicadas por distintas instituciones. Los √ļltimos datos sobre desempleo hechos p√ļblicos por el Ministerio de Trabajo reflejaban que el 70% de las personas que hab√≠an perdido su empleo en el mes de febrero eran mujeres y tal como denuncia el sindicato UGT ellas ostentan tambi√©n m√°s del 74% de los contratos a tiempo parcial.

Un reciente informe elaborado por la firma de consultor√≠a Boston Consulting Group (BCG) afirma que las mujeres dedican el doble de tiempo (unas 27 horas semanales) que antes de la pandemia a trabajos no remunerados como las tareas dom√©sticas y las relacionadas con la educaci√≥n de los hijos. La repercusi√≥n en el √°mbito profesional supone que el 30% de las madres europeas aseguran que su capacidad de desempe√Īo en el trabajo ha descendido con la pandemia, porcentaje que en Espa√Īa alcanza el 37%. Adem√°s, un 38% de las mujeres no tiene un espacio privado en el que trabajar, el 28% asegura que es interrumpida constantemente, y el 40% no se siente segura sobre su empleo. Unos porcentajes que son 10 puntos inferiores en el caso de sus compa√Īeros varones. Seg√ļn una directiva de la compa√Ī√≠a, estas cifras indican que con la pandemia se podr√≠an haber “perdido 20 a√Īos en la carrera por cerrar la brecha de g√©nero” en el √°mbito laboral.

Un dictamen que corroboran decenas de mujeres consultadas por P√ļblico durante las √ļltimas semanas.

Emilia, una asesora de comunicaci√≥n de 52 a√Īos, explicaba a este diario que aunque ella y su pareja tienen trabajos con una alta demanda de tiempo y concentraci√≥n, durante el confinamiento √©l dispuso de un lugar aislado para trabajar y ella se qued√≥ en el sal√≥n, donde era mucho m√°s “interrumpible”. Esta misma situaci√≥n la cuentan Ana, una periodista que estableci√≥ su lugar de trabajo en la barra de la cocina, y Ver√≥nica, analista de datos, que tuvo que convertir el sal√≥n en su oficina y compartirlo con sus hijos, mientras su marido dispon√≠a de una habitaci√≥n para √©l solo “porque ten√≠a muchas reuniones”.

“Lo que estamos viendo es que en much√≠simas ocasiones ellas son las facilitadoras del tiempo de trabajo de sus parejas. Y no es que se conformen, es mucho m√°s complicado que eso. La pandemia y el confinamiento nos posibilit√≥ ver de forma amplificada lo que ya se estaba dando antes. Si los v√≠nculos afectivos de los hijos se estaban dando mayoritariamente con las madres cuidadoras, tu puedes sacar una hoja de excel y sentarte con tu pareja a repartir hora a hora las tareas de las que se va a encargar cada uno. Pero esto es muy dif√≠cil de llevarlo a cabo en una casa de 80 metros, con una criatura de seis a√Īos. Aqu√≠ aparec√≠a de forma muy clara el sentimiento de culpa”, puntualiza Aguado.

Esta experta explica que cuando se nos cayeron todas las redes de apoyo (la escuela, la persona que ayuda en casa, los abuelos cuidadores‚Ķ), lo que qued√≥ al descubierto fue lo lejos que estamos de tener pr√°cticas corresponsables y se vio claramente la necesidad de cambiar de cultura. “Las mujeres necesitamos leyes y pol√≠ticas p√ļblicas hacedoras de tiempo, porque somos nosotras las que estamos gestionando los cuidados”. Cuando al inicio de la pandemia se cerr√≥ la escuela y se dificult√≥ la posibilidad de externalizar el trabajo dom√©stico del hogar, lo que se puso de manifiesto fue la tremenda desigualdad de roles, incluso en aquellas parejas que se denominaban “igualitarias”.

Otra de las realidades que dej√≥ patente el estudio realizado por la Universitat de Val√®ncia y que a√ļn est√° por publicar, es que a ellos se les da muy bien jugar con sus hijos. Entre la mujeres encuestadas en la muestra, muchas afirmaban que si se divid√≠an el cuidado de los hijos a lo largo del d√≠a, el rato que les tocaba a ellas atend√≠an las tareas escolares, pon√≠an lavadoras o hac√≠an la comida en ese espacio, pero que a ellos en general s√≥lo les daba tiempo a jugar. “Lo que dej√≥ patente esta pandemia es que nosotras somos realmente las titulares de los cuidados y que ellos est√°n sentados en el banquillo como suplentes”, afirma Aguado.

De vuelta a casa

Tal como explica la soci√≥loga Rosa Cobo, las mujeres salimos del espacio privado/dom√©stico al mercado laboral y al √°mbito p√ļblico a partir de los a√Īos sesenta, un proceso que ha ido creciendo a lo largo de las √ļltimas d√©cadas. “Y, de pronto, la pandemia nos devuelve a casa. Y no nos devuelve en la misma situaci√≥n que a los varones: a nosotras nos devuelve a las tareas dom√©sticas. Si algo ha puesto de manifiesto la pandemia es la debilidad de la conciliaci√≥n y de la corresponsabilidad. Creo que esta pandemia ha sido un golpe irreparable a la corresponsabilidad y ha mostrado que el trabajo dom√©stico y de cuidados es una tarea de las mujeres”, abunda esta profesora de Sociolog√≠a en la Universidad de A Coru√Īa.

Esta experta afirma que, parad√≥jicamente, la pandemia est√° reforzando el papel de las mujeres como cuidadoras y como trabajadoras dom√©sticas gratuitas. “Esta dedicaci√≥n y entrega a las tareas dom√©sticas y de cuidados suscita un malestar en las mujeres que no es nuevo. Es el malestar que no tiene nombre del que hablaba Betty Friedan”.

Para la soci√≥loga √Āngeles Bri√Ī√≥n, este malestar colectivo y la falta de corresponsabilidad real dentro de las familias debe ser tenida en cuenta a la hora de dise√Īar las pol√≠ticas p√ļblicas y hay que cuidar de que √©stas no vayan en contra de los derechos de las mujeres. Y critica que tras un a√Īo de pandemia “todas esas teor√≠as que hablaban de trabajar por la corresponsabilidad y poner la vida y los cuidados en el centro no se han reflejado a√ļn en una pol√≠tica que haya paliado la situaci√≥n de muchas mujeres“.

Lo mismo opina Crusellas, quien afirma que  “si no integramos eficazmente la perspectiva de g√©nero en todos y cada uno de los proyectos de recuperaci√≥n, nos vamos a encontrar con actuaciones que van a tener un impacto negativo en la igualdad de g√©nero y en las vidas de las mujeres, quienes no se van a ver beneficiadas por igual”. Por eso, explica, “el sector p√ļblico debe asegurar que la recuperaci√≥n contribuya a eliminar los obst√°culos que impiden la igualdad entre mujeres y hombres y no a reproducirlos o agravarlos”.

Para Crusellas, se sigue dando una visi√≥n estereotipada de la maternidad que coloca a las mujeres como principales responsables del mantenimiento del hogar y afirma que existe una falta de corresponsabilidad de los hombres, pero tambi√©n del Estado. “Recordemos que, m√°s all√° de la posibilidad de reducir la jornada laboral con la correspondiente p√©rdida salarial, las administraciones p√ļblicas no han dado alternativas. Esta medida tiene, adem√°s, efectos muy negativos en t√©rminos de igualdad de g√©nero, ya que, en su inmensa mayor√≠a, se acogen mujeres, transfiri√©ndoles por tanto el coste de la pandemia y reproduciendo los roles tradicionales de g√©nero: vuelta a los hogares y dependencia econ√≥mica de las mujeres”.

“Lo √ļnico que puede hacer que las mujeres salgan de la desigualdad es tener a su lado pol√≠ticas publicas que construyan tiempos para ellas, porque desde la corresponsabilidad no se est√° obteniendo. Y tambi√©n es importante no s√≥lo lograr esto en la corresponsabilidad familiar. Deber√≠amos de hablar tambi√©n de la corresponsabilidad empresarial o corporativa y de la corresponsabilidad p√ļblica”, argumenta Aguado

“El confinamiento fue un laboratorio magn√≠fico para indicarnos y confirmarnos lo que ya sab√≠amos: que las mujeres, para poder librarnos de esta doble carga necesitamos tener pol√≠ticas p√ļblicas que construyan nuestros tiempos. Y esto es algo que sigue vigente y no ha pasado un a√Īo despu√©s. Hay que incorporarlo a la agenda p√ļblica”, concluye Aguado.

Enlace relacionado P√ļblico.es 08/03/2021.




Fuente: Sasmadrid.org