December 23, 2020
De parte de Amor Y Rabia
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por Susie Cagle

7 de marzo de 2019

Se supon铆a que “compartir” nos salvar铆a. En cambio, se convirti贸 en un caballo de Troya para un futuro econ贸mico basado en la precariedad.

Omni, fundada en 2014, es una startup que ofrece a los usuarios la posibilidad de almacenar y alquilar sus cosas menos utilizadas en el 谩rea de la bah铆a de San Francisco y Portland. Con el respaldo de aproximadamente 40 millones de d贸lares de capital riesgo, Omni proclama en su sitio web que “creen en las experiencias sobre las cosas, en el acceso sobre la propiedad y en la vida m谩s sencilla en lugar de estar abrumados por nuestras posesiones”.

Si se encuentra en el 脕rea de la Bah铆a en San Francisco, actualmente puede alquilar una copia de The Life-Changing Magic of Tidying Up (la magia de pone orden que cambia la vida) de Marie Kondo de “Lan” por el m贸dico precio de 1 d贸lar diario; 鈥淐harles鈥 alquila una peque帽a litograf铆a enmarcada por 10 d贸lares diarios; y 鈥淭om鈥 alquila una copia de la pel铆cula Friends With Benefits (68% en Rotten Tomatoes) en Blu-ray por solo 2 d贸lares diarios. Esos precios no incluyen las costes de env铆o y devoluci贸n por los camiones Omni que atraviesan la ciudad, y que cobran un m铆nimo de 1.99 d贸lares por iniciar un transporte.

En 2016, Tom McLeod, director ejecutivo y cofundador de Omni, dijo que “los pr茅stamos permiten a los miembros de Omni hacer un buen uso de sus pertenencias ‘inactivas’ en su comunidad”. Ese mismo a帽o, Fortune dijo que Omni 鈥減odr铆a crear una verdadera ‘econom铆a colaborativa’鈥. Durante un tiempo, los principios de la econom铆a colaborativa encabezaban y estaban en el centro del modelo de Omni: promet铆a activar activos infrautilizados para mantener un mundo m谩s saludable y generar confianza en la comunidad. En 2017, McLeod dijo: “Queremos cambiar el comportamiento sobre la propiedad privada en todo el planeta”.

Solo tres a帽os despu茅s, esas promesas parecen secundarias respecto a la b煤squeda de ganancias. En 2019, el discurso de Omni se puede resumir en los anuncios estampados en sus camiones de reparto: “隆Alquile cosas de sus vecinos, gane dinero cuando les alquile cosas!”.

Durante a帽os, la econom铆a colaborativa se present贸 como una forma altruista de capitalismo, una respuesta al consumo enloquecido. 驴Por qu茅 tener su propio autom贸vil o herramientas el茅ctricas o copias de The Life-Changing Magic of Tidying Up si cada una de esas cosas estuvo inactiva durante la mayor parte de su vida? La econom铆a colaborativa permitir铆a en todo el mundo maximizar la utilidad de cada posesi贸n en beneficio de todos a personas desconocidas.

Se supon铆a que compartir transformar铆a nuestro mundo para mejor

En una charla TED de 2010, la defensora de la econom铆a colaborativa y autora Rachel Botsman argument贸 que la econom铆a colaborativa adaptada a la tecnolog铆a podr铆a “imitar los lazos que sol铆an ocurrir cara a cara, pero a una escala y de una manera que nunca antes hab铆a sido posible”. Botsman cit贸 un art铆culo del New York Times diciendo: “Compartir es ser propietario de lo que el iPod es para los cartuchos de ocho pistas (un dispositivo basado en la cinta magn茅tica para grabaci贸n de sonido, popular desde mediados de los a帽os 1960 hasta principios de los 1980, AyR), lo que la energ铆a solar es para la mina de carb贸n”. En 2013, Thomas Friedman proclam贸 que la verdadera innovaci贸n de Airbnb no era su plataforma o su modelo comercial distribuido: “Es la ‘confianza'”. En una conferencia de 2014, el inversor de Uber Shervin Pishevar dijo que compartir nos llevar铆a de vuelta a una era m铆tica 茅poca pasada de vida comunal de bajo impacto ecol贸gico.

M谩s de 10 a帽os m谩s tarde desde los albores de la econom铆a colaborativa, estas promesas suenan dolorosamente ausentes de la actualidad. 驴Por qu茅 alquilar un DVD a su vecino, o poseer un DVD, cuando puede transmitir sus pel铆culas online? 驴Por qu茅 usar Airbnb para una habitaci贸n individual en su hogar cuando puede subarrendar un apartamento completo y administrar una operaci贸n lucrativa de hotel fuera de la contabilidad tradicional? Uber, Lyft y Airbnb, nuevas empresas que apostaron por las promesas de la econom铆a colaborativa, ahora valen decenas de miles de millones y tienen planes de salir a la bolsa (Lyft solicit贸 poder llevara. cabo una oferta p煤blica inicial de acciones el pasado 1 de marzo). Estas empresas y los expertos que las promocionaron pr谩cticamente han abandonado el argumento de compartir que le dio vida a esta industria y le permiti贸 eludir las regulaciones gubernamentales durante a帽os. Se supon铆a que compartir transformar铆a nuestro mundo para mejor. En cambio, lo 煤nico que compartimos es el desorden que dej贸.

Los primeros atisbos de la econom铆a colaborativa surgieron a帽os antes de que se convirtiese en un t茅rmino de uso popular. En 1995, Craigslist incorpor贸 la donaci贸n directa, el alquiler y la venta de todo, desde mascotas y muebles hasta apartamentos y casas. A partir de 2000, Zipcar permiti贸 que los miembros de su plataforma alquilaran autom贸viles para los viajes diarios y para viajes cortos con el objetivo expreso de conseguir que circulasen menos autom贸viles por la carretera. Y CouchSurfing, lanzada en 2004 como una organizaci贸n sin fines de lucro, de repente convirti贸 cada sala de estar en un albergue. Esta primera ola de intercambio fue ecl茅ctica y, a veces, incluso rentable, pero antes de la adopci贸n masiva del smartphone, no logr贸 capturar la imaginaci贸n del p煤blico.

Aunque su origen es vago, muchos atribuyen la introducci贸n del t茅rmino 鈥渆conom铆a colaborativa鈥 en el l茅xico tecnol贸gico m谩s amplio a Lawrence Lessig, quien escribi贸 sobre compartir en su libro de 2008 Remix: Making Art and Commerce Thrive in the Hybrid Economy (Remix: Haciendo prosperar el arte y el comercio en la econom铆a h铆brida). La Gran Recesi贸n acababa de comenzar, y la econom铆a colaborativa se promocion贸 como un nuevo modelo “hazlo t煤 mismo” h铆brido entre una red de seguridad social y un modelo de negocio. La definici贸n del t茅rmino nunca fue particularmente clara. Se us贸 vagamente para describir proyectos entre iguales y mercados de alquiler llevados a cabo mediante las nuevas tecnolog铆as, pero tambi茅n inclu铆a modelos antiguos de trueque, cooperativa y uso compartido y casual de veh铆culos. La econom铆a colaborativa era un movimiento amplio y ecl茅ctico con objetivos ambiciosos, aunque ut贸picos. La revista en l铆nea Shareable se lanz贸 en 2009 para documentar este “movimiento de movimientos”.

Compartir ser铆a el instrumento mediante el cual podr铆amos conocernos de nuevo, un contrapeso a la alienaci贸n de una distop铆a tecnol贸gica floreciente.

Compartir ayudar铆a a reducir el consumo excesivo y nuestro impacto en el medio ambiente. Mary Meeker, capitalista de riesgo y observadora de tendencias tecnol贸gicas, dijo que los estadounidenses estaban pasando de un “estilo de vida con muchas posesiones a una vida con pocas posesiones”, un cambio que era encabezado por la econom铆a colaborativa. El investigador de medio ambiente y pol铆tica Harald Heinrichs sugiri贸 que la econom铆a colaborativa era un “posible nuevo camino hacia la sostenibilidad”. Annie Leonard, de Greenpeace, enmarc贸 el compartir en la oposici贸n al consumo: la econom铆a colaborativa, escribi贸, “conservar铆a recursos, dar铆a a las personas acceso a cosas que de otro modo no podr铆an pagar y construir铆a una comunidad”.

Compartir promet铆a as铆 beneficios sociales. Ser铆a el instrumento mediante el cual podr铆amos conocernos de nuevo, un contrapeso a la alienaci贸n de una distop铆a tecnol贸gica floreciente. La experta en econom铆a colaborativa April Rinne dijo que compartir recrear铆a el tejido social de las comunidades unidas. “Participar en el consumo colaborativo y acostumbrarse a 茅l reduce con el paso del tiempo la barrera de la desconfianza”, escribi贸 en Shareable. Las nuevas empresas startup como TrustCloud recopilar铆an todas nuestros ratings de las diversas plataformas y nuestros rastros sociales por toda la red y los compilar铆an en un nuevo tipo de puntuaci贸n de cr茅dito social que har铆a posible la confianza y la responsabilidad en la econom铆a colaborativa.

Las nuevas oportunidades para ganar dinero trabajando como trabajador aut贸nomo, camarero o taxista a tiempo parcial cerrar铆an la brecha de riqueza entre ricos y pobres y mejorar铆an la desigualdad global. En 2013, el colaborador de la CNN Van Jones dijo que compartir podr铆a llevarnos a “un futuro m谩s sostenible y pr贸spero”.

Adam Werbach fue presidente de Sierra Club y consejero de sostenibilidad empresario antes de cofundar la plataforma de intercambio de productos usados 鈥嬧Yerdle en 2012. Una especie de proto-Omni, el lema original de Yerdle era: “Deja de comprar. Empieza a compartir”. El sitio incentiv贸 a los inquilinos a alquilar sus propias cosas recompens谩ndolos con cr茅ditos y manteniendo el reciclaje de bienes usados 鈥嬧媏n la comunidad de Yerdle.

鈥淓ra una combinaci贸n de empresas respaldadas por empresas de riesgo, empresas de beneficios sociales y organizaciones sin fines de lucro juntas, todas luchando por ello. Y todas las empresas eran peque帽as y todos los fundadores se juntaban, era una comunidad 鈥, dice Werbach sobre aquellos primeros tiempos embriagadores. “Ten铆a la esperanza de que esto ser铆a la domesticaci贸n del capitalismo”.

Janelle Orsi, abogada, cofundadora y directora ejecutiva del Sustainable Economies Law Center (Centro de Derecho de Econom铆as Sostenibles), sol铆a llamarse a s铆 misma abogada de intercambio, lo que, dice ahora, “mucha gente pensaba que era una broma”. Orsi ayud贸 a establecer peque帽as cooperativas de trabajadores y trabaj贸 en la legislaci贸n sobre alimentos caseros para que la gente de California pudiera vender alimentos que cocinaban en casa a peque帽a escala, tanto dentro como fuera de las plataformas digitales.

Para Orsi, el discurso de compartir ten铆a cierto valor para vender una idea que era inc贸moda en ese momento. 鈥淪e necesit贸 un cierto tipo de persona orientada a la comunidad dispuesta a arriesgarse y alquilar un Airbnb o subirse a un Uber desde el principio鈥, dice Orsi. Para ella, y probablemente para muchos de los primeros usuarios del nuevo modelo de compartir, una vida verdaderamente m谩s limpia y liviana a trav茅s de la tecnolog铆a de plataforma era seductora e incre铆blemente prometedora. Pero esa inocencia dur贸 poco.

鈥淭en铆a una visi贸n de la comunidad muy de militante de base鈥, dice ella. 鈥淵 luego, de repente, vinieron las grandes empresas tecnol贸gicas. Fue completamente secuestrado”.

Tal vez ninguna empresa sea tan emblem谩tica del sector de la econom铆a colaborativa y su r谩pida evoluci贸n como Lyft. Zimride, la empresa matriz original de Lyft, era un servicio que se enfocaba a campus universitarios y viajes de larga distancia en 谩reas con pocas otras opciones de transporte. El cofundador Logan Green dijo a los periodistas que se inspir贸 en el lento movimiento del tr谩fico de Los 脕ngeles, lleno de autom贸viles con un solo ocupante. Si pudiera encontrar una manera de atraer a m谩s personas a compartir el viaje, razon贸 Green, habr铆a menos tr谩fico en la carretera.

En 2012, Zimride lanz贸 Lyft para brindar servicios de viajes m谩s cortos en las ciudades. Lyft hac铆a propaganda con “viajes amistosos”, alentando a los pasajeros a sentarse delante junto al conductor y pagar una donaci贸n sugerida si les apetec铆a. La compa帽铆a dec铆a que, como la plataforma solo actuaba para conectar pasajeros y conductores, siendo opcional el pago, no pod铆a ser regulada como proveedor de servicios de taxi. Pero solo un a帽o despu茅s de su escisi贸n, Lyft instituy贸 tarifas de viaje como algo fijo y ya hab铆a recaudado 83 millones de d贸lares en financiaci贸n. Fue una historia de 茅xito en la econom铆a colaborativa: en 2015, Lyft fue reconocida por los premios Circulars Economy en Davos por “ayudar a descongestionar las carreteras”.

Aparentemente, todo era parte de esta nueva econom铆a.

Durante la primera mitad de la d茅cada de 2010, la llamada econom铆a colaborativa se transform贸 en un nuevo y poderoso modelo econ贸mico multimillonario. Casi al mismo tiempo, la definici贸n de “compartir” comenz贸 a cambiar. Compartir todav铆a se refer铆a al modelo entre iguales para aprovechar activos infrautilizados -compartir nuestros bienes entre nosotros- pero tambi茅n se aplicaba cada vez m谩s a los modelos de alquiler centralizados m谩s tradicionales.

Aparentemente, todo era parte de esta nueva econom铆a: bicicletas compartidas patrocinadas por bancos multinacionales, aplicaciones que permit铆an a las personas alquilar espacios de estacionamiento en la v铆a p煤blica y plataformas que permit铆an la venta de ropa usada entre iguales. Intercambio era la Wikipedia sin fines de lucro financiada por donantes, y tambi茅n el enorme unicornio WeWork (empresa joven e innovadora con un valor de mercado de m谩s de 1.000 de d贸lares, AyR). Cuando el Avis Budget Group compr贸 el servicio de alquiler de coches a corto plazo ZipCar en 2013, el inversor Steve Case dijo que era un indicador del potencial de crecimiento de la econom铆a colaborativa. “Compartir no es una moda pasajera”, escribi贸 en el Washington Post. “Abr贸chense los cinturones: esto es solo el comienzo”.

A pesar de que el t茅rmino “compartir” r谩pidamente se estaba vaciando de cualquier significado, los expertos de la industria todav铆a promocionaban sus beneficios sociales. En 2014, el director global de la comunidad de Airbnb, Douglas Atkin, dijo en una conferencia sobre econom铆a colaborativa: 鈥淟a econom铆a colaborativa merece tener 茅xito. Hay una descentralizaci贸n de la riqueza, el control y el poder. Es por eso que esta econom铆a es una econom铆a mejor”.

A mediados de la d茅cada de 2010, la narrativa en torno a la econom铆a colaborativa innovadora y que pod铆a curarlo todo empez贸 a deteriorarse. A medida que las plataformas que confiaban en el “consumo colaborativo” empezaban a tener valores multimillonarios, compartir comenz贸 a parecer ingenuo.

鈥淥bserv茅 una especie de cambio a partir de 2016鈥, dice la abogada laboral Veena Dubal, que trabajaba con taxistas independientes en San Francisco antes de que el intercambio empezara a impactar os viajes por carretera. 鈥淗ubo un momento de novedad, pero luego me di cuenta de que era lo mismo. Simplemente mucho m谩s barato y no regulado”.

Hace tres a帽os, en un art铆culo en coautor铆a con la empresaria y modelo Lily Cole, Adam Werbach tambi茅n sugiri贸 que las corporaciones hab铆an secuestrado el intercambio. “Si bien las plataformas modernas de alquiler ofrecen un valor enorme… no reflejan el sentimiento de compartir que ha definido a las comunidades como comunidades durante miles de a帽os”. En lugar de eso, ofrecieron otra palabra: alquiler.

Lo que vino a continuaci贸n no fue compartir. El poder y el control no estaban descentralizados, estaban a煤n m谩s concentrados en manos de plataformas grandes y valiosas.

En algunos casos, la econom铆a colaborativa pareci贸 dar lugar a los mismos problemas que pretend铆a resolver. La supuesta activaci贸n de recursos subutilizados en realidad condujo a m谩s patrones de consumo de recursos, aunque ligeramente diferentes. Varios estudios han demostrado que la facilidad y el bajo costo subvencionado de los viajes en Uber y Lyft ha aumentando el tr谩fico en las ciudades y aparentemente aleja a los pasajeros del transporte p煤blico, que es una forma real de compartir. Seg煤n los informes, los estudiantes de la UCLA (la universidad de Los 脕ngeles) realizan aproximadamente 11.000 viajes cada semana sin siquiera salir del campus. Al poner m谩s autom贸viles en la carretera, las empresas de transporte han alentado a los posibles conductores a consumir m谩s comprando autom贸viles con pr茅stamos de alto riesgo o alquilando directamente en las mismas plataformas.

Adem谩s de facilitar el alquiler de habitaciones libres, las plataformas de alquiler para vacaciones fomentaron la inversi贸n inmobiliaria especulativa. Casas enteras y edificios de apartamentos se retiraron del mercado de alquiler para actuar como hoteles, reduciendo a煤n m谩s la oferta en los mercados de la vivienda en ciudades que ya son inasequibles.

Los primeros campeones del intercambio ten铆an raz贸n en 煤ltima instancia al decir que la tecnolog铆a permite abandonar el modelo de una sociedad basada en la propiedad, pero lo que vino despu茅s no fue el intercambio. El auge de los servicios de streaming, los sistemas de suscripci贸n y los alquileres a corto plazo eclipsaron la promesa de compartir recursos no monetarios. El poder y el control no estaban descentralizados; estaban a煤n m谩s concentrado en manos de grandes y valiosas plataformas.

驴Por qu茅 tomarse la molestia de cambiar tus propios DVD por una copia de Friends With Benefits si, despu茅s de todo, puedes hacer streaming a trav茅s de Amazon Prime Video por 2,99 d贸lares? La idea de pagar por el acceso temporal a los discos en lugar de poseerlos por completo puede haber sido irritante al principio, pero nos sentimos cada vez m谩s c贸modos alquilando toda nuestra m煤sica, junto con nuestro software y nuestros libros. Descargar y compartir los materiales en que se basan estos recursos por streaming es imposible, ilegal o ambas cosas al mismo tiempo.

La nueva confianza nunca se materializ贸. La regulaci贸n gubernamental generalmente juega un papel importante en la mediaci贸n de las relaciones de los consumidores con las empresas corporativas y por una buena raz贸n. Las plataformas entre iguales pueden hacer m谩s f谩cil la discriminaci贸n y, a menudo, dec铆an tener una responsabilidad limitada o nula cuando las cosas salieron mal. Las nuevas herramientas de reputaci贸n en las redes sociales no pudieron evitar problemas inevitables, especialmente cuando las empresas de intercambio no impusieron controles de antecedentes para sus trabajadores aut贸nomos ni llevaron a cabo inspecciones de hogares y veh铆culos por seguridad.

Compartir tampoco ampli贸 la estabilidad financiera. Los puestos de trabajo eventualmente creados por la econom铆a colaborativa estaban mal regulados y aceleraron el crecimiento m谩s amplio de la mano de obra contratada, presionando hacia abajo los ya bajos salarios tanto para trabajadores aut贸nomos como para empleados. Algunos estudios citados con frecuencia han afirmado que dentro de poco la mayor铆a seremos trabajadores aut贸nomos. Pero la mayor parte de ese trabajo como aut贸nomo parece ser a tiempo parcial y proporcionar ingresos meramente complementarios, y la rotaci贸n de conductores en los viajes en autob煤s en particular es alta.

Compartir no tiene el poder de mercado positivo que ten铆a hace 10 a帽os. Desde 2016, los emprendedores tecnol贸gicos y sus promotores en la prensa parecen haber abandonado en gran medida el lenguaje del compartir. Ahora se trata de “plataformas”, “servicios a pedido” o, m谩s recientemente, “la econom铆a gig”.

El abogado laboralista Dubal tampoco est谩 muy contento con el nuevo discurso 鈥済ig鈥 (la econom铆a gig podr铆a traducirse como la econom铆a de los ‘trabajitos’, AyR). El t茅rmino puede parecer honesto -pone a la cabeza y en el centro la naturaleza precaria de la mano de obra contratada- pero no mitiga preocupaciones estructurales m谩s amplias. 鈥淚ncluso las personas que han dejado de utilizar la ‘econom铆a colaborativa’ no necesariamente han visto la luz en t茅rminos de qu茅 tipo de trabajo ha propagado la empresa de manera m谩s amplia鈥, dice Dubal. “Han normalizado los negocios no regulados”.

Algunos de los primeros y m谩s abiertos campeones de compartir se han distanciado del t茅rmino. Lanzada originalmente en 2013 como “una organizaci贸n de base para apoyar el movimiento de la econom铆a colaborativa”, la organizaci贸n sin fines de lucro Peers pretend铆a “proteger y hacer crecer la econom铆a colaborativa y convertirla en algo generalizado”, actuando esencialmente como una empresa de lobbyismo empresarial para startups gigs, basadas en modelos de compartir y que funciona basadas en la demanda. Sus socios incluyeron Lyft, Airbnb, TaskRabbit, Getaround y docenas de otras empresas, en su mayor铆a con 谩nimo de lucro. La organizaci贸n dijo que la mayor parte de su financiaci贸n provino de fundaciones y 鈥渄onantes independientes alineados con su misi贸n鈥, pero tambi茅n tuvo inversiones de Airbnb.

Para 2016, Peers se hab铆a orientado hacia los beneficios port谩tiles: una infraestructura para sustentar a los trabajadores gigs mientras trabajan sin una red de seguridad laboral. Peers se convirti贸 en 鈥渦na organizaci贸n para personas que trabajaban de nuevas formas鈥 y se fusion贸 con el recientemente creada empresa Indy Worker Guild. Natalie Foster, cofundadora de Peers, fue cofundadora del Economic Security Project, que aboga por una nueva soluci贸n para ayudar tanto a las luchas de los trabajadores gig como a quienes tienen trabajo: la renta b谩sica universal.

Ahora se trata de “plataformas”, “servicios a pedido” o, m谩s recientemente, “la econom铆a de los conciertos”.

En 2018, April Rinne, quien anteriormente divulg贸 la promesa de la econom铆a colaborativa de un “tejido social m谩s estrecho”, reconoci贸 “el lado oscuro” de la econom铆a colaborativa, pero escribi贸 que “los desaf铆os que hace frente los d铆a la econom铆a colaborativa son en gran parte el resultado de su 茅xito”. Rachel Botsman, quien argument贸 que compartir nos permitir铆a volver a confiar unos en otros, ahora escribe sobre c贸mo la tecnolog铆a y la concentraci贸n de poder en grandes plataformas centralizadas ha llevado a “una erosi贸n de la confianza”.

La demanda de la m铆tica taladradora compartida por la comunidad de Botsman nunca pareci贸 materializarse. Las plataformas vecinas de intercambio de bienes Crowd Rent, ThingLoop y SnapGoods han muerto hace muchos a帽os, y el intercambio de comidas con Josephine termin贸 hace mucho tiempo. CouchSurfing tiene fines de lucro, con inversores de capital riesgo.

Resulta que compartir “no es realmente una idea de mercado a gran escala, lo cual es algo deprimente”, dice Werbach, quien ha convertido a Yerdle en una empresa de log铆stica para grandes marcas interesadas en revender sus productos usados. “Los maestros de los jardines de infancia est谩n interesados 鈥嬧媏n eso, pero los consumidores est谩n realmente interesados 鈥嬧媏n lo que les ofrece”.

Algunos de los primeros y verdaderos creyentes del intercambio se han marchado al creciente movimiento de cooperativas de plataformas. “Ahora hay todo un consorcio de cooperativas de plataforma”, dice Orsi del Sustainable Economies Law Center (Centro Jur铆dico de Econom铆as Sostenibles).

Y estas empresas no conf铆an en compartir. Organizaciones como Loconomics, Fairbnb y Stocksy ven sus esfuerzos en favor de un consumo y producci贸n cooperativos menos como un altruismo y m谩s como una propiedad colectiva de los medios de producci贸n.

Compartir aprovech贸 la ansiedad econ贸mica, el aislamiento y la frustraci贸n con la vida de la clase media estadounidense contempor谩nea de una manera 煤nica y, en 煤ltima instancia, rentable. Fue otra iteraci贸n del insoportable tema recurrente de Silicon Valley de cambiar el mundo a trav茅s de la disrupci贸n, empaquetado en un envoltorio suave de liberalismo ecol贸gico para sentirse bien. Nos animaron a dar una oportunidad a empresas como Lyft y Airbnb, para hacerlas nacer y ayudarlas por el bien com煤n. Si no cre铆amos en compartir, no solo 茅ramos c铆nicos sino enemigos del progreso.

Muchas de las corporaciones y los expertos que nos vendieron las promesas de compartir dejaron de usar el t茅rmino porque los consumidores ya no lo encontraban cre铆ble o atractivo. Pero fueron los consumidores quienes realmente compartieron. Una verdadera econom铆a colaborativa est谩 llena de fricciones e incomodidad, y los m谩rgenes de beneficio -si es que hay alguno del que hablar- son finos como el papel. El intercambio real requiere mucho tiempo y no es particularmente rentable para nadie.

鈥淎hora es solo una transacci贸n. No es necesario disfrazarse con ning煤n discurso sobre cambiar el mundo o lo que sea”.

Para ganar dinero, especialmente el tipo de dinero que esperan los inversores en tecnolog铆a, las empresas respaldadas por empresas de capital riesgo no solo pod铆an activar recursos infrautilizados, sino que ten铆an que ganar m谩s. Las empresas con fines de lucro exigen crecimiento y las plataformas exigen un tama帽o. Despu茅s de m谩s de una d茅cada del experimento de uso compartido, hemos podido evaluar completamente los costos. El capitalismo no fue domesticado, como esperaba Werbach, sino que fue avivado.

“Ahora es solo una transacci贸n”, dice Werbach. “No es necesario disfrazarse con ning煤n discurso sobre cambiar el mundo o lo que sea”.

Y aunque compartir est谩 en gran parte muerto, otros modelos impulsados 鈥嬧媝or la tecnolog铆a han tomado su lugar: empresas respaldadas por VC que a煤n patinan con la promesa de acabar con la desigualdad, promover la justicia, arreglar sistemas rotos y hacer lo que los reguladores y las grandes empresas antiguas no han logrado hacer durante d茅cadas.

En estos d铆as, no es un ejercicio compartido lo que est谩 redefiniendo la confianza y suplantando a los intermediarios institucionales; es blockchain (un procedimiento digital eliminar los intermediarios, descentralizando toda la gesti贸n, AyR). Botsman ahora dice que blockchain es el siguiente paso para transferir la confianza de las instituciones a los extra帽os. “A pesar de que la mayor铆a de la gente apenas sabe qu茅 es l blockchain, dentro de una d茅cada ser谩 como Internet”, escribe. “Nos preguntaremos c贸mo ha funcionado la sociedad sin 茅l”.

Estas ambiciosas promesas suenan muy familiares.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com