November 22, 2020
De parte de CGT Mad Barajas
163 puntos de vista

Gran parte de los comentarios que pudieron leerse en las redes sociales a ra铆z de esa convocatoria, si dejamos a un lado los abiertamente racistas, versaban en torno a que, si la violencia policial de car谩cter racial se estaba produciendo al otro lado del Atl谩ntico -muy pocos se atrev铆an a negar tal extremo- 驴por qu茅 se iban a poner a protestar aqu铆? Creo que este tipo de comentarios iban m谩s all谩 de la tradicional defensa que ciertas posiciones ideol贸gicas hacen de las fuerzas policiales y tienen que ver con que no existe en el imaginario local, no al menos entre los blancos, la conciencia de Espa帽a como un Estado hist贸ricamente racista y negrero.

El pasado 7 de junio la CNAAE (Comunidad Negra Africana y Afrodescendiente) convoc贸 manifestaciones y concentraciones en las principales ciudades del Estado. Lo hizo en el marco de la ola de protestas contra la discriminaci贸n racial iniciada en los Estados Unidos a ra铆z del asesinato de George Floyd por parte de un agente de la polic铆a.

Antigitanismo secular

Es cierto, que si queremos buscar aqu铆 un ejemplo de segregaci贸n racial secular similar al que las comunidades negras viven en EE. UU., este hay que encontrarlo, no hacia la poblaci贸n negra (muy minoritaria en la pen铆nsula hasta, al menos, las 煤ltimas d茅cadas), sino dirigido al pueblo gitano. Pr谩cticamente todos los estereotipos que se asocian a las poblaciones afroamericanas (cleptoman铆a, ociosidad, talento para la m煤sica) han sido tambi茅n asignados a las poblaciones gitanas de Espa帽a. Ambas poblaciones han sufrido en sus respectivos pa铆ses procesos alternos de asimilaci贸n-segregaci贸n por parte de la poblaci贸n blanca dominante que, actualmente, las mantienen por debajo en niveles de escolarizaci贸n, acceso a ense帽anza superior, a vivienda digna o a puestos de responsabilidad y por encima en par谩metros como el desempleo, la criminalidad o el porcentaje de poblaci贸n reclusa. Al igual que con la gente negra de Estados Unidos, el gitano fue primero violentado, despu茅s segregado, a continuaci贸n forzosamente integrado y, por 煤ltimo, convertido en objeto del asistencialismo (mientras, a la vez, se manten铆a todo lo anterior). Todo ello como consecuencia de pol铆ticas dictadas por blancos. Podemos concluir que, efectivamente y aunque no se imparta en los programas educativos, en Espa帽a ha existido, hist贸ricamente, un tipo equivalente y paralelo al sufrido por las comunidades negras en Estados Unidos.

La Espa帽a esclavista

La serie Ra铆ces logr贸 que cada familia espa帽ola se arremolinara en torno al televisor a finales de los 70 y Django desencadenado recaud贸 2,5 millones de euros en su fin de semana de estreno en 2013. Existe, por lo tanto, un inter茅s hacia la historia de la gente negra y su lucha por la emancipaci贸n, pero solamente si esa lucha ocurre fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, pesan en nuestra historia los 700.000 esclavos negros que fueron llevados solamente a la Cuba espa帽ola, cifra que 煤nicamente Brasil supera y que es superior que los que fueron llevados a Estados Unidos. Pero son estos 煤ltimos, o los del Reino Unido, en los que pensamos cuando nos hablan de la esclavitud impuesta a la gente negra.

Al igual que no existe conciencia del racismo hist贸rico inserto en nuestra sociedad, es nula tambi茅n la conciencia sobre el papel colonial de Espa帽a y, sobre todo, sobre su papel respecto al 脕frica negra. Han tenido que ser libros como Negreros y esclavos: Barcelona y la esclavitud atl谩ntica, publicado en una fecha tan tard铆a como 2017, los que empiecen a divulgar qu茅 antepasados de los que hoy son referentes pol铆ticos de la burgues铆a catalana, como Artur Mas, fueron mercaderes de esclavos que participaban en el comercio triangular.

Por un lado, aunque la esclavitud tambi茅n se practic贸 en la pen铆nsula, 茅sta se localiz贸 de forma masiva lejos de la metr贸poli. Por lo que, una vez que los distintos Estados latinoamericanos se fueron independizando, los espa帽oles nos pudimos olvidar de nuestros antiguos esclavos y de la responsabilidad que nuestro pa铆s tiene en las condiciones de vida de sus descendientes; cosa que los estadounidenses blancos no pudieron hacer por razones obvias. Por otro lado, creo que una de las causas de este 鈥渙lvido nacional鈥 se encuentra en el papel que tuvo Espa帽a en la colonizaci贸n africana.

Apenas hay 13.200 ecuatoguineanos y un n煤mero menor de saharauis viviendo en Espa帽a. Si lo comparamos con el medio mill贸n de argelinos o los 60.000 senegaleses que viven en Francia (sin contar a los descendientes nacionalizados) o 780.000 indios y 150.000 keniatas que hay en Reino Unido nos podemos dar cuenta de que Espa帽a no ha tenido apenas un reflujo migratorio producto de su pasado colonial reciente. Pero ese pasado existi贸.

Llegados a este punto debo decir que mi posici贸n personal en todo esto es particular, m谩s como parte que como testigo, pues mi historia familiar conecta directamente con ese pasado y no precisamente en el lado de los oprimidos. Soy nieto de colonos espa帽oles en Guinea Ecuatorial. Colonos que, en fechas tan recientes como los a帽os 50 del siglo pasado, marcharon a aquel pedacito de tierra africana con una mano delante y otra detr谩s para obtener un r谩pido ascenso social (familias que hab铆an sido campesinas en la pen铆nsula pasaban a ser due帽as de talleres mec谩nicos o de corte y confecci贸n). El gobierno franquista 鈥 y esto lo s茅 por testimonio directo y no porque se ense帽e en nuestras universidades 鈥 impon铆a que las empresas que contrataran blancos deb铆an poner a cada uno un sirviente local (boys los llamaba mi abuela) a sueldo para asegurarse de que se situaran por encima de la poblaci贸n local nada m谩s llegar.

Por supuesto, no escribo estas l铆neas para redimir a mi familia (que durante el proceso de independencia perdi贸 todas sus posesiones en Malabo, pero no la riqueza que hab铆an logrado llevar a Espa帽a, aunque poco quede de aqu茅llo), ni mucho menos para hablar en nombre de quien no me corresponde hablar, pero s铆 creo estar en disposici贸n de dar una visi贸n desde la 贸ptica del antiguo colonizador, la cual nos es compartida como sociedad, pero que solo es conocida por personas cuyas familias tuvieron participaci贸n directa, m谩s all谩 de romantizaciones edulcoradas del estilo de la pel铆cula Palmeras en la nieve.

Espa帽a: colonialismo de serie B

Cuando Espa帽a se vio en la tesitura de tener que descolonizar territorios lo hizo de la peor forma posible; primero optando por negar la mayor a la portuguesa (provincializando los territorios coloniales y expidiendo DNI espa帽ol a sus habitantes) pero sin la capacidad que tuvo Portugal para meterse en una larga guerra colonial y con mucho m谩s miedo que el Estado luso de volver a ser aislada internacionalmente (recordemos que todo esto ocurre en los a帽os del desarrollismo franquista). Al final, opta por abandonar las colonias de forma tan torpe que su influencia en Guinea, desde el golpe de Estado de Obiang, es pr谩cticamente nula y en el S谩hara occidental ni siquiera lleg贸 a completarse el proceso descolonizador, siendo transferida la colonia a la monarqu铆a marroqu铆 en una pu帽alada por la espalda a unos saharauis que todav铆a ten铆an el DNI espa帽ol en la cartera. Guinea ecuatorial es hoy un pa铆s productor de petr贸leo (reservas que los espa帽oles desconoc铆an y que actualmente explotan compa帽铆as norteamericanas y, recientemente, tambi茅n rusas); lo que lo convierte en el pa铆s con mayor PIB per c谩pita de toda 脕frica (y, dado que este PIB no se reparte ni mucho menos de forma uniforme entre la poblaci贸n, tambi茅n el que tiene el nivel m谩s desorbitado de desigualdad econ贸mica).

Ante tal descalabro, no es de extra帽ar que la postura que desde entonces mantienen las autoridades espa帽olas haya sido la de hacer como si nada hubiera pasado, de cubrir con un velo la participaci贸n del pa铆s en el reparto de 脕frica, su papel en el expolio del continente y su responsabilidad en la actual miseria neocolonial. Y esto se traslada al negacionismo presente en buena parte de la sociedad y que se expres贸 como reacci贸n a las manifestaciones, las primeras masivas convocadas por la comunidad negra en Estado, del pasado junio.

Espa帽a es un pa铆s negrero, tanto como lo son Estados Unidos, Francia o Portugal. Los blancos llevamos apellidos de esclavistas, mercaderes de carne, explotadores, violadores y racistas profesionales. Eso es lo primero que nos toca asumir como sociedad.

Lo segundo: saber dar espacio a quienes se organizar para se帽alar ese racismo, para ponerle freno y para visibilizar sus vidas. La violencia que llevan sufriendo ni es de hoy, ni es de ayer, ni comienza con una redada policial en nuestros barrios. Las actuales pol铆ticas de racismo institucional que sufre la poblaci贸n africana y afrodescendiente del Estado espa帽ol (segregaci贸n, dificultad para el acceso al mercado laboral, infrarrepresentaci贸n pol铆tica鈥) son el 煤ltimo episodio de una violencia que lleva sucediendo siglos y exige verdad, justicia y reparaci贸n.

https://www.todoporhacer.org/espana-negrera/




Fuente: Cgtmadbarajas.blogspot.com