April 2, 2021
De parte de La Haine
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La pandemia y las pol铆ticas de un gobierno militarizado expusieron como nunca a ese bloque de poder

El Brasil actual es el resultado de un proyecto de destrucci贸n deliberada. Como en la explosi贸n del acorazado Maine volado en la bah铆a de La Habana en 1898 – que le permiti贸 a EEUU entrar en guerra con Espa帽a para intentar quedarse con Cuba 鈥 Bolsonaro encendi贸 la mecha para detonar a su propio pa铆s.

No estuvo ni est谩 solo en su aventura planificada que fue posible gracias al impeachment contra Dilma Rousseff y la proscripci贸n y encarcelamiento de Lula. La clase dominante, el partido militar y una feligresia d贸cil de cruzados evang茅licos lo acompa帽an. El remedo hitlerista se transform贸 en un bistur铆 de cirug铆a mayor. Oper贸 para implosionar a la octava econom铆a mundial y ponerla al servicio de un plan que se visibilizaba con m谩s nitidez mientras Donald Trump estaba en la Casa Blanca.

La celebraci贸n del 31 de marzo 鈥 la fecha del golpe de Estado de 1964 鈥 es tan ic贸nica como casi in茅dita en Am茅rica Latina. Otras asonadas en pa铆ses vecinos no suelen ser reivindicadas en p煤blico y sus nost谩lgicos suelen reprimir m谩s sus festejos. Los hay claro, pero son menos perceptibles que en el gigante gobernado por el soci贸pata de la gripezinha.

Un video que recorre R铆o Grande do Sul en estas horas escalda la piel. Se edit贸 con la m煤sica de fondo de 鈥淓u te amo meu Brasil鈥, la marcha que entonaban los golpistas en los a帽os 鈥60. Bajo una consigna que treinta personas repiten con las mismas palabras 鈥淒铆a 31, yo voy鈥 se convoc贸 a celebrar el golpe de estado de 1964 que conmemoraron este mi茅rcoles. Se cit贸 a la gente en la Plaza de los Azorianos (el pueblo de las islas portuguesas Azores que coloniz贸 Porto Alegre en 1752) que queda en la capital del Estado.

Hombres, mujeres, ancianos, j贸venes, todos van dejando su testimonio con aire marcial. Festejan al r茅gimen en medio de una pandemia que mata de a miles por d铆a en el principal foco de contagio regional. Aclaman a la dictadura c铆vico militar que gobern贸 el pa铆s durante 21 a帽os 鈥 la segunda m谩s larga de Am茅rica del Sur despu茅s de la paraguaya que encabez贸 Alfredo Stroessner 鈥 y que dej贸 marcas muy perceptibles en la actualidad brasile帽a.

Tres de los cinco presidentes de facto en aquel per铆odo nacieron en R铆o Grande do Sul: Artur da Costa e Silva, Emilio Garrastaz煤 Medici y Ernesto Geisel. Igual que el vicepresidente actual, Hamilton Mourao 鈥 oriundo de Porto Alegre-, otro nost谩lgico de aquellos tiempos que tuite贸 en el aniversario del golpe: 鈥淓n este d铆a, hace 57 a帽os, el pueblo brasile帽o con apoyo de las fuerzas armadas, impidi贸 que el movimiento comunista internacional fijase sus tenazas sobre Brasil. 隆Fuerza y honra!鈥. No parece ser casualidad que el golpe del 鈥64 tenga tantos apoyos en el estado que hace frontera con Argentina.

Los golpistas que derrocaron a Joao Goulart liderados por el general Humberto de Alencar Castelo Branco suprimieron a la oposici贸n, crearon su propio partido (ARENA), decretaron una f茅rrea censura de prensa y militarizaron el pa铆s. El terrorismo de Estado que se implant贸, devino perfeccionado en el Plan C贸ndor a mediados de los 鈥70 que sistematiz贸 la aniquilaci贸n de cualquier intento de resistencia en el Cono Sur.

Incluso lleg贸 hasta Washington, como qued贸 probado con el asesinato del excanciller chileno de Salvador Allende: Orlando Letelier. Le volaron el auto en que viajaba el 21 de septiembre de 1976.

Con nueve a帽os de recorrido en el poder (1964-1973), los militares brasile帽os dieron apoyo log铆stico al golpe en Chile. Sab铆an c贸mo hacerlo. Formados en la escuela francesa de contrainsurgencia, seg煤n Pierre Lallart, el agregado militar galo en Brasilia a comienzos de los a帽os 鈥60, hab铆an derrocado a Goulart en una operaci贸n 鈥渟umamente bien montada, ejecutada en dos d铆as鈥. Para que jam谩s fueran juzgados 茅se y otros delitos, la dictadura que hoy festejan los ac贸litos de Bolsonaro y las fuerzas armadas ide贸 una ley de amnist铆a (N掳 6.683) que entr贸 en vigor el 28 de agosto de 1979. Ya no gobernaba Castelo Branco. Lo hac铆a Joao Baptista Figueiredo, el 煤ltimo dictador del r茅gimen castrense.

Esa ley, seg煤n Amnist铆a Internacional, 鈥渋mpide que los responsables de la pr谩ctica generalizada de torturas, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y violaciones durante el r茅gimen militar (1964-1985) sean procesados por estos cr铆menes鈥. La norma sigue vigente hasta hoy y nunca prosper贸 su derogaci贸n, ni siquiera durante los gobiernos del PT de Lula y Dilma. Tampoco tuvo consecuencias jur铆dicas relevantes el informe de la Comisi贸n Nacional de la Verdad entregado a Dilma en diciembre de 2014.

Ni en 2010 un fallo condenatorio de la CIDH contra el estado brasile帽o por mantener una ley 鈥渋ncompatible鈥 con los tratados de DD.HH. El trabajo de aquella Comisi贸n detall贸 el asesinato de 191 personas y la desaparici贸n de otras 243, de las cuales se encontraron 33 cuerpos. Sus familiares solo consiguieron indemnizaciones. Ning煤n represor fue condenado por la justicia brasile帽a. El 煤nico que sigue vivo, Atila Rohrsetzer 鈥 le apunta Jair Krischke, del Movimiento de Justicia y DDHH a P谩gina/12-, podr铆a ser sentenciado a cadena perpetua pero en Italia.

Waldo Ansaldi, doctor en historia y exinvestigador del Conicet en su libro Matriuskas de terror (Siglo XXI, 2004) 鈥 un trabajo sobre la dictadura argentina en el contexto de otras del Cono Sur 鈥 sostiene que la brasile帽a 鈥渘o neg贸 totalmente la pol铆tica y que, al dejar un peque帽o espacio para 茅sta, no radicaliz贸 la incompatibilidad entre dictadura y pol铆tica鈥.

脡sa, entre otras razones -algunas determinantes en el orden econ贸mico-, hizo posible que la doctrina de seguridad nacional siguiera latente en Brasil. Bolsonaro es una de las tantas cabezas de esa hidra de Lerna. Por la ley 13.491 del 13 de octubre de 2017, los militares que violen los DDHH de civiles ser谩n juzgados por tribunales castrenses. La norma no respeta obligaciones contra铆das por el pa铆s en el derecho internacional.

Se vot贸 durante la presidencia de un civil, Michel Temer, heredero de la tradici贸n golpista que campea en la tierra de Jorge Amado y Vinicius de Moraes. La pandemia y las pol铆ticas de un gobierno militarizado expusieron como nunca a ese bloque de poder que procesa a la historia como una continuaci贸n de la Guerra Fr铆a.

gveiga@pagina12.com.ar




Fuente: Lahaine.org