July 8, 2021
De parte de La Haine
71 puntos de vista


En homenaje a este infatigable investigador de cuestiones pol铆ticas contempor谩neas y buen amigo de La Haine, publicamos este texto.

No es el supuesto cambio de paradigma lo que caracteriza la situaci贸n creada a ra铆z de la crisis y posterior derrumbe del 芦campo socialista禄. Al contrario, la contraposici贸n entre paradigma de la redistribuci贸n (cuyo int茅rprete ser铆a el movimiento obrero) y paradigma del reconocimiento (cuya primera encarnaci贸n ser铆a el movimiento feminista) es m谩s bien el indicador del cambio real producido.

Para comprenderlo no hay que perder de vista un aspecto que he se帽alado varias veces. Los sujetos de la lucha de clases son varios, y las luchas por el reconocimiento y la emancipaci贸n son m煤ltiples. Entre ellas no hay una armon铆a prestablecida: por razones objetivas y subjetivas puede haber incomprensiones y divisiones. Los momentos m谩s altos de la historia que se inici贸 con el Manifiesto del partido comunista son aquellos en que se evit贸 la fragmentaci贸n, de modo que las distintas luchas confluyeron en una sola y poderosa ola emancipadora.

Pero esta situaci贸n es m谩s bien excepcional. Por avanzada que sea, no hay lucha de clases que no pueda ser manipulada por el poder para incluirla en el 谩mbito de un proyecto global de signo conservador o reaccionario. No es ning煤n fen贸meno nuevo, pero se acentu贸 y adquiri贸 un nuevo valor cualitativo a ra铆z del desencanto por el resultado de las revoluciones del siglo XX y la consiguiente desorientaci贸n te贸rica.

Disraeli extendi贸 el sufragio a las clases populares y promovi贸 as铆 su emancipaci贸n pol铆tica, pero lo hizo a cambio de su respaldo a la pol铆tica de expansi贸n colonial de Inglaterra. Fue una maniobra exitosa: Marx y Engels tuvieron que reconocer que hasta la clase revolucionaria por excelencia, el proletariado, puede sucumbir a la seducci贸n de la sirena colonialista. Hoy este fen贸meno, con el neocolonialismo y el 芦imperialismo de los derechos humanos禄 鈥揷omo lo llama, entre otros, un polit贸logo estadounidense que presta especial atenci贸n a las razones de la geopol铆tica鈥, est谩 mucho m谩s acentuado (Huntington 1997, p. 284). El pa铆s opresor y agresor puede envolver f谩cilmente en una niebla mistificadora la violencia que ejerce sobre el pa铆s oprimido y agredido.

Pero esta no es la 煤nica causa de la fragmentaci贸n de la lucha de clases. Echemos un vistazo a su tercer frente, es decir, al movimiento de emancipaci贸n femenina. El movimiento obrero reclam贸 durante mucho tiempo la extensi贸n de los derechos pol铆ticos a las mujeres como parte integrante del proyecto de derrocamiento o superaci贸n del antiguo r茅gimen capitalista. En 1887 Eleanor Marx, cuando aborda junto con su marido Edward Aveling la 芦cuesti贸n femenina禄 y reclama los derechos pol铆ticos para las mujeres, adem谩s de comparar la 芦opresi贸n禄 y la 芦humillaci贸n禄 de las mujeres con las que sufren los obreros, a帽ade que 芦las relaciones entre hombres y mujeres禄 son la expresi贸n m谩s clara y repugnante de la 芦cruel bancarrota moral禄 de la sociedad capitalista como tal (Marx-Aveling, Aveling 1983, pp. 16 y 13).

En la misma 茅poca hay exponentes o ide贸logos de las clases dominantes que sopesan el sufragio femenino desde una perspectiva pol铆tica y social completamente distinta, e incluso opuesta. El sufragio femenino, sugiere un autor franc茅s, podr铆a ser 芦la mayor reserva conservadora禄. S铆, tanto en Europa como en Estados Unidos se invoca a menudo el voto de las mujeres como contrapeso de la temida influencia pol铆tica de las masas populares debido a la relajaci贸n de la discriminaci贸n censitaria (Losurdo 1993, cap. 6, 搂 3).

En otras palabras, vemos que el poder dominante usa la lucha de clases y por el reconocimiento protagonizada por las mujeres para neutralizar o combatir la lucha de clases y por el reconocimiento promovida por las clases populares. Tambi茅n se puede crear otra situaci贸n: a comienzos del siglo XX, en un pa铆s como Gran Breta帽a, no faltaron las mujeres que apoyaron con entusiasmo el expansionismo colonial y asumieron el papel de 芦Cruzadas del Imperio禄, ni faltaron feministas que reivindicaron la emancipaci贸n de las mujeres en nombre del lugar que les correspond铆a, justamente, en la construcci贸n del Imperio (Callaway, Helly 1992 y Burton 1992). En este caso el movimiento de emancipaci贸n de las mujeres choca con el movimiento de emancipaci贸n de los pueblos colonizados.

Todas estas contradicciones, que reflejan una compleja situaci贸n objetiva (cuando no son el resultado de los manejos del poder), solo en ocasiones especiales, gracias a convincentes s铆ntesis te贸ricas o a la influencia de grandes revolucionarios o de proyectos revolucionarios maduros, se resuelven y desembocan en la unidad, no sin oscilaciones y dificultades de todo tipo. Durante la primera guerra mundial, Lenin, por un lado, emplaza al proletariado de Occidente a levantarse contra la burgues铆a y transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria, y por otro saluda las luchas y las guerras de liberaci贸n nacional de los 芦pueblos coloniales禄 y los 芦pa铆ses oprimidos禄 en general, y llama la atenci贸n sobre la permanente condici贸n de 芦esclava dom茅stica禄 a la que est谩 sometida la mujer (LO, 23; 31 y 70), excluida de los derechos pol铆ticos junto con los 芦pobres禄 y 芦el estrato inferior propiamente proletario禄 (LO, 25; 433 y LO, 22; 282). En este caso s铆 convergen los tres frentes de la lucha de clases.

Con cerca de un decenio de diferencia, a partir de las 谩reas rurales, Mao (1969-1975, vol. 1, pp. 41-43) promueve una revoluci贸n que, en el 谩mbito de una profunda renovaci贸n nacional y social de China, tambi茅n cuestiona 芦el poder marital禄, la otra 芦gruesa cuerda禄 que llevan las mujeres al cuello adem谩s de las que estrangulan al conjunto del pueblo chino. Otras veces la unificaci贸n de los frentes de la lucha de clases resulta m谩s dif铆cil.

Ciertamente, tambi茅n para Frantz Fanon 芦la libertad del pueblo argelino se identifica [鈥 con la liberaci贸n de la mujer, con su ingreso en la historia禄. No es una mera declaraci贸n de principios. Con su participaci贸n activa en la guerrilla, la mujer deja de ser una 芦menor禄, pues esta participaci贸n cuestiona la segregaci贸n sexual y el 芦tab煤 de la virginidad禄; en todo caso, 芦el viejo miedo a la deshonra resulta completamente absurdo comparado con la inmensa tragedia del pueblo禄 (Fanon 2007, pp. 94-96). Pero no conviene perder de vista otro aspecto de la cuesti贸n:

Los responsables de la administraci贸n francesa en Argelia, nombrados para destruir la originalidad del pueblo, encargados por las autoridades de disgregar a toda costa unas formas de existencia capaces de evocar con m谩s o menos fuerza una realidad nacional, centran al m谩ximo sus esfuerzos en el uso del pa帽uelo, entendido en este caso como s铆mbolo de la condici贸n de la mujer argelina [鈥. La agresividad del ocupante, y por lo tanto sus esperanzas, se multiplican a punto de desvanecerse con cada rostro descubierto [鈥. Con cada pa帽uelo quitado, es como si la sociedad argelina aceptara ingresar en la escuela del amo y cambiar sus costumbres bajo la direcci贸n y con el patrocinio del ocupante (Fanon 2007, pp. 40 y 44-45).

En un contexto objetivo bien determinado, la liberaci贸n nacional, al menos en lo inmediato, puede entrar en conflicto con la emancipaci贸n de la mujer. Este riesgo ha aumentado claramente hoy en Oriente Pr贸ximo donde, tras la crisis de comunismo y el marxismo, son los partidos de orientaci贸n religiosa los que llevan las riendas de los movimientos de liberaci贸n y resistencia nacional. En el pasado, las potencias coloniales (incluyendo la Italia de Mussolini) promovieron su expansi贸n en nombre de la emancipaci贸n de la esclavitud, todav铆a vigente en 脕frica, pero impusieron el trabajo forzado con formas a煤n m谩s odiosas y no a una clase determinada, sino al conjunto de la poblaci贸n ind铆gena.

Hoy en d铆a el proyecto neocolonialista a veces levanta, no sin 茅xito, la bandera de la emancipaci贸n de la mujer, pero no para atacar a pa铆ses como Arabia Saud铆 鈥揹onde la segregaci贸n y la esclavitud dom茅stica de la mujer persisten en su forma m谩s r铆gida y obtusa鈥, sino a pa铆ses que se rebelan contra Occidente como Ir谩n, donde las discriminaciones contra las mujeres, aunque siguen siendo fuertes y odiosas, han disminuido de forma considerable (las muchachas constituyen la mayor铆a de la poblaci贸n universitaria y gozan de una notable movilidad social).

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Fuente: Apartado 4 del cap铆tulo XI del libro de Domenico Losurdo La lucha de clases. Una historia pol铆tica y filos贸fica.

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Fuente: Lahaine.org