May 24, 2022
De parte de SAS Madrid
273 puntos de vista

Me cuenta un amigo que todos los días, sobre las 07:30 horas de la mañana, cuando arranca su coche para ir al trabajo desde el pueblo del sur de Madrid donde vive, se encuentra muy solo. Sus vecinos de la misma edad, a los que antes saludaba todos los amaneceres, siguen durmiendo. Tiene 58 años pero se ve un bicho raro yendo a trabajar y eso que le gusta lo que hace y disfruta. Empleados de banca, de grandes empresas, de medios de comunicación que desde hace unos años ya disfrutan de un retiro dorado, pese a que muchas veces intenten negar su fortuna para evitar las envidias de los que aún tienen por delante, al menos, una década más de trabajo.

Mientras tanto, el discurso oficial del ministro de la Seguridad Social, José Luis Escrivá y sus planes van dirigidos a alargar la vida laboral de los trabajadores con el fin de hacer sostenibles las pensiones. Pero en España hay más de un millón de prejubilados y las estadísticas apuntan a que tres de cada cuatro trabajadores se retiran antes de la edad ordinaria.

Se ha producido una distopía que nos lleva a un futuro muy raro y negativo como indica esta palabra ahora tan de moda y que ya ha creado un género cinematográfico de innumerables títulos. De un lado, los prejubilados en casa o disfrutando de la montaña y la playa, fuera de un mercado laboral al que ya no pueden aportar su experiencia. De otro, el grave problema de la falta de trabajo para mayores de 50 años que se materializa en subvenciones concretas a partir de los 55 años para este grupo de parados de larga duración a los que resulta imposible encontrar empleo. Y, por último, unos trabajadores a los que se les “amenaza” con una prolongación sine die de su edad de jubilación y para los que cualquier intento de adelantarla conlleva un recorte drástico de su pensión pública.

Este es el panorama laboral de los mayores de 50 años en este país que nadie piensa atajar, creando trabajadores de primera, segunda y parados sin solución. Y es que la propia prejubilación, tan abundante en muchos sectores y empresas, es la negación total del trabajo para aquellos que quieren reengancharse a la vida laboral. ¿Quién puede aspirar a un puesto de trabajo con más de 50 años –con independencia de la calidad de su curriculum vitae- si en la empresa o empresas a las que solicita empleo están despidiendo a trabajadores de la misma edad? Y además, ¿qué mensaje se manda al conjunto de la sociedad con esta imposibilidad de trabajar a partir de una edad?

También es frecuente que en compañías menos grandes y expuestas a la opinión pública se produzcan despidos discrecionales a los empleados más mayores y, supuestamente, más costosos. En España, el despido es totalmente libre y únicamente la empresa tiene que abonar la indemnización al tratarse de un despido improcedente. Así, basta con hacer números y si el pago de esa indemnización compensa el coste del trabajador, pues a la calle con el beneplácito de los jueces.

Sin duda, nuestro mercado laboral adolece de numerosos problemas aún por resolver como la también sangrante situación del desempleo juvenil, la diferencia de remuneración entre hombres y mujeres, los salarios mínimos, la diferencia de salarios por provincias en España, etcétera. Pero el tema de los mayores de 50 años no se está abordando con la intensidad y urgencia que el tema requiere. En este segmento todo es paradójico y está claro que el futuro es desigual, incierto y muy injusto. 

Enlace relacionado ElPlural.com (23/05/2022).




Fuente: Sasmadrid.org