May 22, 2022
De parte de Cultura Y Anarquismo
213 puntos de vista

 

A día de hoy aún es habitual que se confunda a dos movimientos que en
realidad son muy distintos y a menudo están en oposición: el ecologismo y
la defensa de los animales. 

El ecologismo defiende la conservación de los ecosistemas, las poblaciones, las especies y otras entidades naturales. En línea con esto, considera a los animales como parte del entorno que nos rodea a los humanos.

La defensa de los animales tiene un enfoque muy distinto.
No ve a los animales (o, para hablar con más propiedad, a los animales
no humanos) como una parte del entorno que nos rodea. Por el contrario,
los ve como parte de nuestro propio grupo. ¿Cómo es esto? Porque nuestro
grupo más fundamental, más definitorio, no es ni la especie ni la
nacionalidad ni ningún otro grupo más o menos arbitrario. Es el de los
seres que pueden sentir y sufrir. Esto es, el de los seres sintientes.
Somos sintientes todos aquellos seres que tenemos estados mentales
subjetivos, esto es que tenemos experiencias propias, que experimentamos
lo que nos pasa.

Los seres sintientes sentimos y sufrimos, y por
ello nos puede dañar lo que nos hagan. Tenemos eso en común,
independientemente de cuál sea nuestra especie o cualquier otro colectivo al que pertenezcamos. El interés en no sufrir y en disfrutar de alguien no cambia por pertenecer a una especie u otra. 

Tampoco
otras circunstancias, como la inteligencia que alguien tiene, o sus
relaciones de simpatía con otros individuos, deberían hacer que alguien
reciba más respeto que el resto. Si así fuese, habría que respetar más a
ciertos seres humanos que a otros en función de su inteligencia o de a
quienes les cae mejor. La mayoría pensamos que esto es claramente inaceptable.
Y ello parece correcto, pues lo que hace que podamos sufrir daños no
son ni la inteligencia ni la simpatía, sino el mero hecho de ser
sintientes.

Lo
que acabamos de ver lleva a concluir que, si un ser sufre, su
sufrimiento debe contar por igual, sea más o menos inteligente, sea más o
menos simpático, o sea humano o no humano. Lo contrario, dar mayor
importancia a alguien por su especie, es lo que se conoce como especismo: una discriminación de quien no pertenece a una cierta especie. 

Ahora bien, ¿qué seres son sintientes? Conforme a las diferentes evidencias de las que disponemos, podemos concluir que para poder sufrir y disfrutar
es necesario poseer un sistema nervioso. De hecho, hace falta un
sistema nervioso que tenga una cierta centralización, para que pueda
procesar la información nerviosa y convertirla en una experiencia. Por
ello, se puede concluir que gran parte
de los animales pueden sentir y sufrir (entre los que nos
encontraríamos, los vertebrados, así como artrópodos como los insectos y
crustáceos, o moluscos como los cefalópodos, junto a otros animales).
Ello se debe a que poseemos sistemas nerviosos de estos tipos. En
cambio, esto no sucede en el caso de otros organismos vivos como
arqueas, bacterias, protistas, plantas u hongos: aun cuando puedan
reaccionar a ciertos estímulos, no tienen estructuras físicas que
conviertan esos estímulos en experiencias. 

Tampoco sufren como
tales los ecosistemas, ni los grupos como las especies, las poblaciones,
las metapoblaciones o las biocenosis. Entendemos así la diferencia entre las posturas éticas en las que se basan el ecologismo y la defensa de los animales. Esta tiene consecuencias prácticas muy importantes. Vamos a ver a continuación de manera breve las más relevantes.

El ecologismo rechaza la explotación animal cuando esta tiene un impacto ambiental negativo. Por ello se opone a la ganadería industrial. No obstante, la puede aceptar en ciertos casos. Así, desde el ecologismo se pueden promover prácticas como, por ejemplo, la ganadería ecológica, o la caza y pesca considerada sostenible. También ha habido iniciativas por parte de organizaciones ecologistas a favor de la implementación de programas de experimentación animal para el testado de los efectos ambientales de ciertos químicos.

Estas
prácticas serán rechazadas, en cambio, desde la defensa de los
animales. Conforme a esta, no podría ser aceptable infligir a los
animales no humanos daños que no sería justificable causar, en una
situación semejante en todo lo demás, a seres humanos. 

Por otra parte, desde el ecologismo se apoyan aquellas intervenciones en los ecosistemas que favorecen la conservación de estos o de otras entidades como especies o poblaciones, aunque ello dañe a los animales. Entre los ejemplos de intervenciones de este tipo se cuenta la matanza de animales considerados no nativos, o cuyas poblaciones se considera que han crecido demasiado. Otro ejemplo consiste en la reintroducción de depredadores, que es negativa para los propios depredadores (capturados, separados de sus familias y transportados a un nuevo terreno desconocido para ellos) y también, claro está, para sus presas.

La mayoría
considera que estas medidas serían inaceptables si se aplicasen a seres
humanos, debido a que estos tienen intereses que no pueden ser
vulnerados aunque ello favorezca la conservación biológica. Ello puede
ayudar a entender por qué, desde la defensa de los animales, estas
medidas también son inaceptables cuando quienes mueren son animales no
humanos que sienten y sufren.

Por último, las posiciones a favor de los animales implican también que es algo positivo dar ayuda a los animales salvajes cuando lo necesitan. Hay múltiples ejemplos de estas formas de ayuda. Algunos son los siguientes: 

Estas
medidas son muy necesarias para los animales, pues contrariamente a lo
que muchas veces se piensa, en la naturaleza no viven vidas idílicas.
Por el contrario, se enfrentan a múltiples factores:
enfermedades, hambre y sed, accidentes, condiciones climáticas
adversas, parasitismo, conflictos con otros animales, estrés
psicológico, etc. De hecho, muchos animales en el mundo salvaje tienen
vidas en las que el sufrimiento puede prevalecer.

Desde
el ecologismo, esto puede considerarse positivo cuando tal ayuda
también favorezca la conservación ambiental, o neutral cuando no la
afecte. Pero también puede considerarse negativo si supone que algún
ecosistema, como resultado de la ayuda dada a los animales, pasa a
diferir de cómo habría sido si tal ayuda no hubiese tenido lugar. En
tales casos, estaremos ante otro tipo más de oposición entre ecologismo y el rechazo del especismo. 

A
veces, estos contrastes entre ambas posiciones no se ponen de
manifiesto debido a que las posiciones ecologistas tienen una gran
popularidad. Pero esto no debería llevarnos a dejar de reivindicar
aquello que va en defensa de los animales. De lo contrario, serán estos
últimos quienes al final saldrán perdiendo. 

Óscar Horta

https://www.elsaltodiario.com 




Fuente: Culturayanarquismo.blogspot.com