September 14, 2021
De parte de La Haine
208 puntos de vista


El Talib√°n observ√≥ el 20 aniversario del 11-S de manera sorprendente. En el curso de una semana despu√©s del anuncio de EEUU de que retirar√≠a sus fuerzas de Afganist√°n el 11 de septiembre, el grupo hab√≠a capturado vastas zonas del pa√≠s, y el 15 de agosto cay√≥ la ciudad de Kabul. La velocidad fue asombrosa, con notable visi√≥n estrat√©gica: una ocupaci√≥n de 20 a√Īos termin√≥ en una semana, al desintegrarse los ej√©rcitos t√≠teres. El presidente t√≠tere se subi√≥ a un helic√≥ptero rumbo a Uzbekist√°n y luego a un jet a Emiratos √Ārabes Unidos. Fue un golpe enorme al imperio estadunidense y sus estados subordinados. Ninguna cantidad de subterfugios puede cubrir esta debacle.

Poco m√°s de un a√Īo antes de los ataques del 11-S, Chalmers Johnson, historiador de la costa oeste de EEUU y alguna vez partidario de las guerras de Corea y Vietnam, adem√°s de consultor de la CIA, public√≥ un libro prof√©tico titulado Blowback: The Costs and Consequences of American Empire ( Contragolpe: los costos y consecuencias del imperio estadunidense).

El Gran Decididor

El libro, que fue virtualmente ignorado cuando se public√≥, pero luego se volvi√≥ un bestseller, se lee a la vez como un pr√≥logo inquietante y un mordaz epitafio para los 20 a√Īos pasados. Contragolpe, advirti√≥ Johnson, es una forma abreviada de decir que una naci√≥n cosecha lo que siembra, aun si no sabe o no entiende del todo lo que ha sembrado. Dados su riqueza y poder, EEUU ser√°, en el futuro previsible, un receptor primario de todas las formas de repercusi√≥n que ser√≠an de esperarse, en particular ataques terroristas contra estadunidenses dentro y fuera de las fuerzas armadas en cualquier lugar de la Tierra, incluso en EEUU.

Veinticuatro horas despu√©s de que ese golpe dej√≥ mudo al planeta, el 11-S, y flu√≠an mensajes de simpat√≠a de todas las capitales -incluso La Habana-, Donald Rumsfeld, el criminal de guerra fallecido hace poco, declar√≥ en una reuni√≥n del Consejo Nacional de Seguridad (CNS) que los estados recalcitrantes, hubiesen participado o no en los atentados, deber√≠an pagar el precio. En consecuencia, sugiri√≥: ¬ŅPor qu√© no deber√≠amos ir contra Irak, no s√≥lo contra Al Qaeda? Al d√≠a siguiente, Paul Wolfowitz, el n√ļmero 2 en el Departamento de Defensa, amplific√≥ este mensaje al llamar a una campa√Īa amplia y sostenida, que incluir√≠a acabar con estados que patrocinan el terrorismo. En el curso de una semana, el Gran Decididor mismo, George W. Bush, hab√≠a dado la luz verde a una guerra abierta: Vamos a darles duro. Queremos dar la se√Īal de que esto es un cambio respecto del pasado. Queremos que otras naciones, como Siria e Ir√°n, cambien su visi√≥n.

Y entonces entraron en escena los miniones de siempre. Entrevistado por David Remnick en The New York Times, Dennis Ross, director por parte de EEUU del proceso de paz palestino-israel√≠, fue insistente: No podemos hacer simplemente lo mismo: bombardear unos cuantos objetivos, si resulta que fue Obama Bin Laden. Si respondemos de la misma manera, nada cambiar√°. Para no quedarse atr√°s, el neoconservador Charles Krauthammer defendi√≥ la invasi√≥n de Afganist√°n dos semanas despu√©s en su columna del Washington Post: “Estamos combatiendo porque los malditos mataron a 5 mil (sic) de nuestra gente y, si no los matamos, van a matarnos de nuevo. Esta es una guerra de venganza y contenci√≥n… La charla de liberaci√≥n debe ser, por tanto, para el consumo extranjero”.

De manera notable, entre esos malditos y enemigos no figuraban Arabia Saudita y Egipto, los dos pa√≠ses de los que hab√≠an partido la mayor√≠a de los terroristas del 11-S. Durante a√Īos, sauditas acaudalados hab√≠an aportado terreno f√©rtil de recaudaci√≥n de fondos para Al Qaeda, seg√ļn nada menos que el Informe de la Comisi√≥n del 11-S. En algunos casos hab√≠an crecido con Bin Laden, cuyo padre era visitante asiduo a sus palacios y hab√≠a fundado la empresa constructora que edific√≥ algunos de ellos. Durante una de las primeras discusiones del CNS se consider√≥ un ataque a Irak, pero Bush, Rumsfeld y Dick Cheney optaron al final por una cruda guerra de venganza contra Afganist√°n, donde Bin Laden y otros l√≠deres de Al Qaeda se hospedaban por cortes√≠a del gobierno del Talib√°n, que a su vez hab√≠a sido instalado en el poder por maniobras del ej√©rcito paquistan√≠ con aprobaci√≥n de EEUU en 1994, varios a√Īos despu√©s de que la Uni√≥n Sovi√©tica retir√≥ sus tropas.

El Talib√°n estaba m√°s que preparado para entregar a sus hu√©spedes a EEUU, pero necesitaba algo con qu√© cubrirse y solicit√≥ cort√©smente alguna prueba del involucramiento de Al Qaeda. La Casa Blanca no estaba de humor para delicadezas legales. Se concedi√≥ una leve pausa para permitir que Pakist√°n retirara a su personal militar de Afganist√°n. La operaci√≥n Libertad Duradera comenz√≥ en octubre 2001. El Talib√°n, por consejo militar de los paquistan√≠es, mont√≥ una resistencia irrisoria. Al final se inform√≥ que su l√≠der tuerto, el mul√° Omar, sali√≥ huyendo de un pueblo del centro del pa√≠s en una motocicleta, como Steve McQueen en El gran escape. Cuando las tropas estadunidenses finalmente llegaron al escondite de Al Qaeda en las cuevas de Tora Bora, los l√≠deres hab√≠an volado. Tanto Omar como Bin Laden, junto con sus colaboradores, encontraron refugio en Pakist√°n, donde los jefes militares aconsejaron al Talib√°n esperar su momento. EEUU y todos sus aliados de la OTAN, as√≠ como Rusia y China (buenos amigos en ese tiempo), respaldaron la guerra y la ocupaci√≥n de Afganist√°n… los rusos, sin duda, con un elemento de regocijo interior.

Veinte a√Īos despu√©s, el saldo gris y sangriento de no responder de la misma forma habla por s√≠ mismo. Seis guerras, millones de muertos, billones de d√≥lares desperdiciados y una peste de sufrimiento y trauma infligida sobre el mundo musulm√°n, la cual aceler√≥ una oleada de refugiados que ha creado p√°nico en la Uni√≥n Europea y originado un enorme incremento de votos para los partidos de extrema derecha, lo que a su vez ha empujado m√°s a la derecha a un centro pol√≠tico ya extremo. La islamofobia, promovida por pol√≠ticos de todos los signos en Occidente, est√° ahora incrustada en la cultura occidental.

¬°Oh, que nunca m√°s la rabia de un amo extranjero /maldiga con da√Īos, aunque sean legales, una edad futura!, escribi√≥ Alexander Pope al despuntar el siglo XVIII. Trescientos a√Īos despu√©s, el amo extranjero ha retirado sus fuerzas, admitiendo la derrota, con plena conciencia de que el Talib√°n pronto volver√≠a al poder. La guerra ha sido una enorme cat√°strofe pol√≠tica y militar para EEUU y sus secuaces de la OTAN. La libertad no dur√≥. El Talib√°n, que controlaba tres cuartas partes del pa√≠s al principio de la invasi√≥n estadunidense, ahora controla todo.

La historia s√≥lo ayuda modestamente para anticipar lo que viene a continuaci√≥n. Despu√©s del retiro sovi√©tico, en 1989, un d√©bil r√©gimen favorable a Mosc√ļ logr√≥ sostenerse en Kabul algunos a√Īos antes de ser derrocado, con apoyo estadunidense, y remplazado por facciones de muyahidines peleadas entre s√≠. En 1994, EEUU dio luz verde a una intervenci√≥n del Talib√°n dirigida por Pakist√°n. Dos a√Īos despu√©s, el Talib√°n captur√≥ Kabul.

La diferencia hoy es que no hay un enemigo armado de la guerra fría en lo que a EEUU concierne. El Talibán, alguna vez amigo de Washington, luego enemigo, desea ahora recuperar la amistad. Después de todo, los dos han estado conversando durante más de una década.

Comprar tiempo

Entre tanto, en julio, una delegaci√≥n del Talib√°n visit√≥ China para jurar que nunca m√°s se volver√° a usar suelo afgano como base para atacar a esa naci√≥n y, sin duda, para negociar futuros planes de comercio e inversi√≥n. No lo duden, Pek√≠n remplazar√° a Washington como la principal influencia extranjera en Afganist√°n. Puesto que China tiene buenas relaciones con Ir√°n, podemos esperar que eso desaliente rivalidades entre la minor√≠a hazara y la mayor√≠a past√ļn que pudieran conducir a un derramamiento de sangre. Rusia, por su parte, utilizar√° su influencia con las otras minor√≠as para evitar una guerra civil como la que sobrevino tras el retiro de los sovi√©ticos. Ninguna potencia extranjera parece querer ahora una repetici√≥n de ella. EEUU prefiere ejercer control directo v√≠a drones y bombarderos, como hizo un d√≠a despu√©s de confirmar el retiro de Afganist√°n -a fin de comprar tiempo para el gobierno afgano, se nos inform√≥-, y por lo menos dos veces desde los letales ataques del Isis-K en el aeropuerto.

Dado que el Talibán ha tomado como residencia el palacio presidencial en Kabul, lo que EEUU debe hacer, junto con sus aliados de la OTAN, es garantizar refugio y seguridad a todos los afganos que quieran salir del país: una mínima reparación por una guerra innecesaria. Fuera de eso, debe dejar al país en paz. El cambio verdadero sólo puede venir desde el interior de Afganistán. Tomará tiempo, pero es mejor que una invasión por una potencia extranjera. Es demasiado pronto para decir cómo se logrará esto; nos daremos una mejor idea en seis meses.

El 15 de febrero de 2003, sabiendo lo que vendr√≠a despu√©s y sin hacerse muchas ilusiones acerca de sus l√≠deres, cerca de 14 millones de personas marcharon en los siete continentes contra la inminente guerra en Irak. Las sanciones ya hab√≠an baldado al pa√≠s y conducido a la muerte a cientos de miles de ni√Īos (tantos como medio mill√≥n, seg√ļn un an√°lisis de The Lancet en 1995), precio que Madeleine Albright, secretaria de Estado de Bill Clinton, hab√≠a dicho que vali√≥ la pena pagar. Las mayores manifestaciones fueron en Roma (2.5 millones), Madrid (1.5 millones) y Londres (1.5 millones), en tanto cientos de miles m√°s participaron en Nueva York y Los √Āngeles, junto con enormes multitudes en la mayor√≠a de las capitales estadunidenses.

Nuestros crímenes de guerra

La mayor congregación por la paz jamás vista en la historia mundial fue ignorada por Bush, el primer ministro británico Tony Blair y sus secuaces. Irak fue pulverizado y su gobernante sometido a un linchamiento judicial. Soldados estadunidenses (hombres y mujeres) torturaron a gran cantidad de prisioneros y se difundieron triunfales fotografías de violaciones sexuales. Para muchos, ese era el rostro de la civilización occidental. Por lo menos medio millón de iraquíes murieron en la guerra. Los museos de Bagdad fueron saqueados, y la infraestructura social del país fue devastada por los bombardeos. Fueron crímenes de guerra, pero eran nuestros crímenes de guerra, así que fueron pasados por alto, sin tener en cuenta los juicios de Nuremberg después de la Segunda Guerra Mundial. En la Guerra al Terror, siempre es temporada de caza: disparar a matar, sin necesidad de juicios, y la prisión es indefinida. Los valores legales y morales (nuestra forma de vida) dejaron de existir. Municiones de uranio empobrecido fueron desplegadas en Irak y más tarde en Siria.

Ya desde antes de la guerra, por supuesto, EEUU había jugado a su antojo con las normas legales internacionales. Las sanciones a Irak -impuestas en 1990, poco antes de la Guerra del Golfo de Bush I, y vigentes hasta la invasión de Bush II- constituyeron un crimen de guerra en sí mismas. El blanco era la población civil; el objetivo era incitar un levantamiento popular espontáneo. Un empleado del gobierno británico, Carne Ross, prestó testimonio ante un comité selecto del parlamento y admitió:

“El peso de la evidencia indica con claridad que las sanciones causaron enorme sufrimiento humano entre iraqu√≠es ordinarios, en particular ni√Īos. Nosotros, los gobiernos de EU y GB, fuimos los maquinadores y perpetradores de las sanciones, y est√°bamos bien conscientes de la evidencia en su momento, pero en gran medida la pasamos por alto y culpamos al gobierno de Saddam Hussein…”

La verdadera historia cala hondo en la memoria de un pueblo, pero siempre es un obst√°culo para los tejedores de fantas√≠as imperiales. Ahora hay un consenso casi universal de que la ocupaci√≥n occidental de Irak fue un desastre sin remedio, en primer lugar, para el pueblo de Irak, y en segundo para los soldados enviados por pol√≠ticos sinverg√ľenzas a morir en una tierra extranjera. La gram√°tica del enga√Īo utilizada por Bush, Blair y diversos apologistas neoconservadores y neoliberales para justificar la guerra ha perdido toda credibilidad. Pese a los periodistas incrustados y a la interminable propaganda, las sangrientas im√°genes se niegan a irse; el retiro inmediato de todas las tropas extranjeras era la √ļnica soluci√≥n significativa. Mientras supuestamente EEUU se ha retirado, sus aviones se usan en ocasiones para bombardear el pa√≠s: un macabro recordatorio de que, si el gobierno iraqu√≠ se porta mal, sobrevendr√° el castigo.

Libia, pese a su vasta riqueza petrolera, fue otra historia, pero con su propio final siniestro. A diferencia de los l√≠deres de Irak y del partido Baaz sirio, Muammar Kadafi hab√≠a rehuido construir una infraestructura social apropiada, lo que habr√≠a contribuido mucho a disolver las lealtades tribales. Hab√≠a renunciado a su programa nuclear a cambio del reconocimiento occidental y fue agasajado en capitales occidentales. Su hijo se doctor√≥ en la Escuela de Econom√≠a de Londres -pese a acusaciones de plagio-, despu√©s de lo cual la escuela recibi√≥ un generoso donativo. Tambi√©n se inform√≥ que hab√≠a aportado fondos para la campa√Īa presidencial de Nicolas Sarkozy en Francia.

Los vicios, excentricidades y fallas más serias de Kadafi se pusieron de manifiesto en febrero de 2011, durante un levantamiento vinculado a la primavera árabe. Creyó que sus nuevos amigos de Occidente lo respaldarían. Ocurrió lo contrario: habían decidido deshacerse de él, y la oportunidad se presentó sola. Pero la historia contada por los humanitarios militares para justificar la intervención estadunidense -que Kadafi era proclive a masacrar a su gente- se basaba en gran parte en el reporte de Al Jazeera de que la fuerza aérea libia ametrallaba a manifestantes. Esto resultó ser una ficción, de acuerdo con un testimonio del secretario de la Defensa Robert Gates y el almirante Michael Mullen en el Congreso. Tampoco hubo matanzas indiscriminadas en gran escala en las ciudades de Misurata, Zawiya y Ajdabiya cuando las fuerzas del gobierno las retomaron. La advertencia de Kadafi, el 17 de marzo, de que sus fuerzas no tendrían piedad, se refería explícitamente a los rebeldes armados en Bengazi, pero ofreció amnistía y una ruta de escape a Egipto a quienes depusieran las armas. Aunque su régimen fue brutal, hay escasa evidencia de que los bombardeos de la OTAN hayan evitado un genocidio u otra Ruanda o, como expresó el presidente Obama, una masacre que habría reverberado en toda la región y manchado la conciencia del mundo.

De manera nada sorprendente, nunca hubo un recuento confiable de los civiles muertos durante la campa√Īa de bombardeos, que dur√≥ seis meses. El c√°lculo m√°s conservador ubica el n√ļmero total de decesos -civiles, rebeldes, combatientes de Kadafi- en alrededor de 8 mil. Pero un acad√©mico de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS, por sus siglas en ingl√©s) de la Universidad de Londres, que fue asesor de la oficina del exterior, calcul√≥ la cifra entre 20 mil y 30 mil personas. Los aviones de la OTAN no protegieron a civiles cuando atacaban a las fuerzas de Kadafi. El dictador fue capturado, torturado y linchado. Siempre sensible, Hillary Clinton coment√≥: Fuimos, vimos, muri√≥. L√°stima. En otras circunstancias, Kadafi podr√≠a haber contribuido a la Fundaci√≥n Clinton.

Despu√©s del colapso de un absurdo gobierno neoliberal proempresarial -encabezado en un principio por un exiliado libio en Alabama-, la Libia despu√©s de Kadafi fue capturada por una endeble coalici√≥n de milicias islamitas, incluso las vinculadas a Al Qaeda. Como en Irak, el Estado se hab√≠a derrumbado y sobrevino una guerra civil. Los africanos negros fueron expulsados en grandes n√ļmeros y devueltos a sus pa√≠ses. La capital de Mal√≠, Timbuct√ļ, y gran parte del Sahel fueron capturados por milicias de refugiados. Los franceses enviaron tropas.

¬ŅD√≥nde ser√° el pr√≥ximo golpe?

Entre tanto, hubo m√°s ataques terroristas: en Londres, en Par√≠s, en Mumbai, en Islamabad. La Guerra al Terror hab√≠a fallado en todos los niveles, tanto dentro como fuera del pa√≠s. Mientras los militares estadunidenses se abr√≠an paso a bombazos y ataques de drones en tierras extranjeras, sus gobiernos se ocupaban en lanzar una guerra contra las libertades civiles dentro de su territorio. De Guant√°namo a las Unidades de Manejo de Comunicaciones de m√°xima seguridad en las prisiones del pa√≠s, de programas secretos de vigilancia al veto a musulmanes de Trump, EEUU ha perseguido y atacado a sus residentes musulmanes. Al otro lado del oc√©ano, Gran Breta√Īa lanz√≥ su propio r√©gimen expansivo antiterror, que incluye un programa de detenci√≥n indefinida en su prisi√≥n de seguridad del Estado, Belmarsh, donde por lo menos un prisionero enloqueci√≥ y fue transferido a Broadmoor, un hospital siqui√°trico de alta seguridad.

Ciudadanos que han revelado los crímenes en Irak y en otras partes han sido castigados con severidad. Chelsea Manning fue perdonada, pero Edward Snowden, quien expuso hasta dónde llega la vigilancia que realiza la Agencia de Seguridad Nacional, tuvo que huir del país. Y Julian Assange permanece en la prisión de Belmarsh, preguntándose si el sistema judicial británico lo enviará para ser sepultado en una prisión de seguridad de EEUU sobre la base de un peligroso cargo de violar la Ley de Espionaje, que sentaría un precedente.

Tres meses despu√©s de la ca√≠da de Bagdad, en 2003, el primer ministro israel√≠ Ariel Sharon dio un discurso en la Casa Blanca en el que felicit√≥ a Bush por la impresionante victoria, pero lo llam√≥ a no detenerse. Hab√≠a que marchar sobre Damasco y Teher√°n: “Debe quedar claro… que sus actos malignos no pueden continuar”.

Esas dos capitales se mantienen a salvo, pero Siria est√° desgarrada e Ir√°n est√° sujeto a sanciones. ¬ŅD√≥nde ser√° el pr√≥ximo golpe de la libertad y la democracia?

The Nation. Traducción: Jorge Anaya para La Jornada




Fuente: Lahaine.org