February 19, 2021
De parte de El Topo
127 puntos de vista


驴Cu谩nto gana la industria del miedo? 驴Qu茅 esconden esos largos pasillos enmoquetados? 驴Qu茅 secretos encubren las hermosas habitaciones de los hoteles?

El trabajo de las camareras de piso nunca ha sido f谩cil pero, ahora, a causa de la pandemia, hemos sufrido a煤n m谩s las consecuencias de las injustas condiciones laborales de las que somos objeto. El despegue paulatino hasta el fin de la pandemia de la hosteler铆a no puede realizarse sin tener en cuenta la calidad laboral de este colectivo, raz贸n por la cual es fundamental alcanzar las conciencias de toda la ciudadan铆a.

Las camareras de piso somos las mujeres que limpiamos las habitaciones de los hoteles o de cualquier alojamiento tur铆stico. Nuestra profesi贸n es un ejemplo de machismo, pues en su totalidad somos mujeres. Nuestro trabajo se asocia a las tareas de cuidado y limpieza, trabajo que las mujeres han desempe帽ado tradicionalmente en sus casas: un trabajo manual, sucio y pr谩cticamente invisible. Esas mismas condiciones son las nuestras pero ocultas dentro de magn铆ficos establecimientos de lujo.

Es una discriminaci贸n absoluta de g茅nero, un maltrato por ser mujer pobre, porque te toca, porque es tu naturaleza, porque te pertenece. Hemos determinado que lo impagable debe ser gratis, como el aire, o de bajo coste, como el agua, y es ese convencimiento de que la limpieza y los cuidados han sido siempre gratuitos que no est谩n dispuestos a ofrecer salarios y condiciones dignas. Incumplen los convenios, incumplen la ley de riesgos laborales e incumplen el derecho al reconocimiento de las enfermedades profesionales.

A pesar de que tenemos un trabajo, vivimos precariamente, bajo la amenaza constante de caer en la exclusi贸n social en cualquier momento. Todas hemos sentido angustia por el miedo a ser despedidas.

No es una profesi贸n de paso para nosotras, como ocurre en otros sectores de la hosteler铆a, nosotras somos en su mayor铆a las 煤nicas proveedoras de la unidad familiar, es nuestra responsabilidad el sostenimiento econ贸mico de nuestros hogares, generalmente con hijos a nuestro cargo. En mis diecinueve a帽os como camarera de piso he podido observar que toda la diversidad de colectivos feminizados y altamente vulnerables confluyen en los hoteles. Es por esta causa que soportamos penurias y muchas tensiones.

No entender esta realidad es lo que ha posibilitado la ceguera moral, la indiferencia, pues la sociedad no entiende por qu茅 soportamos las p茅simas condiciones laborales de las que somos objeto. El agradecimiento a un nuevo modelo de vida, la ilusi贸n a la que nos aferramos cuando iniciamos nuestro primer encuentro como camareras de piso es lo que nos hace ser condescendientes con las condiciones miserables en las que nos tienen. El abuso de autoridad, las amenazas, el chantaje, el acoso horizontal y vertical, promovido y ejecutado tanto por gobernantas como permitidos por la direcci贸n, convierten lo que parec铆a ser un faro de esperanza en la noche oscura, en una tormenta perfecta en la que se ahogan todas las ilusiones, y lo que parec铆a ser una liberaci贸n se convierte en esclavitud. Aprendes a callar y a pisotear; a ver competidoras en vez de compa帽eras para no caer de la lista de las preferidas; a realizar m谩s habitaciones que el resto para asegurarte ese sueldo que te aleja de la miseria; a entrar de lleno en el c铆rculo vicioso de la explotaci贸n laboral. La realidad es que somos subyugadas por mujeres, amenazadas por mujeres, decepcionadas por mujeres, maltratadas por mujeres, envueltas en rumores por mujeres y silenciadas por mujeres; vasallas del lucro m谩s miserable, pues han cambiado el dejar de hacer camas por una fusta despreciable.

Cada mujer tiene su propia historia y ha tenido la necesidad imperiosa de callar, de trabajar muy duro y de someterse a reglas impuestas, dolosas y carentes de derechos, para proteger el bienestar de su familia, para mantener un precario puesto de trabajo del que prescinden en cualquier momento y sin ninguna justificaci贸n. Igualmente queremos encerrar aqu铆 a gobernantas y coordinadoras, pues son esclavas del sistema, con la diferencia de que ellas nos miran de frente y nosotras, normalmente, agachamos la mirada.

La explotaci贸n laboral consiste en recibir un pago inferior al trabajo que se realiza. Existe explotaci贸n laboral cuando se trabajan jornadas seguidas sin descanso, cuando se trabajan m谩s horas de las estipuladas en el convenio y cuando se trabaja a destajo.

Primer punto aclaratorio: nosotras trabajamos por horas, no por n煤mero de habitaciones realizadas, pero nos obligan, bajo la amenaza del despido, a terminar el control de habitaciones impuesto arbitrariamente, y a no marcharnos hasta finalizarlas, sin que se nos abone ese tiempo, regalando miles de horas extras a la empresa.

La sobrecarga laboral establecida en estos controles diarios de trabajo es tan grande que nos vemos forzadas a automedicarnos, a trabajar drogadas, para poder soportar el dolor y mantener el mismo ritmo fren茅tico durante toda la jornada.

Bajo el paradigma de la flexibilidad, el de contratos parciales y eventuales, se esconden grandes fuentes de pobreza. Estas contrataciones at铆picas y fraudulentas que sufrimos son la base de nuestra precariedad laboral, significando esta la ausencia de seguridad en lo que se refiere al contrato laboral, es decir, no saber si ma帽ana ir茅 o no a trabajar.

El problema de la precariedad no es solamente econ贸mico, es pol铆tico. Esta realidad no solo es por causa de la globalizaci贸n: somos las perdedoras de la lucha pol铆tica, del poder del capital frente al trabajo. La precariedad conlleva la ausencia de derechos laborales y sociales porque esta contrataci贸n elimina las normas, debido a muchas razones, pero uno de los motivos principales es el desconocimiento, pues la mayor铆a de las trabajadoras precarias desconocen los convenios regionales y la normativa sobre riesgos laborales.

La feminizaci贸n sistem谩tica de la pobreza no deber铆a provocarnos, adem谩s, graves problemas de salud. Somos mujeres j贸venes con una salud muy comprometida. A los 3 a帽os empezamos a padecer alg煤n trastorno musculoesquel茅tico, a los 15 a帽os est谩 demostrado que tenemos graves lesiones dorsolumbares: cr贸nicas, incurables e incapacitantes. Es una evidencia que sufrimos el mayor 铆ndice de incapacidades temporales y totales por lesiones dorsolumbares y trastornos musculoesquel茅ticos del sector de la hosteler铆a. Todas estas bajas m茅dicas las soporta la Seguridad Social, cuando son claras dolencias derivadas del trabajo, que deber铆an ser atendidas por las Mutuas de las empresas. Tenemos reconocidas algunas enfermedades profesionales (hombro, brazo, mu帽eca y dedos) pero no se han tomado siquiera la molestia de incluirlas en el R.D 1299/2006 del 10 de noviembre, el cual regula las enfermedades profesionales. Cuando acudimos a la Mutua con dolencias dorsolumbares ni siquiera nos atienden, nos env铆an al m茅dico de cabecera, y es as铆 como avanzamos en un largo periplo hasta los tribunales m茅dicos, siempre con cargo a la Seguridad Social. Que no tengan en cuenta los niveles de lesiones laborales es un dato m谩s de la precariedad laboral que soportamos.

Si no se hace prevenci贸n en camareras sanas no se solucionar谩 este problema. La mayor parte de las enfermedades profesionales se podr铆an evitar modificando los procesos productivos. Los efectos de la excesiva carga de trabajo que nos obliga a trabajar a un ritmo lacerante, no son solo f铆sicos, emocionalmente nos destroza, porque al obligarnos a callar bajo la amenaza del despido no solo nos quiebran las v茅rtebras, tambi茅n el alma.

La ausencia de reacci贸n ante este sufrimiento es anclarse en la ceguera moral.

La destrucci贸n de la vida de un extra帽o sin la menor duda de que cumples con tu deber y de que eres una persona moral, es maldad.

Cuando un hotel se rinde o se entrega completamente a esa maldad; cuando solo teme quedar rezagado respecto a sus competidores; cuando ni por un momento duda de que las personas no son m谩s que unidades estad铆sticas; cuando la excusa es 芦nada personal, solo negocios禄, ha perdido toda sensibilidad moral.

En Espa帽a hay unas 200 000 camareras de piso trabajando a contrarreloj y constituimos del 30% al 40% de la plantilla. Cambiar la organizaci贸n de nuestro trabajo radicalmente, como algunos proponen, es no tener conocimiento de a qui茅n nos enfrentamos, pues tras los requerimientos que la Inspecci贸n de Trabajo realiza aparece un nuevo mercantilismo vestido de piel cordero, los llamados programas de asignaci贸n de habitaciones por puntos y, bajo el manto de nuestra nuestra salud, lo que hacen es optimizar nuestro trabajo, pero no disminuy茅ndolo, sino poni茅ndonos al l铆mite todos los d铆as. Son comerciales, vendedores, que sin los conocimientos necesarios intervienen en la organizaci贸n del trabajo sin contar con ning煤n profesional de la salud ni de la seguridad.

La soluci贸n es muy sencilla. Ninguna camarera debe realizar m谩s de 15 habitaciones y nunca sobrepasar las 12 si fuesen todas de salida (habitaciones est谩ndar: 25 m虏, 2 personas). Con esta medida se acabar铆a con la carga excesiva de trabajo y con las altas tasas de lesiones laborales. La disculpa empresarial es que ning煤n organismo ha reglamentado nada al respecto, como es el n煤mero m谩ximo de habitaciones o metros a limpiar. La media de habitaciones que hacemos es de 18 en ciudad y 24 en la costa, una aut茅ntica barbaridad.

Este trabajo excesivo est谩 siendo permitido bajo el m谩s absoluto cinismo, siendo todos los actores conocedores de esta situaci贸n. No queremos m谩s hipocres铆a de los grupos pol铆ticos ni de los sindicatos que se unen a los intereses de empresarios y patronales del sector.

Otro grave problema de explotaci贸n laboral y causante de la feminizaci贸n de la pobreza es la externalizaci贸n del departamento de piso, siendo m谩s real lo que nosotras calificamos como 芦cesi贸n ilegal de trabajadoras禄. La externalizaci贸n impide que las camareras puedan pertenecer a los comit茅s de empresa de los hoteles y con ello a la defensa de sus derechos laborales; difumina las responsabilidades contractuales pues estas empresas multiservicios se rigen por convenios internos muy por debajo de lo que marca el convenio de hosteler铆a, e impide que el Ministerio de Trabajo logre acotarlas y controlarlas, pues aparecen como limpiadoras y no como camareras de piso.

La externalizaci贸n impone una mayor carga de trabajo con un coste econ贸mico a煤n m谩s bajo.

As铆 que de manera clara y rotunda se puede afirmar que sufrimos condiciones laborales muy precarias en una industria que bate r茅cords en beneficios, cuyo nivel de endeudamiento no es preocupante y las cuales siguen manteniendo un fuerte m煤sculo financiero. Esos grandes beneficios que generan est谩n basados en el miedo que infligen y es la explotaci贸n de mano de obra barata y femenina la que maximiza sus ganancias. Esto ocurre a nivel internacional, es una pandemia oculta.

La brecha salarial es tan desproporcionada que a una camarera de pisos en Tailandia le llevar铆a 14 a帽os ganar lo que en un solo d铆a obtiene el director general de la cadena, seg煤n afirma Oxfam Interm贸n.

En Espa帽a, por cada 100 鈧 que el hotel gasta en una camarera, le aportamos como m铆nimo 1 478鈧. Multipliquen por 200 000 camareras al d铆a solo en Espa帽a.

No es de extra帽ar que incluso en esta pandemia no dejen de construir nuevos hoteles y de invertir en nuevos establecimientos. Con el mismo ah铆nco que construyen se esfuerzan por hundir nuestras condiciones laborales. Cu谩nta avaricia, ambici贸n y mezquindad.

Desde la asociaci贸n Kellys Uni贸n Sevilla promovemos que las mujeres se sindicalicen y se presenten a las listas de elecciones sindicales, para que luchen desde los comit茅s de sus empresas y sean ellas mismas las que ganen sus propias batallas. Formarlas y capacitarlas para que ejerzan con dominio ese cometido es uno de nuestros objetivos porque resistir a la direcci贸n de la empresa y al clima de miedo que imponen no es sencillo, pero los peligros de permanecer inm贸viles son mayores que el miedo.

Trabajamos para que los pol铆ticos, empresas y la ciudadan铆a de a pie de-
sempe帽en un papel importante para poner fin a la explotaci贸n laboral de muchas mujeres y se nieguen a pagar un hospedaje en hoteles donde la calidad laboral no se cumpla.

Reivindicamos que se reconozca el 谩mbito de las camareras como 芦insalubre禄 en t茅rminos laborales, que se incluya el concepto de penosidad y que se ajusten los a帽os de cotizaci贸n para una jubilaci贸n anticipada en cooperaci贸n con otras asociaciones de camareras, conformando la Plataforma Estatal de Camareras de Piso, para alcanzar los Ministerios de Trabajo y Seguridad Social, responsables de ejecutar las leyes y cambiar nuestras condiciones laborales.

Todos estos trabajos precarios tienen un denominador com煤n: la invisibilidad. Realizamos nuestro trabajo cuando nadie nos ve y esa falta de p煤blico nos destierra al olvido y a la cosificaci贸n, porque nadie recuerda nuestros nombres, ni nuestros rostros, convirti茅ndonos en simples herramientas, en mujeres carentes de alma, que ni sienten ni padecen. Es necesario poner l铆mites al capitalismo haciendo visible nuestra situaci贸n por lo que tambi茅n trabajamos con otros colectivos feminizados para poner en valor nuestra labor y sacar a la luz las condiciones precarias a las que nos enfrentamos por ser mujeres pobres o en minor铆a.

Por

Esther Salinas

Portavoz de Kellys Uni贸n Sevilla




Fuente: Eltopo.org