June 19, 2021
De parte de Nodo50
177 puntos de vista


Hace 60 a帽os que se finalizaron las 煤ltimas obras de la l铆nea de tren Santander-Mediterr谩neo, aunque el inmenso t煤nel que atravesaba la cordillera Cant谩brica qued贸 abandonado antes de entrar en funcionamiento. Dunia Rosell se enamor贸 del poblado obrero y ahora trata de devolver la vida al entorno. Esta es su historia.

una mujer, de medio cuerpo, que mira para atr谩s para que veamos su cara. Tiene un corte de pelo punk y el pelo te帽ido de rosa

Dunia Rosell. / Foto: Diego Cobo

Despu茅s de explorar el mapa en busca de edificios hist贸ricos, Dunia Rosell comprob贸 que aquellos lugares que anhelaba para desplegar su proyecto abundaban en el norte. Se fij贸 en uno de ellos, arm贸 su hatillo, se present贸 en los Valles Pasiegos y all铆 contempl贸 la escena: una vieja estaci贸n sobre 34 arcos de hormig贸n encajados en un estrecho ca帽贸n monta帽oso. Sobrecogida por la maravilla de ingenier铆a, r谩pidamente acudi贸 a la oficina de turismo de este rinc贸n c谩ntabro, donde le contaron las intenciones tur铆sticas que acariciaban la estaci贸n de Yera y el t煤nel de La Enga帽a.

Era el a帽o 2014 y a Dunia le abrasaban las ganas de reunir a un grupo de mujeres y hombres con familiares a cargo, aunque sus planes a煤n deb铆an de esperar. As铆 que regres贸 a Barcelona, sigui贸 desenrollando el pasado de La Enga帽a y abund贸 en el 煤ltimo eslab贸n de la Santander-Mediterr谩neo, la inmensa l铆nea ferroviaria que promet铆a unir los dos mares y que acab贸 estanc谩ndose a solo 40 kil贸metros de su destino. Meses m谩s tarde visit贸 el otro lado de La Enga帽a, en la provincia de Burgos, ya embebida en el alma de los edificios abandonados tras el fin de las obras del t煤nel. Aqu铆 encontr贸 un poblado herido por el tiempo y la indiferencia. Pero ella escuch贸 a las ruinas, ech贸 ra铆ces junto a ellas y alz贸 la voz.

鈥揝i yo estoy viva es porque soy rebelde. Pero cuando estaba en los infiernos 鈥揳firma ahora鈥 me pregunt茅 por mis compa帽eras que no eran rebeldes. Y por eso hice Ashef.

Ashef es la Asociaci贸n Social e Hist贸rica de Econom铆a Feminista Recuperamos la Enga帽a y Dunia Rosell, la impulsora de un proyecto que quiere revivir los valores del viejo poblado 鈥撯渟ensibilidad鈥, 鈥渉umildad鈥, 鈥済ratitud鈥濃 en el mismo lugar en el que estuvo habitado entre 1941 y 1961.

Esta trabajadora social de eterna sonrisa y mechones rosas, casi fluorescentes, dice que la ciudad le ha enga帽ado, que el peso familiar desencaj贸 su vida, que ahora equilibra el afecto y su 谩nimo combativo. Porque la ciudad, los cuidados, 鈥渓a incompetencia judicial en temas familiares鈥 y, en fin, una vida 鈥渄esafectiva鈥 y 鈥渄esunida鈥, fue su herida o su desgracia, pero tambi茅n el impulso que le puso en la 贸rbita de su futuro hogar. 鈥淎qu铆 aceptamos todo tipo de personas, pero hay que respetar el ecofeminismo, la memoria hist贸rica, los cuidados y la permacultura鈥, explica Dunia, que r谩pidamente abunda: 鈥淪i no conocemos la memoria historia estamos olvidando a nuestras antepasadas; si no somos ecofeministas, no es nuestra alternativa de vida, y sin permacultura, se puede perder el respeto al entorno. No tenemos el derecho de ir al campo y reproducir el mismo sistema. El cuidado se hace dejando el menor impacto, adapt谩ndote al lugar y no que el lugar se adapte a ti鈥.

Antes de conocer este asentamiento obrero de la Merindad de Valdeporres, Dunia admiraba su alquimia comunitaria y cre铆a que hab铆a sido un ejemplo de conciliaci贸n familiar. Al llegar a estas explanadas verdes envueltas en laderas arboladas, sinti贸 a los 9.000 hombres impulsados por sus mujeres que escarbaron la monta帽a con picos, sudor y dinamita. Los ve铆a en su caminar, en el racimo de edificios en ruinas, en el surco del tren, en los testimonios de los pocos obreros que a煤n viv铆an o en las zancadas de las mujeres que tra铆an desde Rozas, el 煤ltimo pueblo, leche, 谩nimos o pan. La Enga帽a le conmovi贸 tanto que supo que este era ese lugar que buscaba. Luego regres贸 otra vez a Barcelona y empez贸 a pensar en convertir la estaci贸n en un albergue y el antiguo economato en un museo. En la escuela se realizar铆an talleres mientras que los barracones de los obreros y las casas de los jefes, una vez rehabilitados, servir铆an de vivienda para las futuras familias. Ella, por su parte, explicar铆a el sentido de La Enga帽a durante visitas guiadas.

Ese era el plan.

La propuesta lleg贸 a manos de la empresa p煤blica propietaria de los edificios, que no entend铆a c贸mo una asociaci贸n escu谩lida en fondos iba a transformar todo un poblado. Pero mientras en 2015 la administraci贸n lo estudiaba 鈥搚 recelaba鈥, el proyecto recibi贸 el impulso de un periodista de El Diario de Burgos que, entre dram谩ticas descripciones (鈥渓ugar fantasmal鈥, 鈥渟ilencio mineral鈥, 鈥渁lteraci贸n contra natura鈥 o 鈥渄esastre nuclear鈥), public贸 que esta mujer abrigada hasta la barbilla cre铆a en su propia utop铆a. A finales de a帽o, atravesadas las dudas iniciales, la presidenta de Ashef logr贸 firmar un contrato de arrendamiento de la estaci贸n y el almac茅n en el que duerme, escucha los cencerros de las vacas, pasa fr铆o, sue帽a y lucha, aunque ella dice que resiste, pues luchar implica un enemigo, 鈥測 yo me desmarco de cualquier enfrentamiento鈥.

El mismo periodista, entonces, proclam贸 aquel 茅xito con un titular esperanzador: 鈥La utop铆a es posible鈥.

*

鈥淟a Enga帽a no es solo un t煤nel鈥, dice Dunia, y es cierto: La Enga帽a no es solo un t煤nel.

La Enga帽a no es 煤nicamente la vieja hospeder铆a, la estaci贸n de tren, la capilla desmembrada o el dep贸sito que la arropa en noches heladas. La Enga帽a tampoco son solo los barracones herrumbrosos en los que dorm铆an los obreros, el economato que los surt铆a de comida o las casitas de los ingenieros y sus familias. La Enga帽a ni siquiera son 煤nicamente las acequias que serpentean entre abedules o el cauce del r铆o desviado, ni los muros de contenci贸n o la perforaci贸n bajo los montes de Samo. La Enga帽a no es solo un t煤nel, es cierto, pero sobre todo es un t煤nel. Con un matiz: 鈥淗ay que integrarlo en la colonia obrera y entenderlo como parte de los servicios, no como el protagonista del lugar鈥. Porque su historia, como tantas obras fara贸nicas, comienza mucho antes que su propia planificaci贸n.

La l铆nea ferroviaria Santander-Mediterr谩neo se llevaba arrastrando desde principios de siglo XX, aunque su trazado no se empez贸 a materializar hasta 1925. Cinco a帽os m谩s tarde, los vagones ya circulaban entre Calatayud (Zaragoza) y Cidad de Valdeporres (Burgos): en Calatayud, las v铆as enlazaban con el tren que bajaba hasta Valencia, pero las monta帽as cant谩bricas y la mala planificaci贸n para atravesarlas mutilaban la s茅ptima y 煤ltima secci贸n del proyecto. Hubo acusaciones de corrupci贸n, luchas pol铆ticas y manifestaciones, y aquella letan铆a de reivindicaciones acab贸 desembocando, en 1935, en un dise帽o que inclu铆a un t煤nel de siete kil贸metros: el tren ya podr铆a deslizarse hacia Santander. Pero la Guerra Civil volvi贸 a postergar unos planes que resurgieron en 1941, cuando las obras se adjudicaron a Ferrocarriles y Construcciones ABC y los republicanos represaliados comenzaron a picar las laderas de La Enga帽a.

Los reclusos fueron indultados en 1945 y muchos de ellos, ya libres, permanecieron trabajando junto a peones venidos de Andaluc铆a, Extremadura o Cuenca, mezclando unos ingredientes que Dunia sigue empleando en su p贸cima. 鈥淨ueremos recuperar los valores de la gente que trabaj贸 aqu铆, ya que la sociedad est谩 carente de la humildad y la capacidad de adaptarse: hay que comprometerse al momento sociopol铆tico鈥, detalla la fundadora de Ashef, que, sin obviar las duras condiciones de trabajo (aplastamientos, fr铆o hasta los huesos, enfermedades respiratorias), prefiere destacar los lazos comunitarios y el amor a la obra. 鈥淓l valor del t煤nel鈥, resume, 鈥渆s el valor de sus trabajadores鈥. Pocos meses despu茅s de acabar el t煤nel, de hecho, les lleg贸 el anuncio de la suspensi贸n del 煤ltimo tramo ferroviario. Pero ellos siguieron su labor hasta completar el tramo de 18 kil贸metros 鈥搗arios t煤neles m谩s peque帽os, carreteras, el desv铆o del r铆o, laderas apuntaladas por inmensos muros de contenci贸n, almacenes e imponentes viaductos鈥 encomendado a la empresa; o sea, trabajaron dos a帽os m谩s sabiendo que ning煤n tren atravesar铆a sus obras. Y por esa raz贸n Dunia, que ha absorbido el tu茅tano de esta historia, trata de devolver al poblado la 鈥渋nmensa gratitud鈥 de sus protagonistas. 鈥淵o creo que el compa帽erismo y el sentido del humor es lo que los mantuvo vivos鈥, afirma entre risas, y pareciera que se refiriera a su propio sentido del humor, ese que le mantiene viva a pesar del fr铆o, la soledad, las tentaciones del des谩nimo y el desmoronamiento de los edificios.

Los barracones y la cantina donde se serv铆an almuerzos y bailaban las parejas, por ejemplo, est谩n invadidos de zarzas, hierba y helechos. Muy cerca despunta la chimenea en la que las familias se juntaban los domingos a comer paellas. Y la estaci贸n que nunca vio el tren pero sirvi贸 como cl铆nica. Y la capilla donde el cura formaba a analfabetos. Y la boca rocosa del t煤nel, ahora tapiada y pintada con inspiraciones de quienes se adentran en su pasado: perseverancia, conexi贸n, superaci贸n, resistencia, hermandad, vida, grandiosidad. Y los barracones en los que los peones y sus familias siguieron viviendo hasta que el sue帽o que hab铆an palpado y sufrido se convirti贸 en un espejismo.

La l铆nea entre Cidad-Dosante y Calatayud funcion贸 hasta 1985, y la poblaci贸n en estas tierras solitarias sigui贸 en declive. En Merindad de Valdeporres, el municipio que agrupa Dosante y otros catorce pueblos, hay censadas 412 personas. El t煤nel entre la comarca burgalesa y Yera, en Cantabria, iba a ahorrar la distancia y los mareos que varios puertos de monta帽a multiplican, aunque Valdeporres, al menos, mantiene una brizna de consuelo: el tren entre La Robla y Bilbao se detiene en Pedrosa, a tres kil贸metros del t煤nel, dos veces al d铆a.

Aunque (hoy) nadie se suba al tren.

Aunque (hoy) nadie se baje de 茅l.

*

edificios abandonados entre maleza

Algunos edificios de La Enga帽a. / Foto: Diego Cobo

Cuando esta mujer insumisa se propuso recuperar la colonia junto a un pu帽ado de socias, pens贸 que un proyecto tan integral arrasar铆a. Pero pas贸 el tiempo, empez贸 a pasar las noches en el almac茅n que m谩s tarde encalaron y proveyeron de estufa, camas y cocina, y sus ansiadas intenciones, como el 煤ltimo tramo del Santander-Mediterr谩neo, tambi茅n se atascaron.

鈥撀縋or qu茅?

鈥揕a gente no se quiere comprometer con nada 鈥搑esponde鈥. Asimilamos el compromiso a algo impuesto.

A la boca sur de La Enga帽a llegan gentes de Madrid, Cantabria, Valencia, Burgos, Barcelona, Andaluc铆a e incluso de las islas para participar en jornadas de trabajo en las que cortan le帽a, cercan con madera los terrenos alquilados o desbrozan hierba. Otras veces, a este rinc贸n de las Merindades se acercan personas curiosas para conocer la antigua civilizaci贸n obrera, aunque si esta luci茅rnaga solitaria lleva a帽os implorando compromiso, tras meses de pandemia, alguna deserci贸n dolorosa y los zarpazos del invierno, cree que urge escurrirse del mundo y desarrollar las capacidades 鈥撯渙rganizarse鈥, 鈥渄esnudarse鈥, 鈥渄esarrollar los instintos鈥濃 ocultas en el ritmo vertiginoso de la ciudad; escurrirse de un mundo, por cierto, que no le es ajeno del todo. 鈥淪oy parte del sistema y tengo mi responsabilidad, y mi responsabilidad es La Enga帽a y hacer las cosas de otra manera. Es mucho m谩s dif铆cil, pero es una cuesti贸n de principios ideol贸gicos. Soy sistema y el sistema soy yo tambi茅n鈥, asegura esta mujer entusiasta que, junto a la ciudad, tambi茅n dej贸 la rigidez de algunas comunidades alternativas, 鈥測 eso me lo comenta la gente鈥.

En este poblado ya deshecho vivieron algunos de los 9.000 obreros que pasaron por el t煤nel en dos d茅cadas, aunque tambi茅n trabajaron enfermeras, lavadoras, cocineras o acomodadoras. Pero la historia de las esposas de los peones o de los jefes y de las mujeres contratadas en la cl铆nica o la hospeder铆a ha quedado sepultada por la 茅pica del t煤nel. Para Dunia, sin embargo, La Enga帽a es un lugar 鈥渕uy femenino鈥, y por eso quiz谩s trata de recobrar aqu铆 una vida que alguna vez no sinti贸 suya: 鈥淵o busco ese punto de empoderamiento en el que puedo tener un equilibrio: no solo podemos ir con pu帽os o solo con afectos, si no fusionar ambas鈥.

imagen oscura donde se ve la luz en la boca de un t煤nel

El t煤nel de La Enga帽a desde dentro. / Foto: Diego Cobo

Sus aullidos a veces reciben el eco de las administraciones, y aunque este a帽o las quitanieves han limpiado la pista de tierra hasta su casa 鈥撀縪 era para dejar paso a los coches de los ganaderos?鈥, los servicios de agua y luz que desaparecieron con los 煤ltimos habitantes hace 60 a帽os no han regresado. Y eso, cree Dunia, ahuyenta a quienes podr铆an instalarse en La Enga帽a. 鈥淣uestro sue帽o es que fu茅ramos seis mujeres, de edades diferentes y pa铆ses distintos, con diferentes capacidades f铆sicas鈥, afirma, 鈥測 funcionar a trav茅s de actividad de salud, del conocimiento, del cuidado al cuerpo y de la comunicaci贸n para dejar el testimonio de quienes pasaron por aqu铆鈥. Tampoco se conforma con cualquier compa帽铆a, y si volver a lo rural tiene algo de viaje al origen, no extra帽a que renuncie a algunas actividades. 鈥淎 m铆 me han venido propuestas de hacer un c铆rculo de mujeres, superchulo y espiritual, y me ven铆an 20 mujeres鈥, apunta con acidez, 鈥減ero cuando hago una convocatoria de jornadas de trabajo, entonces no me vienen ni diez mujeres鈥.

Siete a帽os despu茅s de contemplar la estremecedora estaci贸n de Yera, preguntar en la oficina de turismo, regresar a Barcelona y volver a La Enga帽a para instalarse en la boca sur, Dunia mantiene intacto su 铆ntimo p谩lpito con el lugar. A veces pide mallas met谩licas de obra, cemento para revocar agujeros o le帽a seca para calentarse en las semanas m谩s fr铆as. Lo que no deja de hacer es agradecer las ense帽anzas del asentamiento. 鈥淵o creo que estos edificios no se quieren caer鈥, bromea. Los tenaces hilos de hierro oxidado sostienen en el aire los muros de los barracones, la estaci贸n soporta su en茅simo invierno cubierta de grafitis, musgo y olvido, y la casa del obrero Modesto, adosada a una antigua subestaci贸n el茅ctrica de eterno zumbido, est谩 honrada con las palabras 鈥済ratitud鈥 y 鈥渕emoria鈥 mientras el t煤nel, la iglesia o las casitas se caen delante de sus ojos. No importa que a estos bosques plateados de abedules apenas se asomen senderistas, vacas, alg煤n corzo y el lejano rumor del pasado. Dunia, por si acaso, sigue esperando a las inquilinas. 鈥淓sta tierra鈥, dice con nostalgia, 鈥渆st谩 clamando para que alguien se quede y la quiera鈥.

El Salto&Pikara Magazine
Este contenido ha sido publicado antes en la edici贸n en papel de www.elsaltodiario.com en el marco de un acuerdo de colaboraci贸n que tenemos con ellas

Conoce estas otras vidas:

芦Yo apenas fui a la escuela, pero s茅 algo fundamental: producir comida禄

Rosalba, un altavoz feminista en el campo paraguayo

Con los ojos cerrados te iluminas por dentro

MounQup, el rural late

Tres veces rebelde

La guardiana de La Enga帽a




Fuente: Pikaramagazine.com