March 5, 2022
De parte de Nodo50
243 puntos de vista

Las principales plataformas mundiales, como las redes sociales se han autoproclamado jueces de la verdad mundial.¿Por qué cuatro o cinco poderosos CEOs de mega empresas se autoproclaman guardianes de la verdad?

Habrá que repetirlo hasta el infinito: que consideremos que la OTAN es la primera responsable del conflicto en Ucrania no significa que apoyemos ni a Putin ni a ninguna guerra.

Tampoco apoyamos la dictadura mediática mundial y sus lágrimas de cocodrilo.

Es
parte de una estrategia en la que hasta la gente más honesta cae: si
estás contra el imperialismo de la OTAN estás a favor de la guerra de
Putin. O no menciones nuestro imperialismo porque están muriendo
inocentes en Ucrania. Pues, al imperialismo siemrpe hay que recordarlo,
porque es tímido y no quiere que se lo mencionen, porque, aunque no
absoluto, es el principal marco político e ideológico del mundo, y mucho
más hay que mencionarlo ahora porque posa de defensor altruista de las
víctimas ucranianas, siendo que es un directo protagonista en esta
tragedia.

En
consecuencia, el efecto fútbol funciona a la perfección. Y ésta no es
solo una metáfora: la vieja mafia de la FIFA ha suspendido a la
selección ruisa de futbol del mundial de Catar de este año, un mundial
donde los Derechos Humanos brillan por su ausencia. La FIFA pudo
realizar copas mundiales en dictaduras fascistas, como la de Argentina
en 1978 o en la Italia fascista de 1934, manipulada en favor del régimen
de Mussolini (Il Duce también intervino en Francia 1938). Tres casos
que terminaron con la obtención del máximo trofeo, donde no solo los
futbolistas fueron víctimas sino que esos eventos sirvieron de
legitimación moral a la barbarie. La FIFA también supo mantener la
“neutralidad deportiva” durante masacres más recientes. Las grandes
cadenas deportivas de televisión nunca habían transmitido con el banner
“No a la guerra” hasta ahora. Pero entre mafiosos se defienden.

En
la misma línea de pseudo neutralidad ideológica, las principales
plataformas mundiales, como las redes sociales (desde siempre pero cada
vez de forma más evidente) se han autoproclamado jueces de la verdad
mundial y etiquetan a todas las noticias de medios como Russia TV con la
advertencia “esta noticia procede de un medio afiliado al gobierno de
Rusia”. Incluso, gobiernos bananeros han censurado este canal de
noticias, a pesar de que nunca nadie se atrevió a hacer algo similar con
CNN y Fox News cuando hicieron posible la desinformación que terminó
con la masacre de un millón de personas en Irak y medio continente en un
caos sangriento que aún persiste.

Por
no ir a la clásica censura de visibilidad y posicionamiento mediático
de los buscadores de Internet que mantienen un oligopolio casi absoluto,
todos manipulados desde San Francisco.

Nuestra
posición en este tema no ha cambiado ahora. Cuando hace unos años
Twitter canceló la cuenta de Donald Trump, aunque la considerábamos un
resumidero de basura, nos opusimos a eso. La libertad de expresión (en
esteroides para los dueños del dinero y limitada por la vulnerabilidad
laboral de los de abajo) significa que también quienes piensan
radicalmente diferente a nosotros tengan el derecho a decirlo. Son los
pueblos quienes deberán madurar y educarse para aprender a digerir la
información y, sobre todo, aprender a organizarse para no dejar siempre
la mayoría de los medios más poderosos, los creadores de miedo y de
opinión, a los dueños del capital. ¿Por qué cuatro o cinco poderosos
CEOs de mega empresas, elegidos por nadie aparte de su minúsculo
concilio de cardenales, se autoproclaman guardianes de la verdad?

Por
supuesto que en todos los demás casos no etiquetan ni mencionan las
afiliaciones de los medios occidentales con los gobiernos alineados.
Grandes cadenas creadoras de opinión, como Fox News o CNN, responsables
de apoyar guerras masivas y ocular sus crímenes de lesa humanidad, no
son más independientes por ser privadas, sino todo lo contrario: sus
imperios no dependen de los lectores sino de sus millonarios anunciantes
y los poderosos intereses de su micro clase social. Sus noticias
deberían ser precedidas con la advertencia: “este medio está afiliado o responde a los intereses especiales de lobbies, corporaciones y transnacionales”.

En
gran medida, los canales que no ocultan su afiliación a un gobierno, a
un sindicato o a una ideología son más honestos que aquellos con una
proyección internacional y una influencia devastadora que posan de
independientes y de campeones de objetividad informativa.

Es más, la objetividad mediática no existe y la neutralidad es mera cobardía, cuando no cinismo. Lo que existe y debería apreciarse es la honestidad, reconocer de una buena vez a qué visión del mundo apoyamos y si esa visión depende de nuestros intereses personales, de clase, o a algo más amplio llamado humanidad.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




Fuente: Rebelion.org