May 15, 2022
De parte de CNT
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DOSIER Represi贸n | A Coru帽a | Ilustraci贸n: Javi Kaos | Extra铆do del cnt n潞 430

No fue una sorpresa que la guardia civil apoyase de forma entusiasta el golpe militar en Galiza, teniendo en cuenta la tradici贸n represiva de la benem茅rita sobre los movimientos sociales obreros (A Coru帽a, 1901) y sobre todo agrarios (masacres de Salcedo, Oseira, Nebra, Sedes, Sof谩n, Sobredo, entre otros). En julio de 1936 las fuerzas de este cuerpo apoyaron mayoritariamente la sublevaci贸n y participaron tanto en los combates de calle en las localidades donde hubo resistencia, como en el control preventivo del resto del pa铆s.

La guardia civil fue la piedra angular en la implantaci贸n de un r茅gimen de Terror, pues en aquella 茅poca no exist铆a otra fuerza con capacidad para ejercer una pol铆tica represiva a gran escala: la Falange a煤n estaba en formaci贸n, otras milicias actuaban en 谩mbitos reducidos, y el Ej茅rcito no contaba con la implantaci贸n territorial necesaria, adem谩s de estar dedicado al esfuerzo b茅lico. Solo la guardia civil ten铆a infraestructura y medios, pose铆a adiestramiento y aptitud, y sobre todo y lo m谩s fundamental, mostraba la actitud precisa para convertirse en el eje sobre el que pivotara una pol铆tica represiva que abarcara toda la geograf铆a gallega.

Seg煤n las investigaciones del proyecto interuniversitario Nomes e Voces, de todas las muertes producidas por la represi贸n en Galiza en los a帽os de guerra, m谩s de dos tercios se corresponder铆an con asesinatos extrajudiciales

La organizaci贸n de la represi贸n fue desigual en todo el territorio gallego, pero la presencia de la guardia civil fue una constante. La direcci贸n de la represi贸n estuvo en las manos de los delegados de orden p煤blico, figura creada por la Ley de Orden P煤blico de 1933, que habilitaba a los gobernadores civiles a nombrar estos delegados en zonas de su jurisdicci贸n. De los cuatro gobernadores civiles nombrados inicialmente en Galiza, los de Pontevedra (Ricardo Macarr贸n) y A Coru帽a (Florentino Gonz谩lez Vall茅s) eran guardias civiles, mientras los de Ourense y Lugo eran militares retirados. En el siguiente nivel se organizaba todo un sistema de delegados de orden p煤blica por zonas (como los guardias civiles Jos茅 Leseduarte en Santiago y Victoriano Suanzes en Ferrol), partidos judiciales y ayuntamientos, que pod铆an ser guardias civiles, militares retirados o paisanos. M谩s abajo estaban las milicias que se organizaban en cada localidad, con sus mandos propios, pero subordinadas a los delegados de orden p煤blico y bajo la supervisi贸n de la guardia civil.

Seg煤n las investigaciones del proyecto interuniversitario Nomes e Voces, de todas las muertes producidas por la represi贸n en Galiza en los a帽os de guerra, m谩s de dos tercios se corresponder铆an con asesinatos extrajudiciales: personas que eran sacadas de las c谩rceles para ejecutarlas en cementerios o lugares apartados de zonas pobladas, o personas que eran capturadas y ejecutadas sumariamente. En las llamadas sacas normalmente ten铆an intervenci贸n tres tipos de agentes: los funcionarios de los establecimientos que entregaban a los presos, los ejecutores que se hac铆an cargo de ellos para asesinarlos, y las autoridades que firmaban las 贸rdenes que justificaban la salida. En la pr谩ctica, resultaba rara la saca que no contase entre algunos de estos tres tipos de agentes con un guardia civil, existiendo incluso la posibilidad de que todos ellos fueran guardias civiles鈥 Los paseos de los detenidos eran ejecutados por milicias, la guardia civil o fuerzas combinadas. El cenetista de Tui Juan Noya Gil recordaba en sus memorias que en la localidad de A Guarda, los nombres de los asesinados fueron decididos en una reuni贸n del capit谩n de la guardia civil Joaqu铆n Teresa con el falangista y teniente de carabineros Salvador Buhigas y las fuerzas vivas de la localidad. La consulta de las listas de algunos presidios improvisados en los primeros tiempos del golpe en Ferrol permiten saber que la mayor parte de las personas ejecutadas extraoficialmente salieron con 贸rdenes de excarcelaci贸n del Delegado de Orden P煤blico, el guardia civil Victoriano Suanzes, o de su lugarteniente, el jefe de polic铆a Jos茅 Mar铆a Pagola Bireb茅n.

El rigor y la crueldad no excluyeron en ning煤n momento la corrupci贸n, pues fue corriente que los guardias civiles aprovecharan el poder omn铆modo para el enriquecimiento personal.

De extremo a extremo de Galiza, sobre cada zona del pa铆s pesaba la sombra de uno o varios guardias civiles que eran identificados con la muerte, la arbitrariedad, la extorsi贸n y el abuso: el cabo Manuel Gonz谩lez Pena en Baiona, Pedro Pellicer, Luis Exp贸sito y Vicente Peralta, de la brigada de Servicios Especiales de A Coru帽a, el teniente Francisco Gonz谩lez Rodr铆guez 鈥淩abioso鈥 en Vigo; el sargento Manuel Cebral y los guardias Gerardo Casanova 鈥淥 dos Cen鈥, Andr茅s Ocampo, Isidro Garc铆a Teso o Abraham Uzal en la zona de Ferrol; el teniente Jos茅 Gonz谩lez Rodr铆guez en Betanzos; el sargento Salom贸n P茅rez Cienfuegos en Pontevedra; el capit谩n Juan Ros Hern谩ndez en Ourense; Francisco Vald茅s Vald茅s en Viveiro; el teniente Manuel 谩lvarez Sarand茅s en Monforte y A Coru帽a鈥 y una larga lista que podr铆a hacer interminable. La guardia civil cumpl铆a una funci贸n reguladora del r茅gimen de terror instalado por los sublevados, modulando su intensidad en funci贸n de los intereses del r茅gimen.

El rigor y la crueldad no excluyeron en ning煤n momento la corrupci贸n, pues fue corriente que los guardias civiles aprovecharan el poder omn铆modo para el enriquecimiento personal. Fue el caso del teniente Francisco Gonz谩lez Rodr铆guez 鈥淩abioso鈥, presuntamente implicado en la red de extorsi贸n de Fernando Lago B煤a en el penal de la Isla de Sqan Sim贸n, que consegu铆a enormes beneficios amenazando a los presos con la muerte si sus familias no les entregaban dinero. Un hijo del propio Florentino Gonz谩lez Vall茅s fue acusado tambi茅n de utilizar la amenaza de la represi贸n para extorsionar a familiares de personas represaliadas. En una fuerza estrictamente masculina y tradicionalmente machista fueron corrientes tambi茅n los abusos sexuales sobre las mujeres.

Conviene descartar la posibilidad de que la represi贸n tuviera un car谩cter incontrolado o espont谩neo, pues era una pol铆tica de estado que fue administrada homog茅neamente en toda Galiza; se tratar铆a de puro terrorismo en la acepci贸n primaria de esta palabra, como 鈥渞茅gimendegobiernoporelterror鈥. Diversas investigaciones se帽alan una fort铆sima represi贸n inicial en los meses de agosto a octubre de 1936 y un descenso de la intensidad represiva a partir de noviembre; casualidad o no, el fin del mandato de los guardias civiles Victoriano Suanzes en Ferrol y Juan Aranguren Ponte en Ribadeo a finales de octubre de 1936 marc贸 el declive o la desaparici贸n en esas zonas de las ejecuciones extrajudiciales. No conviene descartar tampoco factores de fr铆a estrategia en la administraci贸n de la represi贸n, como ser铆an la voluntad inicial de vaciar las c谩rceles, rebosantes en los primeros momentos, y la de hacer una represi贸n r谩pida y profunda, que permitiera que el Ej茅rcito llevara todas sus fuerzas a los frentes de combate; de hecho, una vez pasada la fase m谩s dura de la represi贸n algunas unidades de la guardia civil fueron destinadas tambi茅n a los frentes de batalla.




Fuente: Cnt.es