October 8, 2021
De parte de Nodo50
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El debate sobre la legalizaci贸n de la marihuana ha vuelto a cobrar fuerza tras las iniciativas parlamentarias de Unidas Podemos y M谩s Madrid. En un momento en que el desempleo, la precariedad y los problemas derivados de la salud mental golpean duramente a la juventud, y cuando se nos criminaliza todos los d铆as a costa del llamado botell贸n, parece que desde la izquierda gubernamental la salida es legalizar la marihuana.

Potenciar el consumo de drogas no es una soluci贸n a nuestros problemas, en todo caso ser谩 un negocio formidable para esa mafia que blanquear谩 sus ingresos del narcotr谩fico, y pasar谩 a engrosar las filas de los empresarios m谩s emprendedores.

En los pr贸ximos d铆as publicaremos una declaraci贸n al respecto abordando el car谩cter de clase de este debate, sus trampas, y la posici贸n escandalosa de una izquierda que nos quiere dopados y en casa.

C贸mo aperitivo republicamos este art铆culo del compa帽ero Iban Sadaba, escrito en 2019, y que responde desde un punto de vista marxista a los aspectos centrales de la discusi贸n.

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La droga: un arma pol铆tica para desarticular a la juventud en lucha

Al igual que el tr谩fico de armas o la prostituci贸n, el tr谩fico de drogas se ha convertido en uno de los negocios m谩s lucrativos bajo el sistema capitalista. Como si de aut茅nticas multinacionales se tratase, los c谩rteles invierten miles de millones en el proceso productivo, garantizan la distribuci贸n a escala internacional y, por supuesto, lavan su dinero utilizando los mismos circuitos que las grandes empresas: entramados de empresas fantasma, para铆sos fiscales, bancos鈥

En 2012 la fiscal铆a de Brooklyn descubri贸 que el banco HSBC, uno de los m谩s importantes a nivel mundial, hab铆a movido 800 millones de euros derivados del narcotr谩fico, en su mayor铆a provenientes del c谩rtel de Sinaloa. Todo se sald贸 de forma amistosa: una multa de 600 millones de euros y el embargo de cuentas por valor de 1.200 millones de euros, a cambio no se presentaron cargos de tipo criminal, no fuera a provocar la desestabilizaci贸n del sistema financiero.

El gran negocio tras la legalizaci贸n de la marihuana

En algunos pa铆ses como M茅xico, Colombia o Italia el narcotr谩fico ha alcanzado un tama帽o tan grande que su peso en la econom铆a y la completa fusi贸n con el aparato del Estado hacen inviable su desaparici贸n bajo el sistema capitalista. S贸lo en M茅xico, principal pa铆s en la distribuci贸n de droga del mundo y principal productor de metanfetaminas y cannabis, se calcula que el narco genera unos ingresos brutos de casi 30.000 millones de euros al a帽o. En Colombia, el mayor productor de coca铆na del mundo 鈥揺n 2017 alcanz贸 un r茅cord en la superficie destinada al cultivo de la hoja de coca, llegando a 209.000 hect谩reas, equivalente a cuatro veces la ciudad de Madrid鈥, el peso del narcotr谩fico podr铆a llegar al 3鈥8% del PIB.

De todas ellas, el cannabis es la droga m谩s consumida a nivel mundial. A pesar de que es considerada socialmente como una droga blanda, algunos estudios ya apuntan a que uno de cada cinco casos de psicosis podr铆a estar ligado a su consumo diario, especialmente el que contiene una alta concentraci贸n del componente aditivo THC.

En los 煤ltimos a帽os ha vuelto a resurgir el debate sobre la legalizaci贸n de la marihuana, tanto para uso terap茅utico como l煤dico, especialmente tras la legalizaci贸n completa aprobada en Canad谩 y en 9 estados de EEUU.

Precisamente el uso terap茅utico del cannabidiol (CBD), uno de los componentes del cannabis, ha sido uno de los paraguas empleados por las grandes empresas del sector para dar el salto hacia el cultivo y comercializaci贸n general una vez legalizado el consumo. Aunque Uruguay ya legaliz贸 el consumo de marihuana en 2013, ha sido Canad谩 quien ha revelado el potencial econ贸mico que esconde la regulaci贸n del cannabis. En un contexto de recesi贸n y contracci贸n del mercado, algunos analistas ya califican este negocio como el m谩s importante desde la aparici贸n de Amazon, denominado coloquialmente como el 鈥渙ro verde鈥.

驴Qu茅 intereses hay detr谩s del debate de la regulaci贸n?

Desde su legalizaci贸n en 2018 las principales empresas del sector, en su mayor铆a canadienses, ya tienen un valor conjunto de 32.000 millones de euros, disparando sus valores en bolsa y captando la atenci贸n de grandes firmas del sector farmac茅utico y alimenticio, principalmente estadounidenses. Este mercado mueve cerca de 3.600 millones de euros y podr铆a llegar hasta los 10.000 millones en 2025 s贸lo en Canad谩.

Entre las multinacionales que se han introducido en el negocio est谩 la propietaria de la cerveza Corona, que se ha hecho con un 38% de la compa帽铆a m谩s grande del sector, Canopy Growth; Coca-Cola, quien estar铆a en negociaciones con la productora de cannabis Aurora para comercializar bebidas terap茅uticas basadas en el CBD; o tabacaleras como Philip Morris. Aunque algunas asociaciones apuestan por una regulaci贸n responsable, que cuente con la supervisi贸n del Estado, la gran industria tabacalera y farmac茅utica ya se prepara para lo que se presenta como un lucrativo negocio, como refleja el caso de Canad谩.

Es de sobra conocida la falta de escr煤pulos que han revelado grandes multinacionales farmac茅uticas en lo que a ganar dinero a costa de la salud de la gente se refiere. Basta recordar el caso de los implantes que destap贸 el consorcio de periodistas, que implicaba a la industria de las pr贸tesis e implantes y dej贸 en evidencia la total falta de control sobre los mismos, ocasionando graves da帽os como por ejemplo el anticonceptivo Essure.

El pasado 13 de febrero el Parlamento Europeo aprobaba una resoluci贸n pidiendo mayor investigaci贸n sobre el uso terap茅utico del cannabis, mayor financiaci贸n, as铆 como una definici贸n jur铆dica sobre el uso medicinal. En la actualidad muchos pa铆ses de la zona euro permiten el uso medicinal de la planta, aunque con distintos grados de restricci贸n. Recientemente en Alemania (donde el uso terap茅utico es legal desde 2017) se anunciaba que en los pr贸ximos meses se anunciar铆an los proveedores autorizados para la comercializaci贸n del cannabis, dando v铆a libre a las empresas privadas para entrar en un mercado que se prev茅 muy jugoso para los bolsillos de los capitalistas.

El Estado espa帽ol es, por sus condiciones clim谩ticas, un para铆so para las grandes corporaciones, donde ya hay 20.000 hect谩reas autorizadas por Sanidad para el cultivo de cannabis y ya han aterrizado algunas de las principales empresas. En abril de 2018, el fondo brit谩nico GHO Capital adquiri贸 el laboratorio Alcaliber, propiedad de una de las grandes fortunas en el Estado espa帽ol, Juan Abell贸, por valor de 200 millones de euros.

Al mismo tiempo, Torreal, la firma de inversiones de Abell贸, creaba otra sociedad junto con este fondo para promover el cultivo de cannabis en el Estado espa帽ol, gracias a la patente que en 2016 le otorg贸 la Agencia Espa帽ola de Medicamentos y Productos Sanitarios. Ya en 2017, un a帽o despu茅s de obtener la licencia, la empresa de Abell贸 firmaba un acuerdo con la canadiense Canopy Growth para cultivar sus semillas en el Estado espa帽ol. Otra de las empresas que han entrado en Espa帽a es la tambi茅n cotizada Freedom Leaf, con sede en Las Vegas (EEUU), que en mayo de este a帽o cerr贸 la compra de un invernadero en Valencia de 40.000 metros cuadrados por 4,2 millones.

El falso 鈥減rogresismo鈥 de la legalizaci贸n

Seg煤n un informe del Consejo General del Trabajo Social, en 2018 el consumo de cannabis hab铆a aumentado cerca del 12% en la franja de edad de 15 a 17 a帽os. Entre las motivaciones que mencionaban los j贸venes para iniciarse en el consumo estaban 鈥渓a evasi贸n de la realidad鈥, 鈥渆l aislamiento de la frustraci贸n diaria鈥 o 鈥渓a regulaci贸n de las emociones鈥.  Y este es precisamente el 煤nico papel del consumo de drogas, atomizar a la juventud y desactivar la lucha social.

Tras los argumentos de quienes tratan de plantear la legalizaci贸n como algo progresista o de izquierdas 鈥揷omo hace Podemos鈥 se esconde una realidad bien distinta. Y es que en un contexto donde vivimos la peor crisis econ贸mica de la historia, con casi un 50% de paro juvenil, donde muchas familias trabajadoras viven en situaciones l铆mite, facilitar y normalizar el consumo de droga es arrojar a la juventud a los pies de los caballos, la misma juventud que ha tumbado las rev谩lidas o ha inundado las calles en la lucha feminista o contra el cambio clim谩tico.

La formaci贸n morada ha argumentado a favor de la completa legalizaci贸n del cannabis, aunque sea en un proceso regulado por el Estado, por las oportunidades fiscales que ofrecer铆a. Seg煤n ellos, 鈥渦na industria estatal de producci贸n generar铆a ingentes ingresos al Estado, lo que redundar铆a en la mejor sanidad p煤blica del mundo鈥. Pero esto es simplemente olvidar su nefasto papel social, al mismo tiempo que un planteamiento absolutamente ut贸pico: es imposible creer que ante una oportunidad de negocio semejante las grandes empresas del sector van a someterse a la legislaci贸n, y no van a utilizar todos los mecanismos a su alcance para evitar pagar impuestos.

Hoy en d铆a, en un contexto de degeneraci贸n del sistema capitalista, el impacto de la hero铆na o el crack en los 70 y 80 se queda peque帽o en comparaci贸n. Seg煤n la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), 2018 ha marcado un r茅cord en la producci贸n de coca铆na y opi谩ceos, y alerta sobre la crisis de opioides (f谩rmacos y drogas con una acci贸n farmacol贸gica similar al opio y la morfina). En Estados Unidos, s贸lo en 2017 murieron 63.000 personas por sobredosis de estos narc贸ticos 鈥攁lgo m谩s que el n煤mero de soldados estadounidenses que murieron en la guerra de Vietnam鈥 provocando una aut茅ntica cat谩strofe sanitaria.

Un ejemplo similar a la lacra social que supone la droga, y m谩s a煤n en un contexto de crisis econ贸mica como el que vivimos, lo podemos ver en las apuestas deportivas y juegos de azar: en tan s贸lo 5 a帽os se ha disparado en un 300% el n煤mero de jugadores activos, con una media de edad de 21 a帽os y donde est谩 aumentando de manera alarmante la adicci贸n al juego.

El capitalismo nos envenena

Pero no es la primera vez que la droga se utiliza como arma contra la juventud combativa. As铆 lo demuestra la epidemia de hero铆na que sufrieron miles de j贸venes en los a帽os 80, algo que qued贸 grabado en la memoria de las familias trabajadoras. En 1991 llegaron a morir 1.530 personas por sobredosis.En un contexto de lucha como fue el de la Transici贸n, cuando la dictadura hab铆a ca铆do por la presi贸n, organizaci贸n y movilizaci贸n del movimiento obrero y el aparato del Estado, con la complicidad del PSOE y el PCE, trataba de consolidar lo que ser谩 conocido como el r茅gimen del 78, la droga jug贸 un papel clave para desarticular la lucha y enganchar a miles de j贸venes.

Con la connivencia de la polic铆a, o directamente su implicaci贸n en el tr谩fico de drogas, como por ejemplo se destap贸 en el cuartel de Intxaurrondo (Gipuzkoa), la hero铆na fue utilizada como arma pol铆tica para castigar y desarticular a la juventud en lucha. Tres noticias del mismo a帽o en El Pa铆s, 1984, dan una idea del alcance de esta guerra sucia. Mientras que en Burgos el porcentaje de drogodependientes era de un 3,9%, en las cuencas mineras de Asturias llegaba al 30%. M谩s impactante aun, la ciudad con mayor proporci贸n de  adictos a la droga era San Sebasti谩n, con tan s贸lo 184.000 habitantes, por delante de Londres o Nueva York.

Por todo ello, y porque tenemos memoria, desde Izquierda Revolucionaria estamos en contra del consumo de drogas y de su legalizaci贸n. No se trata, como nos intentan vender, de una decisi贸n individual, sino de una cuesti贸n colectiva y de clase. Es decir, del papel que su consumo juega en la sociedad, a qui茅n beneficia y a qui茅n perjudica.

Bajo este sistema, el mismo que mata el planeta, o condena a miles de j贸venes a la precariedad, donde muchas veces fumarse un porro es una forma de evasi贸n para sobrellevar la presi贸n a la que somos sometidos, el consumo se convierte en el arma perfecta para atomizar a los sectores m谩s combativos, para evitar que piensen y luchen. Se trata de comprender pol铆ticamente el papel que juegan las drogas, y la necesidad de organizarse para luchar, y para acabar con un sistema caduco que nos envenena y nos condena a la barbarie.




Fuente: Izquierdarevolucionaria.net