April 12, 2022
De parte de Indymedia Argentina
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Despu茅s de asesinar y desaparecer a Vicenta Orrego, los genocidas se llevaron a sus dos hijos y una hija. Un juzgado de menores les entreg贸 al Hogar Casa de Bel茅n. Estuvieron casi 7 a帽os con la identidad cambiada y sufrieron todo tipo de torturas y abusos sexuales. Su padre los pudo recuperar al salir de la prisi贸n pol铆tica a la que estuvo sometido. Se fueron a Suecia y declararon desde all铆. Esta es la impactante historia de Carlos Alberto Ram铆rez y Alejandro Mariano Ram铆rez. Este lunes declar贸 su hermana, Mar铆a Ester Ram铆rez.

Capturas de pantalla transmisi贸n La Retaguardia/Pulso Noticias.

Por La Retaguardia y Pulso Noticias.

Redacci贸n: Tamara Alfaro Moreno. Edici贸n: Fernando Tebele/Mar铆a Eugenia Otero.

Carlos Alberto hace intentos para relatar, se mueve en la silla, se acomoda, se le corta la voz, se toca la nuca una y otra vez. Se vuelve importante este 煤ltimo movimiento despu茅s de escuchar lo que tiene para decir al respecto de los hechos que cambiaron su vida para siempre. Una noche de marzo de 1977 la familia,  compuesta por su madre, hermano y hermana, se despierta abruptamente por los ruidos ensordecedores de los tiros. Un grupo de hombres uniformados y armados atacaban la casa donde viv铆an. Los balazos atravesaban las paredes haciendo agujeros que dejaban ver hacia afuera de la casa. Uno de ellos impact贸 en la nuca de Carlos, que comenz贸 a sangrar. Queda de ese momento una cicatriz que, al tocarla, quiz谩 lo lleve a aquella noche, que le trae 鈥渕alos recuerdos, pesadillas鈥, pero tambi茅n lo conduce a la 煤ltima vez que vio a su mam谩, Vicenta Orrego. Vuelve a ser un ni帽o cuando tocando su nuca relata c贸mo busca desesperadamente a su perro chiquito casi como un chihuahua, que por los ruidos de los disparos  se esconde detr谩s de la heladera, y al que intenta sacar de all铆, sin suerte. Debe abandonarlo por los gritos de su madre, quien le ped铆a que fuera con ella para que les ayudara  a salir de ese infierno a trav茅s de la ventana. Vicenta les indica que caminen hasta la casa de los vecinos. As铆 consiguen salvar sus vidas. Carlos cuenta que ,  camina en medio de la oscuridad de la calle, con sus apenas 6 a帽os y su hermanito de 2 a upa, hasta la casa de los vecinos que le dieron cobijo por un tiempo corto. Relata, tratando de ser preciso, lo m谩s preciso que se pueda, con la mirada y las vivencias de un ni帽o de 6 a帽os.

Al comienzo, el tribunal hab铆a solicitado a las personas imputadas por delitos delitos de lesa humanidad que apagaran sus c谩maras; Es derecho de las v铆ctimas no declarar frente a quienes denuncian. A la vez, las personas imputadas tienen derecho a escuchar para poder defenderse. Por eso apagaron sus c谩maras pero siguieron en la virtualidad. En la sala presencial, la imputada Nora Pellicer no es enfocada para que el testigo pueda dar testimonio sin verla.

Antes de eso, el Presidente del ToF 1 de La Plata, Jos茅 Michilini, inform贸 a Carlos Alberto Ram铆rez acerca de la car谩tula de este juicio: 鈥淗omicidio y otros鈥. Entre ese 鈥渙tros鈥, se encuentran delitos no mencionados como tales pero que se asocian, al menos para la victima; uno en particular es el de 鈥淒elitos contra la integridad sexual鈥 que durante el golpe c铆vico militar fueron utilizados como m茅todo de tortura espec铆fico sobre todo en contra de las mujeres, aunque no solo contra ellas. Esto puede visualizarse en todas las testimoniales hist贸ricas de las sobrevivientes y en el libro 鈥淧utas y Guerrilleras鈥, de Miriam Lewin y Olga Wornat, quiz谩 la obra con m谩s recorrido entre varias que abordaron el tema. Claramente estos delitos se ven agravados en este caso por ser las v铆ctimas tres ni帽os de 6, 4 y 2 a帽os, quienes padecieron en sus cuerpos todo el ensa帽amiento apropiador de los genocidas.

Carlos Alberto Ram铆rez declar贸 el 25 de marzo y su hermano menor, Alejandro Mariano Ram铆rez, el 1 de abril. Ambos lo hicieron de manera virtual desde Suecia, donde contin煤an exiliados desde que Carlos ten铆a apenas 12 a帽os, su hermana Mar铆a 10 y Alejandro 8; salieron junto a su padre, quien declarar谩 despu茅s, contando c贸mo hall贸 a sus hijos e hija desde la c谩rcel en la que estaba como preso pol铆tico de la dictadura. En estas crudas testimoniales, se hace evidente la dificultad de ponerle palabras al horror de lo padecido, siempre; pero m谩s a煤n cuando quienes lo vivencian son dos ni帽os de 6, y 2 y una ni帽a de 4 a帽os. Es posible que operen, por un lado la identificaci贸n de ciertas experiencias que, por estar vinculadas a la muerte, naturalmente les resultaran desconocidas solo por ser infantes. Y por otro, la supervivencia ligada a la obligaci贸n del exilio en un pa铆s en el que el idioma es tan diferente; el sentido de las palabras utilizadas en esta adultez tal vez no alcance para definir el sufrimiento de aquella ni帽ez. Lo que no cambia en castellano o en sueco es el dolor.

Alejandro Mariano, el hermano menor

Una semana despu茅s, en su testimonial, Alejandro Mariano Ram铆rez hace referencia clara a los da帽os padecidos en esos a帽os de tormentos: 鈥淢e hac铆a caca cuando iba a la escuela, me retaban, no ten铆a espacio para leer o estudiar en el Hogar; nadie del Hogar me ayudaba con las materias; me cortaron la lengua all铆 (se帽alando el frenillo), me hicieron cortar porque no hablaba, me qued茅 traumatizado, y no pude hablar por muchos a帽os鈥. Casi al final de su testimonio se帽ala que pudo hablar una vez que se encontr贸 a resguardo en otro pa铆s, con la ayuda de su padre y de profesionales de la salud mental que lo acompa帽aron en ese proceso de develamiento.

El (no) Hogar

Ambos narraron que fueron trasladados de manera transitoria a una instituci贸n atendida por monjas en la que, seg煤n dice, 鈥減od铆an ser hermanos鈥. Al respecto, Alejandro refiere: 鈥淣o pod铆amos tomar contacto con nadie, no pod铆amos jugar con nadie (鈥) no pod铆a mostrar mis sentimientos, nada de m铆 pod铆a mostrar, no pod铆a abrazar鈥. Fueron llevados una noche de lluvia, en un auto verde al 鈥淗ogar de Bel茅n鈥 donde permanecer谩n hasta el a帽o 83 en el que su padre logra rescatarlos, luego de ser liberado, desde el exilio y como consecuencia de una larga b煤squeda. M谩s tarde su apellido legal fue modificado con la anuencia de un Juzgado de menores de Lomas de Zamora, a cargo de la Jueza Marta Delia Pons. Fueron apropiados por una familia de apellido Maciel, quienes les imped铆an vincularse entre ellos como hermanos.

De esta estad铆a ambos relatan tormentos psicol贸gicos tales como insultos, la transmisi贸n de hechos falsos sobre su madre (que era una prostituta que se hab铆a ido con otro hombre), o su padre (que era un mal padre, que tomaba alcohol, que era peligroso). En ambos casos dec铆an que los hab铆an abandonado o que estar铆an muertos 鈥渢irados en alg煤n riachuelo mugroso鈥; sobre el impacto de esta violencia Carlos recuerda: 鈥渃uando te dicen las cosas repetidamente, cuando uno es chico, uno cree que es verdad鈥. Alejandro agrega que 鈥渦na vez que sos tan chico y aprendes a mentir, no sabes lo que es verdad鈥. M谩s adelante refiere crudamente sobre algunas secuelas: a煤n le cuesta aprender a vincularse con su hermano y hermana o tener amistades; el olvido de ciertas partes de la historia de su infancia; el borramiento de la propia identidad para la suplantaci贸n por una nueva; dificultades en la escuela y en el habla; el corte abrupto de toda la red social y familiar conocida por ellos y la obligaci贸n del sostenimiento del 鈥渟ecreto鈥; la imposibilidad de poder hablar con otras personas. Todos signos del impacto psicol贸gico.

El garrote

Alejandro trae desde sus recuerdos la violencia f铆sica, que sintetiza en el uso habitual del 鈥済arrote de intimidaci贸n鈥. Y por 煤ltimo detalla el abuso sexual que padecieron luego de la violencia f铆sica ejercida contra 茅l, como consecuencia de llorar por sus padres y preguntar por ellos. Dice Carlos sobre este punto: 鈥渆ra una forma de ordenarnos para controlarnos y que no nos rebel谩ramos contra ellos鈥 Son cosas que no se borran de la cabeza 驴C贸mo uno le cuenta a un hijo o a una hija estas cosas? El relato de lo que pas贸 en marzo lo puedo hacer, pero 驴los abusos? Es como tragarse una piedra; es como competir con alguien, con un monstruo que no pod茅s alcanzar鈥, afirma con su voz quebrada por la angustia de revivirlo en la acci贸n testimonial. Alejandro se帽ala al respecto: 鈥淟os abusos no puedo olvidar, igual que ahora soy sueco, no puedo olvidar鈥. La Dra. Eva Giberti dice acerca de la explotaci贸n sexual de ni帽os y ni帽as: 鈥淎l desagregar el primer ataque de los subsiguientes y asociar ese primer ataque con iniciaci贸n, se genera un espacio nuevo en el an谩lisis del tema. El primer ataque encuentra una v铆ctima que desconoce qu茅 va a sucederle o qu茅 es lo que le est谩 ocurriendo; es decir, avanza contra una criatura cuyo equilibrio emocional y f铆sico responde a su historia personal hasta el momento. Despu茅s del primer ataque, esa criatura ser谩 otra que presiente y sabe lo que le va a suceder, es otro sujeto, vulnerabilidad mediante, ha ingresado en el territorio con el que el atacante (o los atacantes) cuenta como zona de poder instalado, insuperable para la ni帽a o ni帽o. No podr谩 emerger f谩cilmente de esa zona鈥.

Mencionamos en esta nota a la violencia sexual como explotaci贸n sexual porque lo que logran decir las v铆ctimas en las testimoniales es que fueron varios hombres los que somet铆an sexualmente a Alejandro, Carlos y Mar铆a, y al resto de ni帽os y ni帽as residentes en el 鈥淗ogar Casa de Belen鈥. Carlos encuadra estos hechos victimizantes en fechas festivas tales como d铆a del ni帽o, festividades religiosas o patrias, en las que los abusadores arribaban con pizzas. Alejandro, en su impactante testimonio, relata: 鈥淥cultaban sus encuentros, nunca nos dejaban andar a la tarde (en relaci贸n a caminar por los pasillos del 鈥淗ogar Casa de Bel茅n鈥). En esos encuentros estaban el gordo, el flaco y militares que ven铆an a abusar de los ni帽os. Cuando ten铆an sus reuniones no pod铆amos ir al ba帽o, me ca铆a de la cama asustado por los gritos鈥.

A pesar de todo lo traum谩tico vivido, lograron dar su importante testimonio con detalles claros. Mostraron sus cicatrices f铆sicas y psicol贸gicas vinculadas directamente con los hechos relatados (disociaci贸n, encopresis, adaptaci贸n, por citar algunos ejemplos) que son detectables s贸lo al presenciar el juicio que invitamos a ver. Pudieron hablar, con sus tiempos, con sus palabras. Se dieron cuenta de que todo queda guardado en la memoria. Expresaron la importancia de los tratamientos terap茅uticos que recibieron en Suecia. Gracias a cada profesional participante pudieron llegar a declarar, a reconstruir sus ganas de vivir, de salir de ese infierno, de recuperar su historia, sus v铆nculos, de habitar este mundo sin violencia y pedir justicia.

Aportaron datos sobre la red institucional conformada por la Iglesia, la escuela Sagrada Familia a la que asist铆an, el Juzgado de Menores de Lomas de Zamora a cargo de la fallecida jueza Marta Delia Pons, Cl铆nicas o Sanatorios donde fueron atendidos, que colaboraron en el sometimiento de este grupo de ni帽os y ni帽as. Carlos transmite que su mayor inter茅s es el de 鈥渓ograr justicia y reparaci贸n por los da帽os causados鈥. Vicenta Orrego, la madre de las v铆ctimas, se encuentra desaparecida desde el 15 de marzo de 1977, por ella, por los y las 30000, memoria, verdad y justicia. Ambos cierran sus testimonios mostrando fotos familiares. Saben que no pueden borrar ese tiempo de horror de sus vidas, como quisieran. Sin embargo, a trav茅s de esas im谩genes de la ni帽ez, con mam谩, pap谩, hermanos y hermanas sonrientes, nos enfrentan con crudeza a esa vida familiar que el genocidio interrumpi贸. La Justicia no podr谩 borrar las huellas del calvario, pero podr谩 reparar algunas rajaduras, aunque est茅 llegando tan tarde. Queda escuchar a Mar铆a Ester. Resta prepararse para otro relato tan espeluznante como digno.


Fuente: https://radiolaretaguardia.blogspot.com/2022/04/Hermanos-Ramirez-Juicio-Casa-Belen.html




Fuente: Argentina.indymedia.org