July 26, 2021
De parte de Memoria Libertaria
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Quedan 4 d铆as para poder seguir realizando aportaciones para poder sacar adelante el proyecto del documenta “Estos Muros” que habla sobre los trabajos forzados de los presos del franquismo, en concreto ubicado en la construcci贸n de la l铆nea f茅rrea Madrid-Burgos. El proyecto surge de unos versos que el director del documental conoci贸 en su infancia mientras jugaba en las ruinas de lo que debieron ser los barracones de los presos que construyeron el viaducto de Chozas de la Sierra (actual Soto del Real).

Miles de presos de la dictadura sirvieron a diferentes empresas constructoras en la m谩s inmediata posguerra. Hacinados en barracones, sus familias se asentaban cerca de ellos en chabolas diminutas. La redenci贸n de penas consigui贸 mano de obra gratuita y una imagen benevolente del r茅gimen.

Los once ojos del puente de Soto del Real leen un poema, esos versos cobijan el pasado de la zona y lo pret茅rito alberga la memoria del lugar. La conexi贸n por tren Madrid-Burgos, l铆nea ahora en desuso, fue levantada gracias a los presos pol铆ticos y comunes del franquismo que acced铆an al pretendido benevolente programa de redenci贸n de penas por el trabajo. Una explanada llena de matojos medio secos y cercada por una valla de f谩cil superaci贸n se abre ante el imponente puente. A unos metros del alambre empiezan las ruinas del destacamento penal por el que pasaron m谩s de 2.000 personas. En una pared, el poema que Alberto Pascual ve铆a cuando juagaba ah铆 con sus amigos en los a帽os 70: “Estos muros hoy ruinosos / rodeados de misterio / no son de un castillo famoso / ni tampoco de un monasterio (鈥)”.

Diez columnas levantan la famosa pasarela, inutilizada desde los a帽os 2000, que contrasta con las modernas y cercanas v铆as del AVE. En la construcci贸n “endecaojival” a煤n resuenan los m谩s de dos millares de presos que pasaron por el destacamento penal de Soto del Real entre 1942 y 1950. Ellos, con sus manos, levantaron la infraestructura, al igual que lo hicieron 4.000 condenados m谩s a lo largo de los 70 kil贸metros de v铆a finalizados en 1955 e inaugurados en 1968. Zarzas y setos caducos orientan el paso. Las ruinas conservan las puertas de los ganaderos que utilizaron el lugar cuando se cerr贸 el destacamento. No queda nada de los barracones, solo la planta confeccionada por un ingeniero militar sublevado y esbozada en 1937, manida de tanto usarse en otros muchos enclaves, comenta Pascual.

Este productor audiovisual est谩 realizando un documental titulado Estos muros  en el que aborda el programa de redenci贸n de penas por el trabajo del franquismo gracias a un crowfunding. Todo surgi贸 hace un tiempo, cuando se acord贸 del poema pintado en la pared de las ruinas madrile帽as de Soto del Real: “Volvimos algunos amigos que jug谩bamos por aqu铆 de peque帽os y lo reescribimos”. A escasos dos metros de su ubicaci贸n original, los versos recuerdan lo que en ese patio ocurri贸; los mismos versos que alguien, en los a帽os 60, se encarg贸 de pintar tras aplanar la pared con una p谩tina de yeso.

Dos edificaciones dedicadas a la seguridad en una parte elevada del destacamento penal de Bustarviejo.

Dos edificaciones dedicadas a la seguridad en una parte elevada del destacamento penal de Bustarviejo. 鈥 Nerea Villuendas

Fernando Colmenarejo, uno de los autores de Paisajes de posguerra en un camino hacia la libertad. Los destacamentos penales en el ferrocarril directo Madrid-Burgos (Aquipo A de Arqueolog铆a, 2019), recuerda ir a saludar a Francisco Franco en aquel primer trayecto reservado para el aut贸crata. 脡l mismo, mientras se tapa de un sol que hace justicia donde nunca la hubo, recuerda a aquellas personas que pasaron por este tipo de sitios: “Se podr谩 morir S谩nchez-Albornoz, pero siempre nos quedar谩n estos muros”, dice refiri茅ndose al t铆tulo del documental.

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El lugar, emblema del olvido

“Yo lo pienso mientras realizo la cinta, y es que el hombre m谩s joven que pas贸 por aqu铆 tendr谩 casi 100 a帽os. Si se mueren y no les hemos escuchado antes, 驴qu茅 pasa con esta memoria? 驴Han vencido?”, reflexiona el productor subiendo la ladera. Como meta, las v铆as del tren. Por el camino, Colmenarejo explica: “Aqu铆 no gastaban un duro en vigilancia porque ellos se autovigilaban. Sab铆an que en la c谩rcel estar铆an mucho peor, adem谩s de que el sistema de redenci贸n de penas les permit铆a mantener a sus familiares con el poco dinero que ganaban”, agrega el arque贸logo.

Inscripci贸n realizada en el quicio de una ventana en las dependencias policiales del destacamento penal de Bustarviejo.

Inscripci贸n realizada en el quicio de una ventana en las dependencias policiales del destacamento penal de Bustarviejo. 鈥 Nerea Villuendas

Al igual que en el Valle de los Ca铆dos, las zonas adyacentes est谩n repletas de chabolas en las que viv铆an los familiares de los presos, aunque en la construcci贸n tambi茅n hubo trabajadores libres. “Cuando hab铆a una evasi贸n, cund铆a el p谩nico entre los presos pensando que pod铆an cancelar el destacamento. Era otra forma de chantaje para que no escaparan“, contin煤a el autor del libro ya mencionado. A unos 150 metros de la entrada de lo que fue el destacamento y 15 metros ladera arriba, el polvor铆n apenas conserva su arquitectura genuina.

Lawrence Sudlow es el presidente de la asociaci贸n cultural del municipio: “Aqu铆 la sociedad civil somos la gente del pueblo que queremos dinamizar este espacio. Queremos saber la historia, nuestro pasado, porque todo lo que tenemos se lo debemos a los que nos precedieron”, en palabras del presidente de Chozas del Real. Un gallo canta y se adelanta unos minutos al medio d铆a. Desde el puente, las v铆as registran unos 45 grados con el astro solar. “La frontera era un c铆rculo con piedras blancas. Sab铆an lo que era estar dentro y fuera sin necesidad de rejas”, agrega Colmenarejo. Los presos dentro y las familias fuera son dos binomios que tan solo experimentaban cierta porosidad los domingos, cuando se permit铆an las visitas, despu茅s de misa.

Bustarviejo, el 煤nico destacamento en pie

Algo menos de media hora en coche separa el puente de los once ojos sotorreale帽o con el tramo de la v铆a que pasa por Bustarviejo. All铆, la Asociaci贸n por la Memoria Hist贸rica Los Barracones ha recuperado el destacamento que cobij贸 a los centenares de presos que pasaron por 茅l. De media, se calcula que entre 130 y 150 personas pasaban al mes por cada uno de ellos. Jos茅 Carlos Gonz谩lez, miembro fundador de la Asociaci贸n, da indicaciones a Pascual, el conductor: “Est谩 bien el camino, pero no vayas muy deprisa”. Distancia: 1,8 kil贸metros desde la puerta del cementerio de la serrana localidad. El 煤ltimo tramo, escasos 150 metros, a pie.

Poema escrito en la pared de las ruinas del destacamento penal de Soto del Real.

Poema escrito en la pared de las ruinas del destacamento penal de Soto del Real. 鈥 Nerea Villuendas

“Tenerles aqu铆 era una forma de incentivar el turismo penitenciario. Que sus familias fueran donde iban ellos significaba asegurarse de que no se escaparan”, explica el propio Gonz谩lez. Hasta 45 chabolas se levantaron por las inmediaciones. Ocupadas por mujeres y ni帽os peque帽os, su vida pasaba entre los dos por dos metros de largo y ancho que el r茅gimen les permit铆a construir. “Una especie de campamento para pobres“, aduce este veterinario retirado. Entre los objetos hallados en la excavaci贸n arqueol贸gica del lugar hab铆a tinteros, algo que sorprendi贸 a los expertos. “Tambi茅n se encontraron en otros barracones, as铆 que pensamos que las madres ense帽aban a los cr铆os lo que se llamaban las cuatro reglas, porque no pod铆an ir a la escuela debido a las condiciones en las que viv铆an”, explica el memorialista mientras camina entre peque帽os arbustos con flores anaranjadas.

La empresa que se benefici贸 de esta parte de la construcci贸n de la l铆nea Madrid-Burgos fue los Hermanos Nicol谩s G贸mez, al igual que Elizar谩n lo hizo en Soto del Real. Gonz谩lez se enerva cuando ve que el barrac贸n se ha convertido en un ambientado hospital de la guerra de Afganist谩n. As铆 lo ha querido el Ayuntamiento de la localidad, que parece no ejercer mucho control sobre lo que la productora que ahora ocupa el espacio est谩 haciendo en 茅l. Sea como fuere, la historia del destacamento tambi茅n pasa por un largo uso por parte de los ganaderos de la zona. Ellos se aprovecharon de las diferentes salas para guardar a sus animales. Cientos de kilos de esti茅rcol fueron el resultado donde tiempo ha decenas de recluidos dorm铆an.

Pensando la represi贸n

“Ya ves que este lugar val铆a tanto para animales como para personas, as铆 que te puedes imaginar c贸mo trataron a las segundas”, interpela Gonz谩lez mientras pisa unas t铆midas margaritas. El millar de visitantes anual que recorre el recinto de 1.500 metros cuadrados tiene la posibilidad de, lo primero, ver el m贸dulo de las dependencias policiales. En el quicio de una ventana est谩 la 煤nica inscripci贸n que se conserva original y que reza: “5-4-1945 Destacamento de Presos”. “Es el 煤nico sitio en el que hab铆a dos chimeneas, los presos siempre estaban a temperatura ambiente. Adem谩s, las ventanas permit铆an controlar los barracones de los presos y defenderse de cualquier intentona de liberaci贸n“, agrega el fundador de Los Barracones.

Patio central de la colonia de penados de Chozas de la Sierra (Madrid).

Patio central de la colonia de penados de Chozas de la Sierra (Madrid). 鈥 Direcci贸n General de Prisiones.

Fuera, como dice, hasta tres garitas de seguridad apostadas en los flancos del destacamento miran hacia el exterior. Ah铆 es donde estaba el peligro porque los maquis de la sierra pod铆an bajar a liberar el lugar en cualquier momento, o robar la dinamita que utilizaban en la obra. Un riel de cardos verdes y asilvestrados conduce a la entrada del destacamento. A la derecha: primero el economato, despu茅s la enfermer铆a y, por 煤ltimo, la cocina, donde los m铆nimos hidratos de carbono y prote铆nas para no desfallecer eran los protagonistas del rancho. En el centro, el patio donde los recluidos formaban hasta tres veces al d铆a. M谩s all谩, los tres dormitorios en los que ninguna ventana est谩 pensada para el confort, sino para la ventilaci贸n y luminosidad. “No se ten铆an que olvidar que estaban recluidos. Es la arquitectura de la represi贸n”, apunta Gonz谩lez.

Un “laboratorio psicol贸gico”

La intimidad tambi茅n les fue arrebatada. Estaban obligados a realizar su higiene en una peque帽a dependencia con una letrina 谩rabe de hasta siete personas. Compuestos los dormitorios formando una “L” tumbada, en cada uno de ellos dorm铆an entre 40 y 50 personas. Gonz谩lez explica el 煤nico momento de dispersi贸n que ten铆an los presos convertidos en trabajadores: “Al principio no les dejaban entrar a las chabolas con sus familias para evitar las relaciones sexuales, pero amenazaron con una huelga y finalmente s铆 que se lo permitieron”. Este entendido, cuando habla, fija su mirada en la distancia media, como si siempre quisiera ir un poco m谩s all谩 de lo que su boca dice y sus manos dan a entender: “Los presos de aqu铆 eran algo privilegiados porque ya llevaban m谩s de 7 a帽os de c谩rcel. Las prisiones franquistas fueron un laboratorio psicol贸gico para rehabilitar a la nueva patria, y la mala noticia es que lo consiguieron. Muchos salieron de aqu铆 gritando Viva Franco“.

Interior de uno de los tres dormitorios de los barracones de Bustarviejo.

Interior de uno de los tres dormitorios de los barracones de Bustarviejo. 鈥 Nerea Villuendas

Este veterinario prejubilado de la Sierra Norte de Madrid, ataviado con una camisa tenuemente desabrochada y con pantalones de algod贸n, aprovecha los 煤ltimos minutos del paseo para se帽alar la celda de castigo a unos 25 metros de la entrada al destacamento. M谩s all谩, un par de garitas de seguridad de granito. En ellas, dos mirillas, a izquierda y derecha. Unos metros por debajo, la l铆nea del ferrocarril que transporta vagones invisibles de olvido y que, poco a poco, se est谩n tornando del color de la memoria y la dignidad. Aun con todo, siempre quedar谩n los muros del recuerdo: “(鈥) No tienen fama ni gloria / ni recuerdos de su historia / m谩s son testigo elocuente / y evocan enmudecidos / los duros tiempos vividos / en la construcci贸n de este puente”.




Fuente: Memorialibertaria.org