April 18, 2021
De parte de Cultura Y Anarquismo
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驴C贸mo definir la especificidad humana? Si observamos su relaci贸n con otras especies, la humanidad parece haber revelado con pat茅tico ardor una constante antropol贸gica: la ceguera interesada

Los ca帽ones reales disparan en la abarrotada explanada del Palacio de Versalles. Es exactamente la 1 de la tarde, y en este 19 de septiembre de 1783, frente a Luis XVI y su familia, un pato, un gallo y una oveja entran pl谩cidamente en la historia de la aeron谩utica. Tras instalarse en la cesta de mimbre fijada al globo aerost谩tico de los hermanos Montgolfier, el aparato no tarda en elevarse hasta los 600 metros de altura y en recorrer varios kil贸metros, ante los v铆tores del p煤blico at贸nito. A pesar de la desgracia de un desgarro en el globo que acortar谩 su hist贸rico vuelo, los tres h茅roes, ataviados con lana y tela de plumas, aterrizan en los bosques de Vaucresson. Ser谩n recompensados por el delf铆n, que les abrir谩 las puertas de su zool贸gico particular. S贸lo unas semanas despu茅s de la haza帽a de nuestros aeronautas involuntarios, los humanos despegar谩n de la tierra a su vez, con menos riesgo.
 

Desde entonces, animales acu谩ticos o terrestres (codornices, medusas, gatos, perros, monos, salamandras…) han sido propulsados por decenas hacia la estratosfera, sin haber tenido siempre la buena estrella de sus tres antepasados. Todav铆a a principios del siglo XXI, para realizar experimentos cient铆ficos y tambi茅n para asegurar su producci贸n industrial o satisfacer sus necesidades alimentarias, la humanidad embarca a innumerables animales. En todo el mundo, casi 100 millones de ellos se utilizan anualmente en los laboratorios, se sacrifican 70.000 millones de aves y mam铆feros para la alimentaci贸n y se pescan un bill贸n de peces. Para hacer posible este productivismo, no s贸lo hemos ideado sofisticados protocolos cient铆ficos y zoot茅cnicos, sino que tambi茅n disponemos de mecanismos psicol贸gicos que nos permiten ignorar o legitimar los da帽os que se derivan de esta explotaci贸n. Si el da帽o infligido por el homo sapiens a otras especies no tuviera tambi茅n consecuencias muy desfavorables para la propia existencia humana, s贸lo podr铆amos hablar de insensibilidad o crueldad. Por desgracia, con su explotaci贸n generalizada de los animales, la humanidad corre el riesgo de continuar su viaje como el globo averiado: en condiciones peligrosas. Algunos autores publican hoy en d铆a libros con t铆tulos estridentes sobre los estragos ecol贸gicos y la barbarie de las granjas industriales (鈥淔armageddon鈥) o denuncian la pesca intensiva (鈥淎quacalypse鈥), pero a pesar de estas advertencias, seguimos dormidos como troncos. Porque la especie a la que pertenecemos tiene el peligroso privilegio de estar dotada de los resortes psicol贸gicos que permiten que su espectacular necedad florezca en una relaci贸n absurda con otros animales.

Enrique IV, el rey de 鈥渓a poule au pot (cocido de gallina) cada domingo鈥, ten铆a un famoso ministro de Hacienda, Sully, al que le gustaba proclamar que 鈥渆l pastoreo y el arado son las dos ubres de Francia鈥. Haci茅ndose eco de esta imagen rural, se propondr谩 aqu铆 que las ubres de la estupidez humana en su relaci贸n con los animales son tres: incoherencia, ignorancia y racionalizaci贸n.

Las ubres de la incoherencia l贸gica

La incoherencia l贸gica es evidente en los textos legales relativos a los animales, considerados a la vez como 鈥渟eres vivos dotados de sensibilidad鈥 y 鈥渟ujetos al r茅gimen de propiedad鈥 (art铆culo 515-15 del C贸digo Civil Franc茅s). Tomemos el caso del conejo: actualmente es una de las mascotas m谩s comunes en Francia, pero tambi茅n el mam铆fero m谩s consumido. Si no cumplimos con nuestras obligaciones con 茅l, descuidando su alimentaci贸n, su cuidado y sin garantizar unas condiciones de vida acordes con sus necesidades, corremos un alto riesgo de incumplir la legalidad puesto que, seg煤n el c贸digo penal 鈥渟ea o no p煤blicamente, el hecho de infligir un abuso grave, que sea sexual o no, o cometer un acto de crueldad hacia un animal dom茅stico, o domesticado o mantenido en cautividad, se castiga con dos a帽os de prisi贸n y 30.000 euros de multa鈥 (art铆culo 521-1 del C贸digo Penal Franc茅s). Sin embargo, la ley autoriza la cr铆a de conejos en bater铆a en condiciones incalificables de confinamiento. Empero detr谩s de esta incoherencia hay una racionalidad, pero que se sit煤a en otro nivel. El valor del animal est谩 ligado al uso instrumental o afectivo que se hace de 茅l, o a las representaciones justificadoras que los humanos mantienen respecto a la especie en cuesti贸n. Lo mismo ocurre entre los defensores de los animales: seg煤n las observaciones de un veterinario, los activistas que luchan contra la experimentaci贸n animal act煤an m谩s contra los laboratorios que utilizan primates o perros que los que utilizan ratones o ratas. Este antropocentrismo, que organiza el valor de los animales seg煤n sus propios intereses, es la clave para explicar la jerarqu铆a que operamos entre los animales.

Las ubres de la ignorancia

Para quien utiliza animales, la ignorancia es el m谩s placentero de los consuelos. Recientemente, el artista circense Andr茅-Joseph Bouglione, tras decidir excluir a los animales de sus espect谩culos, confes贸 que 鈥渆l ligero balanceo que hacen los elefantes cuando est谩n parados, para m铆, significaba que estaban relajados. [鈥 Lo que cre铆a que era un signo de relajaci贸n era en realidad un trastorno relacionado con el confinamiento鈥 (2008 p. 54-55). El desconocimiento de las capacidades cognitivas, perceptivas y sensoriales de los animales habr谩 permitido su sujeci贸n durante siglos, y a煤n hoy la ignorancia sobre ellos sigue siendo abrumadora. En junio de 2017, The Washington Post public贸 una encuesta en l铆nea realizada a una muestra representativa de estadounidenses que indicaba que el 7% de los encuestados (m谩s de 16 millones de personas) afirmaba que la leche de cacao procede de vacas pardas. Peor a煤n, una encuesta del Departamento de Agricultura de EE. UU. revel贸 que uno de cada cinco adultos no sab铆a de qu茅 animal proced铆a la carne de las hamburguesas. Dos investigadores de la Universidad de Davis (California), Alexander Hess y Cary Trexler, entrevistaron a ni帽os de 11 a 12 a帽os y descubrieron que el 40% no sab铆a que la carne de las hamburguesas proced铆a de las vacas, y el 30% no sab铆a que el queso se hac铆a con leche. La ignorancia alimentaria tambi茅n brilla a este lado del Atl谩ntico: una encuesta francesa realizada entre ni帽os de 8 a 12 a帽os revel贸 que el 40% no sab铆a de d贸nde proced铆an productos como el jam贸n, y dos tercios no pod铆an decir de d贸nde proced铆a el bistec. Adem谩s, una alta proporci贸n de ni帽os inform贸 de que el pescado no ten铆a espinas.

La ignorancia secular de los humanos respecto a la cognici贸n de los animales ha fomentado relaciones de dominaci贸n que a煤n hoy son dif铆ciles de corregir a pesar de los avances de la etolog铆a cognitiva y la neurociencia. Sin embargo, los expertos consideran ahora que 鈥渓os animales no humanos poseen los sustratos neuroanat贸micos, neuroqu铆micos y neurofisiol贸gicos de los estados de conciencia, as铆 como la capacidad de realizar conductas intencionales鈥 (Declaraci贸n de Cambridge, 2012), y no falta bibliograf铆a para demostrar que los animales no son tan bestias. Pero la mera difusi贸n del conocimiento est谩 lejos de ser suficiente para curar las extravagancias de la raz贸n. La obliteraci贸n del animal y la descorporeizaci贸n de la carne contribuyen a una meticulosa eufemizaci贸n de las realidades de la cr铆a y el sacrificio de animales que a veces se refleja en las directrices de la industria. Una revisi贸n de los profesionales de la carne citada por Scott Plous, de la Universidad de Wesleyand, recordaba que 鈥渉acer saber a un consumidor que la chuleta de cordero que acaba de comprar forma parte de la anatom铆a de una de esas simp谩ticas criaturas que se ven retozando en los campos en primavera es probablemente la forma m谩s segura de convertirlo en vegetariano鈥.

Tambi茅n cabe mencionar otra forma de ignorancia. Se trata de la minimizaci贸n sistem谩tica por parte de los consumidores de la cantidad de carne que ingieren. Por ejemplo, los resultados de varias encuestas indican que entre el 60% y el 90% de las personas que se definen como vegetarianas han consumido, no obstante, carne en los d铆as anteriores a la encuesta. La mayor铆a de los estudios sobre el vegetarianismo revelan que nada menos que dos tercios de las personas que se autodenominan vegetarianas comen ocasionalmente pollo y 隆el 80% come pescado! Por 煤ltimo, basta con informar a los participantes de que van a ver un reportaje sobre el sufrimiento de los animales para que reduzcan inconscientemente la cantidad de carne que dicen consumir. A veces, para reducir el sufrimiento de los animales, algunos consumidores dejan de comprar bandejas de carne roja… pero aumentan su consumo de aves de corral, lo que ampl铆a el n煤mero de animales consumidos y, por tanto, el n煤mero de animales que probablemente han sufrido. Para los que finalmente han optado por una dieta sin carne, la cosa no acaba ah铆. Un estudio demostr贸 que las personas que recib铆an una barra nutricional la encontraban menos sabrosa si se les hac铆a creer que conten铆a soja.

Las ubres de la racionalizaci贸n

A la ignorancia ordinaria se a帽ade lo que podr铆a llamarse ignorancia motivada. Para evitar el inconveniente de tomar conciencia de la incoherencia entre los comportamientos de consumo y las representaciones relativas a los animales consumidos (que justificar铆an abstenerse de ellos), una soluci贸n c贸moda es modificar estas representaciones, como sugiere la teor铆a de la disonancia cognitiva. Por ejemplo, una encuesta demostr贸 que las capacidades mentales atribuidas a una serie de animales estaban simplemente correlacionadas con su comestibilidad: las vacas o los cerdos eran percibidos como dotados de vida mental m谩s limitada que los gatos, los leones o los ant铆lopes. En otro estudio, se pidi贸 a los participantes que evaluaran la capacidad mental de una oveja tras ser informados de que 茅sta se iba a trasladar a un prado diferente, o lo contrario, de que iba a estar en el men煤 de una pr贸xima comida. En este 煤ltimo caso, la capacidad mental de la oveja estaba reducida. Otros trucos de magia intelectual que se pueden utilizar para justificar el consumo de carne, como las justificaciones teleol贸gicas (鈥淟as plantas existen por el bien de los animales, y los animales salvajes por el bien del hombre鈥 (Arist贸teles), apag贸n emp谩tico (鈥淰emos… que la muerte es dolorosa para los animales. Pero el hombre desprecia esto en la bestia (San Agust铆n), la mitolog铆a eufem铆stica del consentimiento animal (que nos ofrecer铆a su carne a cambio de nuestro 鈥漛uen鈥 cuidado), la negaci贸n del sufrimiento animal (鈥漧os animales sufren menos cuando son sacrificados conscientemente que cuando son degollados aturdidos鈥), la invocaci贸n de metas superiores (como 鈥漚limentar a la humanidad鈥 o el 鈥漚rgumento del ni帽o con c谩ncer鈥 para defender la investigaci贸n) o incluso la supervivencia (鈥漵i el hombre est谩 condenado al vegetarianismo, no sobrevivir谩鈥), la invocaci贸n de una apor铆a alimentaria (el argumento del 鈥漵ufrimiento de las plantas鈥), la demonizaci贸n del vegetarianismo (presunta de misantrop铆a).

Conclusi贸n:

Los humanos se han atrevido a todo con los animales. Pero no es una fatalidad. Uno de los miembros de nuestra especie, un fil贸sofo, afirm贸 recientemente: 鈥漇i me pongo a pensar, me vuelvo vegetariano”. Esta confesi贸n de Michel Onfray no est谩 desmentida por la ciencia: los que comen leguminosas est谩n lejos de tener un cacahuete por cerebro. Mejor; los ni帽os que tienen un coeficiente intelectual superior a la media a los diez a帽os optan con m谩s frecuencia por una dieta sin carne cuando son adultos, independientemente de su clase social, educaci贸n e ingresos. Entre los adultos, la curiosidad intelectual est谩 vinculada a esta elecci贸n alimentaria. En conclusi贸n, aunque la carne puede haber contribuido al desarrollo del cerebro en nuestros antepasados, es muy posible que ahora haya cambiado de bando.

En la barquilla suspendida en el espacio que llamamos tierra, hay algo que anda mal los otros animales. El creciente conocimiento de nuestra parte com煤n, el peso de los riesgos sanitarios y el presagio de un colapso ecol贸gico son llamadas a ser un poco m谩s inteligentes. 

 Laurent B猫gue-Shankland

El art铆culo fue publicado originalmente en la revista de la Association V茅g茅tarienne de France.
 




Fuente: Culturayanarquismo.blogspot.com