November 10, 2020
De parte de La Haine
426 puntos de vista


Los dem贸cratas del ‘establishment’ han acabado con la aut茅ntica izquierda, derrotando a Bernie Sanders y disciplinando a su propia base

Mientras la presidencia de Trump afortunadamente agoniza, Joe Biden y la direcci贸n dem贸crata est谩n esclavizados por la peligrosa ilusi贸n de que pueden llevar al pa铆s de vuelta al mundo pol铆tico de 2015, como si nada hubiera pasado. Est谩n a punto de descubrir que han obtenido una victoria p铆rrica.

Incluso antes de que las cifras empezaran a parecer inesperadamente buenas para Donald Trump, supe que algo deb铆a estar mal. La pista fue un cambio sutil pero real en las bromas de las noticias por cable, que en la madrugada del martes por la noche cambiaron su tono inicial de seguridad por una agitaci贸n visible. Joe Biden parec铆a con ventaja en al menos algunos de los lugares correctos, pero 驴d贸nde estaba la avalancha que tanto los analistas dem贸cratas como los encuestadores hab铆an previsto confiados? Misteriosamente ausentes las se帽ales de la avalancha prometida, los sumos sacerdotes de las noticias por cable gradualmente parecieron optar por una respuesta. Claro, Trump pod铆a ir por delante en estados clave del Medio Oeste, pero este era precisamente el resultado que todos hab铆amos anticipado. Despu茅s llegar铆an los votos por correo y lo probable es que fueran para Biden.

La narrativa tuvo eco no solo porque era lo que los espectadores anti- Trump quer铆an escuchar, sino porque pronto resultar铆a ser cierta: el s谩bado por la ma帽ana, Biden super贸 el umbral de 270 del colegio electoral necesario para ganar la presidencia gracias a que el recuento tard铆o de los votos por correo se inclin贸 decididamente a su favor. Sin embargo, el tono general en CNN a media noche de las elecciones parec铆a un esfuerzo desesperado por mantener la sensaci贸n de que todo iba seg煤n el plan. Con el polvo de la batalla finalmente asentado, hay una buena posibilidad de que esta narrativa se mantenga, no solo porque los partidarios liberales (y los consultores dem贸cratas) lo defender谩n, sino porque es lo que muchos observadores pol铆ticos y gente com煤n hartos de Trump quieren creer desesperadamente.

Baste decir que esta elecci贸n nunca deber铆a haber sido tan apretada y las cosas, por decirlo suavemente, no salieron seg煤n lo planeado. Aunque el recuento final a煤n est谩 por llegar, Trump ha sumado millones de votos a su total de 2016. Si hubiera obtenido unos miles de votos m谩s en un pu帽ado de estados indecisos, ahora estar铆a camino de un segundo mandato. Esto es por no hablar del catastr贸fico resultado de los dem贸cratas en las votaciones paralelas, en las que varios representantes republicanos en el Senado aplastaron a unos competidores llenos de dinero  en efectivo y aun siendo el partido mayoritario perdi贸 esca帽os en la C谩mara, solo dos a帽os despu茅s de su gran victoria en 2018. Dicho y hecho, la semana de elecciones que comenz贸 con euforia sobre la perspectiva de que los dem贸cratas consiguieran Texas y se asegurasen una mayor铆a c贸moda en el Senado termin贸 sin resuello mientras todos nos tranquilizamos a nosotros mismos, y a los dem谩s, asegurando que Biden llegar铆a a cruzar el primero la l铆nea de meta.

Cada resultado electoral debe ser evaluado en su contexto espec铆fico, y es ante todo la din谩mica pol铆tica m谩s amplia de 2020 lo que hace que esta votaci贸n sea una victoria p铆rrica tanto para la campa帽a de Biden como para el Partido Dem贸crata. Trump nunca ha sido un presidente popular. Gran parte de los medios de comunicaci贸n de EEUU claramente apoyaban una victoria dem贸crata. A fines del mes pasado, un cuarto de mill贸n de estadounidenses hab铆an muerto por el coronavirus y millones m谩s se hundieron en la pobreza. Y a pesar de eso, en medio de las dificultades econ贸micas generales y una pandemia que est谩 causando estragos en las vidas y los medios de subsistencia en todo EEUU, un presidente hist贸ricamente corrupto, odiado y plagado de esc谩ndalos ha recibido millones de votos m谩s en su intento por ser reelegido. Si el virus nunca hubiera golpeado y la situaci贸n existente en enero se hubiera mantenido, con el 铆ndice de aprobaci贸n econ贸mica de Trump en niveles que ning煤n presidente hab铆a tenido en dos d茅cadas, no cabe duda de que el ex presentador de televisi贸n de The Apprentice hubiera aplastado al desventurado Biden en su camino hacia un segundo mandato.

En las pr贸ximas semanas podemos esperar una avalancha de excusas autosatisfechas, plagadas del mismo tono de tranquilidad defensiva que nos inund贸 la noche de las elecciones. Pero aunque finalmente se alcanz贸 el numero necesario de compromisarios en el colegio electoral, quedan muchas preguntas sin respuesta sobre la efectividad de la candidatura de Biden y la estrategia dem贸crata en general.

En primer lugar, la decisi贸n de cortejar y poner en primer plano a los republicanos, que se exhibi贸 sin cortapisas en la Convenci贸n Nacional Dem贸crata este verano, parece haber fracasado. Los glorificados inspectores de billeteras del Proyecto Lincoln pueden haber estafado con 茅xito a los liberales decenas de millones, pero sus anuncios no parecen haber sido m谩s efectivos contra Trump que la farsa de campa帽a en la retaguardia llevada a cabo por las 茅lites conservadoras durante su ascenso inicial. Seg煤n una encuesta a boca de urna publicada por Edison Research, el 93 por ciento de los votantes republicanos finalmente respaldaron a Trump, una proporci贸n a煤n mayor que en 2016. Hace solo unos pocos meses, se pod铆a escuchar a Rahm Emanuel, el flautista de los suburbios de Applebee, llamando a estas elecciones el “a帽o del republicano de Biden”. Evidentemente no ha sido as铆.

A pesar de su visibilidad especial en este ciclo, la estrategia no fue un 茅xito, ya que los dem贸cratas centristas est谩n convencidos desde hace mucho tiempo que el pa铆s es tan intr铆nsecamente conservador que mimar a los votantes de derecha con apelaciones a la moderaci贸n es una genialidad maquiav茅lica en lugar de una capitulaci贸n ante la inercia post-reaganista. Al igual que en 2016, esa suposici贸n parece haber dado pocos frutos. En todo el pa铆s, de hecho, las iniciativas electorales y las encuestas a boca de urna sugieren que los dem贸cratas se colocaron a la derecha de la mayor铆a electoral en temas clave. Florida, el primer estado donde qued贸 claro que la avalancha prometida no se producir铆a, vot贸 por un margen considerable a favor de aumentar su salario m铆nimo. Las iniciativas electorales para legalizar la marihuana, una idea a la que Biden se opone a pesar de su notable popularidad en los votantes de ambos partidos, fueron aprobadas en cinco estados. Incluso en una encuesta a pie de urna visiblemente sesgada, la cobertura m茅dica universal obtuvo un rotundo apoyo del 72 por ciento, una encuesta encargada nada menos que por Fox News, que tambi茅n identific贸 el respaldo de la mayor铆a a un control de armas m谩s estricto, una reforma migratoria progresista y a los derechos reproductivos.

Aunque probablemente habr谩 una buena cantidad de revisionismo en las pr贸ximas semanas, los partidarios de la estrategia elegida por los dem贸cratas predec铆an confiados hace solo unos d铆as una avalancha como en 1972. 鈥淓sta puede ser la mayor avalancha en este pa铆s polarizado,鈥 declar贸 el encuestador dem贸crata Stan Greenberg al Daily Beast el 29 de octubre 鈥淟os resultados no van a ser apretados鈥, declar贸 James Carville en MSNBC . A煤n m谩s efusivo sobre las perspectivas dem贸cratas, el New York Times predijo el 21 de octubre “una avalancha electoral enorme y poco com煤n”. Una vez m谩s, los dem贸cratas se apostaron muy convencidos la casa en una campa帽a centrista que obtendr铆a, seg煤n ellos, una victoria de proporciones hist贸ricas. Una vez m谩s, no logr贸 los resultados prometidos, perdiendo por medio un n煤mero aterrador de votantes no blancos a favor del Partido Republicano.

Esto nos lleva al propio Biden, el candidato que se garantiz贸 con rotundidad a los votantes dem贸cratas en las primarias que era la opci贸n segura y elegible contra Donald Trump. Numerosas voces de la izquierda (incluidas muchas en Jacobin) argumentaron decididamente que un programa popular y mayoritario dirigido a los no votantes tradicionales y que buscara dinamizar la base dem贸crata tradicional representaba la mejor opci贸n, tanto para derrotar a Trump como para cambiar de rumbo despu茅s de d茅cadas de retroceso liberal. Dado que esta teor铆a nunca pudo ser probada, no podemos saber con certeza si sus supuestos b谩sicos eran correctos (aunque mi propia opini贸n sobre el tema no deber铆a ser dif铆cil de extrapolar).

Lo que s铆 sabemos es que el manual dem贸crata est谩ndar se ha quedado corto m谩s veces que las que ha tenido 茅xito. Dicho en t茅rminos m谩s sencillos, solo ha habido dos presidentes dem贸cratas en los 煤ltimos cuarenta a帽os y el que tuvo m谩s exito de los dos se postul贸 como un populista fuera del sistema y l铆der de un movimiento de masas que se compromet铆a a enfrentarse a Wall Street, reducir la participaci贸n de EEUU en guerras extranjeras y cambiar el pa铆s [lo que despu茅s se vio que era completamente falso]. Biden, a pesar de su estrecha relaci贸n con Barack Obama, desempe帽贸 un papel activo en el afianzamiento de la triangulaci贸n como modus operandi dem贸crata durante la d茅cada de 1980 y nunca quiso una campa帽a de ese tipo.

En contra del esp铆ritu de 2008, el ex vicepresidente y pronto presidente electo se present贸 en los t茅rminos m谩s modestos: como una figura que atemperar铆a el caos y la anarqu铆a de los 煤ltimos cuatro a帽os y devolver铆a al pa铆s al equilibrio pre-2016. A pesar de las p谩ginas de opini贸n malgastadas en especulaciones absurdas sobre si defender铆a una ambiciosa agenda liberal, la propia ret贸rica de Biden (y la estrategia de los donantes empresariales) siempre ha garantizado lo contrario. M谩s estado de 谩nimo que programa, su atractivo descansaba, y a煤n descansa, en la suposici贸n err贸nea de que el trumpismo comienza y termina con la ocupaci贸n de la Casa Blanca por parte de Donald Trump: que un presidente de estilo m谩s convencional y menos voluble basta para curar cualquier espasmo aleatorio que pueda haber causado temporalmente que una parte del electorado haya perdido el juicio.

Este enfoque conservador, con c peque帽a, de liderazgo nacional implicaba inevitablemente evitar o marginar las grandes ideas pol铆ticas, incluso cuando un virus mortal invad铆a el cuerpo pol铆tico. La opci贸n p煤blica, la supuesta alternativa pragm谩tica de Biden a Medicare para todos, apenas recibi贸 una menci贸n en la campa帽a. Mientras los incendios forestales ard铆an con una ferocidad apocal铆ptica en la costa oeste, ofreci贸 poco m谩s que recitar el vac铆o mantra liberal de que el cambio clim谩tico es real, pero se distanci贸 activamente del programa verde m谩s ambicioso de la historia moderna. Incluso cuando los republicanos tomaron mort铆feramente el poder en la Corte Suprema, Biden se cuid贸 mucho en su primer debate con Trump de hablar amablemente sobre la juez de extrema derecha nominada por el presidente y rechaz贸 una reforma judicial.

Esto por no hablar de las debilidades personales de Biden como candidato, generalmente eludidas por unos comentaristas en su mayor铆a comprensivos que se contentan con enterrar o pasar por alto historias o incidentes que podr铆an poner en peligro sus perspectivas para el futuro. Por lo tanto, incluso la tendencia de Biden de mantener un perfil bajo y realizar una campa帽a absentista durante parte de septiembre no pareci贸 provocar ninguna de las preguntas obvias e incluso obtuvo elogios ocasionales. El hecho de que el ex vicepresidente 煤ltimamente no se parezca en nada al hombre que debati贸 tan h谩bilmente con Paul Ryan en 2012 ha sido eliminado en gran medida de la narrativa oficial.

A pesar de la candidatura de Biden, los deslucidos resultados electorales de los dem贸cratas no fueron inevitables, sino el producto de opciones y c谩lculos pol铆ticos libremente asumidos. Como era de esperar, figuras clave del partido y representantes de los medios ya est谩n trabajando para echar la culpa a otros. La exsenadora Claire McCaskill aparentemente cree que los dem贸cratas hablan en exceso sobre las armas, los derechos reproductivos, el matrimonio homosexual y “los derechos de los transexuales”. Con una segunda vuelta para el Senado pendiente en Georgia, el portavoz de la mayor铆a dem贸crata de la C谩mara, Jim Clyburn, seg煤n se informa declar贸 en una convocatoria del grupo parlamentario, “[si] vamos a defender Medicare para todos, recortar fondos a la polic铆a [y] una medicina socializada, no vamos a ganar”. Nancy Pelosi tambi茅n advierte a los dem贸cratas que no giren hacia la izquierda.

No hace falta decir que se trata de reacciones desconcertantes de personalidades cuya propia estrategia ha fracasado rotundamente a la hora de dar el resultado prometido. A medida que el polvo de la batalla electoral se asiente, inevitablemente seremos obsequiados con un creciente coro de voces de todo el establishment liberal que insistir谩 en que el 煤nico camino a seguir para los dem贸cratas es una nociva mezcla de revanchismo econ贸mico y cultural. El centro liberal, siempre convencido de su propia sabia rectitud, parad贸jicamente descubre tener raz贸n incluso en la derrota moral y t谩ctica.

Este estado de cosas redundar谩 lamentablemente en reforzar los peores instintos de Biden como viejo fetichista de los compromisos bipartidistas y la mediaci贸n entre 茅lites. Suponiendo que los republicanos retengan el Senado, EEUU estar谩 dirigido por un gobierno de coalici贸n de facto McConnell / Biden en un per铆odo de crecimiento de d茅ficits y cada vez mas frecuentes llamamientos a la austeridad. Aquellos que rezaron por el destierro de Trump y el regreso a la era de Obama pueden, por lo tanto, estar consiguiendo lo que desean, aunque  lo consigan gracias a la magia negra y una pata de mono maldita: un presidente centrista, un Congreso dividido y un Senado obstruccionista. La vuelta a la normalidad, por fin.

Afortunadamente, la presidencia de Trump est谩 a punto de sufrir la muerte pat茅tica y farfullante que tanto se merece, dejando tras de s铆 un legado de mentiras, recortes de impuestos p铆caros y una crueldad innecesaria. Sin embargo, a pesar de la anarqu铆a que indudablemente ha provocado, el tema final de la era Trump puede terminar siendo la continuidad m谩s que la ruptura. Cuando superemos la farsa de las 煤ltimas semanas de Trump en el cargo, el panorama de la pol铆tica estadounidense se parecer谩 mucho a una versi贸n de principios de 2016 con un pu帽ado de contrastes tanto brillantes como sombr铆os.

Si la semana pasada es un indicio, el c谩lculo estrat茅gico subyacente en las direcciones de los dos partidos no promete muchos cambios m谩s all谩 de la est茅tica. Los dem贸cratas vacilar谩n y ofrecer谩n concesiones, celebrando cada retirada como una victoria para el “incrementalismo”. Mitch McConnell obstruir谩 y, cuando sea posible, har谩 las sangr铆as legislativas que solo 茅l puede hacer. El osificado consenso post-2010 persistir谩 obstinadamente en la medida que las 茅lites conserven su paralizante adicci贸n a la triangulaci贸n y los vicios de la riqueza organizada.

Si el trumpismo una vez prometi贸 romper en pedazos la normalidad pol铆tica, el presidente Trump dejar谩 el cargo como una criatura convencional del aparato conservador de principio a fin: sus malos modales y su personalidad desquiciada adornan en gran medida la agenda habitual del Partido Republicano de hostigamiento racista y redistribuci贸n ascendente a favor de los m谩s ricos. Mientras tanto, los dem贸cratas del ‘establishment’ han acabado con la aut茅ntica izquierda, derrotando a Bernie Sanders y disciplinando a su propia base con una efectividad que ser铆a encomiable si no fuera tan despreciable. Con Biden, el gran tranquilizador, listo para ocupar la Casa Blanca, el profundo y perdurable conservadurismo de los liberales m谩s poderosos de EEUU se har谩 m谩s evidente.

Sin embargo, quedan verdaderos signos de esperanza. Animada por importantes victorias en el Congreso en Nueva York, Michigan, Minnesota y Missouri, la izquierda cuenta ahora con m谩s cargos electos en sus filas que en cualquier otro momento de la historia moderna. Las hist贸ricas protestas de este verano contra la violencia policial, y el apoyo generalizado que recibieron, desmienten la idea de un pa铆s irremediablemente conservador, al igual que una gran cantidad de iniciativas electorales y encuestas a boca de urna que sugieren que persiste la necesidad de una alternativa a la mezquina feria bipartidista actual.

La presidencia de Trump est谩 a punto de acabar. Para bien o para mal, la pol铆tica lleg贸 para quedarse.

* Luke Savage miembro del comit茅 de redacci贸n de la revista Jacobin, EEUU

jacobinmag.com. Traducci贸n: Enrique Garc铆a para Sinpermiso. Extractado por La Haine.




Fuente: Lahaine.org