June 30, 2022
De parte de ANRed
111 puntos de vista

El imperialismo custodia la explotaci贸n de los trabajadores y el sometimiento de la periferia, con mecanismos adoptados a las transformaciones del capitalismo. Ese amoldamiento no se ha consumado en la actualidad. El liderazgo norteamericano est谩 socavado por el deterioro econ贸mico y los fracasos b茅licos. Carece adem谩s de la plasticidad que tuvo su antecesor brit谩nico para traspasar el mando. Rusia no participa de ese circuito dominante, pero motoriza la gestaci贸n de un imperio no hegem贸nico, muy distinto al zarismo y a la URSS. El protagonismo de China no es sin贸nimo de expansi贸n imperial. Sus estrategias defensivas coexisten con una restauraci贸n capitalista incompleta, que incluye igualmente la acumulaci贸n de beneficios a costa de la periferia. Otras disputas por la preeminencia regional actualizan el status del subimperialismo. La centralidad de la coerci贸n es diluida por las tesis meramente hegemonistas. El sistema imperial actual diverge de las viejas rivalidades entre potencias y no se clarifica con criterios econ贸micos. Las confrontaciones geopol铆ticas desmienten la tesis de un imperio global sostenido por clases y estados transnacionalizados. Por Claudio Katz


Los debates sobre el imperialismo reaparecen al cabo de una sinuosa trayectoria. Durante la primera mitad del siglo pasado, ese concepto fue muy utilizado para caracterizar las confrontaciones b茅licas entre las grandes potencias. Posteriormente qued贸 identificado con la explotaci贸n de la periferia por las econom铆as centrales, hasta que el auge del neoliberalismo diluy贸 la gravitaci贸n del t茅rmino.

Al comienzo del nuevo milenio, la atenci贸n por el imperialismo pas贸 a un segundo plano y la propia noci贸n cay贸 en desuso. Ese desinter茅s sintoniz贸 con el debilitamiento de las miradas cr铆ticas hacia la sociedad contempor谩nea. Pero la invasi贸n norteamericana a Irak erosion贸 el conformismo y gatill贸 el resurgimiento de las discusiones sobre los mecanismos de dominaci贸n internacional. La denuncia del imperialismo recobr贸 importancia y se multiplicaron los cuestionamientos a la agresividad militar estadounidense.

Esas objeciones se deslizaron ulteriormente hacia la noci贸n sustitutiva de hegemon铆a, que gan贸 primac铆a en los estudios sobre el declive estadounidense frente al ascenso de China. La hegemon铆a fue subrayada, para evaluar c贸mo la disputa entre las dos principales potencias del planeta se desenvuelve en el 谩mbito geopol铆tico, ideol贸gico o econ贸mico. El rasgo coercitivo que singulariza al imperialismo perdi贸 relevancia en muchas reflexiones sobre la confrontaci贸n sino-americana.

Cuando ese reemplazo parec铆a imponerse -junto a la novedosa centralidad de las nociones de multipolaridad y transici贸n hegem贸nica- las menciones al imperialismo volvieron a recuperar gravitaci贸n por un acontecimiento inesperado. Ese t茅rmino ha reaparecido con la invasi贸n rusa a Ucrania para resaltar el expansionismo de Mosc煤.

SINGULARIDADES Y AMOLDAMIENTOS

El imperialismo es una categor铆a frecuentemente utilizada por los medios de comunicaci贸n de Occidente, para contrastar las pol铆ticas tir谩nicas del Kremlin o Beijing con las conductas respetuosas de Washington o Bruselas. Este sesgado uso del t茅rmino obstruye cualquier comprensi贸n del problema. La l贸gica del imperialismo s贸lo es entendible superando esas burdas miradas e indagando la relaci贸n del concepto con su matriz capitalista.

Ese curso anal铆tico ha sido explorado por distintos pensadores marxistas, que estudian la din谩mica contempor谩nea del imperialismo, en funci贸n de las mutaciones registradas en el sistema capitalista. En estos enfoques el imperialismo es visto como un dispositivo que concentra los mecanismos internacionales de dominaci贸n, utilizados por las minor铆as enriquecidas para explotar a las mayor铆as populares.

El imperialismo es el principal instrumento de esa sujeci贸n, pero no opera al interior de cada pa铆s, sino en las relaciones interestatales y en la din谩mica de la competencia, el uso de la fuerza y las intervenciones b茅licas. Es un mecanismo esencial para la continuidad del capitalismo y ha estado presente desde los inicios de ese sistema, mutando en correspondencia con los cambios de ese r茅gimen social. El imperialismo nunca constituy贸 un estadio o una 茅poca espec铆fica del capitalismo. Siempre corporiz贸 las formas que adopta la supremac铆a geopol铆tico-militar, en cada era del sistema.

Por esa variabilidad hist贸rica, el imperialismo actual difiere de sus antecedentes previos. No s贸lo es cualitativamente diferente a los imperios precapitalistas (feudales, tributarios o esclavistas), que se asentaban en la expansi贸n territorial o en el control del comercio. Tampoco se asemeja al imperialismo cl谩sico que conceptualiz贸 Lenin, cuando las grandes potencias rivalizaban a trav茅s de la guerra por el manejo de los mercados y las colonias.

El imperialismo contempor谩neo presenta tambi茅n diferencias con el modelo que comand贸 Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX. La primera potencia introdujo novedosos rasgos de coordinaci贸n colectiva y sometimiento de los socios, para asegurar la protecci贸n de todas las clases dominantes, frente a la insurgencia popular y el peligro del socialismo.

En toda esa variedad de etapas, el imperialismo garantiz贸 el usufructo de los recursos de la periferia por parte de las econom铆as avanzadas. Los dispositivos coercitivos de las grandes potencias aseguraron la captura de las riquezas de los pa铆ses dependientes por los capitalistas del centro. Por esa v铆a el imperialismo recicl贸 la continuidad del subdesarrollo en las regiones relegadas del planeta.

Esa perpetuaci贸n recre贸 los mecanismos de transferencia de valor de las econom铆as dominadas hacia sus pares dominantes. La desigualdad entre los dos polos del capitalismo mundial fue reproducida mediante variadas modalidades productivas, comerciales y financieras.

 MUTACIONES E INDEFINICIONES

El imperialismo del siglo XXI debe ser evaluado en funci贸n de los enormes cambios registrados en el capitalismo contempor谩neo. Desde hace 40 a帽os rige un nuevo esquema de acumulaci贸n de bajo crecimiento en Occidente y significativa expansi贸n de Oriente, enlazado por medio de la globalizaci贸n productiva. El desdoblamiento internacional del proceso de fabricaci贸n, la subcontrataci贸n y las cadenas de valor apuntalan ese esquema productivo sostenido en la revoluci贸n inform谩tica. Ese desenvolvimiento del capitalismo digital contribuy贸 a masificar el desempleo y a generalizar la precarizaci贸n, la inseguridad y la flexibilizaci贸n laboral.

El nuevo modelo opera a trav茅s de la financiarizaci贸n que introdujo la autonom铆a crediticia de las empresas, la titulaci贸n de los bancos y la gesti贸n familiar de las hipotecas y las pensiones. Esa gravitaci贸n financiera en el funcionamiento corriente de la econom铆a multiplic贸, a su vez, el peri贸dico estallido de impactantes crisis.

Las burbujas especulativas -que corroen al sistema bancario y desembocan en socorros estatales de creciente envergadura- acent煤an los desequilibrios del capitalismo actual. Este sistema est谩 muy afectado por las tensiones que suscita la sobreproducci贸n (que potenci贸 la globalizaci贸n) y la fractura del poder de compra (que acentu贸 el neoliberalismo).

El esquema actual incuba, adem谩s, potenciales cat谩strofes de mayor alcance por el incontenible deterioro del medio ambiente, que genera la competencia por mayores ganancias. La reciente pandemia constituy贸 tan s贸lo una advertencia de la tormentosa escala de esos desequilibrios. El fin de esa infecci贸n no ha derivado en el esperado 鈥渞etorno a la normalidad鈥, sino en un escenario de guerra, inflaci贸n y rupturas de los circuitos del suministro global.

La crisis comienza a pavimentar nuevos contornos y nadie sabe qu茅 rumbo adoptar谩 la pol铆tica econ贸mica del pr贸ximo periodo. Al comp谩s de una renovada intervenci贸n estatal, permanece irresuelta la disputa entre un giro neokeynesiano y un curso opuesto de relanzamiento neoliberal.

Pero cualquiera de esos rumbos ratificar谩 la preeminencia del nuevo modelo de capitalismo globalizado, digital, precarizador y financiarizado, con su consiguiente escala de inmanejables contradicciones. Este esquema es tan visible, como la dram谩tica magnitud de sus desequilibrios.

La nitidez del capitalismo contempor谩neo no se extiende, sin embargo, al plano geopol铆tico o militar. El imperialismo de siglo XXI est谩 signado por un c煤mulo de incertidumbres, indefiniciones y ambivalencias muy superiores a su basamento econ贸mico. Las mutaciones radicales que se consumaron en las 煤ltimas d茅cadas en este 煤ltimo 谩mbito, no se proyectan a otras esferas y ese divorcio determina la enorme complejidad del actual entramado imperial.

EROSI脫N DEL LIDERAZGO IMPERIAL

La existencia de un bloque dominante comandado por Estados Unidos es la principal caracter铆stica del sistema imperial contempor谩neo. La primera potencia es la mayor exponente del nuevo modelo y la evidente gestora del aparato de coerci贸n internacional, que asegura la dominaci贸n de los acaudalados. El diagn贸stico del imperialismo actual transita por una evaluaci贸n de Estados Unidos, que concentra todas las tensiones de ese dispositivo.

La contradicci贸n primordial del imperialismo actual radica en la impotencia de su conductor. El coloso del Norte padece un liderazgo erosionado, como consecuencia de la profunda crisis que afecta a su econom铆a. Washington perdi贸 la preponderancia del pasado y su declinante competitividad fabril, no es contrarrestada por su continuado comando financiero o su significativa supremac铆a tecnol贸gica.

Estados Unidos corrobor贸 sus ventajas frente a otras potencias durante la crisis del 2008. Pero las mayores adversidades de Europa y Jap贸n, no aminoraron el sistem谩tico retroceso de la econom铆a norteamericana, ni atenuaron el sostenido despunte de China. Estados Unidos no ha podido contener la reconfiguraci贸n geogr谩fica de la producci贸n mundial hacia el universo asi谩tico.

Esa erosi贸n econ贸mica afecta la pol铆tica exterior norteamericana, que ha perdido su tradicional sustento interno. La vieja de homogeneidad del gigante yanqui ha quedado quebrantada por la dram谩tica grieta pol铆tica que afronta el pa铆s. Estados Unidos est谩 corro铆do por tensiones raciales y por fracturas pol铆tico-culturales, que contraponen al americanismo del interior con el globalismo de las costas.

Ese deterioro impacta sobre las operaciones del Pent谩gono, que ya no cuentan con el aval del pasado. La privatizaci贸n de la guerra se procesa en un marco de creciente desaprobaci贸n interna a las aventuras b茅licas for谩neas.

La econom铆a estadounidense no afronta un simple retroceso de su continuada supremac铆a. La gravitaci贸n internacional del aparato estatal norteamericano y la primac铆a de sus finanzas, contrastan con el declive comercial y productivo del pa铆s.

Ese desgaste no implica un ocaso inexorable e ininterrumpido. Estados Unidos no logra restaurar su viejo liderazgo, pero contin煤a ejerciendo un rol dominante y su devenir imperial no se esclarece aplicando los criterios hist贸rico-deterministas, que postula la teor铆a del auge y decadencia c铆clica de los imperios. El retroceso de la econom铆a norteamericana es sin贸nimo de crisis, pero no de colapso terminal en alguna fecha preestablecida.

En los hechos, el poder铆o que preserva Estados Unidos se asienta m谩s en el despliegue militar, que en la incidencia de su econom铆a. Por esa raz贸n resulta indispensable analizar a la primera potencia en clave imperial.

EL FRACASO DEL BELICISMO

Desde hace varias d茅cadas Washington intenta recuperar su liderazgo mediante acciones de fuerza. Esas incursiones concentran los principales rasgos del imperialismo actual. El Pent谩gono gestiona una red de contratistas que se enriquecen con la guerra, reciclando el aparato industrial-militar. Conservan en los per铆odos de distensi贸n b茅lica, la misma preeminencia que en las etapas de alta conflictividad.

El modelo econ贸mico armamentista norteamericano se recrea mediante elevadas exportaciones, altos costos y permanente exhibici贸n del poder de fuego. Esa visibilidad exige la multiplicaci贸n de las guerras h铆bridas y todo tipo de incursiones de las formaciones paraestatales.

Con esos mort铆feros instrumentos Estados Unidos ha generado dantescos escenarios de muertes y refugiados. Recurri贸 a hip贸critas justificaciones de intervenci贸n humanitaria y 鈥済uerra contra el terrorismo鈥 para perpetrar las atroces invasiones en el 鈥淕ran Oriente Medio鈥.

Esas operaciones incluyeron la gestaci贸n de las primeras bandas yihadistas, que posteriormente cobraron vuelo propio con acciones contra el padrino estadounidense. El terrorismo marginal que propiciaron esos grupos, no alcanz贸 nunca la terrible escala del terrorismo de estado que monitorea el Pent谩gono. Washington fue muy lejos al consumar la pulverizaci贸n completa de varios pa铆ses.

Pero el dato m谩s llamativo de ese destructivo modelo ha sido su estrepitoso fracaso. En los 煤ltimos veinte a帽os, el proyecto de recomposici贸n estadounidense mediante acciones b茅licas ha fallado una y otra vez. El 鈥渟iglo americano鈥 que concibieron los pensadores neoconservadores fue una fantas铆a de corta duraci贸n, que el propio establishment de Washington abandon贸 para retomar el asesoramiento de consejeros m谩s pragm谩ticos y realistas.

Las ocupaciones del Pent谩gono no consiguieron los resultados esperados y Estados Unidos se convirti贸 en una superpotencia que pierde guerras. Fracasaron Bush, Obama, Trump y 煤ltimamente Biden, en todos los intentos de utilizar la superioridad militar del pa铆s para inducir un relanzamiento de la econom铆a yanqui.

Esa falencia ha sido particularmente visible en Medio Oriente. Washington instrument贸 sus agresiones estigmatizando a los pueblos de esa regi贸n, con im谩genes de masas primitivas, autoritarias y violentas que no logran asimilar las maravillas de la modernidad.

Esas tonter铆as fueron difundidas por los medios de comunicaci贸n, para encubrir el intento de apropiaci贸n de las principales reservas petroleras del planeta. Pero al final de una tormentosa cruzada, Estados Unidos fue humillado en Afganist谩n, se repliega de Irak, no pudo doblegar a Ir谩n, fracas贸 en la creaci贸n de gobiernos t铆teres en Libia y Siria e incluso debe lidiar con el boomerang de los yihadistas que operan en su contra.

 INFLEXIBILIDAD DE UN ENTRAMADO

Las desventuras que afronta la primera potencia no desembocar谩n en su abandono del intervencionismo externo, ni en un repliegue a su propio territorio. La clase dominante norteamericana necesita preservar su acci贸n imperial, para sostener la primac铆a del d贸lar, el control del petr贸leo, los negocios del complejo industrial-militar, la estabilidad de Wall Street y las ganancias de las empresas tecnol贸gicas.

Por esa raz贸n, todos los conductores de la Casa Blanca ensayan nuevas variantes de la misma contraofensiva. Ning煤n mandatario estadounidense puede renunciar al intento de recomponer la primac铆a del pa铆s. Todos retoman ese objetivo, sin llegar nunca a buen puerto. Sufren la misma compulsi贸n a buscar alg煤n camino de recuperaci贸n del perdido liderazgo.

Estados Unidos no cuenta con la plasticidad de su antecesor brit谩nico, para traspasar el mando global a un nuevo socio. No tiene la capacidad de adecuaci贸n al repliegue que demostr贸 su par transatl谩ntico en la centuria pasada. Esa inflexibilidad norteamericana le impide amoldarse al contexto actual y acent煤a las dificultades para ejercer la direcci贸n del sistema imperial.

Esa rigidez, en gran medida obedece a los compromisos de una potencia que ya no act煤a sola. Washington encabeza el tejido de alianzas internacionales construido a mitad del siglo XX, para lidiar con el denominado campo socialista. Esa articulaci贸n se asienta en una estrecha asociaci贸n con el alterimperialismo europeo, que desenvuelve sus intervenciones bajo la 茅gida norteamericana.

Los capitalistas del Viejo Continente defienden sus propios negocios con operaciones aut贸nomas en Medio Oriente, 脕frica o Europa Oriental, pero act煤an en estricta sinton铆a con el Pent谩gono y bajo un comando articulado en torno a la OTAN. Los grandes imperios del pasado (Inglaterra, Francia) preservan su influencia en las viejas 谩reas coloniales, pero condicionan todos sus pasos al veto de Washington.

Esa misma asociaci贸n subordinada mantienen los coimperios de Israel, Australia o Canad谩. Comparten con su referente la custodia del orden global y desenvuelven acciones amoldadas a las demandas de su tutor. Suelen apuntalar a escala regional, los mismos intereses que Estados Unidos asegura a nivel mundial.

Este sistema global articulado es un rasgo que el imperialismo actual hered贸 de su precedente de posguerra. Opera en frontal discrepancia con el modelo de potencias diversificadas, que disputaban primac铆a durante la primera mitad de la centuria pasada. La crisis de la estructura jerarquizada que sucedi贸 a ese esquema es el dato crucial del imperialismo del siglo XXI.

Una contundente expresi贸n de esa inconsistencia fue el car谩cter meramente pasajero del modelo unipolar, que el proyecto neoconservador imaginaba para un nuevo y prolongado 鈥渟iglo americano鈥. En lugar de ese renacimiento emergi贸 un contexto multipolar, que confirma la p茅rdida de supremac铆a norteamericana frente a numerosos actores de la geopol铆tica mundial. El ansiado predominio de Washington ha quedado sustituido por una mayor dispersi贸n del poder, que contrasta con la bipolaridad imperante durante la guerra fr铆a y con el fallido intento unipolar que sucedi贸 a la implosi贸n de la URSS.

El imperialismo actual opera, por lo tanto, en torno a un bloque dominante comandado por Estados Unidos y gestionado por la OTAN, en estrecha asociaci贸n con Europa y los socios regionales de Washington. Pero los fracasos del Pent谩gono para ejercer su autoridad han derivado en la irresuelta crisis actual, que se verifica en el despunte de la multipolaridad.

UN IMPERIO NO HEGEM脫NICO EN GESTACION

驴C贸mo se aplica el concepto actualizado de imperialismo a las potencias que no participan del bloque dominante? Este interrogante sobrevuela los enigmas m谩s complejos del siglo XXI. Es evidente que Rusia y China son grandes potencias rivales de la OTAN, ubicadas en una esfera no hegem贸nica del contexto actual. Con esa diferenciada localizaci贸n: 驴comparten o no un status imperial?

La clarificaci贸n de esa condici贸n se ha tornado particularmente insoslayable para el caso ruso, desde el inicio de la guerra de Ucrania. Para los liberales de Occidente, el imperialismo de Mosc煤 es un dato evidente y enraizado en la historia autoritaria de un pa铆s, que eludi贸 las virtudes de la modernidad para optar por el oscuro atraso de Oriente. Con el desgastado libreto de la guerra fr铆a contraponen el totalitarismo ruso, con las maravillas de la democracia norteamericana.

Pero con esos absurdos presupuestos resulta imposible avanzar en alguna clarificaci贸n del perfil contempor谩neo del gigante euroasi谩tico. La potencial condici贸n imperial de Rusia debe ser evaluada en funci贸n del afianzamiento del capitalismo y la transformaci贸n de la vieja burocracia en una nueva oligarqu铆a de millonarios.

Es evidente que en Rusia se han consolidado los pilares del capitalismo, con el afianzamiento de la propiedad privada de los medios de producci贸n y los consiguientes patrones de ganancia, competencia y explotaci贸n, bajo un modelo pol铆tico al servicio de la clase dominante. Yelstin forj贸 una rep煤blica de oligarcas y Putin s贸lo contuvo la din谩mica depredadora de ese sistema, sin revertir los privilegios de la nueva minor铆a de enriquecidos.

Ese capitalismo ruso es muy vulnerable por el descontrolado peso que mantienen los distintos tipos de mafias. Tambi茅n los mecanismos informales de apropiaci贸n del excedente, reciclan las adversidades econ贸micas del viejo modelo de planificaci贸n compulsiva. El esquema predominante de exportaci贸n de materias primas afecta adem谩s al aparato fabril y recrean una significativa fuga de recursos nacionales hacia el exterior.

En el plano geopol铆tico Rusia es un blanco predilecto de la OTAN, que ha intentado desintegrar al pa铆s mediante un gran despliegue de misiles fronterizos. Pero tambi茅n Putin afianz贸 la intervenci贸n rusa en el espacio postsovi茅tico y ha desarrollado una acci贸n militar, que desborda la din谩mica defensiva y la l贸gica disuasiva.

En este marco, Rusia no integra el circuito del imperialismo dominante, pero desarrolla pol铆ticas de dominaci贸n en su entorno, que son propias de un imperio no hegem贸nico en gestaci贸n.

 

DIFERENCIAS CON EL PASADO

Mosc煤 no participa del grupo dominante del capitalismo mundial. Carece de un capital financiero significativo y de un n煤mero gravitante de empresas internacionales. Se ha especializado en la exportaci贸n de petr贸leo y gas y afianz贸 su lugar de econom铆a intermedia con pocas conexiones con la periferia. No obtiene lucros importantes del intercambio desigual.

Pero con esta ubicaci贸n econ贸mica secundaria, Rusia exhibe un perfil potencialmente imperial asentado en intervenciones for谩neas, impactantes acciones geopol铆ticas y dram谩ticas tensiones con Estados Unidos.

Ese protagonismo externo no conduce a la reconstituci贸n del viejo imperio zarista. Las distancias con ese pasado son tan monumentales, como las diferencias cualitativas con los reg铆menes sociales del pasado feudal.

Las asimetr铆as son igualmente significativas con la URSS. Putin no recompone el denominado 鈥渋mperialismo sovi茅tico鈥, que es una categor铆a inconsistente y estructuralmente incompatible con el car谩cter no capitalista del modelo que precedi贸 a la implosi贸n de 1989. La URSS estaba dirigida por una burocracia gobernante que actuaba en forma opresiva, pero no desenvolv铆a acciones imperialistas en sus conflictos con Yugoslavia, China o Checoslovaquia.

En la actualidad persiste un gran circuito de colonialismo interno, que perpet煤a las desigualdades entre regiones y la primac铆a de la minor铆a gran rusa. Pero esa modalidad opresiva no presenta la escala del apartheid de Sud谩frica o Palestina. Adem谩s, lo determinante de un status imperial es la expansi贸n externa, que hasta la guerra de Ucrania se perfilaba tan s贸lo como una tendencia de Mosc煤.

El proyecto imperialista es efectivamente auspiciado por los sectores derechistas que alimentan el negocio b茅lico, las aventuras externas, el nacionalismo y las campa帽as islam贸fobas. Pero ese rumbo es resistido por la internacionalizada elite liberal y durante mucho tiempo Putin gobern贸 manteniendo el equilibrio entre ambos grupos.

Conviene no olvidar que Rusia se ubica tambi茅n en las ant铆podas de un status dependiente o semicolonial. Es un gran jugador internacional con gran protagonismo exterior, que moderniza su estructura b茅lica y hace valer su incidencia como segundo exportador de armas del mundo

En lugar de socorrer a sus vecinos, Mosc煤 refuerza su propio proyecto dominante, cuando por ejemplo env铆a tropas a Kazajist谩n, para sostener un gobierno neoliberal que depreda la renta petrolera, reprime huelgas e ilegaliza al Partido Comunista.

EL IMPACTO DE UCRANIA

La guerra de Ucrania ha introducido un giro cualitativo en la din谩mica rusa y los resultados finales de esa incursi贸n incidir谩n dr谩sticamente en el status geopol铆tico del pa铆s. Las tendencias imperiales que tan s贸lo asomaban como posibilidades embrionarias han adoptado otro espesor.

Ciertamente hubo una responsabilidad primordial de Estados Unidos, que intent贸 sumar a Kiev a la red de misiles de la OTAN contra Mosc煤 y alent贸 la violencia de las milicias ultraderechistas en el Donbass. Pero Putin consum贸 una acci贸n militar inadmisible y funcional al imperialismo occidental, que no tiene justificaci贸n como acci贸n defensiva. El jefe del Kremlin despreci贸 a los ucranianos, suscit贸 odio hacia el ocupante e ignor贸 la generalizada aspiraci贸n de soluciones pac铆ficas. Con su incursi贸n gener贸 un escenario muy negativo para las esperanzas emancipadoras de los pueblos de Europa.

El resultado final de la incursi贸n permanece indefinido y no se sabe si los efectos de las sanciones ser谩n m谩s adversos para Rusia que para Occidente. Pero la tragedia humanitaria de muertos y refugiados ya es may煤scula y convulsiona a toda la regi贸n. Estados Unidos apuesta prolongar la guerra, para empujar a Mosc煤 al mismo pantano que afront贸 la URSS en Afganist谩n. Por eso induce Kiev a rechazar las negociaciones que frenar铆an las hostilidades. Washington pretende someter a Europa a su agenda militarista, a trav茅s de un interminable conflicto que asegure el financiamiento de Bruselas a la OTAN. Ya no aspira a incorporar tan s贸lo a Ucrania a esa alianza militar. Ahora tambi茅n presiona por el ingreso de Finlandia y Suecia.

En s铆ntesis: Rusia es un pa铆s capitalista que no reun铆a hasta la incursi贸n en Ucrania los rasgos generales de un agresor imperial. Pero el curso geopol铆tico ofensivo de Putin apuntala ese perfil e induce a transformar el imperio en gestaci贸n en un imperio en consolidaci贸n. El fracaso de ese operativo podr铆a tambi茅n derivar en una prematura neutralizaci贸n del imperio naciente.

EL PROTAGONISMO DE CHINA

China comparte con Rusia una ubicaci贸n an谩loga en el conglomerado no hegem贸nico y afronta un conflicto semejante con Estados Unidos. Por esa raz贸n su status actual suscita el mismo interrogante: 驴Es una potencia imperialista?

En su caso corresponde registrar el excepcional desarrollo que logr贸 en las 煤ltimas d茅cadas, con cimientos socialistas, complementos mercantiles y par谩metros capitalistas. Afianz贸 un modelo conectado con la globalizaci贸n, pero centrado en la retenci贸n local del excedente. Esa combinaci贸n permiti贸 una intensa acumulaci贸n local enlazada con la mundializaci贸n, mediante circuitos de reinversi贸n y gran control del movimiento de capitales. La econom铆a se expandi贸 en forma sostenida, con una significativa ausencia del neoliberalismo y la financiarizaci贸n que afectaron a sus competidores.

China fue igualmente golpeada por la crisis del 2008, que introdujo un techo infranqueable al modelo precedente de exportaciones financiadas a Estados Unidos. Ese v铆nculo de 鈥渃hinam茅rica鈥 se agot贸, transparentando el desbalance generado por un super谩vit comercial solventado con gigantescas acreencias. Ese desfasaje inaugur贸 la crisis actual.

La conducci贸n china opt贸 inicialmente por un viraje hacia la actividad econ贸mica local. Pero ese desacople no gener贸 beneficios equivalentes a los obtenidos en el globalizado esquema precedente. El nuevo curso acentu贸 la sobreinversi贸n, las burbujas inmobiliarias y un c铆rculo vicioso de sobreahorro y sobreproducci贸n, que oblig贸 a retomar la b煤squeda de mercados externos, mediante el ambicioso el proyecto de la Ruta de la Seda.

Ese rumbo suscita tensiones con los socios y afronta el gran l铆mite de un eventual estancamiento de la econom铆a mundial. Es muy dif铆cil sostener un gigantesco plan de infraestructuras internacionales en un escenario de bajo crecimiento global.

Durante la pandemia, China volvi贸 a exhibir m谩s eficiencia que Estados Unidos y Europa, con sus expeditivos mecanismos de contenci贸n del Covid. Pero la infecci贸n irrumpi贸 en su territorio, como consecuencia de los desequilibrios precipitados por la globalizaci贸n. El hacinamiento urbano y el descontrol de la industrializaci贸n de los alimentos ilustraron las dram谩ticas consecuencias de la penetraci贸n del capitalismo.

Actualmente China se encuentra afectada por la guerra que sucedi贸 a la pandemia. Su econom铆a es muy susceptible a la inflaci贸n de los alimentos y la energ铆a. Afronta, adem谩s, los obst谩culos que obstruyen el funcionamiento de las cadenas globales de valor.

UNA NOVEDOSA UBICACI脫N

 China no complet贸 su tr谩nsito al capitalismo. Ese r茅gimen est谩 muy presente en el pa铆s, pero no domina en toda la econom铆a. Hay una significativa vigencia de la propiedad privada de grandes empresas, que operan con normas de beneficio, competencia y explotaci贸n, generando agudos desequilibrios de sobreproducci贸n. Pero a a diferencia de lo ocurrido en Europa Oriental y Rusia, la nueva clase burguesa no logr贸 el control del estado y esa carencia impide coronar la preeminencia de las normas capitalistas que imperan en el grueso del planeta.

China se defiende en el terreno geopol铆tico del acoso norteamericano. Obama inici贸 una secuencia de agresiones, que Trump redobl贸 y Biden refuerza. El Pent谩gono ha erigido un cerco naval, mientras acelera la gestaci贸n de una 鈥淥TAN del Pac铆fico鈥, junto a Jap贸n, Corea de Sur, Australia, e India. Tambi茅n avanza la remilitarizaci贸n de Taiw谩n y el intento de cargar a Europa con todo el costo de la confrontaci贸n con Rusia, para concentrar recursos militares en la pulseada con China.

Hasta ahora Beijing no despliega acciones equivalentes a su rival. Afianza su soberan铆a en un acotado radio de millas, para resistir el intento estadounidense de internacionalizar su espacio costero. Apuntala la pesquer铆a, las reservas submarinas y sobre todo las rutas mar铆timas que necesita para transportar sus mercanc铆as.

Esa reacci贸n defensiva est谩 muy lejos de la embestida que motoriza Washington en el Oc茅ano Pacifico. China no env铆a acorazados a las costas de Nueva York o California y sus crecientes gastos b茅licos todav铆a mantienen una significativa distancia con el Pent谩gono. Beijing privilegia el agotamiento econ贸mico, mediante una estrategia que aspira a 鈥渃ansar al enemigo鈥. Elude, adem谩s, cualquier tejido de alianzas b茅licas comparable con la OTAN.

China no re煤ne, por lo tanto, las condiciones b谩sicas de una potencia imperialista. Su pol铆tica exterior dista de mucho de ese perfil. No despacha tropas al extranjero, mantiene una sola base militar fuera de sus fronteras (en un neur谩lgico cruce comercial) y no se involucrar en los conflictos for谩neos.

La nueva potencia evita especialmente el sendero belicista que transitaron Alemania y Jap贸n en el siglo XX, utilizando pautas de prudencia geopol铆tica inconcebibles en el pasado. Ha lucrado con formas de producci贸n mundializadas que no exist铆an en la centuria anterior.

China ha soslayado tambi茅n el camino seguido por Rusia y no consum贸 acciones semejantes a la desplegada por Mosc煤 en Siria o Ucrania. Por esa raz贸n, no esboza el curso imperial que Rusia insin煤a con creciente intensidad.

Esa moderaci贸n internacional no ubica igualmente a China en el polo opuesto del espectro imperial. La nueva potencia ya se encuentra muy alejada del Sur Global y ha ingresado en el universo de las econom铆as centrales, que acumulan beneficios a costa de la periferia. Dej贸 atr谩s el espectro de las naciones dependientes y se ha situado por encima del nuevo grupo de econom铆as emergentes.

Los capitalistas chinos capturan plusval铆a (a trav茅s de las firmas que localizan en el exterior) y lucran con el abastecimiento de materias primas. El pa铆s ya alcanz贸 un status de econom铆a acreedora, en potencial conflicto con sus deudores del Sur. Obtiene beneficios del intercambio desigual y absorbe excedentes de las econom铆as subdesarrolladas, a partir de una productividad muy superior a la media de sus clientes.

En s铆ntesis: China se ha situado en un bloque no hegem贸nico lejos de la periferia. Pero no complet贸 el status capitalista y evita desenvolver pol铆ticas propias del imperialismo.

 SEMIPERIFERIAS Y SUBIMPERIALISMO

 Otra novedad del escenario actual es la presencia de importantes jugadores regionales. Exhiben un peso inferior a las principales potencias, pero demuestran una relevancia suficiente para requerir alguna clasificaci贸n en el orden imperial. La gravitaci贸n de esos actores proviene de la inesperada incidencia de econom铆as intermedias, que han consolidado su perfil con estructuras de emergente industrializaci贸n.

Esa irrupci贸n ha tornado m谩s compleja la vieja relaci贸n centro-periferia, como consecuencia de un doble proceso de drenaje de valor de las regiones subdesarrolladas y retenci贸n del valor de las semiperiferias ascendentes. Varios integrantes del polo asi谩tico, India o Turqu铆a ejemplifican esa nueva condici贸n, en un contexto de creciente bifurcaci贸n en el tradicional universo de los pa铆ses dependientes. Este escenario -m谩s tripolar binario- gana relevancia en la jerarqu铆a internacional contempor谩nea.

La diferenciaci贸n interna en la vieja periferia es muy visible en todos los continentes. La distancia may煤scula que separa a Brasil o M茅xico de Hait铆 o El Salvador en Am茅rica Latina se reproduce en la misma escala al interior de Europa, Asia y 脕frica. Esas fracturas tienen significativas consecuencias internas y completan el subyacente proceso de transformaci贸n de las viejas burgues铆as nacionales en nuevas burgues铆as locales.

En ese espectro de econom铆as semiperif茅ricas se verifica una compleja variedad de status geopol铆ticos. En algunos casos se procesa el despunte de un imperio en gestaci贸n (Rusia), en otros persiste la tradicional condici贸n dependiente (Argentina) y en ciertos pa铆ses emergen los rasgos del subimperialismo.

Esta 煤ltima categor铆a no identifica a las variantes d茅biles del dispositivo imperial. Ese lugar menor es ocupado por varios integrantes de la OTAN (como B茅lgica o Espa帽a), que recrean un simple rol subordinado al comando norteamericano. El subimperio tampoco alude a la condici贸n actual de antiguos imperios en declive (como Portugal, Holanda o Austria).

Como acertadamente anticip贸 Marini, los subimperios contempor谩neos act煤an como potencias regionales, que mantienen una contradictoria relaci贸n de asociaci贸n, subordinaci贸n o tensi贸n con el gendarme estadounidense. Esa ambig眉edad coexiste con fuertes acciones militares en las disputas con sus competidores regionales. Los subimperios operan en una escala muy alejada de la gran geopol铆tica mundial, pero con arremetidas zonales que rememoran sus antiguas ra铆ces de imperios de larga data.

Turqu铆a es el principal exponente de esa modalidad en Medio Oriente. Despliega un significativo expansionismo, exhibe una gran dualidad frente a Washington, recurre a imprevisibles jugadas, promueve aventuras externas y desenvuelve una intensa batalla competitiva con Ir谩n y Arabia Saudita.

ESPECIFICIDADES DEL SIGLO XXI

De todos los elementos expuestos se deducen los rasgos del imperialismo contempor谩neo. Ese dispositivo presenta a modalidades singulares, novedosas y divergentes con sus dos precedentes de la centuria pasada.

El imperialismo actual conforma un sistema estructurado en torno al rol dominante ejercido por Estados Unidos, en estrecha conexi贸n con los socios alterimperiales de Europa y los ap茅ndices coimperiales de otros hemisferios

Esa estructura incluye acciones militares para garantizar la transferencia de valor de la periferia al centro y afronta una crisis estructural, al cabo de sucesivos fracasos del Pent谩gono, que han desembocado en la actual configuraci贸n multipolar.

Fuera de ese radio dominante se ubican dos grandes potencias. Mientras que China expande su econom铆a con cautelosas estrategias externas, Rusia act煤a con modalidades embrionarias de un nuevo imperio. Otras formaciones subimperiales de escala muy inferior, disputan preeminencia en los escenarios regionales con acciones aut贸nomas, pero tambi茅n enlazadas al entramado de la OTAN.

Esta renovada interpretaci贸n marxista jerarquiza el concepto de imperialismo, integrando la noci贸n de hegemon铆a a ese ordenador de la geopol铆tica contempor谩nea. Resalta la crisis del comando estadounidense sin postular su inexorable declive, ni la inevitable emergencia de una potencia sustituta (China) o de varios reemplazantes coaligados (BRICS).

La mirada centrada en el concepto de imperialismo, tambi茅n remarca la continuada gravitaci贸n de la coerci贸n militar, recordando que no ha perdido primac铆a frente a la creciente incidencia de la econom铆a, la diplomacia o la ideolog铆a.

 LAS MIRADAS CL脕SICAS

Los debates al interior del conglomerado marxista incluyen pol茅micas entre el enfoque renovado (que hemos expuesto) y la mirada cl谩sica. Esta 煤ltima visi贸n propone actualizar la misma caracterizaci贸n que postul贸 Lenin a comienzo del siglo XX.

Considera que la validez ese abordaje no se restringe al per铆odo en que fue formulado, sino que extiende su vigencia hasta la actualidad. De la misma forma que Marx sent贸 las bases perdurables para una caracterizaci贸n del capitalismo, Lenin habr铆a postulado una tesis que desbord贸 la fecha de su formulaci贸n.

Este enfoque objeta la existencia de varios modelos de imperialismo, adaptados a los sucesivos cambios del capitalismo. Entiende que un s贸lo esquema resulta suficiente para comprender la din谩mica de la 煤ltima centuria.

De esa caracterizaci贸n deduce una analog铆a del escenario actual con el imperante durante la Primera Guerra Mundial, estimando que el mismo conflicto interimperial reaparece en la coyuntura en curso. Plantea que Rusia y China compiten con sus pares de Occidente, con pol铆ticas semejantes a las desplegadas hace cien a帽os por las potencias desafiantes de las fuerzas dominantes.

Con esa 贸ptica observa los conflictos actuales como una competencia por el bot铆n de la periferia. La guerra de Ucrania es vista como un ejemplo de ese choque y la batalla entre Kiev y Mosc煤 es explicada por el apetito que suscitan los recursos de hierro, gas o trigo en el territorio en disputa. Todos los pa铆ses involucrados en esa batalla son equiparados y denunciados como bandos de una pugna interimperial.

Pero este razonamiento pierde de vista las grandes diferencias del contexto actual con el pasado. A principios del siglo XX, una pluralidad de potencias chocaba con fuerzas militares comparables para hacer valer su superioridad. No exist铆a la estratificada supremac铆a que actualmente ejerce Estados Unidos sobre sus socios de la OTAN. Ese predominio confirma que las potencias ya no act煤an como guerreros aut贸nomos. Estados Unidos direcciona tanto a Europa como a sus ap茅ndices de otros continentes.

En la actualidad opera, adem谩s, un sistema imperial frente a cierta variedad de alianzas no hegem贸nicas, que s贸lo incluyen tendencias imperiales en gestaci贸n. El n煤cleo dominante agrede y las formaciones en constituci贸n se defienden. A diferencia del siglo pasado no se libra una batalla entre pares igualmente ofensivos.

LOS CRITERIOS DE LENIN

La tesis cl谩sica define al imperialismo con pautas que subrayan el predominio del capital financiero, los monopolios y la exportaci贸n de capital. Con esos par谩metros propone respuestas positivas o negativas al status de Rusia y China, seg煤n el grado de cumplimiento o distanciamiento de esos requisitos.

En las respuestas afirmativas se coloca a Rusia en el campo imperialista, al evaluar que su econom铆a se ha expandido en forma significativa, con inversiones en el extranjero, corporaciones globales y explotaci贸n de la periferia. La misma interpretaci贸n para el caso chino resalta que la segunda econom铆a del mundo, ya satisface sobradamente todos los requisitos de una potencia imperial.

En las evaluaciones contrapuestas se destaca que Rusia no ingres贸 a煤n al club de los dominadores por carecer del potente capital financiero que exige ese ascenso. Se recuerda, adem谩s, que cuenta con pocos monopolios o empresas descollantes en el ranking de las corporaciones internacionales. La misma opini贸n para el caso de China se帽ala que la poderosa econom铆a asi谩tica no sobresali贸 a煤n, en la exportaci贸n de capitales o en el predominio de sus finanzas.

Pero estas clasificaciones econ贸micas extra铆das de caracterizaciones formuladas en 1916 son inadecuadas para evaluar el imperialismo contempor谩neo. Lenin s贸lo describi贸 los rasgos del capitalismo de su 茅poca, sin utilizar esa evaluaci贸n para definir un mapa del orden imperial. Estimaba por ejemplo que Rusia integraba el club de los imperios, a pesar de incumplir todas las condiciones econ贸micas exigidas para esa participaci贸n. Lo mismo suced铆a con Jap贸n, que no era un exportador relevante de capital, ni albergaba formas preeminentes de capital financiero.

La forzada aplicaci贸n actual de esos requisitos conduce a incontables confusiones. Hay muchos pa铆ses con finanzas poderosas, inversiones en el extranjero y grandes monopolios (como Suiza), que no despliegan pol铆ticas imperialistas. Por el contrario, la propia econom铆a rusa opera como una mera semiperiferia en el ranking mundial, pero desenvuelve acciones militares propias de un imperio en gestaci贸n. A su vez, China re煤ne todas las condiciones del recetario econ贸mico cl谩sico para ser tipificada como un gigante imperial, pero no implementa acciones b茅licas acordes a ese status.

El lugar de cada potencia en la econom铆a mundial no esclarece, por lo tanto, su papel como imperio. Ese rol se dilucida evaluando la pol铆tica exterior, la intervenci贸n for谩nea y las acciones geopol铆tico-militares en el tablero global. Este abordaje sugerido por el marxismo renovado esclarece m谩s las caracter铆sticas del imperialismo actual, que la 贸ptica postulada por los actualizadores de la mirada cl谩sica.

TRANSNACIONALISMO E IMPERIO GLOBAL

Otro planteo marxista alternativo fue propiciado en la d茅cada pasada por la tesis del imperio global. Esa visi贸n logr贸 gran predicamento durante el auge de los Foros Sociales Mundiales, postulando la vigencia de una era posimperialista, superadora del capitalismo nacional y la intermediaci贸n estatal. Destac贸 una novedosa contraposici贸n directa entre los dominadores y dominados, resultante de la disoluci贸n de los viejos centros, la movilidad irrestricta del capital y la extinci贸n de la relaci贸n centro-periferia.

En un marco de gran euforia con el libre-comercio y las desregulaciones bancarias, remarc贸 tambi茅n la existencia de una clase dominante amalgamada y entrelazada mediante la transnacionalizaci贸n de los estados. Observ贸 a Estados Unidos, como la encarnaci贸n de un imperio globalizado, que transmite sus estructuras y valores al conjunto del planeta.

Esa mirada ha quedado desmentida por el escenario de intensos conflictos actuales entre las principales potencias. El dr谩stico choque entre Estados Unidos y China resulta inexplicable, con una 贸ptica que postula la disoluci贸n de los estados y la consiguiente desaparici贸n de las crisis geopol铆ticas, entre pa铆ses diferenciadas por sus basamentos nacionales.

La tesis del imperio global omiti贸, adem谩s, los l铆mites y contradicciones de la globalizaci贸n, olvidando que el capital no puede emigrar irrestrictamente de un pa铆s a otro, ni usufructuar de un libre desplazamiento planetario de la mano de obra. Una continuada secuencia de barreras obstruye la constituci贸n de ese espacio homog茅neo a nivel mundial.

Ese enfoque extrapol贸 eventuales escenarios de largu铆simo largo plazo a realidades inmediatas, al imaginar simples y abruptas globalizaciones. Diluy贸 la econom铆a y la geopol铆tica en un mismo proceso y desconoci贸 el continuado protagonismo de los estados, al imaginar entrelazamientos transnacionales entre las principales clases dominantes. Olvid贸 que el funcionamiento del capitalismo se asienta en la estructura legal y coercitiva que proveen los distintos estados.

M谩s desacertado fue asemejar la estructura piramidal del sistema imperial contempor谩neo que dirige Estados Unidos, con un imperio global, horizontal y carente de asociados nacionales. Omiti贸 que la primera potencia opera como protectora del orden global, pero sin disolver su ej茅rcito en tropas multinacionales. Por este c煤mulo de inconsistencias, la mirada de un imperio global perdi贸 gravitaci贸n en los debates actuales.

 CONCLUSI脫N

La teor铆a marxista renovada ofrece la caracterizaci贸n m谩s consistente del imperialismo del siglo XXI. Subraya la preminencia de un dispositivo militar coercitivo, encabezado por Estados Unidos y articulado en torno a la OTAN, para asegurar la dominaci贸n de la periferia y hostigar a las formaciones no hegem贸nicas rivales de Rusia y China.

Esas potencias incluyen modalidades imperiales tan s贸lo embrionarias o acotadas y desenvuelven acciones primordialmente defensivas. La crisis del sistema imperial es el dato central de un per铆odo signado por la recurrente incapacidad norteamericana para retomar su alica铆da primac铆a.

Claudio Katz. Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su p谩gina web es: www.lahaine.org/katz





Fuente: Anred.org