December 22, 2020
De parte de La Haine
442 puntos de vista

Palabras le铆das por su autor durante la primera sesi贸n del Ciclo-Taller: 芦Problemas y desaf铆os de la democracia socialista en Cuba hoy禄, desarrollada en el Instituto Cubano de Investigaci贸n Cultural (ICIC) 鈥淛uan Marinello鈥, La Habana, 9 de diciembre de 2020.

Buenas tardes. Prometo brevedad por dos razones fundamentales: la primera es que despu茅s de las excelentes intervenciones que me han antecedido, con las cuales coincido en la mayor铆a de los argumentos que han aportado, yo no agregar铆a mucho m谩s; en segundo lugar, porque vine realmente m谩s a escuchar y aprender que a hablar.

Yo agradezco profundamente la invitaci贸n, y estoy muy feliz de estar ac谩, porque siento que es el lugar donde debo estar, la articulaci贸n de fuerzas y de pensamiento con la que quiero estar.

Es una maravilla poder intercambiar con muchos de los compa帽eros que conozco ac谩, con los que he compartido a帽os de proyectos y de luchas; y otros a los que he visto hoy por primera vez pero a los que me ha acercado en las redes sociales la comuni贸n de ideales. Por eso reitero el agradecimiento por la deferencia de la invitaci贸n.

Ya el hecho de que nos hayamos reunido para debatir sobre democracia socialista brinda una se帽al de nuestras prioridades, de que no nos interesa la democracia en general, sino un determinado tipo de ella.

Necesitamos discutir no sobre visiones abstractas sino sobre una construcci贸n espec铆fica de la democracia, para llegar a consensos de los 芦qu茅禄, pero sobre todo para encontrar los 芦c贸mo禄.

驴C贸mo ejercer la democracia socialista, c贸mo profundizarla? Si tomamos en cuenta que el socialismo es 鈥搑educi茅ndolo a una forma simple- socializaci贸n creciente de la propiedad y del poder, se entiende la importancia que ha tenido siempre para Cuba la reflexi贸n acerca de nuestras pr谩cticas democr谩ticas. Pero estos d铆as tan complicados y dif铆ciles le han otorgado una urgencia mayor.

Voy a leer algunas ideas entresacadas de art铆culos que he escrito a lo largo de estos a帽os, con la intenci贸n de que puedan servir para provocar el debate, para compartir y polemizar. Pero antes, voy a empezar haciendo un resumen de tres ideas que me parecen fundamentales.

Primero, ya se ha dicho y quiero recalcarlo porque creo que es b谩sico: la democracia es consustancial al socialismo. No es un adorno ni un lujo, no es algo que podamos tener o no, es parte org谩nica e intr铆nseca del socialismo, no solo por una necesidad cultural, pol铆tica, sino tambi茅n por una necesidad econ贸mica. La forma que tiene el socialismo de producir eficientemente es que los trabajadores sean realmente los due帽os de los medios de producci贸n, los que controlen, los que elijan, los que decidan qu茅 se hace en las f谩bricas y centros de trabajo de todo el pa铆s.

La segunda: la democracia del socialismo tiene que ser distinta a la burguesa.

Cuando se habla de nociones en abstracto de democracia, derechos, libertades, si no se le da un contenido de clase realmente de lo que se est谩 hablando es de una democracia burguesa.

El socialismo debe darse formas nuevas de democracia que, por supuesto, no pueden desechar las herramientas del liberalismo, pero reconvertidas y puestas en funci贸n de la dominaci贸n de clases de la mayor铆a.

Para profundizar en el deber ser de la democracia socialista podemos aprender mucho de las experiencias hist贸ricas, de la propia Revoluci贸n cubana, y de otras revoluciones. Pienso, por ejemplo, en el caso de la Revoluci贸n rusa, en la utilidad de un texto que el mismo Che consider贸 que deb铆a ser una Biblia de bolsillo para los revolucionarios y creo que no estudiamos suficientemente: 芦El Estado y la revoluci贸n禄, de Lenin, que constituye una de las perspectivas m谩s radicalmente democr谩ticas dentro de la tradici贸n marxista. Dentro de varios puntos esenciales planteados all铆 por Lenin para garantizar el funcionamiento democr谩tico durante la transici贸n socialista hay dos que valdr铆a la pena recordar. Uno, elegibilidad y revocabilidad de los cargos p煤blicos administrativos; y dos, la rotaci贸n de esos cargos p煤blicos. Dec铆a Lenin que cuando todos son bur贸cratas por turnos, nadie es un bur贸crata. Ubicar toda la institucionalidad estatal bajo control popular y obrero resulta imprescindible para el socialismo.

Y en tercer lugar: todas las experiencias socialistas que han existido han estado atravesadas por aquella tensi贸n que Fernando [Mart铆nez Heredia] llamaba la contradicci贸n central dentro de un proceso de transici贸n socialista, la tensi贸n entre el poder y el proyecto, entre un poder que necesariamente debe ser muy fuerte para defenderse de un acoso constante, y un proyecto de liberaci贸n muy radical en sus propuestas democr谩ticas y de justicia social. Eso se traduce tambi茅n en la tensi贸n entre la necesidad de la unidad, y la necesidad, al mismo tiempo, de cr铆tica y de espacios de participaci贸n democr谩tica. No tienen que ser excluyentes, al contrario, el debate y la cr铆tica son una fortaleza para la unidad de la Revoluci贸n.

La cr铆tica de izquierda, al menos una digna de tal nombre, no es peligrosa para la Revoluci贸n, sino para la burocracia.

Cr铆tica de izquierda fue la que hizo el Che cuando advirti贸 sobre los peligros que se cern铆an sobre la construcci贸n socialista y sobre las posibilidades de regreso al capitalismo en la URSS, la que hizo Fidel de forma constante a lo largo de toda la revoluci贸n, como cuando el 17 de noviembre de 2005 arremeti贸 contra los corruptos y los nuevos ricos.

Hoy esa cr铆tica es m谩s necesaria que nunca, para evitar una restauraci贸n capitalista en Cuba.

La unidad de los revolucionarios es condici贸n indispensable para defender la Revoluci贸n de los ataques imperialistas y de la derecha, y profundizarla, pero su uso por parte de la burocracia pudiera servir para defender intereses espurios y grupales, que en 煤ltima instancia pondr铆an en peligro la Revoluci贸n, y preparar铆an su derrota y entrega, sin la posibilidad de un rechazo fuerte.

No se pueden olvidar las lecciones de la Historia.

La acusaci贸n de una burocracia corrupta, usurpadora del poder, a revolucionarios de izquierda, de atentar contra la unidad, y por tal raz贸n, de hacerle el juego al enemigo y perseguir sus mismos objetivos llev贸 al asesinato y al destierro a miles de comunistas en la antigua Uni贸n Sovi茅tica, consum贸 la contrarrevoluci贸n burocr谩tica que extermin贸 la generaci贸n de bolcheviques que hizo la revoluci贸n junto con Lenin y desemboc贸 a la larga en la restauraci贸n capitalista. La misma burocracia que acus贸 a los revolucionarios de socavar la unidad del pueblo se reconvirti贸 en una nueva clase capitalista, sin que una numerosa militancia comunista, acostumbrada a obedecer sin cr铆tica las orientaciones superiores para no afectar la unidad, pudiera hacer nada por impedirlo.

Como demuestran las experiencias socialistas del siglo XX, la unidad es imprescindible para defender la Revoluci贸n, pero por s铆 sola ser谩 insuficiente para profundizarla, que es el 煤nico modo de evitar su derrota.

Ella deber谩 ir acompa帽ada de un control popular sobre la burocracia, es decir, de un efectivo ejercicio de poder popular, y de un activo, propositivo y comprometido pensamiento cr铆tico de izquierda.

Una de las caracter铆sticas m谩s descollantes de la d茅cada del sesenta en Cuba fue la existencia de un debate muy intenso sobre los m谩s diversos aspectos de la cultura, la ideolog铆a, la econom铆a y, por supuesto, la pol铆tica, impelidos sus protagonistas por una Revoluci贸n que transformaba o pretend铆a transformarlo todo, desde los rumbos m谩s generales de la econom铆a hasta los contenidos y m茅todos de la educaci贸n preescolar, pasando por todas las relaciones sociales y la vida cotidiana. Y todo esto cuando la Revoluci贸n comenzaba, cuando casi todo estaba por hacer, cuando se supon铆a era m谩s d茅bil, cuando era m谩s agresivo el acoso.

La 煤nica manera que tiene una Revoluci贸n de no caerse es avanzar siempre hacia adelante, no detenerse, no 芦normalizarse禄, no dejarse secuestrar por el sentido com煤n, no dejarse encorsetar por los l铆mites de lo posible. A la par de las transformaciones econ贸micas, el socialismo debe crear una nueva cultura, diferente y opuesta al capitalismo, nuevos valores, nuevas relaciones sociales. La transici贸n socialista s贸lo puede avanzar como resultado de una planificaci贸n, una voluntad pol铆tica y una movilizaci贸n enorme de los sentimientos y aspiraciones trascendentes de la gente.

Es l贸gico, normal y hasta deseable que entre los revolucionarios surjan innumerables puntos de conflicto, pol茅micas, visiones distintas sobre los caminos a seguir y las medidas a tomar.

Es natural, porque en la esencia misma del ser revolucionario, en su naturaleza, est谩 la comprensi贸n cr铆tica del mundo circundante, el arribo a conclusiones propias y la lucha con pasi贸n por transformarlo. En un proceso como la revoluci贸n, donde confluyen tantos rebeldes e inconformes, son inevitables las contradicciones. Es saludable para la revoluci贸n cuidar porque siempre estas diferencias puedan expresarse, ventilarse, en un ambiente de debate, libre y franco, y que la unidad que resulta indispensable para su defensa se construya sobre el consenso generado a partir de la discusi贸n abierta entre distintas posiciones revolucionarias. Una unidad construida de esa manera no considerar铆a las discusiones y los conflictos entre revolucionarios como algo da帽ino y peligroso que debe ser atajado, conjurado y prevenido, cubierto con el manto del silencio y constituir materia del olvido para la historia, sino como expresi贸n de vitalidad y como estado natural de existencia de las revoluciones.

Lo que s铆 ser铆a perjudicial para la revoluci贸n y su proyecto de liberaci贸n, a la corta o a la larga, con el pretexto de no dar espacio al enemigo, es la unidad construida verticalmente sobre la obediencia acr铆tica, el unanimismo y la disciplina sin cuestionamientos de las disposiciones dictadas desde organismos superiores, una unidad que penalice la diferencia, banalice el debate o lo convierta en la eterna catarsis o recogida de opiniones, que no reconozca la existencia de distintas concepciones sobre el socialismo y que ellas tienen derecho a expresarse organizadamente, aunque no sean las consideradas correctas desde las estructuras de poder. En el clima asfixiante de una unidad obtenida as铆, lo 煤nico que se fomenta es la doble moral, el oportunismo y el arribismo. La mejor formaci贸n de un revolucionario es el debate y la lucha ideol贸gica constantes. La discusi贸n sincera no puede m谩s que fortalecer la implicaci贸n y la unidad de los sectores m谩s firmemente comprometidos con la revoluci贸n y el socialismo.

El poder que leg铆timamente ha tenido la direcci贸n hist贸rica de la Revoluci贸n, con el respaldo del pueblo y en su nombre, y que ha permitido sostenernos en las condiciones m谩s adversas, no puede ser transferido a una burocracia que vele en primer lugar por sus propios intereses y que podr铆a jugar un papel contrarrevolucionario, como ya sucedi贸 en la URSS; sino al pueblo organizado en estructuras funcionales que le permitan tomar las decisiones fundamentales del pa铆s y controlar todo el aparato estatal, administrativo y econ贸mico.

Imposibilitados de usar los viejos l谩tigos del capitalismo si de verdad queremos alcanzar objetivos trascendentes de emancipaci贸n, el 煤nico modo que tenemos de aumentar la productividad y la eficiencia, de generar crecimiento econ贸mico por medios socialistas, es a trav茅s de la conciencia, de la educaci贸n, de la formaci贸n de nuevos hombres y mujeres, y de nuevas relaciones sociales de producci贸n entre ellos. En este sentido, el control real de los trabajadores sobre la pol铆tica y la econom铆a es una necesidad vital de la transici贸n, su modo de existencia, y la principal forma que tiene para desarrollar las fuerzas productivas en un sentido socialista.

Es completamente leg铆timo que la Revoluci贸n use todos los medios a su alcance para defender el poder conquistado hace 60 a帽os y no brinde espacio ni representaci贸n a ning煤n proyecto contrario a ella.

Lo que s铆 creo firmemente es que dentro de la Revoluci贸n hay varios proyectos y caminos, y esos s铆 deben gozar de espacio, libertades y posibilidad de expresi贸n en igualdad de condiciones.

Algunos pudieran alegar que eso debilitar铆a la unidad y le har铆a el juego a los prop贸sitos del enemigo. Una unidad consciente como resultado del consenso entre distintas posiciones revolucionarias despu茅s de un debate libre y abierto ser谩 siempre m谩s s贸lida que la obtenida a trav茅s de la obediencia y el unanimismo.

Una Revoluci贸n s贸lo puede existir si es capaz de pensarse constantemente, de revisarse, de renovarse, es decir, de revolucionarse permanentemente. Debe subvertirse una y otra vez para conseguir el avance de todas las liberaciones y el retroceso de todas las dominaciones.

Si el poder deja de ser un instrumento para la liberaci贸n y pasa a ser un fin en s铆 mismo, habremos errado el rumbo del socialismo.

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Fuente: Lahaine.org