February 9, 2021
De parte de ANRed
384 puntos de vista


El cierre de las elecciones del pasado domingo en Ecuador dieron por ganador al candidato del correísmo, Arauz con más del 30% de los votos, pero no evitó la segunda vuelta. El gran derrotado fue la derecha que obtuvo el tercer puesto con el banquero Guillermo Lasso. Pero el 11 de abril la disputa sería con el referente indígena Yaku Pérez (falta contar casi el 2% de los votos). En este posible escenario, vuelve a primera plana el movimiento indígena en tanto fuerza que protagonizó las jornadas de protesta contra Lenin Moreno al mismo tiempo que rechazaba al correísmo recordando la avanzada extractivista contra el territorio. Pero si el rechazo al extractivismo es claro desde el movimiento indígena (reforzado por el 80% de la población que votó en contra en el referéndum sobre proyectos extractivos en la sierra central) la política que llevaría adelante Yaku Pérez es incierta, en terrenos como la política exterior y la política económica. Incertidumbre acentuada por la distinción entre un movimiento indígena orgánico en sus bases, pero que no controla en verdad a lo que nació como su brazo político, el partido Pachakutik del candidato Yaku. Reproducimos las reflexionas de la socióloga Natalia Sierra: Yaku y “el salto al vacío”. Por ANRed.


Yaku y “el salto al vacío”

Ante la posibilidad que Yaku Pérez dispute la administración del Estado con el candidato del correismo, los ideólogos liberales que apoyan a Lasso aceptan con malestar que entre su candidato y Yaku, es el segundo el que tiene mayores y casi seguras posibilidades de vencer al progresista conservador. Proyección que también lo saben los correístas. El viejo liberalismo conservador se encuentra atrapado entre lo que llaman “el infierno correista” y “el salto al vacío” que según ellos significa Yaku Pérez.

¿Qué quieren decir con: “el salto al vacío”? Según sus propios argumentos, que no hay proyecto de gobierno serio, que son puras ideas románticas y retóricas sin validez política y práctica. Es curioso como estos argumentos se parecen a los prejuicios correístas sobre las demandas y propuestas antiextractivistas del mundo indígena y popular, y ante su visión comunitaria de la vida que se distancia de la lógica mercantil y estatal. El liberalismo conservador habla de “romanticismo” y el progresismo conservador hablaba y aún habla de “infantil”, para adjetivar el proyecto social que se teje en los pueblos y comunidades indígenas campesinas y populares, y en las expectativas de jóvenes, mujeres y hombres ecologistas, animalistas y comunitarios. Es curioso y sintomático ver como la diferencia política entre liberales y progresista, ambos conservadores, termina cuando tienen que enfrentar lo que no calza en sus coordenadas Estado-mercado.

Diré que ciertamente optar por el proyecto de las comunidades y pueblos indígenas, populares ecologistas y antiextractivistas, es dar un “salto al vacío”. Para lo cual, primero hay que saltar de esta historia de depredación ambiental y social, hay que bajarse de este mundo como diría Mafalda. Hay que lanzarse antes de que el tren del crecimiento ilimitado y salvaje se estrelle contra los límites de la naturaleza humana y no humana, y acabe con la posibilidad de la vida. Saltar por fuera de este sistema de muerte, no es una opción, es una obligación ética de supervivencia y amor a la vida. ¿Qué es el vacío? No otra cosa que la posibilidad de abrir el espacio para la reconstrucción de la vida en medio del escenario de devastación y muerte que ha dejado el progreso capitalista, basado en la producción depredadora y el consumo obsceno para alimentar el monstruo de la acumulación. Lanzarse al vacío no significa la muerte, sino la posibilidad de reinventar la vida social, justamente para evitar la destrucción de la humanidad y de la naturaleza que nos hospeda. Reinventar la vida la social a partir de la comunidad y sus relaciones de cuidado, de respeto, de reciprocidad, de solidaridad, de cooperación con la naturaleza y entre los seres humanos.

Las adjetivaciones de los liberales y los progresistas conservadores a la candidatura de Pachakutik, muestran el miedo que comparten. No es temor a Yaku como persona, ni siquiera a su organización política o social, sino a los tejidos comunitario que sobreviven en el campo y en las ciudades, a pesar de toda la ofensiva liberal y progresista por destruirlos. Miedo a las nuevas subjetividades que rechazan la competencia salvaje, la destrucción ambiental, el maltrato animal, el conservadurismo cultural e hipócrita. Miedo a que se rompa la falsa contradicción entre el liberalismo y el progresismo y se devele que son dos estrategias políticas del capitalismo extractivo en la región. Miedo a que la fuerza de los tejidos comunitarios y de la sabiduría ancestral empuje al gobierno de Yaku hacia una mayor autonomía y soberanía económica, alimentaria, política y cultural de los pueblos, que implique cada vez menos dependencia al mercado global y al estado colonial. Miedo a que la vida campesina, sus relaciones y principios éticos se valoricen y se acepten como opción de futuro, miedo a la descolonización de la educación, de la cultura, del pensamiento. Miedo a perder sus privilegios garantizados por el mercado y el estado capitalista, colonial y patriarcal.

Nunca he creído que las elecciones cambien la trayectoria social de los pueblos, solo la movilización social permanente puede transformar nuestra historia, por eso, la posibilidad de que Pachakutik con Yaku lleguen a la segunda vuelta y de ahí a ser gobierno nos obliga a estar más movilizados que nunca, para cuidar que los intereses de la acumulación capitalista, la dominación patriarcal y colonial no colonicen este gobierno de los sectores populares y destruyan la posibilidad de otro mundo más justo, bello y grato.





Fuente: Anred.org