November 28, 2020
De parte de Federacion Libertaria De Madrid
312 puntos de vista

Desde que se detect贸 en China hace meses el CoVid-19 (coronavirus) sabemos que 茅ste es muy contagioso, que no alberga demasiado riesgo para la mayor铆a de la gente (el 80% de las contagiadas cursan s铆ntomas leves) pero cuenta con una tasa de mortalidad considerable para gente vulnerable (personas de m谩s de 60 a帽os y/o con patolog铆as previas). Asimismo, un porcentaje suficientemente alto de gente contagiada necesita cuidados intensivos como para saturar el sistema de salud estatal si se extiende de manera amplia.

Hay que frenar la curva. Fuente: The Lancet

Por eso, con la intenci贸n de ralentizar la tasa de contagios para evitar la ruptura del sistema (鈥渇renar la curva鈥 se llama), el Gobierno nos confin贸 a todas en nuestras casas, por Decreto, el pasado 14 de marzo y el ej茅rcito y la polic铆a ocuparon las calles de las principales ciudades. Eso s铆, manteniendo abiertos todos los puestos de trabajo (no vaya a ser que colapse la econom铆a) que no fueran de cara al p煤blico y, por consiguiente, seguimos cruz谩ndonos con muchas personas por la calle, en el metro y en el autob煤s, lo cual ha permitido una mayor propagaci贸n del virus de lo esperable.

La UME en Madrid. Fotograf铆a de 脕lvaro Minguito (El Salto)

Lo que la crisis del coronavirus nos muestra sobre la salud de nuestro planeta

Tras unos d铆as de encierro y reclusi贸n, los medios han empezado a dar cuenta de algunas im谩genes ins贸litas que se est谩n dando en los epicentros tur铆sticos del mundo: en los canales de Venecia discurre agua cristalina, se vislumbran algas bajo las g贸ndolas y navegan peces y patos entre ellas; en la ciudad japonesa de Nara, los ciervos campan a sus anchas; en Oakland, hacen lo propio pavos reales; y se han avistado jabal铆es por las calles de Barcelona.

Un estudio de la Universitat Polit猫cnica de Val猫ncia indica que los niveles de di贸xido de nitr贸geno, indicadores para medir la contaminaci贸n, han descendido dram谩ticamente en las principales ciudades del Estado en los diez d铆as que siguieron a la declaraci贸n del estado de alarma: un 83% en Barcelona, un 73% en Madrid y un 64% en Val猫ncia.

Otro estudio, desarrollado por la Societ脿 Italiana di Medicina Ambientale indica que la reducci贸n de las emisiones no s贸lo es positiva en general para el medioambiente, sino incluso para evitar la propagaci贸n del virus, pues vincula la propia contaminaci贸n (concretamente, el polvo fino en el aire) como vector de propagaci贸n del contagio.

La transici贸n a un modelo m谩s sostenible

Estos datos evidencian que bajando el ritmo de producci贸n a niveles m谩s manejables, disminuyendo el consumo de lo innecesario, limitando el turismo destructivo, realizando 煤nicamente los viajes que sean imprescindibles y acabando con la da帽ina competencia que rige nuestro sistema econ贸mico, las emisiones se reducen y nuestro planeta se convierte en un lugar mucho m谩s habitable.

Situaciones como 茅sta parecen indicar que la transici贸n hacia un modelo productivo con menor uso de recursos (f贸siles y de cualquier tipo) es inevitable. La cuesti贸n es c贸mo se llevar谩 a cabo. Porque ganar la disyuntiva entre una transici贸n liberadora (ecosocialismo) o una que aumente los grados de opresi贸n y diferencias sociales (ecofascismo) parece que ser谩 el pr贸ximo gran reto de los movimientos sociales.

En la adaptaci贸n de la novela a serie de El Cuento de la Criada, la dictadura religioso-fascista de Gilead tiene, en parte, una justificaci贸n ecologista. Los comandantes presumen de haber reducido sus emisiones en un 78% en tres a帽os y de tener un modelo de producci贸n org谩nica

No es la primera vez que hablamos de este tema. Hace cuatro a帽os Carlos Taibo public贸 Colapso: Capitalismo terminal, transici贸n ecosocial, ecofascismo(Catarata, 2016), libro en el que teoriza acerca de la posibilidad de un colapso (entendido como un golpe fuerte que provoca la quiebra de las instituciones preexistentes, como lo podr铆a ser una cat谩strofe clim谩tica) y las dos respuestas que se podr铆an dar: una transici贸n socialmente justa y comunitaria por un lado, o el ecofascismo por otro, siendo esto 煤ltimo la imposici贸n de restricciones severas por parte de un Estado fuerte y autoritario al que no le tiembla la mano a la hora de usar la violencia para mantener el equilibrio ambiental a cambio de perpetuar las diferencias sociales.

Esta segunda posibilidad, adem谩s, cuenta con importantes precedentes. En el mes de febrero rese帽amos en este peri贸dico el recomendable ensayo Ecofascismo: Lecciones de la experiencia alemana (Virus, 2019), en el que se recorre los estrechos v铆nculos entre el Tercer Reich y el mensaje ecologista.

La transici贸n a un modelo m谩s justo

Evidentemente, apostamos por una transici贸n para salir de la emergencia clim谩tica que, a su vez, sea socialmente justa. Y no puede haber transici贸n justa sin una transformaci贸n en el mundo del trabajo que asegure una reconversi贸n que otorgue protagonismo a las clases trabajadoras, adem谩s de que tenga en cuenta los postulados antirracistas y feministas.

El mes pasado rese帽amos en este medio el informe de Ecologistas en Acci贸n titulado Sin Planeta No Hay Trabajo: Reflexiones sobre la emergencia clim谩tica y sus implicaciones laborales en el marco de una transici贸n justa. Precisamente aborda todas las cuestiones de justicia social que hemos abordado, lo que hace que su importancia sea incluso mayor hoy que entonces.

Otras propuestas de justicia social las encontramos en campa帽as que han surgido en los 煤ltimos d铆as para hacer frente a la crisis del CoVid-19. Una (impulsada por Sindicatos de Inquilinas, PAHs y asambleas populares y pol铆ticas) es la que busca la aprobaci贸n de un Plan de Choque Social, que defiende la sanidad universal frente a la exclusi贸n sanitaria de personas extranjeras, destinar m谩s ayudas econ贸micas a trabajadoras, intervenir empresas privadas de gesti贸n de servicios esenciales, prohibir los despidos, dotarnos de una renta b谩sica universal, liberar a las personas presas vulnerables, suspender el pago de alquileres, hipotecas y suministros b谩sicos, cerrar los CIEs y suspender la Ley de Extranjer铆a, entre otras.

Otra campa帽a, conocida en redes como #Suspensi贸nAlquileres, defiende la suspensi贸n del pago de las rentas del alquiler durante todo el estado de alarma y coquetea con la posibilidad de convocar una huelga de inquilinas si el Ejecutivo no adopta sus medidas (acto que cuenta con un importante precedente que se llev贸 a cabo en 1930).

El coronavirus no es una oportunidad

Como hemos dicho, la transici贸n clim谩tica debe venir acompa帽ada de una transformaci贸n del mundo del trabajo para ser justa. Por ello, la crisis del coronavirus que estamos viviendo quiz谩s no sea el mejor ejemplo de decrecimiento y reducci贸n de emisiones que se puede predicar. En unos meses, si no semanas, vamos a empezar a perder nuestros empleos y, con ellos, nuestras viviendas. Todo parece indicar que habr谩 miles de despidos (en parte, por la ausencia de medidas proteccionistas de clase trabajadora desarrolladas por el gobierno durante el estado de alarma) y pagar los alquileres se va a convertir en una tarea imposible. El resto, ya lo conocemos: recortes (de nuevo, en sanidad y educaci贸n), desahucios, etc.

Es un error estrat茅gico, a la hora de intentar ganar la batalla cultural de que tenemos que vivir con menos, asociar la reducci贸n de emisiones a corto plazo a una crisis econ贸mica, como tambi茅n lo es asociar el decrecimiento a una crisis sanitaria grave que tanto dolor est谩 provocando.

Por otro lado, tampoco conviene asociar la transici贸n clim谩tica a la crisis del coronavirus por otra raz贸n: despu茅s de que el 14 de marzo se decretara el estado de alarma, hemos vivido un repunte de autoritarismo que nos acerca m谩s al ecofascismo que al ecosocialismo. Esto no puede ser el ejemplo de gesti贸n de cat谩strofes que debemos defender. En menos de dos semanas nos han confinado en nuestras viviendas, el ej茅rcito patrulla las calles, los militares dan ruedas de prensa enalteciendo los valores castrenses y llam谩ndonos 鈥渟oldados鈥, el lenguaje b茅lico en la lucha contra el virus se ha normalizado, los drones circulan los aires, el gobierno ha ordenado geolocalizar nuestros m贸viles para estudiar nuestros comportamientos y se ha dotado de la capacidad para intervenir empresas de telecomunicaciones (estado de excepci贸n digital), se han recortado los derechos de las personas presas, se han cerrado las fronteras, la polic铆a ha detenido a 929 personas e impuesto m谩s de 100.000 multas en una semana, hemos vivido situaciones en las que nuestras vecinas se asoman a la ventana para chivarse de quien se encuentra en la calle, insultan al infractor, aplauden a la polic铆a y justifican la violencia policial (驴os acord谩is de los buenos tiempos, en los que simplemente se negaba y no se celebraba?).

Por citar algunos ejemplos: en un art铆culo titulado 芦Justicieros de balc贸n en tiempos de cuarentena: 鈥楳e han insultado y deseado la muerte por salir con mi hijo con autismo鈥櫬, la periodista Marta Borraz recoge distintos casos de gente que ha ido por la calle a trabajar, a cuidar de un familiar, o acompa帽ando a un hijo con autismo que han sido increpadas, insultadas o denunciadas ante la polic铆a.

Y ello por no hablar de las actitudes racistas que se est谩n normalizando: Trump y Ortega Smith (Vox) se refieren al CoVid-19 como 鈥渧irus chino鈥, y 茅ste 煤ltimo asegura que sus 鈥渁nticuerpos espa帽oles鈥 le salvar谩n; tanto SOS Racismo como Es Racismo denuncian un incremento de redadas racistas en Madrid, Bilbao y Barcelona; y Vox propone eliminar la sanidad a los extranjeros en situaci贸n irregular en estado de alarma (lo cual no es solo un atentado contra los derechos humanos, sino un peligro de salud p煤blica).

Se est谩 creando un caldo de cultivo de odio, militarismo y prefascismo que debemos combatir con pedagog铆a, un discurso antiautoritario y asambleario, oponi茅ndonos a la vigilancia digital permanente, recuperando movimientos populares horizontales como el 15-M y con propuestas de justicia social como las que hemos mencionado sobre estas l铆neas. Debemos huir del ejemplo del estado de alarma como modo de gesti贸n y proponer la defensa de lo comunitario si pretendemos que la transici贸n ecol贸gica sea justa. Nos va, muy literalmente, la vida en ello.

FUENTE: TODO POR HACER




Fuente: Federacionlibertariamadrid.home.blog