December 5, 2022
De parte de Trochando Sin Fronteras
249 puntos de vista

En ese momento se estaba, como ahora, a las puertas de una enorme recesi贸n mundial, y el capital arreciaba en la intensificaci贸n de la explotaci贸n contra el proletariado. La alta inflaci贸n hab铆a reducido el m铆sero salario de los trabajadores que, sometidos a un r茅gimen de trabajo a destajo, laboraban durante extenuantes jornadas antes de volver a los cuartos repletos de literas con chinches de la compa帽铆a bananera. De su salario de hambre les descontaban el dos por ciento para una prestaci贸n de salud que no recib铆an y adem谩s deb铆an pagar por dormir en esos ranchos insalubres que carec铆an de ventilaci贸n, agua potable, duchas o letrinas. El estado sanitario de la zona era a煤n peor que el del resto del pa铆s, lo que provocaba que abundara el paludismo, la anemia, la tuberculosis y todo tipo de enfermedades causadas por par谩sitos y deficiencias nutricionales.

Cuatro de los nueve puntos del pliego de reivindicaciones 鈥攕eguro colectivo; indemnizaci贸n por accidente de trabajo; lugares de alojamiento higi茅nicos y descanso dominical, y hospitales y medidas sanitarias en los campos鈥 ten铆an que ver con mejoras en las condiciones higi茅nicas y sanitarias. De ellos tres estaban amparados por las leyes colombianas, pero hab铆a un peque帽o problema, en el papel la United Fruit Company no ten铆a trabajadores y, por lo tanto, no ten铆a obligaci贸n alguna con la legislaci贸n laboral del pa铆s.

A pesar de que por esa fecha sal铆an de Santa Marta 10,3 millones de racimos de bananos al a帽o, la pol铆tica de subcontrataci贸n que impon铆a la United Fruit Company-UFC hac铆a que, los m谩s de 25.000 obreros que trabajaban en su cultivo, corte y carga no tuvieran ninguna relaci贸n laboral directa con ella. De esta forma se libraba de las leyes que no le conven铆an, aunque conservaba las que estaban hechas para favorecerla, como las que le otorgaban subsidios, concesiones de tierras o la exoneraban de impuestos y grav谩menes a la exportaci贸n. As铆, m谩gicamente, una compa帽铆a que llevaba cuatro d茅cadas dedicada al cultivo y exportaci贸n del banano en el pa铆s, que era due帽a de m谩s de la mitad de las tierras dedicadas al banano, que ten铆a el control absoluto sobre su exportaci贸n, con una flota de noventa barcos que controlaban el comercio mundial de banano y que hab铆a absorbido al resto de empresas competidoras dominando el mercado mundial de la fruta, aparec铆a como si no tuviera trabajadores a su cargo.

Por esta raz贸n, la principal reivindicaci贸n de ese enorme 鈥渆j茅rcito de trabajadores de nadie鈥 era el reemplazo de la subcontrataci贸n por contratos directos con la compa帽铆a. La tercerizaci贸n les imped铆a acceder a los derechos laborales reci茅n conquistados y les dejaba en la m谩s absoluta inestabilidad laboral, pues la mayor铆a no encontraba trabajo todos los d铆as y nunca sab铆an con seguridad cuanto tiempo lo mantendr铆an. Adem谩s, aumentaba considerablemente su explotaci贸n, ya que a la parte de la plusval铆a apropiada por la multinacional se sumaba la que se quedaban los contratistas. Pero sobre todo, sent铆an que era una pol铆tica de la empresa para mantenerlos fraccionados y as铆 frenar su poder de presi贸n y negociaci贸n.

Efectivamente, la United Fruit Company manten铆a, en todos los pa铆ses de la regi贸n, una pol铆tica de negativa absoluta a los v铆nculos contractuales directos para dificultar la sindicalizaci贸n de los trabajadores. La posibilidad de que los 25.000 obreros bananeros se organizaran en sindicatos para defender sus derechos pon铆a en riesgo su patente de corso para explotarlos. Pero adem谩s, aunque el peso del proletariado en el total de la poblaci贸n de la regi贸n era enorme 鈥攍a poblaci贸n de Santa Marta apenas superaba por esos a帽os los 20.000 habitantes鈥, el proceso de proletarizaci贸n del campo iba mucho m谩s all谩 de los obreros de las plantaciones, ya que las familias que hab铆an ido ocupando peque帽as parcelas bald铆as distanciadas del tren o sin riego eran tambi茅n, en gran medida, mano de obra de reserva para la compa帽铆a. Estas familias dif铆cilmente alcanzaban a sobrevivir sin que algunos de sus miembros trabajaran cuando pod铆an en las plantaciones de banano. Al mismo tiempo, muchas de estas parcelas hab铆an sido reclamadas por la United Fruit Company o por los due帽os locales de plantaciones que, con la complicidad de las autoridades regionales, hab铆an ido apropi谩ndose de forma violenta e ilegal de una buena parte de las tierras bald铆as. As铆, empujados de forma permanente por el desalojo o de forma ocasional por el hambre, los colonos pobres en la pr谩ctica eran m谩s proletarios rurales que campesinos y por esa raz贸n los colonos y sus familias se unieron a los proletarios en la organizaci贸n de la gran huelga.

Por su parte, los due帽os locales de plantaciones ten铆an una relaci贸n de amor-odio con la United Fruit Company. La compa帽铆a era due帽a de la mitad de las tierras dedicadas al banano y adicionalmente arrendaba tierras a cultivadores que recib铆an pr茅stamos para sembrar por contrato para cosechas futuras. Adem谩s, hab铆a ido absorbiendo todas las compa帽铆as nacionales productoras de banano con fines de exportaci贸n, con lo que ten铆an una posici贸n de monopolio privado que controlaba el riego, el cr茅dito, el ferrocarril y la exportaci贸n. Desde esa posici贸n impon铆a las reglas que le permit铆an mantener el dominio de todo el negocio de producci贸n y comercializaci贸n. A pesar de esa hegemon铆a, los due帽os locales de plantaciones se acomodaron a esta relaci贸n en la medida que les permit铆a obtener ganancias bastante sustanciosas.

Sin duda, hab铆a algunas diferencias. Los terratenientes m谩s poderosos 鈥攓ue adem谩s ten铆an el poder pol铆tico regional鈥 eran los que recib铆an mejores cr茅ditos, mejores contratos y buenos puestos en la compa帽铆a para sus parientes y, a cambio, gobernaban a favor de ella. Pero, a pesar de esa relaci贸n preferencial, el resto de los empresarios locales tambi茅n se beneficiaron del negocio de exportaci贸n y de las rentas de la UFC, sin reinvertir sus ganancias o utilizarlas para dejar de depender de su cr茅dito. Durante mucho tiempo los precios pagados por la compa帽铆a les hab铆an permitido tener ganancias anuales del 70鈥%, y hasta del 25鈥% en condiciones clim谩ticas desfavorables. Pero generalmente, despilfarraban en viajes y gastos suntuarios esas ganancias derivadas del a煤n mayor grado de explotaci贸n de sus obreros, ya que repet铆an el mismo esquema de subcontrataci贸n de la multinacional, pero pagaban salarios m谩s bajos.

Sin embargo, a puertas de la gran recesi贸n mundial de 1929 las contradicciones entre la empresa multinacional y los capitalistas nacionales se empezaron a hacer m谩s evidentes. Por una parte, la inflaci贸n de la d茅cada de los veinte hab铆a disminuido las ganancias de los cultivadores, y por eso se resent铆an ante la l贸gica de la compa帽铆a de limitar el abastecimiento para inflar el precio internacional. Por otra parte, estaban a punto de expirar tanto la concesi贸n del ferrocarril, como la exenci贸n de impuestos por veinte a帽os para el banano enviado al exterior, de modo que los cultivadores nacionales ve铆an all铆 potencialidades para liberarse del monopolio de la UFC, y sus propuestas se extendieron hasta contemplar la nacionalizaci贸n de los canales de riego y los ferrocarriles, as铆 como la creaci贸n de v铆as alternas de cr茅dito con los impuestos a la exportaci贸n.

Estas contradicciones, sin embargo, fueron m谩s utilizadas para azuzar la huelga que para presionar pol铆ticas contra la UFC. Los cultivadores nacionales, a pesar de sus altas ganancias, se presentaban como otra v铆ctima de la United, alegando que por culpa de la compa帽铆a a ellos no les quedaba otra opci贸n que sobreexplotar a sus trabajadores. As铆, prefirieron esconderse detr谩s de los obreros y colonos y usarlos como carne de ca帽贸n, a la espera de ver si pod铆an ganar algo con la huelga, pero sin arriesgar nada a cambio. Sin embargo, cuando en el marco de la huelga los obreros exigieron un aumento salarial del 50鈥%, los cultivadores se miraron el bolsillo y se pusieron en su contra. Por supuesto, una vez que la huelga acab贸 en la masacre y la persecuci贸n criminal de los obreros y los colonos, estos cultivadores locales fueron los primeros que propagaron la peste del olvido, que relatar铆a m谩s tarde Garc铆a M谩rquez. Al fin y al cabo, si en algo ten铆an total coincidencia la multinacional, los cultivadores nacionales y el gobierno es que a ninguno le interesaba tener a los proletarios rurales y a los campesinos pobres organizados.

Esta huelga es el fruto del dolor de miles de trabajadores explotados y humillados d铆a y noche por la compa帽铆a y sus agentes. Esta es la prueba que hacen los trabajadores en Colombia para saber si el gobierno nacional est谩 con los hijos del pa铆s, en su clase proletaria, o contra ella y en beneficio exclusivo del capitalismo norteamericano y sus sistemas imperialistas鈥 [1]. Con esta declaraci贸n comenz贸 la huelga el 12 de noviembre de 1928 y un mes despu茅s qued贸 demostrado, de la forma m谩s brutal y asesina, con qui茅n estaba el gobierno nacional. Los obreros y colonos hicieron gala de una asombrosa capacidad de solidaridad y organizaci贸n social. Seg煤n los historiadores casi todos los obreros y cargadores de la zona se sumaron a la huelga, aunque los c谩lculos sobre el n煤mero preciso de huelguistas var铆an de 16.000 a 32.000. Adem谩s, para evitar que la United o el gobierno nacional pudieran manipular o coaccionar a los delegados, se hab铆a decidido que cualquier acuerdo tendr铆a que ser ratificado por cada uno de los m谩s de sesenta comit茅s de trabajadores [2].

Frente a esa capacidad de movilizaci贸n, el gobierno, en vez de mediar a favor de las leg铆timas reivindicaciones de los obreros, trat贸 la huelga como una rebeli贸n y moviliz贸 tres batallones para reprimirla. Despu茅s se justificar铆a con excusas nacionalistas, argumentando que la masacre respondi贸 a la necesidad de restaurar el orden p煤blico para evitar una intervenci贸n de los marines norteamericanos. Lo cierto es que, como el propio general al mando de las tropas reconoci贸, se dispar贸 contra una multitud desarmada y pac铆fica, cuyo 煤nico delito fue negarse a dispersarse una vez que el ej茅rcito ley贸 el decreto de estado de sitio. A la noche del 5 de diciembre, donde se asesinaron a cientos de hombres y mujeres en la plaza de Ci茅naga, le siguieron unos d铆as de terror en los que el ej茅rcito mat贸 a un n煤mero indeterminado de huelguistas que se estima entre 1.800 y 4.000.

Tengo el honor de reportar que el representante de la United Fruit Company en Bogot谩 me dijo ayer que el n煤mero total de obreros en huelga muertos por el ej茅rcito colombiano super贸 el millar鈥, informar铆a unos d铆as m谩s tarde el embajador de EE. UU. al Departamento de Estado de su pa铆s [3].

La United Fruit Company hab铆a ganado y mantendr铆a su dominio absoluto en la regi贸n del Magdalena hasta finales de la d茅cada de los sesenta, cuando decidiera reubicarse en la regi贸n del Urab谩. Curiosamente, en esa 茅poca el Incora 鈥攗na instituci贸n estatal creada para llevar a cabo la reforma agraria鈥 le compr贸 a la United los depreciados terrenos que esta no hab铆a logrado vender a buen precio, y adem谩s le cubri贸 las deudas en mora sobre las propiedades vendidas a los due帽os de plantaciones regionales. De esa forma, la United logr贸 retirarse de la regi贸n sin problemas financieros y con un acuerdo mucho m谩s beneficioso de lo que esperaban sus gerentes.

Ahora, a casi cien a帽os de esa lucha, la mayor parte del proletariado rural contin煤a en la misma situaci贸n. En el pa铆s hay entre 1.4 y 2.4 millones de obreros y obreras del campo [4] y el 82鈥% [5] de ellos trabajan en condiciones de precariedad e informalidad, con salarios bajos, sin prestaciones, sin estabilidad laboral y con alta rotaci贸n en los sitios de trabajo. Esa legi贸n de 鈥proletarios de nadie鈥 que laboran en los campos colombianos representan el 50鈥% de Poblaci贸n Econ贸micamente Activa que vive en el campo [6]. Unos trabajan, tercerizados y sin derechos, para terratenientes o para el gran capital agropecuario; otros, en la m谩s absoluta informalidad e inestabilidad laboral, para finqueros medianos; algunos m谩s en figuras de tercerizaci贸n que se camuflan bajo la fachada de Cooperativas de Trabajo Asociado. Pero todos comparten las mismas condiciones: salarios bajos, jornadas de trabajo m谩s largas, falta de medidas de prevenci贸n de riesgos laborales, carencia de garant铆as y prestaciones, grandes obst谩culos para la organizaci贸n sindical, alta rotaci贸n, temporalidad y falta de estabilidad, entre otras.

A esa poblaci贸n hay que sumar otra gran proporci贸n de familias del campo que, a pesar de que algunos de sus miembros trabajan una parte del tiempo en tierras de su propiedad o arrendadas, necesitan completar sus ingresos con la venta de su fuerza de trabajo en tierras o faenas ajenas, o en empleos complementarios. Los ingresos y tiempo de trabajo de estas familias a menudo dependen m谩s de su condici贸n material de proletarios, aunque por tradici贸n y cultura se identifiquen como campesinos. Estos campesinos pobres en proceso de proletarizaci贸n, o ya proletarizados, sufren las mismas penurias de informalidad, falta de derechos y salarios bajos.

As铆, del repaso de la huelga de las bananeras podemos observar como las banderas reivindicativas de entonces se mantienen pendientes. Entre otras podemos se帽alar: la lucha contra la tercerizaci贸n; la necesidad de espacios organizativos y de acci贸n conjunta de obreros y campesinos pobres; el evitar que la reforma agraria se use para enriquecer a煤n m谩s a los capitalistas, tal como sucedi贸 en 1968 con la UFC y puede suceder ahora con el acuerdo con Fedegan; la necesidad de socializar el trabajo en el campo bajo formas de propiedad y gesti贸n colectiva; la sustituci贸n del mercado 鈥攃omo mediador entre la producci贸n social y el consumo final鈥 por una planificaci贸n social, racional y participativa.

Sin embargo, para poder avanzar en estas banderas es vital que el proletariado rural fortalezca sindicatos y espacios organizativos que, con una s贸lida conciencia de clase, se blinden a la penetraci贸n de discursos liberales que puedan empujarlos a defender intereses capitalistas en detrimento suyo. Es tambi茅n a partir de esa s贸lida conciencia de clase 鈥攓ue permite entender de forma dial茅ctica las formas en que el capital afecta al conjunto de los sectores sociales y populares鈥, desde donde se puede avanzar en la superaci贸n de los conflictos que a veces surgen entre los distintos sectores de las clases populares en el campo (proletarios rurales, campesinado, ind铆genas y negritudes), y que muchas veces est谩n motivados por la tendencia posmoderna a resaltar las diferencias, en vez de afincarse en la lucha conjunta contra el capital.

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Hace mucho tiempo que proletarios y campesinos pobres aprendieron que la lucha por la tierra debe de ser colectiva. Sin embargo, es un craso error que ese car谩cter colectivo se limite al momento de la reivindicaci贸n. Despu茅s de conseguirla hay que defenderla, y es materialmente imposible enfrentar, a mediano plazo, el poder arrollador y centralizador del capital, si no es creando potentes estructuras de producci贸n y distribuci贸n basadas en la propiedad y la gesti贸n colectivas.

Desafortunadamente, en 1928 la United Fruit Company gan贸 la pelea y desde entonces los terratenientes y los capitalistas nacionales e internacionales han seguido ganando terreno en el campo colombiano. Solamente una empresa m谩s poderosa hubiera podido en su momento derrotar a la United Fruit Company y crear esa empresa, esa fuerza social, sigue siendo la tarea principal del proletariado, en uni贸n con los campesinos y los dem谩s sectores populares.

Referencias
[1]Fonnegra, Gabriel. Bananeras, testimonio vivo de una epopeya. Bogot谩, Ediciones Tercer Mundo. 1980
[2]LeGrand, Catherine. El conflicto de las bananeras. En NHC 鈥 Nueva Historia de Colombia: Relaciones internacionales 鈥 Movimientos sociales Volumen III. 1.陋 edici贸n. Bogot谩: Editorial Planeta Colombiana, 1989. P谩ginas 183 a 217
[3]Telegramas oficiales de los Estados Unidos sobre la Masacre de las Bananeras
[4]1,4 millones seg煤n la Gran Encuesta Integrada de Hogares 2014 y 2,4 millones que se pueden inferir del Censo Agrario de 2014
[5]El trabajo informal reina en el campo colombiano
[6]Centro de Pensamiento y Teor铆a Cr铆tica- Praxis. Limitantes del desarrollo capitalista en el sector agropecuario (apuntes)



Fuente: Trochandosinfronteras.info