November 28, 2022
De parte de Lobo Suelto
51 puntos de vista

Si algo tiene de filos贸fica la despedida de una persona que fue m谩s bien un hurac谩n, es el estado de meditaci贸n en que nos sume su partida, un silencio denso, m谩s profundo que todas las palabras que nos decimos en estos d铆as simplemente para no permanecer calladxs.

La reflexi贸n que se nos impone bien podr铆a comenzar por aquella expresi贸n con la que el corresponsal de France Presse, Jean-Pierre Bousquet, titul贸 su libro Las locas de la Plaza de Mayo (publicado en Buenos Aires en 1983). La locura como raz贸n 煤ltima que surge contra y m谩s all谩 de la raz贸n asesina proferida tanto desde la econom铆a como desde la fe y el Estado. La historia de las Madres es la de la g茅nesis de una contra-narraci贸n dolorida y arriesgada, nacida de la mudez y el horror. Una narraci贸n antiestatal, enhebrada bajo amenaza de muerte, considerada un puro desquicio desde el poder. La hip贸tesis de la locura adquiere todo su sentido cuando se toma en consideraci贸n que lo que las Madres ten铆an para decir era lo m谩s terrible y adem谩s lo m谩s prohibido. Una demanda imposible dirigida a unas autoridades p煤blicas, espirituales e intelectuales que las recib铆an al mismo tiempo que organizaban c铆nicamente la clandestinidad del terror.

Tambi茅n puede calificarse de locura narrativa aquella extraordinaria afirmaci贸n seg煤n la cual ellas mismas fueron paridas por sus hijxs. 驴Qu茅 quer铆a decir esto sino que aquellos j贸venes obrerxs, estudiantes, militantes armadxs, revolucioarixs, desaparecidxs, asesinadxs, las engendraron a ellas como Madres sociales, por ellxs investidas pol铆ticamente para engendrar, ahora en otrxs j贸venes igualmente luchadores, una nueva experiencia de rebeld铆a que deb铆a ser protegida de un nuevo genocidio? El peso de esta dial茅ctica contra natura del engendramiento es decisivo, por el modo en que trastoca las premisas de la familia privada y politiza el principio mismo de la reproducci贸n de los cuerpos (contra la producci贸n sistem谩tica de cuerpos para la muerte). Es esta mirada spinozista de los cuerpos como potencia la que permiti贸 al fil贸sofo Le贸n Rozitchner captar r谩pidamente el tipo de Madre que son las Madres de la Plaza. Henri Meschonnic afirma que lo divino es la capacidad de dar vida. Estas Madres engendradas y engendradoras alumbraron, en nuestra historia tr谩gica, una pr谩ctica democr谩tica y materialista de las relaciones, no coercitiva entre los cuerpos. Si hay un ate铆smo de las Madres es precisamente el de reivindicar la capacidad de producir vida de un modo completamente diferente al del sistema, cuyo n煤cleo asesino nunca ha sido del todo reformado.

Puede afirmarse entonces que esa locura es un buen punto de acceso a una 茅tica y a una pol铆tica de las Madres. Una 茅tica, digo, porque en lugar de asumir el lugar de la impotencia que el sistema asigna a la v铆ctima, constituyeron un modo de actuar, de sentir y de pensar: de hacerse responsables por el mundo. Una 茅tica ineludiblemente pol铆tica, desde el momento en que aceptaron que su reclamo coincid铆a 鈥搒eguramente de un modo inesperado al comienzo para ellas鈥 con una verdad que el orden pol铆tico s贸lo pod铆a ocultar. Una politizaci贸n que se inventaba en el pasaje de unas palabras iniciales, que buscaban ser un reclamo familiar y luego colectivo para descubrirse, finalmente, como portador de una verdad intolerable para el orden. Fue la radicalidad con que se sostuvo esa verdad la que impidi贸 que en adelante se confundiera la democracia con la prolongaci贸n de las estructuras represivas, jur铆dicas y econ贸micas derivadas del Estado terrorista. La claridad con la que hoy entendemos esa diferencia es una ense帽anza de las Madres.

Es una historia estremecedora: buscando saber qu茅 pas贸 con sus hijxs, las Madres dieron con la verdad 煤ltima del fundamento clandestino del poder pol铆tico. Fue este choque frontal lo que cre贸 en una parte de la sociedad la disposici贸n afectiva para la comprensi贸n de la naturaleza contra-revolucionaria de aquello que Eduardo Luis Duhalde llam贸 el Estado terrorista: la restauraci贸n del nexo entre aseguramiento de la propiedad privada concentrada y desalojo de la clase trabajadora y los movimientos populares de toda capacidad de incidir en los destinos del pa铆s. Y fue esta creciente comprensi贸n colectiva la que convirti贸 los nombres de cada uno de lxs 30.000 desaparecidxs en agudos interpeladores del contenido 茅tico de las instituciones pol铆ticas constitucionales durante las controversias pol铆ticas posteriores a 1983.

La distinci贸n pol铆tica que las Madres nos ayudaron a pensar es la que abrieron en la pr谩ctica entre la legalidad como vigencia de la Constituci贸n y como legitimidad democr谩tica. Su empecinada denuncia de toda tentativa de integrar el orden jur铆dico en un sistema material de aniquilaci贸n por la v铆a de los cuerpos represivos, o como efecto del r茅gimen de acumulaci贸n del capital. La ley, para ser leg铆tima, debe refundarse en un corte efectivo respecto de las estructuras burocr谩ticas y sociales derivadas del terrorismo de Estado. Al llevar esta distinci贸n al terreno de la acci贸n pr谩ctica, las Madres, los organismos y las agrupaciones que las acompa帽aron en distintos momentos de su lucha, dieron curso a un modo de la pol铆tica que ya no pasaba por la organizaci贸n de un partido pol铆tico, un frente electoral ni por la inserci贸n en el Estado, aunque 鈥揷omo luego se vio鈥 jam谩s desde帽aron a priori relacionarse con cada una de esas instancias seg煤n los casos.

Los miles y miles de jueves en la Plaza de Mayo mostraron algo m谩s que empecinamiento. La ritualizaci贸n fue un modo de apropiarse de un espacio p煤blico crucial y de iniciar a millares de personas en la tarea de un zurcido de la memoria con los hilos de las rebeld铆as presentes y pasadas, hospedando al mismo tiempo al entero compendio de luchas sociales que nunca dejaron de recurrir a esa plaza de las Madres.

Bajo el gobierno de Alfons铆n y luego de Menem, las Madres fueron la fuente ineludible de un poder extra-institucional, que imped铆a restringir la democracia a un mero asunto de tribunales y parlamentos. Sin ellas no hubiera habido juicios ni condenas. Pero gracias a ellas 鈥搚 al amplio colectivo que acogi贸 a quienes las acompa帽aron鈥 se logr贸 frustrar en el tiempo las pol铆ticas de impunidad. Resulta imposible comprender la vitalidad plebeya de aquellos amargos a帽os 鈥90 sin recordar 鈥搊 estudiar鈥 el papel de las Madres en la articulaci贸n de un clamor inaudito, que pon铆a a la memoria a disposici贸n de las luchas contra la violencia neoliberal.

Experiment茅 a mis 15 a帽os el atractivo llamado de la Madres. Fue durante la rebeli贸n militar carapintada de Semana Santa de 1987. Lleg谩bamos con mi familia a la Plaza de Mayo ocupada por los partidos pol铆ticos en defensa del gobierno constitucional cuando irrumpi贸 un sonoro grupo de mujeres gritando 鈥渘o hay rebeles, no hay leales, los milicos son todos criminales鈥.

Recuerdo perfectamente c贸mo me vi arrastrado por ellas. Era el mejor modo de incluirse en la historia colectiva.

Si hubiera en toda esta rica trayectoria algo as铆 como una filosof铆a de las Madres, habr铆a que destacar en ella, sin dudas, su fuerza moral, surgida de la doble radicalidad que supuso sostener la exigencia sin concesiones de una verdad que el poder no pod铆a conceder, y de ofrecer un espacio de politizaci贸n a toda lucha que, por peque帽a que fuera, supiera nutrirse de esa legitimidad alternativa que las Madres crearon por fuera de la pol铆tica convencional.

Fue esa mezcla poderosa y duradera la que termin贸 de cuajar el 20 de diciembre de 2001, cuando miles y miles de personas se convocaron en la Plaza de Mayo para defender a esa viejitas enfrentadas a la polic铆a montada. Ese fue el 煤ltimo punto de inflexi贸n moral de la Argentina, y de all铆 proviene, creo, todo lo que se ha hecho durante estos a帽os a fuerza de cuidar y profundizar la fusi贸n entre historicidad y luchas populares. Hebe declar贸 a fines de los a帽os 鈥80: 鈥淣o quiero que comprendan nuestro dolor, quiero que comprendan nuestra lucha鈥. El encuentro entre movimiento piquetero y Madres de Plaza de Mayo fue la muestra m谩s acabada de esa comprensi贸n en una escala inusitada. No puede sorprender a nadie que haya sido precisamente esa comprensi贸n la que alarm贸 a la derecha m谩s reaccionaria, consciente como nadie del peligro que para ella representa ese tipo de sensibilizaci贸n popular.

Lo que vino despu茅s forma parte de la memoria reciente. Por un lado la sorprendente articulaci贸n, antes inimaginable, entre organismos de derechos humanos y Estado durante el gobierno de N茅stor Kirchner y Cristina Fern谩ndez, junto con la reapertura de los juicios. Pero tambi茅n la perdurable transmisi贸n entre la lucha de las Madres y lxs feminismos. Por haberla conocido personalmente a Hebe, muchxs fuimos sorprendidos al verla abandonar sin elaboraci贸n explicita su antigua aversi贸n al peronismo. Pero en Hebe la arbitrariedad y la justicia coexistieron siempre, la una como maravillosa condici贸n de posibilidad de la otra. Lo que hizo que no siempre fuera f谩cil acompa帽arla de cerca durante largo per铆odos. Hebe fue la mayor agitadora social de nuestro tiempo. Mi impresi贸n es que estas 煤ltimas d茅cadas se dedic贸 a preparar su partida con la mayor lucidez, dejando un pa铆s en el cual las clases poseedoras y sus intelectuales no pudieran confiarse demasiado en haber recubierto de legitimidad moral definitiva los resortes de poder sobre los que se sostienen. Si la fusi贸n entre memoria y plebeyismo ha sido la gran obra de las Madres, Hebe encarn贸 como nadie el fuego de ese artificio, fue la gran subversiva, la gran militante de nuestro tiempo. Nos ense帽贸 a respirar en medio de la asfixia. Es comprensible que ante su muerte circule un sentimiento de orfandad. Y sin embargo creo que Hebe ha logrado algo realmente poderoso al dejarnos a nosotrxs, sus hijos orgullosxs, listos para proseguir el camino de las Madres.

Publicada en El Cohete a la Luna




Fuente: Lobosuelto.com