September 23, 2022
De parte de Asociacion Germinal
176 puntos de vista

Por Leonardo Frieiro

Steven Forti es doctor en historia, investigador del Instituto de Historia Contempor谩nea (IHC) de la Universidad NOVA de Lisboa y profesor de la Universidad Aut贸noma de Barcelona (UAB). Durante los 煤ltimos a帽os ha enfocado sus estudios de la historia y el pensamiento pol铆tico hacia el an谩lisis de un fen贸meno de impacto global que se encuentra en pleno auge: la ultraderecha.

En su 煤ltimo libro, Extrema derecha 2.0. Qu茅 es y c贸mo combatirla (Siglo XXI, 2021), ya disponible en librer铆as de Am茅rica Latina, nos propone un recorrido exhaustivo por las ideolog铆as, los discursos y las formas que adopta el nuevo ultraderechismo en buena parte del mundo. Sobre todos estos temas conversamos con 茅l para Jacobin.

LF

Desde las primeras p谩ginas de tu 煤ltimo libro se帽alas que las nuevas extremas derechas son un actor pol铆tico de primer plano en todo el mundo occidental, 驴c贸mo llegamos a este escenario?

SF

En primer lugar, quiero decir que en lo personal me parecen un poco naif las reacciones que la opini贸n p煤blica, los medios de comunicaci贸n e incluso de la dirigencia pol铆tica suelen tener despu茅s de cada elecci贸n en que la extrema derecha, en un pa铆s u otro, consigue un importante resultado electoral. Apenas ocurre eso comienzan a sonar las alarmas como diciendo 芦cuidado que la extrema derecha puede ganar unas elecciones禄, extra帽谩ndose por el hecho de que la extrema derecha haya entrado en el sistema pol铆tico o por que haya aumentado su peso electoral.

Es importante remarcar que la extrema derecha no se ha normalizado en los 煤ltimos cuatro a帽os, sino que lleva normaliz谩ndose desde los a帽os 80, en alg煤n contexto antes que en otro. Tenemos que tener muy en claro que la extrema derecha ya es un actor normalizado, ya est谩 legitimado y, efectivamente, lleva gobernando en algunos pa铆ses desde hace a帽os o ha llegado al gobierno y luego lo ha perdido en otros pa铆ses: J枚rg Haider lleg贸 al poder en Austria por primera vez en coalici贸n a finales de la d茅cada de los noventa tras las elecciones del 1999; la Liga Norte y Alianza Nacional en Italia, este 煤ltimo el partido antecesor de Hermanos de Italia,  de alguna forma gobern贸 Italia en tres ocasiones desde el 1994; Orb谩n est谩 gobernando con su giro autoritario ininterrumpidamente desde 2010.

Dej茅monos ya de extra帽arnos, la extrema derecha ha llegado, est谩 aqu铆, est谩 normalizada y ha venido para quedarse.

Y acerca de c贸mo llegamos aqu铆, bueno. Por un conjunto de factores. Cuando Donald Trump gan贸 las elecciones en 2016 se populariz贸 la noci贸n acerca de que la profundizaci贸n de las desigualdades econ贸micas causadas por la globalizaci贸n neoliberal, que conllev贸 el achicamiento de la clase media y el aumento de la pobreza entre la clase trabajadora del mundo occidental, explicaba el giro de lo electores hacia la ultraderecha.

Esto es cierto, aunque solo de forma parcial. Ser铆a equivocado hacer este tipo de simplificaciones y reducir el fen贸meno de la expansi贸n del ultraderechismo a una forma de economicismo. 驴Por qu茅 digo esto? Porque para entender c贸mo hemos llegado hasta aqu铆 tenemos que sumar una serie de elementos y de factores que no se pueden explicar desde el an谩lisis de las desigualdades econ贸micas, como por ejemplo por qu茅 algunas ideas y valores sostenidas por partidos ultraderechistas, que tienen poco que ver con la econom铆a, son tambi茅n mayoritarias.

Entonces, por un lado, desde luego que podemos trazar una relaci贸n entre la reacci贸n a la globalizaci贸n neoliberal debido a las consecuencias socioecon贸micas que 茅sta gener贸, pero tambi茅n tenemos muchos casos en los que el crecimiento del ultraderechismo es antes una reacci贸n cultural que una reacci贸n econ贸mica. Aqu铆 entran en escena fen贸menos diversos como las migraciones, la expansi贸n del multiculturalismo en Europa, la expansi贸n de la lucha feminista y por los derechos del colectivo LGBTIQ+.

Por otro lado, no podemos dejar de lado otras dos cuestiones: primero, la crisis que est谩 viviendo la democracia liberal desde hace unas cuantas d茅cadas. Una crisis de la que venimos hablando desde hace tiempo y que no ha hecho m谩s que empeorar. La desconfianza de la cuidadan铆a en todas las instituciones de la democracia liberal est谩 en niveles exorbitantes. En Europa y los Estados Unidos es dif铆cil encontrar m谩s de un 30% de aprobaci贸n en instituciones como el Parlamento o el Poder Legislativo. Este problema es muy profundo, pero tambi茅n permite preguntarnos c贸mo podemos haber aguantado hasta ahora. Lo m谩s l贸gico para la democracia liberal es que hubiera estallado mucho antes (de una forma u otra) ante esta p茅rdida cabal de consenso social.

Ante la crisis de la democracia liberal, buena parte de nuestros sistemas pol铆ticos siguen funcionando de forma cl谩sica, novecentista digamos. Seguimos pensando en el partido como organizaci贸n de masas, en el sindicato como organizaci贸n de masas, pero ya ni los partidos ni los sindicatos son organizaciones de masas (tal vez un poco m谩s los sindicatos, pero no tienen la funci贸n ni la capacidad para llevar adelante las funciones que ten铆an en el pasado).

Hoy los partidos pol铆ticos tienen a muy pocos militantes, en muchos casos no tienen secciones en el territorio o tienen muy poca actividad territorial. La funci贸n de un partido pol铆tico de masas era hacer funcionar de manera sana una democracia fungiendo como una correa de transmisi贸n entre territorios e instituciones, es decir, canalizando las demandas, las reivindicaciones, las frustraciones de las poblaciones a trav茅s de los canales democr谩ticos. Evidentemente eso no funciona ya como funcionaba antes, y esto no es del todo una novedad.

Por 煤ltimo, como tercer elemento aparte de la reacci贸n econ贸mica y la reacci贸n cultural a la globalizaci贸n y de la crisis de la democracia liberal, creo que debemos tomar el rol de las percepciones sociales, una dimensi贸n que ha sido desatendida. Cuando una persona elige la boleta electoral lo hace en base a c贸mo percibe el estado integral de la sociedad en la que vive y participa. Quiero decir, hay mucha gente que percibe con preocupaci贸n e inclusive con temor las r谩pidas transformaciones que estamos viviendo en el mundo, y no me refiero solo a la pandemia o al peso de la guerra en Ucrania, sino tambi茅n a los cambios en el mundo del trabajo, con la inteligencia artificial y las nuevas tecnolog铆as, cambios que tambi茅n han impactado con fuerza en las 煤ltimas dos d茅cadas en el mundo de la comunicaci贸n y las relaciones personales.

Estamos en un mundo donde es muy dif铆cil prever qu茅 pasar谩 dentro de diez a帽os 鈥攅so la pandemia nos lo ha puesto bien en claro鈥, y este proceso trae aparejado un conjunto de sensaciones, temores y miedos que las extremas derechas han sabido interpretar y politizar.  Las extremas derechas han logrado utilizar el miedo para transmutarlo en odio. Evidentemente la gente tiene preocupaciones, tiene temores, que son m谩s que leg铆timos; eso es un hecho. Creo que ese es tambi茅n un elemento que explica por qu茅 las propuestas de las extremas derechas han conseguido en los 煤ltimos a帽os imponerse de forma cada vez m谩s habitual en los escenarios pol铆ticos de muchos pa铆ses en diferentes partes del mundo.

LF

Tu opini贸n sobre este 煤ltimo punto me recuerda que solemos leer autores que piensan el populismo justamente como una forma de catalizar esta contradicci贸n que nombras entre las 芦correas pol铆ticas de distribuci贸n禄 que cada d铆a son m谩s finas en democracia liberal.

El libro hace un an谩lisis bastante exhaustivo sobre los usos del del populismo como factor explicativo de la consolidaci贸n de la ultraderecha, dejando entrever una postura bastante clara acerca de las limitaciones de relacionar al populismo con la ultraderecha. 驴Por qu茅 tendr铆amos que evitar pensar a la nueva ultraderecha como un fen贸meno populista? 

SF

Sobre la cuesti贸n del populismo se vienen gastando r铆os de tinta desde los 煤ltimos quince a帽os al menos, y con tesis bien distintas. Por un lado, la noci贸n de populismo de Cas Mudde es sin dudas la m谩s extendida tanto a nivel acad茅mico como tambi茅n en la opini贸n p煤blica. Esta noci贸n entiende al populismo como una ideolog铆a delgada que se acopla a otras ideolog铆as, lo que explicar铆a por qu茅 hay populismos de izquierda y de derecha. En resumidas cuentas, nacionalismo m谩s populismo de derecha resultar铆a en ultraderecha, mientras que populismo m谩s socialismo resultar铆a en una extrema izquierda.

Tambi茅n hay otras interpretaciones de qu茅 es el populismo, como por ejemplo la de Ernesto Laclau, que entiende al populismo no como una ideolog铆a sino como un estilo, una pol铆tica, un lenguaje, una ret贸rica y una estrategia pol铆tica. Yo estoy m谩s de acuerdo con esta interpretaci贸n. Para m铆 el populismo no es una ideolog铆a porque no dispone de un corpus doctrinal; es un estilo de hacer pol铆tica y una ret贸rica y un lenguaje para comunicarla.

En ese mismo sentido, me parece m谩s acertado por ejemplo lo que proponen para el caso italiano y franc茅s Marc Lazar e Ilvo Diamanti cuando hablan de pueblocracia. Un concepto que remite a que, desde la crisis de los partidos pol铆ticos de las 煤ltimas d茅cadas, la pol铆tica se ha personalizado, los partidos pol铆ticos son cada vez m谩s ligeros, con menos estructura, con menos arraigo en el territorio, y la comunicaci贸n y el marketing son cada vez m谩s importantes.

Pensemos en la figura de Silvio Berlusconi. Estamos viviendo en una 茅poca donde pr谩cticamente todos utilizan un lenguaje, un estilo, una ret贸rica populista, lo que me hace pensar que m谩s bien tenemos que hablar de pueblocracia. Aqu铆 quiero a帽adir una reflexi贸n: si miramos las elecciones presidenciales de abril pasado en Francia, los tres candidatos m谩s votados 鈥擡mmanuel Macron, Marine Le Pen y Jean-Luc M茅lenchon鈥 han sido tachados de populistas. El primero de populista de extremo centro, la segunda de populista de ultraderecha y el tercera populista de extrema izquierda. Pero si todo es populismo, 驴de qu茅 nos sirve esa categor铆a? Entonces, volviendo al centro de la cuesti贸n, 驴es la extrema derecha populista? Yo creo que la extrema derecha utiliza las herramientas, la retorica, el lenguaje, el estilo populista鈥 al igual que lo utilizan otros actores.

Ahora bien, con qu茅 intensidad y con qu茅 efectividad utilizan al populismo depender谩 tanto del contexto como del momento, 驴Es la extrema derecha populista? S铆, pero estamos en un momento marcado por el populismo. Lo que quiero decir es que para entender a la extrema derecha el populismo nos sirve de forma m谩s bien relativa. Creo que el populismo nos sirve para entender m谩s bien nuestra actual 茅poca hist贸rica. En ese marco general, la extrema derecha utiliza de forma muy inteligente al populismo, pero el populismo es una caracter铆stica m谩s de la extrema derecha que de por s铆 no nos permite ni entenderla ni definirla.

LF

Adem谩s de la 芦cuesti贸n populista禄, el otro gran debate que desat贸 la expansi贸n de la ultraderecha en los 煤ltimos veinte a帽os fue de car谩cter historiogr谩fico, acerca de la vigencia o no del fascismo. En el libro propones desligar las nuevas ultraderechas del fascismo hist贸rico e incluso formulas una macrocategor铆a 鈥攓ue da nombre al libro鈥 la de 芦extrema derecha 2.0禄. 驴En qu茅 consiste esa propuesta?

SF

Mi propuesta no deja de ser un poco provocadora e ir贸nica. La definici贸n de extrema derecha 2.0 intenta superar un debate que me parece un poco cansino y que ya no aporta demasiado. La pregunta sobre c贸mo llamamos a los Trump, los Salvini, a Le Pen, las Meloni, los Milei, los Bolsonaro dio lugar a un sinf铆n de definiciones: derecha radical, populismo de derecha, posfascismo, neofascismo e incluso el fascismo a secas. Luego del asalto al Capitolio en los Estados Unidos se dispar贸 otra vez el debate sobre si el trumpismo es un fascismo. Adem谩s, ahora el propio Joe Biden ha hablado de 芦semifascismo禄 para referirse al trumpismo como movimiento. Sin dudas el debate va a seguir.

Ahora bien, yo creo que (y en esto hay un gran consenso en el mundo historiogr谩fico que ha trabajado el fascismo hist贸rico) lo que hay hoy en d铆a en ese tipo de personas y movimientos no es fascismo. Pero atenci贸n 鈥攜 esto es una premisa fundamental鈥 decir que Trump o Bolsonaro no son fascistas no quiere decir que no sean peligrosos para las democracias liberales y para el sistema democr谩tico. Yo creo, y no soy el 煤nico, desde luego, que las extremas derechas son hoy en d铆a la mayor amenaza a las democracias liberales, pero tambi茅n creo que son algo distinto al fascismo a pesar de que puedan tener elementos de continuidad que en algunos casos resultan evidentes.

Es decir, por un lado, la extrema derecha se ha transformado despu茅s de 1945, tanto a nivel organizativo como sobre todo a nivel ideol贸gico, con el surgimiento de figuras como Alain de Benoist y la Nouvelle Droite francesa. Pero por otro lado, el mundo tambi茅n ha cambiado. El fascismo fue hijo de su 茅poca: surgi贸 como ideolog铆a en 1919, se expandi贸 en la Europa de entreguerras y fue derrotado militarmente en 1945 por una alianza entre comunismo y liberalismo. Ese fascismo ten铆a una serie de caracter铆sticas centrales que las nuevas extremas derechas no tienen. Quiero decir, las extremas derechas son ultranacionalistas al igual que el fascismo hist贸rico; tambi茅n las nuevas extremas derechas utilizan elementos del populismo como el fascismo hist贸rico y tambi茅n son xen贸fobas, en algunos casos expl铆citamente y en otros impl铆citamente, de la misma forma en la que el fascismo hist贸rico fue racista.

Ahora bien, el fascismo hist贸rico, como se帽al贸 Emilio Gentile, fue una religi贸n pol铆tica. Las extremas derechas de hoy no lo son. Como remarc贸 Roger Griffin, el fascismo hist贸rico se propon铆a llevar adelante una revoluci贸n palingen茅sica para transformar radicalmente a sus sociedades por medio de la construcci贸n de un 芦hombre nuevo禄 para la edificaci贸n de una nueva sociedad a largo plazo. Ahora las extremas derechas no proponen la creaci贸n de un mundo radicalmente distinto al actual, sino que se rebelan contra las transformaciones r谩pidas del liberalismo, contra el 芦marxismo cultural禄 y contra una izquierda que identifican como hegem贸nica y a la que se帽alan como el germen de la destrucci贸n de las sociedades. As铆, lo que proponen las extremas derechas es volver a una noci贸n idealizada del pasado, algo que se aleja de la radicalidad revolucionaria del fascismo hist贸rico.

Por otro lado, el fascismo hist贸rico buscaba encuadrar a las masas en grandes organizaciones, una tarea pol铆tica clave para su 茅poca. Las extremas derechas de hoy solo buscan votantes. Les da exactamente igual que sean o no militantes de su partido. Las extremas derechas no organizan manifestaciones de masas como hac铆an Hitler, Mussolini, el integralismo brasile帽o o la falange espa帽ola, por poner algunos ejemplos.

Y la otra gran diferencia, sin dudas, es el rol de la violencia. El fascismo hist贸rico conceb铆a y utilizaba a la violencia como una herramienta pol铆tica clave para conseguir sus objetivos, entre los cuales estaba la creaci贸n de un r茅gimen pol铆tico unipartidista y totalitario. En cambio, las extremas derechas de hoy en d铆a no defienden la utilizaci贸n de la violencia pol铆tica 鈥攁 pesar de que su lenguaje s铆 es violento, y ese discurso genera que determinados sectores o colectivos de la sociedad s铆 sufran violencia, ya sea psicol贸gica o f铆sica鈥. De cualquier forma, la violencia de la nueva extrema derecha es mucho m谩s 芦indirecta禄. La nueva ultraderecha no promueve abiertamente la organizaci贸n de fuerzas paramilitares ni busca un r茅gimen de partido 煤nico. El gran ejemplo de lo que las nuevas extremas derechas buscan es llegar a un r茅gimen como el de Viktor Orb谩n en Hungr铆a, que no es una democracia plena pero tampoco un r茅gimen totalitario.

Entonces, m谩s que al fascismo hist贸rico las nuevas extremas derechas pueden ser m谩s bien pensadas como el resultado de m谩s de siete d茅cadas de transformaci贸n hist贸rica del fascismo y del neofascismo como ideolog铆a. En ese sentido, la b煤squeda de retorno a un pasado idealizado, la cr铆tica al multiculturalismo y la defensa de valores sociales ultraconservadores tiene su raz贸n de ser en las derivas del neofascismo luego de la segunda posguerra. En suma, es central entender que cuando hablamos de nuevas extremas derechas nos referimos a un fen贸meno singularmente nuevo. Entonces me parece equivocado, acad茅micamente hablando, llamar fascistas a Trump o a Bolsonaro, principalmente porque esto nos impide entender c贸mo funcionan, c贸mo se organizan, c贸mo piensan y qu茅 proponen sus formaciones pol铆ticas.

Cuando hablo de extrema derecha 2.0 busco remarcar que la nueva ultraderecha es algo diferente al fascismo, y en algunos casos radicalmente novedoso con respecto al fascismo hist贸rico. Sobre esto, quiero agregar, primero, el rol central de las nuevas tecnolog铆as, que han sido cruciales para la viralizaci贸n de las ideas, los discursos y los valores que defienden las extremas derechas. La idea de se帽alarlas como un fen贸meno 芦2.0禄 tiene que ver con eso. Por 煤ltimo, yo defiendo la utilidad anal铆tica de las macrocategor铆as que nos permiten agrupar a un n煤mero importante de experiencias como parte de una misma cosa. Por supuesto que entre Trump, Salvini y Orb谩n hay diferencias, matices y distintas declinaciones, pero son lugar a dudas m谩s las cosas que comparten.

La cuesti贸n de las macrocategor铆as tambi茅n nos lleva a un debate que se gener贸 鈥攜 que en parte sigue vigente鈥 acerca de la extensi贸n del fascismo de entreguerras. Hay una discusi贸n infinita acerca de si el franquismo fue o no un r茅gimen fascista o si fue, en cambio, un r茅gimen autoritario. Hoy en d铆a creo que, como se帽al贸 el historiador espa帽ol Ricardo Chueca, cada pa铆s da vida a la extrema derecha que necesita. Y la forma que adopte depender谩 del contexto social, de las culturas pol铆ticas, del pasado de ese pa铆s, de las experiencias autoritarias previas, etc茅tera. Entonces tanto Trump, como Orb谩n, Le Pen o Javier Milei son diferentes expresiones de lo que agrupo en la macrocategor铆a de extrema derecha 2.0.

LF

Nombraste a Viktor Orb谩n y al caso h煤ngaro, y me gustar铆a que entremos un poco en ese tema que en el libro tiene una centralidad descriptiva muy importante. 驴Qu茅 es lo que podemos aprender de lo que ocurri贸 en Hungr铆a y qu茅 nos dice sobre el ultraderechismo actual?

SF

Lo que el caso h煤ngaro nos muestra es qu茅 puede llegar a ocurrir cuando la ultraderecha no solo gobierna, sino cuando tiene una mayor铆a necesaria para realmente poner en pr谩ctica las pol铆ticas que defiende. Salvando todas las distancias, probablemente descubriremos si en Italia la extrema derecha logra hacer lo que Orb谩n en Hungr铆a, aunque es esperable que las instituciones italianas sean algo m谩s s贸lidas que las h煤ngares, pero aun as铆 eso no quita que Hungr铆a sea ahora el modelo a seguir de todo ultraderechista.

Budapest se ha convertido en el lugar de peregrinaje de las principales figuras de la ultraderecha a nivel global, y van principalmente para 芦aprender禄 como se hizo. No perdamos de vista que Hungr铆a no es una rep煤blica exsovi茅tica de Asia central, sino que es un pa铆s integrado a la Uni贸n Europea y miembro de la OTAN. Es decir que lo que vimos en Hungr铆a durante estos 煤ltimos doce a帽os fue el proceso, bastante r谩pido, de vaciamiento de la democracia liberal en un pa铆s del centro de occidente.

La Hungr铆a de Orb谩n se convirti贸 en modelo porque es el 煤nico pa铆s 鈥攁unque podr铆amos agregar a Polonia, con algunos matices鈥 donde la extrema derecha logr贸 gobernar por m谩s de un per铆odo. Aun m谩s, en Hungr铆a la extrema derecha no colabora en el gobierno, sino que tiene el poder casi sin contrapesos. Orb谩n tiene una mayor铆a absoluta, con los dos tercios necesarios para cambiar la constituci贸n. En ese sentido, para los ultraderechistas Hungr铆a es el para铆so. En Hungr铆a hay elecciones, los partidos de la oposici贸n existen, pero la libertad de presa est谩 coartada y nueve de cada diez medios de comunicaci贸n est谩n o directamente en manos del gobierno o son propiedad de oligarcas vinculados al Fidesz, el partido de Orb谩n. Las leyes se modifican a voluntad 煤nica del partido de gobierno y las circunscripciones electorales son legalmente manipuladas para asegurar que la matem谩tica parlamentaria no se modifique.

En cuanto a derechos civiles, por supuesto, el vaciado es notable. La reforma constitucional de 2011 consagr贸 que la 煤nica familia concebible es la que se basa en la uni贸n de un hombre y una mujer, buscando acorralar al colectivo LGBTQI+, lo que activ贸 una ola de medidas ultraconservadoras. La nueva constituci贸n se confirma en una serie de medias m谩s pr谩cticas, m谩s concretas, de d贸nde y para qu茅 se utiliza el dinero p煤blico que controla exclusivamente el gobierno de Orb谩n y donde la oposici贸n no cuenta con muchas herramientas para contradecirlo.

LF

En el libro abord谩s una tema que me resulta muy llamativo: la cuesti贸n de los rojipardos, que ser铆a una especie de sincretismo entre una variante de la izquierda y la adopci贸n de t贸picos popularizados por la ultraderecha. 驴Es un fen贸meno al que hay que prestarle atenci贸n o es solo una especie de construcci贸n medi谩tica?

ST

Es cierto que muchas veces se ven rojipardos por todos lados, principalmente desde los medios de comunicaci贸n europeos. Desde luego que por ahora es un fen贸meno minoritario, pero eso no significa que no sea un fen贸meno preocupante, paradigm谩tico de nuestra 茅poca de confusi贸n ideol贸gica, que adem谩s podr铆a progresar y tener m谩s relevancia en el futuro.

El rojipardismo no nace de un d铆a para el otro. Como m铆nimo podemos rastrear hasta los primeros a帽os de la Rep煤blica de Weimar, en la Alemania de 1919, algunos casos de supuesto sincretismo entre sectores del nacionalismo ultraconservador y sectores revolucionarios de izquierda. En este caso, lo que los uni贸 fue la cuesti贸n de la humillaci贸n de Alemania en el Tratado de Versalles, cuando la humillaci贸n nacional se conjug贸 con una profunda crisis econ贸mica. En general, el rojipardismo se refiere a buscar puntos de uni贸n que pueda juntar a los 芦extremos禄: la extrema derecha y la extrema izquierda. Con el pasar de los a帽os, principalmente en la pos-Guerra Fr铆a, encontramos diferentes casos minoritarios donde el sistema liberal y el orden unipolar estadounidense son criticados con una mezcla de discursos de derecha e ideas originales de la izquierda. El caso del surgimiento del Partido Nacional Bolchevique de Eduard Limon贸v y Aleksandr Duguin en el contexto de la Rusia de Yeltsin populariz贸 la idea de la existencia de los nazbols.

El tema del rojipardismo es bastante resbaladizo, pero lo que s铆 podemos decir es que el rojipardismo es el intento de sectores neofacistas de utilizar ropaje, ret贸rica, discursos y lenguajes izquierdistas o pseudoizquierdistas. De hecho, no es casual que si luego analizamos en profundidad algunas experiencias rojipardas, nos encontremos con disc铆pulos de la Nouvelle Droite francesa y de Alain de Benoist, o de gente que simplemente se familiariz贸 con esas ideas y las intent贸 trasladar a sus pa铆ses. En Espa帽a, por ejemplo, el grupo de Antonio Jopar y el Movimiento Social Republicano es una clara muestra de esto.

Por otro lado, el impulso del rojipardismo tambi茅n se relaciona con el impacto de las nuevas tecnolog铆as y las subculturas de la era digital. As铆 es que encontramos en internet cada vez m谩s grupos o grup煤sculos que viralizan ciertas ideas y encuentran en algunas plataformas el lugar adecuado para hacerlas circular. Hoy por hoy, el rojipardismo es principalmente adoptado por peque帽as revistas digitales y peque帽os partidos con poca o nula presencia callejera.

Ahora bien, si el fen贸meno del rojipardismo estuviera solo delimitado a esos grupos minoritarios ser铆a un problema muy relativo, y algo de inter茅s apenas para un investigador apasionado por las rarezas de la pol铆tica. Lo que pasa en realidad es que algunas de estas ideas rojipardas han ido superando las fronteras de esos peque帽os grupos, partidos, revistas y pensadores marginales para llegar de alguna manera a la escena mainstream. Es decir, que han logrado ganar influencia ya no solo dentro de los partidos de la nueva ultraderecha, sino tambi茅n en la centroderecha, en la centroizquierda y en algunos casos en la misma izquierda radical.

Pensemos, por caso, c贸mo la mal llamada 芦crisis de los refugiados禄 llev贸 a la adopci贸n por parte de la izquierda radical del discurso de la extrema derecha. La adopci贸n del discurso xen贸fobo por parte de la izquierda era validado con el extra帽o argumento de que el ingreso indiscriminado de migrantes iba a golpear a las clases trabajadoras mediante una reformulaci贸n totalmente impropia y equivocada de la formulaci贸n marxiana del 芦ej茅rcito industrial de reserva禄. Esto nos muestra un escenario preocupante donde lo que pod铆amos definir bajo el paraguas rojipardo ha empezado tambi茅n a superar sus propias fronteras.

LF

Este tema se relaciona con la pregunta habitual que emerge ante la consolidaci贸n electoral de la ultraderecha sobre si los trabajadores votan a la extrema derecha. En el libro planteas que hay un error en el mismo punto de partida de la pregunta y que debemos buscar una explicaci贸n multicausal al fen贸meno de la expansi贸n de la ultraderecha, que no contemple solamente la reconversi贸n de exvotantes socialistas y comunistas a opciones ultra conservadoras. Aun as铆, 驴pens谩s que no nos encontramos en un escenario de corrimiento hacia la derecha de los sectores populares?

SF

Bueno, si hablamos de sectores populares, la pregunta puede ser m谩s correcta. Yo creo, por un lado, que la inserci贸n de la ultraderecha en la clase obrera var铆a marcadamente de pa铆s en pa铆s, y eso es algo que no hay que perder de vista. Hay una serie de estudios que analizaron la situaci贸n de Francia en las d茅cadas de los ochenta y los noventa, cuando el Frente Nacional entr贸 con fuerza al sistema pol铆tico (como por ejemplo el polit贸logo Pascal Perrineau, que habl贸 de 芦lepenismo de izquierda禄, o Nonna Mayer, quien desarroll贸 el concepto de 芦lepenismo obrero禄). En lo personal, soy muy cr铆tico de la idea que propone que uno de los principales factores para explicar el aumento del ultraderechismo es el trasfuguismo de votantes de izquierda hacia la extrema derecha. Por supuesto es cierto que s铆 hay una parte de las clases trabajadoras que han pasado a votar consistentemente a la ultraderecha, pero creo que hay varios elementos que nos pueden ayudar a tener una comprensi贸n m谩s cabal de esto.

Primero, no podemos pensar mirando una fotograf铆a fija. Me refiero a que las clases populares tambi茅n han cambiado sustancialmente durante los 煤ltimos cincuenta a帽os, lo que hace in煤til mirar una imagen fija de una zona donde el Partido Comunista Franc茅s ganaba las elecciones en la d茅cada de 1970 y contrastarla con una donde ahora gana el lepenismo. Eso nos puede decir algo, pero seguramente no nos dice todo.

Para tener idea cabal de lo que ocurri贸 entre una fotograf铆a y la otra tendr铆amos que analizar cu谩l es el peso ahora de la clase trabajadora sobre el conjunto de la poblaci贸n despu茅s de a帽os de crecimiento del tercer sector, de los servicios; analizar tambi茅n el proceso de desindustrializaci贸n y adem谩s tomar en cuenta el hecho de que muchos de los hijos de los obreros de las d茅cadas de los sesenta y los setenta muy probablemente se convirtieron en clase media. Podemos debatir luego qu茅 es la clase media hoy en el mundo occidental, con condiciones de renta cada vez m谩s bajas en general, pero podemos decir casi sin duda alguna que una fracci贸n importante de ese sector de la poblaci贸n de origen obrero lleg贸 a la universidad y se insert贸 al mercado de trabajo en una posici贸n diferente a las de sus padres, a pesar de que esos trabajos sean hoy mal pagos y precarios.

Por otro lado, hay otro elemento que es clave: el de la abstenci贸n entre las clases populares. El nivel de abstenci贸n electoral ha ido incrementando sostenidamente al menos hasta los 煤ltimos a帽os. El trabajo de Mayer nos permite ver c贸mo la cuesti贸n no radica en que hayan crecido mucho los votantes de derecha de clase trabajadora en Francia durante los noventa, sino que una capa importante de trabajadores que votaban a la izquierda pasaron a la abstenci贸n. Entonces los obreros que ya votaban a la derecha crecieron porcentualmente, pero como resultado de la abstenci贸n, no del transfuguismo ideol贸gico.

Pero, adem谩s, esto nos muestra algo llamativo: muchas veces pensamos en una imagen idealizada del pasado en la que no hab铆a fracciones de la clase obrera que se referenciaban con alguna expresi贸n pol铆tica de la derecha. Hay que se帽alar que hubo sectores de la clase trabajadora que apoyaron fervientemente tanto al nacionalsocialismo alem谩n como al fascismo italiano cuando a煤n se celebraran elecciones en ambos pa铆ses. Siempre existieron sectores de la clase obrera que escog铆an opciones conservadoras y reaccionarias. Lo mismo puede decirse para los Estados Unidos y para Europa occidental.

Por 煤ltimo, si creo que hay un fen贸meno a remarcar, es el de la radicalizaci贸n de los votantes cl谩sicos de la derecha, del cl谩sico votante conservador que hoy elige a la ultraderecha. En el caso concreto de Italia, por ejemplo, el votante que quiz谩s eleg铆a a la democracia cristiana seguramente vot贸 por Berlusconi, y m谩s que seguramente votar谩 en las pr贸ximas elecciones por la Liga de Salvini o por Fratelli d鈥橧talia de Meloni, que ya no son una opci贸n conservadora tradicional sino una extrema derecha del nuevo milenio.

LF

Hacia el final del libro nos compart铆s unas series de reflexiones sobre qu茅 hacer ante el fen贸meno ultraderechista. Una de las observaciones que hac茅s es que las extremas derechas 2.0 tienen una cara m谩s 芦presentable禄 que las del neofascismo de la segunda mitad del siglo XX, y ah铆 me parece que el caso de Georgia Meloni es bastante representativo sobre el proceso de reconversi贸n de la ultraderecha hacia nuevos c谩nones de imagen y conducta m谩s o menos aceptables para la pol铆tica en general. En ese sentido, recuerdo tambi茅n que cuando Pablo Iglesias intent贸 presentar las elecciones auton贸micas de la comunidad de Madrid como una lucha antifascista el resultado no fue bueno. 驴C贸mo deber铆amos pensar el antifascismo en el siglo XXI?

SF

Hoy en d铆a tenemos que tener claro que, en general, hablar de 芦amenaza fascista禄 sirve de poco y nada para movilizar a gran parte del electorado. Puede ser que a Macron le haya funcionado hasta el momento presentarse a s铆 mismo como una 芦barrera contra el fascismo禄, pero no s茅 por cu谩nto tiempo m谩s ser谩 煤til para contener a la ultraderecha francesa. Creo que tenemos que tener en claro que si la ultraderecha ha logrado aggiornarse con un profundo proceso de actualizaci贸n ideol贸gica, tambi茅n es necesario que tanto la izquierda como el antifascismo hagan lo mismo.

No podemos vivir de una ret贸rica resistencial de la guerra partisana, del antifascismo que venimos repitiendo desde hace casi ochenta a帽os. Se necesita de un paso ulterior, donde se logre reformular un antifascismo del siglo XXI. Eso no quiere decir que debamos tirar por la borda una serie de valores, de vivencias y de pr谩cticas, sino que significa que estamos frente a la necesidad de actualizarlo para los nuevos tiempos que nos tocan.

Y se帽al茅moslo con claridad: la extrema derecha se ha normalizado porque ha entendido a partir de la d茅cada del setenta que ten铆a que emprender una 芦batalla cultural禄 a gran escala. Los ide贸logos de la nouvelle droite identificaron que la izquierda era culturalmente hegem贸nica en espacios muy amplios de la sociedad, y que luego de Auschwitz las ideas del fascismo estaban hechas a帽icos. Frente a esto, la ultraderecha se enfoc贸 a una lenta pero constante batalla cultural, reformulando su propuesta ideol贸gica y diferenci谩ndola del fascismo hist贸rico, resaltando y viralizando sus puntos de novedad y menguando el peso de lo que hered贸 del viejo fascismo.

Hoy en d铆a la extrema derecha en general no habla de racismo biol贸gico, sino de 芦etnopluralismo禄. La extrema derecha reconoci贸 que el racismo en t茅rminos biol贸gicos no es un argumento pol铆tico viable; pero, por otro lado, s铆 puede proponer que cada quien se quede en su pa铆s. Con el 芦etnopluralismo禄, la extrema derecha encontr贸 un nuevo relato en el que las sociedades multiculturales destruyen las identidades. Este cambio de narrativa es aceptado por muchas personas, inclusive mucho m谩s all谩 de los votantes de la ultraderecha. Popularizar esta idea le ha llevado a las usinas de pensamiento de la extrema derecha m谩s de cincuenta a帽os.

Otro ejemplo m谩s evidente sobre el trabajo ideol贸gico hecho con paciencia y constancia por el ultraderechismo ha sido la Teor铆a del Gran Reemplazo, que no comenz贸 ni con Trump ni con Le Pen, sino que existe con otros nombres hace pr谩cticamente casi un siglo (recordemos la difusi贸n de la teor铆a de conspiraci贸n Coudenhove-Kalergi durante los a帽os de entreguerras). Lo que ocurre es que durante los 煤ltimos diez a帽os presenciamos c贸mo esas ideas se hicieron mainstream, c贸mo aquellas ideas minoritarias gestadas en peque帽os s贸tanos neonazis son hoy discutidas y defendidas en los grandes medios de comunicaci贸n y aceptadas por buena parte de la clase pol铆tica.

Y en ese contexto, 驴qu茅 ha hecho la izquierda? 驴C贸mo se ha reconvertido luego de la ca铆da del socialismo real? Evidentemente se han hecho cosas, y muy importantes, pero los resultados de la renovaci贸n de los valores y pr谩cticas de la izquierda parecen estar todav铆a incompletos. Yo creo que lo que tenemos hacer y lo que tiene que hacer la izquierda es plantear cuanto antes una estrategia integral para dar la batalla cultural.

LF

Me gustar铆a abordar el tema de las elecciones en Italia. Estamos a solo unas horas de la votaci贸n, y lo que llamamos 芦nueva extrema derecha禄 se sit煤a por encima del 40% de los votos, una anomal铆a para la propia Europa occidental. 驴En qu茅 reside la potencia de la ultraderecha en Italia?

SF

La raz贸n por la que la ultraderecha italiana se destaca es debido en parte a que su normalizaci贸n se produjo antes que en otros pa铆ses. Existen muchos otros factores que influyeron en esto, pero a m铆 me parece que este es el elemento central. Es decir, gran parte de la ciudadan铆a italiana no percibe ni a la Liga y ni a Fratelli d鈥橧talia como una fuerza de extrema derecha comparable a otras que existen en otros pa铆ses vecinos. Por supuesto que existe una porci贸n de la poblaci贸n que s铆 es consciente de eso, pero una gran parte no. 驴Por qu茅? Porque la extrema derecha ha estado normalizada como m铆nimo desde los a帽os noventa, ha sido legitimada para ser fuerza de gobierno en el 谩mbito nacional y tambi茅n 鈥攏o perdamos esto de vista鈥 en el 谩mbito local, gobernando en municipios y regiones desde 1994.

Esto quiere decir que en Italia llevamos treinta a帽os con alguna variante de la extrema derecha ostentando alguna cuota de poder. Disfrutando de la visibilidad medi谩tica, aceptada por el resto del sistema pol铆tico y avalada por una porci贸n importante de la poblaci贸n. En este escenario, no es de extra帽ar que aunque cambien los actores 鈥擲alvini creci贸 exponencialmente en 2014 y ahora Meloni lo ha reemplazado鈥 la performance de la ultraderecha se mantenga alrededor del 40%. Esto ocurre porque hab铆a un terreno abonado que permite que el crecimiento de la extrema derecha a nivel internacional tenga un impacto superior en el escenario italiano.

Si la extrema derecha italiana se encuentra hoy donde est谩, es gracias a que el berlusconismo y Fuerza Italia no solo legitimaron y normalizaron a las extremas derechas llev谩ndolas al gobierno en los noventa, sino que ese sector cre贸 la idea de una gran coalici贸n de derechas en las que el ultraderechismo tambi茅n estaba invitado a participar. No es casual que hoy la ultraderecha se presente en tanto coalici贸n, compartiendo un espacio electoral con partidos pol铆ticos que si estuvieran en Francia ser铆an aliados de Macron.

A su vez, los medios de comunicaci贸n presentan este tipo de coaliciones como de 芦centroderecha禄, aunque de centro ah铆 no haya absolutamente nada. En resumen, la historia de la potencia de la extrema derecha italiana es el correlato de un largo proceso de d茅cadas de normalizaci贸n y de legitimaci贸n de esas fuerzas pol铆ticas como algo que no es ni extremista ni radical, sino 鈥攃omo le gusta decir a Salvini鈥 芦de sentido com煤n禄.

LF

驴Crees que, si se confirma la victoria categ贸rica de la extrema derecha que auguran las encuestas, Italia podr铆a comenzar un proceso de iliberalizaci贸n democr谩tica? 驴O se procurar谩 evitar que un pa铆s de peso en la regi贸n caiga en esa espiral? Pienso, por ejemplo, c贸mo durante la crisis del euro la burocracia de Bruselas puso mucho 茅nfasis para que Italia no caiga en bancarrota, lo que signific贸 una especie de despertar acerca de que toda crisis debe tener un l铆mite. 驴Una victoria de la ultraderecha en Italia podr铆a significar una especie de despertar de la Uni贸n Europea sobre el peligro que significa la popularizaci贸n del ultraderechismo?

LF

Bueno, lo que es seguro es que Italia no es Hungr铆a. Es la tercera econom铆a de la Uni贸n Europea y un pa铆s del G7. Italia es, adem谩s (no perdamos esto de vista), el pa铆s que m谩s se ha beneficiado con el programa Next Generation EU, que le otorga pr谩cticamente 200 mil millones de euros a desembolsar hasta 2026. Y eso no es un dato menor.

Tambi茅n ser谩 clave si el resultado le otorga una mayor铆a simple o una mayor铆a calificada de dos tercios del parlamento. Una extrema derecha con la capacidad total para imponer su programa 鈥攁l menos desde los n煤meros鈥 s铆 abrir铆a la posibilidad para una 芦v铆a h煤ngara禄 en Italia. Ahora bien, para que esto efectivamente ocurra se tiene que conjugar la situaci贸n local con la internacional, en la que guerra de Ucrania y la relaci贸n con Rusia es un factor important铆simo. En ese sentido creo que lo m谩s probable es que un gobierno de ultraderecha en Italia adquiera un perfil 芦europe铆sta禄, sintonizando m谩s con la ultraderecha polaca que con la h煤ngara. Para un gobierno de ultraderecha en un pa铆s del occidente europeo, una postura 芦atlantista禄 es mucho m谩s probable que una sinton铆a plena con la Rusia de Putin, como es el caso de Orb谩n. No hay que olvidar que Meloni es una aliada del Prawo i Sprawiedliwo艣膰 (PiS) polaco, y que comparten el grupo de Conservadores y Reformistas en el Parlamento Europeo junto a Vox.

Ahora bien, 驴qu茅 quiere decir que para la ultraderecha italiana sea m谩s probable un 芦escenario polaco禄 que un 芦escenario h煤ngaro禄? B谩sicamente, eso significa que una Italia gobernada por la ultraderecha no cambiar谩 de posici贸n sobre la guerra de Ucrania o sobre su pertenencia a la OTAN, aunque conjugar谩 eso con una ret贸rica ultranacionalista y tirar谩 de la cuerda lo m谩s que se pueda en las cuestiones que ata帽en a la profundizaci贸n de la integraci贸n europea. Miremos el caso polaco: el gobierno del PiS a veces ha hecho reformas que han sido duramente criticadas por la Uni贸n Europea, pero el gobierno polaco jam谩s ha cruzado ninguna 芦l铆nea roja禄. Cuando sus medidas de gobierno fueron criticadas, o bien las retir贸 o bien mengu贸 su car谩cter, supeditando la pureza ideol贸gica a la continuidad de los fondos europeos. Creo que este escenario es el m谩s probable si la ultraderecha se impone en Italia.

LF

Para terminar, quisiera que pasemos un poco al escenario latinoamericano. Estamos a pocos d铆as de una elecci贸n clave en Brasil, en la que todo indica que Bolsonaro ser谩 derrotado, pero donde tambi茅n surgen algunos interrogantes sobre su reacci贸n, teniendo en cuenta algunas declaraciones preocupantes y con el antecedente la toma del Capitolio en los Estados Unidos.

驴Pens谩s que hay una posibilidad real de que estas extremas derechas afronten la empresa de una ruptura del orden democr谩tico y del estado de derecho ante una derrota electoral? Si eso sucediera, 驴mutar铆a el concepto de estas extremas derechas 2.0, que al menos en teor铆a se apegan a la legalidad del estado de derecho? 驴Las transformar铆a en otro tipo de fen贸meno?

SF

Es un escenario posible el de una 芦toma del capitolio禄 en Brasil. En el caso de Brasil existe una movilizaci贸n del ej茅rcito que hace que no podamos descartar un escenario de violencia ante una derrota electoral. Seguramente lo primero que har谩 Bolsonaro 鈥攜 que estar谩 haciendo en este mismo momento鈥 es deslegitimar el proceso electoral lo m谩s que se pueda. Esto es una caracter铆stica de la ultraderecha en general, y con el caso de Trump ha quedado bien en claro. Esa carta ser谩 utilizada por Bolsonaro. Si luego de esto habr谩 o no un asalto definitivo es algo que no podemos saber.

Con respecto a la segunda parte de la pregunta, es 煤til recordar que las categor铆as est谩n hechas para interpretar el mundo, y no al rev茅s. Seg煤n las cosas cambien, tambi茅n nos tocar谩 revisar y repensar las categor铆as. Cuando hablamos de fascismo hist贸rico hablamos de un fen贸meno que tiene un principio y un final. Pero hoy nos encontramos en medio de un work-in-progress en lo que refiere a la extrema derecha. Es un fen贸meno en plena mutaci贸n, que se transforma a cada momento. El fascismo mismo tambi茅n se transform贸: el fascismo de Mussolini tiene poco que ver con la fundaci贸n del movimiento fascista, y el programa de ese movimiento tambi茅n difiere de lo que fue el fascismo como r茅gimen en el poder. Esto se debe a que el fascismo tuvo que pactar con las 茅lites de su tiempo, con los sectores cl谩sicos del conservadurismo y lidiar con una situaci贸n internacional cambiante.

Necesitamos todav铆a tiempo para ver lo que pasar谩 con las extremas derechas de hoy, qu茅 hacen si gobiernan sostenidamente, y c贸mo son influidas por el contexto internacional. Estaremos atentos.

Fuente: https://jacobinlat.com/2022/09/22/la-extrema-derecha-vino-para-quedarse/

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Fuente: Asociaciongerminal.org